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martes, 13 de marzo de 2012

EL TESORO DEL SUEÑO

Somos del mismo material del que se tejen los sueños,
 nuestra pequeña vida está rodeada de sueños.
William Shakespeare

La realidad de los sueños.

            No sabemos si el sueño es real o irreal.  El sueño se produce cuando dormimos, y dormimos cuando estamos vivos.  Por lo tanto, el sueño se produce en la realidad de la vida.

            Por otro lado, no podemos manejar los sueños.  Se nos manifiestan espontáneamente, a veces nos causan malestar, otras veces alegría, y en algunas circunstancias logramos resolver cuestiones que, cuando estamos despiertos, no le encontramos soluciones.  Quizás se han considerados a los sueños como cosas irreales porque escapan a la voluntad del ser humano y su ambición de controlar todo su entorno.
El sueño de Nabucodonosor.
Beato de Liébana
(Cantabria, 701-798)

            Hay muchos ejemplos en la historia humana sobre interpretación de sueños.  Tomemos un relato de algo tan familiar como la Biblia.  Se cuenta del rey Nabucodonosor (babilonio, c.  630-562 a.C.), que sueña con una estatua gigante hecha con cuatro materiales.  El profeta Daniel es el que interpretará el sueño como cuatro etapas del reinado del monarca. 

            Hay otra situación todavía más popular en los Evangelios.  Es el caso de San José, el padre de Jesús, un soñador incomparable.  Todo lo decide con sueños.  Así recibe en su casa a su esposa María embarazada, o huye a Egipto con su familia a causa de la persecución de Herodes, y del mismo modo decide volver del exilio a una ciudad determinada, Nazaret, alejada de Jerusalén y de Belén, la ciudad del nacimiento de lJesús.

            Desde siempre el hombre ha observado con profundidad el funcionamiento de su mente, especialmente en Oriente, con descubrimientos que, lamentablemente, tenemos poco en cuenta.  En el siglo XX surgió en Occidente el estudio sistemático de la mente humana en su aspecto inconsciente. En el siglo pasado, se aplicaron métodos de la ciencia moderna.  Importantes conclusiones surgieron del registro e interpretación de los sueños de los pacientes que sufrían trastornos psicológicos.

            En la vida cotidiana de la gente, hay una larga interpretación en clave numérica de los signos que aparecen en sueños, y que se aplican a los juegos de azar.  No es posible saber si efectivamente son eficaces, pero siguen siendo usados con frecuencia.

            Cualquiera sea la tradición que elijamos nos encontraremos que los sueños encierran tesoros de sabiduría.


El robo del tesoro soñado.

            Los orientales, especialmente los japoneses, son proclives a narrar cuentos en los cuales se ve involucrado el mundo de los sueños.  El siguiente está tomado de la colección Relatos de los tiempos antiguos (Konjaku Monogatari), recopilación de más de mil cuentos hecha en el siglo XI en Japón, aunque incluye historias de China e India.

            El texto está en la selección “El cuento popular”, hecha por Jorge B. Rivera, Centro Editor de América Latina, 1977.


Antaño, en cierto paraje, vivían dos mercaderes que emprendieron juntos el camino para traficar sus mercancías.

Un día, al llegar a un punto muy alejado de sus hogares, ambos se sintieron fatigados y resolvieron descansar.
La lavandería
de los maestros.

Ling Tinggui
(chino, siglo XII)

–No estaría mal un poco de reposo –dijo uno de ellos.

–Yo deseo dormir –agregó el más anciano, y al punto se lo escuchó roncar.

Y ocurrió que mientras el más joven contemplaba a su vecino dormido vio salir de su nariz un tábano que echó a volar en dirección a la isla de Sado.

Al cabo de una hora el tábano regresó y volvió a introducirse en la nariz del durmiente, el que despertó de inmediato y dijo:

–Es extraño. Soñé que en la isla de Sado vivía un hombre muy rico, y en el jardín de su casa crecía una camelia cubierta de flores blancas. Un tábano que llegó volando se posó al pie del árbol y me dijo: "¡Cava en este lugar!". Yo cavé donde me indicaba y he aquí que descubrí un jarrón lleno de oro. ¡Mira lo que he soñado!

El más joven escuchó este relato con el más vivo interés y una idea cruzó por su mente.

 –¿No deseas venderme tu sueño?

–¿Vender un sueño? ¿Para qué?

El otro no dijo más e insistió para que el anciano accediese a su pedido.

–Bien. ¿Cuánto estás dispuesto a pagar?

–Hmm... ¿Me lo dejarías en trescientos?

–¡En ese caso...! -dijo el soñador, y ambos se pusieron de acuerdo para trocar el sueño a cambio de trescientas monedas de oro.

Luego de comprar el sueño de su vecino, el joven se dirigió a la isla de Sado, buscó la casa de la camelia, entró al servicio del propietario y esa misma noche desenterró el tesoro, que ocultó en lugar seguro. Seis meses más tarde solicitó permiso para ausentarse y retornó a su país. Se convirtió en el hombre más rico de la aldea y vivió feliz el resto de sus días.


La fuente de los símbolos.

            Los estudiosos de los sueños dicen que éstos son las fuentes de los símbolos que usamos en nuestras vidas.  Prestando atención a lo que soñamos podemos descubrir algunas cosas que se presentan en la vida diaria. 

Lo difícil está en discernir el significado que los símbolos tienen para nosotros, porque en realidad tienen muchos significados válidos.  Otro obstáculo para la interpretación es la ambivalencia de los símbolos, pues tienen aspectos luminosos, beneficiosos, y a la vez encierran aspectos oscuros, dañinos.

Sueños de Carnaval
Emiliano A. Calvancanti
(Brasil, 1897-1976).
La ambivalencia deviene de los mismos sueños, que también tienen este doble aspecto.  Es importante descubrir los varios sentidos que puede tener, por ejemplo, un mismo cuento como el que hemos citado.

Veamos cómo un escritor argentino, salteño, Oscar Eduardo Saravia, en su libro “Puros cuentos, meras fábulas”, encuentra otra dimensión, agregándole un final distinto a la historia presentada.

“Sin embargo yo tuve oportunidad de conocer otro desenlace de esta historia la que me fue relatada por un casi milenario anciano japonés, quien conoció a los protagonistas y, por la forma veraz que le dio a su versión, sospecho que era el anciano que vendió el sueño.

Efectivamente, luego de la transacción comercial que originó al sueño y el tábano, el joven se dirigió con premura a la isla de Sado, buscó la gran casa de la camelia y una vez localizada entró al servicio del propietario, un rico terrateniente, quien solo aceptó tomarlo cuando se comprometió a trabajar gratuitamente por un período de seis meses, pues le sobraba mano de obra, según manifestó.  Esa misma noche se dirigió el joven al pie de la camelia que brillaba con sus esplendorosas flores a la luz de la luna.  Cavó casi hasta desenterrar el árbol y… nada.  Enfebrecido amplió el hoyo pero todo fue en vano. 

Lo sorprendieron las primeras luces del amanecer en su búsqueda infructuosa y retornó a su dormitorio con el alma llena de pesadumbre. Sin embargo no pudo dormir pues tenía que cumplir sus tareas de peón, y lo peor era que se había comprometido por ¡seis meses! Así pasaron varias noches en cavar y volver a tapar hasta que se convenció que sus ilusiones eran vanas.

La cosa que terminó de convencerlo fue cuando al notar que la mayoría de los otros obreros dejaban sus lechos durante la noche y hacían lo mismo que él en distintos lugares, cavando y volviendo a tapar. ¡Todos perseguían la misma quimera! 

El que se llenó de oro fue el anciano vendedor de sueños.  Además de venderlos en oro contante y sonante, gracias al tábano que consiguió amaestrar pacientemente para que se alojara en su nariz, cobraba la mitad de los salarios que se ahorraba el terrateniente.

Moraleja: Comprar sueños es tirar la plata al mar, o nunca te fíes de quien tenga tábanos en las narices”.


Ciudad de sueño.
Paul Klee (suizo-alemán, 1879-1940)

miércoles, 7 de marzo de 2012

LA FUERZA DE LOS LENTOS


Muchos siglos atrás, en una ciudad griega situada en el sur de la actual Italia, un tal Zenón (490-430 a.C) se dedicó a defender las ideas de su maestro Parménides (c. 540-470 a.C.).  Para lograr su objetivo planteaba situaciones que llevaban a soluciones contradictorias.  Esta forma de argumentar se llama aporía, y Zenón era un experto.

Un corredor
Ánfora griega de terracota
(siglo VII a.C)
Uno de sus planteos más famosos se basa en una imaginaria carrera entre Aquiles y una tortuga.  Aquiles fue un guerrero mitológico, que corría a una velocidad increíble.  Pero Zenón decía que si el corredor le daba una ventaja a la tortuga en la largada, luego no la podría alcanzar.  Su razonamiento es complicado, ocupó a muchos pensadores posteriores.

Las aporías también influyeron en la vida cotidiana de los pueblos.  Un signo de esto se ve en los cuentos.  Van cambiando los protagonistas, por ejemplo, en vez de Aquiles se invoca a un venado, o a una liebre, y en esas historias los animales veloces no alcanzan a la lenta tortuga de movimientos solemnes. 

También varían las observaciones.  La razón por la cual el experto corredor no alcanza al animal parsimonioso es distinta de la que plantea Zenón, porque ha cambiado el interés de los narradores.


Narración mendocina.

Es notable que, aunque haya siglos de distancia, y en territorios muy dispares, se conserven temáticas parecidas en los cuentos.
El león y la tortuga
Ferdinand Delacroix (frances, 1798-1863)

Hay dos razones para la similitud de los relatos.  En primer lugar, porque los seres humanos somos muy parecidos, cualesquiera sean nuestras condiciones de vida.  Somos parecidos no sólo en el físico sino también en la mentalidad.  En segundo lugar, porque desde los tiempos prehistóricos existió siempre una comunicación entre los grupos humanos, superando todas las barreras geográficas imaginables. 

En el año 1951, Manuel Cardoso, un viñatero mendocino que tenía 76 años entonces, hizo la siguiente narración de la carrera, cambiados los personajes y también los motivos.  Ahora, la competencia es entre un avestruz, animal famoso por su velocidad, y un sapo que, a pesar de sus saltos, es bastante lento.

El testimonio original consta en el Tomo II de Historias y Leyendas de la Argentina, recopilación de Berta Elena Vidal de Battini (1900-1984).  Se usa la palabra araucana choique para avestruz. 


La carrera del sapo y el avestruz.

El sapo con el avestruz jugaron una carrera. Hicieron contrato. Apostaron dinero y fijaron el tiro de la carrera y para el día que se iba a correr.
Entonces el sapo se buscó muchos de la familia y amigos. Y los comenzó a repartir en la cancha, trecho a trecho, unos y otros. Y en la raya tenían otro listo para cuando llegara el choique. En ese momento, pegaría el salto y le saldría adelante.

Desde la partida, el avestruz pensaba que iría siempre por delante.

 Cuando ya llegó el momento de largar, dijeron:
-¡Vamos! se miraron los dos y partieron.

El avestruz iba ligero y de vez en cuando miraba para el lado del compañero pero, para su sorpresa, lo veía que iba adelante. El sapo le iba ganando. Y el avestruz se apuraba más.

Cuando llegó a la raya, el sapo que estaba preparado en ese lugar, saltó adelante. Y los veedores que estaban ahí le dieron la carrera ganada al sapo. Y el mismo juez de raya le falló la carrera en favor del sapo.

Así le ganó nomás el sapo al choique.


La maña y la fuerza.

            Esta famosa carrera, como hemos dicho, ha tenido distintos protagonistas, y también distintas conclusiones.  José María Obregón, un correntino, en el año 1951 decía que lo primero que uno aprende es que “más vale maña que fuerza”.  Una afirmación en la que coinciden la mayoría de los narradores de todo el mundo.

            Los desafíos a la vida humana son inmensos y dramáticos.  La solución, ante la potencia que presentan, es el uso del ingenio.  Pensemos en las dificultades que superó el mismo cuento que presentamos, desde la lejana ciudad de Elea, en Italia, en dónde Zenón pensó sus aporías, hasta los relatos en siglo XX, en territorio argentino.  En veinticinco siglos la enseñanza se mantuvo viva, de boca en boca.

Ocarina con forma de sapo
Veracruz, México
(entre el 700 y 900 d.C.)
            La segunda conclusión de Obregón, fue que “no hay enemigo chico”.  La fuerza de los lentos está en el conjunto.  Muchísimas personas son tan desconocidas, que no podemos distinguirlas, nos parecen la misma.  Y los rasgos humanos se nos desdibujan más si ese conjunto pertenece a otra etnia. 

            Vale mucho la fuerza del conjunto, que nos permite alcanzar las metas aunque los obstáculos sean muy poderosos.


La realidad de los lentos.

            La narración del mendocino representa a los lentos con un sapo.  Este animal es un símbolo muy amplio, lleno de aspectos valiosos, y también tiene algún aspecto oscuro.  Los símbolos, como la realidad en general, tienen dos caras.

            En algunas tribus de América del Sur, el sapo es un cómplice del hombre.  Lo ayuda para hurtar el fuego a su primer poseedor, el buitre.

            En otros grupos, el sapo es un Dios de la lluvia.  Todavía se dice en el país maya que los sapos “rezan mejor que nosotros” para obtener la lluvia.

            En el mundo de la magia, los sapos son muy cuidados.  Afirman que tienen una piedra en la cabeza que es un talismán precioso para obtener la dicha sobre la tierra.

            Pero también se habla de la cara tenebrosa de los sapos, pues dicen que interceptan la luz beneficiosa de los astros por un proceso de absorción.  Como tienen una mirada fija, parece que son insensibles o indiferentes a la luz.

No hay enemigo chico.

            Los símbolos tienen muchos significados. Sin sus orientaciones nos perderíamos en la infinita variedad de la vida humana.

            Nos abren nuestra riqueza interior, una inmensidad que nunca alcanzaremos a comprender del todo, pero que siempre está disponible para buscar lo que queremos en la vida. 

            Finalmente nos ayudan a entender la grandeza de todos, y que los lentos, como los sapos, son tan valiosos como los ágiles, los avestruces.


Sapo Getsuju
Japón, período Edo (1615-1868)

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Una manzana desplegada

Para explicar una cosa, el ser humano tiene que usar expresiones que vayan aclarando los distintos aspectos de eso que está contando.  Es decir, empieza a decir las características del objeto, su color, su forma, en dónde está, cuándo lo encontró, o algunas otros aspectos más hasta dejar claro lo que quiere decir.
El cuarto de escuchar
René Magritte
(belga, 1898-1967)

Pensemos en la siguiente situación.  Juana visita a María en su casa.  María le ofrece a su amiga comer una manzana.  Saca de la heladera una manzana y, luego de pelarla, la corta y le brinda un pedazo a su amiga. 

Ya tenemos las primeras características de la manzana, que la distingue de las millones que están en el mundo en ese momento.  Es una manzana que está en casa de María, y específicamente en su heladera. Ahora es una manzana pelada y cortada, y un pedazo está en posesión de Juana.

Juana prueba la manzana.  Está deliciosa.  Le pregunta a su amiga dónde la consiguió. María le cuenta que la fruta hace honor a su nombre: manzana deliciosa, que son las rojas, distintas de las manzanas verdes que las come de otra manera.  Cuenta que la compró en una verdulería, que está en “tal calle, acá a la vuelta”.  Que la compró hace dos días, y la guardó en la heladera.

Nuevas características: la manzana está muy rica, es distinta de las manzanas verdes, la vendieron en una verdulería cerca de la casa de su amiga.  Lleva dos días en la casa de María y está fresca, pues María la acaba de sacar de la heladera.

Así podríamos seguir un largo tiempo, mostrando distintos aspectos de la manzana.  Normalmente no lo hacemos porque nos resulta una tarea con poco sentido. Muchas veces hacemos todo esto sin darnos cuenta, pues nuestro pensamiento es veloz y complejo, y entiende rápido, casi sin argumentar.

Lo dicho nos sirve para descubrir algo de la vida presente.


Los pliegues.

Las características de la manzana, como las correspondientes a cada persona o cosa, las podemos llamar pliegues.  Son elementos que están “adentro” de las cosas o las personas, y las nombramos para explicar las cosas.

Explicar viene del latín “ex–plicare”, formado por el prefijo “ex” que significa “de, desde”, y la expresión “plicare”, que significa “pliego”.  Sería la acción de desplegar o desenvolver. Etimológicamente viene a significar el hecho de 'desplegar' lo que estaba doblado (plegado, implicado) y oculto en su interior, haciendo comprensible lo que en un primer momento no lo sería.

El hijo del hombre
René Magritte
(belga, 1898-1967)
Esta etimología nos sirve para entender otras palabras.  “Implicar”, significa agregar pliegues o poner en el pliegue, “complicar” es hacer muchos pliegues, “desplegar” es deshacer el pliegue, “complejo” que tiene pliegues.


¡Obvio!

Hay algunas cosas que son inexplicables.  Esto significa que son sencillas, totalmente accesibles, porque no tienen pliegues.  Estas cosas se manifiestan tan claramente, que no necesitan ninguna explicación.

Que algo sea inexplicable, no significa que sea irracional.  En estos casos, lo único que podemos hacer es que las cosas sean razonables.  Es un acercamiento respetuoso a las cosas o personas inexplicables.  Como ejemplo simple, pensemos en un científico que se acerca a los átomos, que no se ven, a través de afirmaciones razonables que nos permitan entender lo que quiere mostrar.

Lo inexplicable tampoco es oculto, secreto.  Por el contrario, es tan evidente y claro, que no hace falta ser explicado.  Y si intento explicarlo, le agrego una complejidad que no tiene.

Entre nosotros se ha puesto de moda la expresión “obvio”.  El sentido con que lo utilizamos, es para decir que algo es “evidente, claro”.  Originalmente se aplicaba a lo que “sale al encuentro”, o lo que está “al alcance de la mano”.  En varios sentidos, algunas cosas inexplicables son obvias.


¿Para aclarar?

Para acercarnos algo a lo inexplicable, usemos de un cuento chino.  En aquella región, desde la antigüedad, han recurrido a relatos muy sencillos, casi mágicos, para ayudar a las personas a entender lo obvio de la vida.  Leamos el cuento, y descubriremos algo inexplicable que da sentido a la vida de esas personas, como a cualquier otra persona, viva donde viva.

El Reencuentro

El honorable ChangYi, mandarín de Hou-Nan tenía una hija de nombre Chien-Yang. Ésta tenía un primo, Wang-Chou, un joven con garbo e inteligencia con el que se habían criado juntos. El honorable Chang-Yi, que quería mucho al joven, hizo público que lo aceptaría por yerno. Chien-Yang y Wang-Chow oyeron la promesa; el ser ella hija única y pasar juntos la mayor parte del día determinó que un amor mutuo floreciera. Desgraciadamente Chang-Yi, muy absorto a causa de su trabajo, olvidó lo que había dicho y ni siquiera advirtió ese amor, por lo que concedió la mano de su hija a otro mandarín, traicionando su anterior promesa.

El viento en el pino
Ma Lin
(chino, mediados del s. 13)
ChiengYang, destrozada por el amor y por la compasión filial, casi muere de pena por esa injusta decisión de su padre. Wang-Chou en cambio, furioso, resolvió irse del país; sería insoportable ver a la joven a quien amaba casada con otro. Buscó un pretexto cualquiera para irse a la capital. Cuando su tío comprendió que era imposible inducirlo a quedarse le ofreció dinero y regalos, y organizó una fiesta para despedirlo.

Wang-Chow, al que no le fue posible dejar de pensar en su desdicha en el transcurso de toda la fiesta, aceleró su partida y se resignó a olvidar a su amada.

Se embarcó con ese propósito esa misma noche, pero vencido por el cansancio amarró la embarcación y se dispuso a dormir. No le fue fácil de todas formas conciliar el sueño, y cerca de medianoche oyó unas pisadas que se le aproximaban. Se levantó de golpe y preguntó:

-¿Quién está ahí?

-Soy yo, le respondió ChiengYang con voz trémula.

Sorprendido, la hizo entrar en su camarote, Ella le manifestó el deseo de ser su mujer y repudió que su padre hubiera sido injusto con ellos. No aceptando esa obligada separación había decidido ir en su busca. Sabía que provocaba la reprobación de la gente y la ira de su padre, pero había venido para seguirlo adónde él quisiera ir.

Fueron entonces hacia la capital y vivieron en felicidad durante siete años. El nacimiento de dos hermosos hijos coronó su dicha. A pesar de ellos, ésta no era completa; ChiengYang pensaba todos los días en su padre, una única pero pesada nube en su felicidad. Como nada sabía de él temía que hubiera muerto. Una noche le comunicó a Wang-Chou su congoja, al ser hija única se sentía llena de culpa. Wang-Chou la entendió y le dijo:

-Han pasado siete años y considero que ya no estarán enojados con nosotros; creo que es hora de regresar a casa de tu padre con nuestros hijos.

Al arribar a su ciudad natal, Wang-Chou le dijo a ChienYang:

-No sé en qué estado de ánimo hallaremos a tu padre; me adelantaré yo para averiguarlo.

La cercanía a la casa hizo que latiera su corazón con fuerza. Sin embargo, cuando se encontró frente a su suegro se arrodilló y le pidió perdón. Chang-Yi lo observó sorprendido y le dijo:

-¿Qué cosa estás diciendo? ChiengYang está en cama, sin conocimiento, desde hace siete años, y no ha salido de ella ni una sola vez.

-No te miento, le respondió Wang-Chou; tu hija está perfectamente sana y nos espera a bordo.

Chang-Yi estaba desconcertado y envió a dos doncellas a ver a ChienYang. Éstas testimoniaron que ella estaba en el barco, más bella y alegre que nunca, jugando con sus dos hijos. Sin poder creerlo volvieron a tratar de explicárselo a su amo.

Entre tanto, ChienYang que había oído las noticias se despertó de su largo sueño. Se acicaló ante el espejo, y sonriendo fue silenciosamente hacia la embarcación. La ChienYang que se encontraba a bordo se dirigía a su vez hacia la casa, por lo que ambas se cruzaron a medio camino. Se abrazaron, y en ese acto los dos cuerpos se confundieron en uno y sólo quedó una bella y sonriente ChienYang.

Cuarenta años o más, ChienYang y Wang-Chou vivieron en felicidad.

Bellezas usando flores
Chou Fang
(chino, fines del siglo VIII)

martes, 13 de septiembre de 2011

No puede impedirse el viento


“No puede impedirse el viento. Pero pueden construirse molinos.”  Es un dicho holandés, que nos ayuda a entender los cuentos.  Porque ellos son como vientos que surgen de cualquier lado.  Los sentimos, algunas veces hasta los padecemos, pero podemos sacarle provecho, construyendo molinos. 

Los molinos son las distintas interpretaciones que ponemos a los cuentos. 

El cuento nos sitúa en un ambiente, nos muestra aspectos de la realidad.  Si sigo la letra del cuento aprendo sobre cosas, lugares, situaciones.

Puedo pensar que, en un cuento, los personajes y las cosas están representando algunas características de la realidad.  Por ejemplo, un anciano representa la sabiduría, un ángel representa a las personas protectoras de nuestra vida.  A veces decimos que un pozo simboliza un estado de angustia, o que un abismo es un grave problema.  Podemos pensar muchas representaciones del mismo personaje.

En las tradiciones, se narran los cuentos para enseñar cómo actuar en las distintas circunstancias.  De esta manera se inculcan valores éticos en los oyentes. Y del mismo modo se plantean advertencias, para evitar que hagamos cosas inconvenientes.

Los cuentos también nos llevan de la mano para conocer nuestra interioridad, guiándonos hacia nuestro enriquecimiento y plenitud espiritual.  Lo que pasa en el cuento simboliza lo que sucede en nuestra alma, el centro de nuestra vida.

Los sentidos y las interpretaciones son valiosos en la medida que me sirvan para la vida presente. No dejemos de lado ninguno.

El cuento es vida, emoción, sueño, oportunidad, libertad, memoria.  Con estas claves, leamos los siguientes relatos.
Símbolo
del gremio
de los sastres.

Los dos sastres (cuento anónimo europeo)

Dos sastres trabajaban el uno frente al otro desde hacía muchos años. Cortaban y cosían incansablemente, hablando de vez en cuando de distintas cosas.
Uno le dijo al otro:

-¿Irás de vacaciones este año?

-No - ya fui.

Regresaron a su silencio. Más tarde, el sastre que había preguntado, sabiendo que su amigo no había ido, ya que no recordaba ninguna ausencia le preguntó:

-¿Y adónde fuiste?

-A la India.

-¿A la India?

-Sí. Fui a cazar el tigre de Bengala.

-¿Fuiste a cazar el tigre de Bengala? ¿Tú?

Los dos hombres habían dejado de trabajar y se miraban. El segundo sastre, que parecía muy tranquilo, retomó la palabra para contar lo siguiente:
El sastre, 1575.
Giovanni Battista Moroni (Italia, 1520-1578)

-Partí al alba sobre un magnífico elefante que un gran príncipe me había prestado. Armado con cuatro fusiles de culatas de plata y acompañado por una escolta de ojeadores, me aventuré en una montaña solitaria. De repente un tigre enorme se levantó rugiendo frente a mi montura, el tigre más grande que nunca se había visto en aquella región de Bengala. Mi elefante, asustado, se tiró para atrás, me caí en unos matorrales espinosos, los porteadores huyeron, entonces yo saqué un fusil y gatillé, pero no salió ninguna bala, lo mismo con el segundo fusil, el tercero y el cuarto. No pude disparar. El tigre se me echó encima y me devoró.

-¿Te devoró? -preguntó el primer sastre, que había estado escuchando estupefacto.

-Me devoró... por completo, hasta el último pedazo de carne.

-Pero si estás vivo, aquí junto a mí.

Entonces el segundo sastre retomó el hilo y la aguja y mirando a su amigo le dijo:

-¿A esto le llamas vida?


 El tiempo y las bananas

Un hombre decidió pasar algunas semanas en un monasterio de Nepal. Cierta tarde entró en uno de los numerosos templos de la región y encontró a un monje sentado en el altar, sonriendo. Le preguntó por qué sonreía.

- "Porque entiendo el significado de las bananas", fue su respuesta.

Dicho esto, abrió la bolsa que llevaba, extrayendo de ella una banana podrida.

- "Esta es la vida que pasó y no fue aprovechada en el momento adecuado; ahora es demasiado tarde."

Seguidamente, sacó de la bolsa una banana aún verde, la mostró y volvió a guardarla.

- "Esta es la vida que aún no sucedió, es necesario esperar el momento adecuado."

Finalmente tomó una banana madura, la peló y la compartió con él.

"Esta es la vida en el momento presente. Aliméntate con ella y vívela sin miedos y sin culpas."


Naturaleza muerta,1916
Emilio Pettoruti
 (argentino,1892 -1971)

martes, 30 de agosto de 2011

MIRAR EL FUEGO

Las tradiciones han sido invitadas a contemplar.  La mirada contemplativa es mirar sin pensar que se está viendo, es el puro mirar.  Arrastra todos los sentidos y nuestra interioridad.

“Cuando se mira sin ver, la tierra es tierra nomás”, dice Atahualpa Yupanqui.  Cuando se mira viendo, ¿qué se ve?  Lo que se ve es lo que se relata. Leyendas, cuentos, eso es lo que se ve.  No hay ninguna intervención, no hay razonamientos previos, no hay acuerdos entre los miembros del grupo. Allí la mirada se transforma en palabras, y nace un lenguaje con características propias.

El lenguaje de los mitos es generoso.  Transmite cuestiones útiles, cómo se hacen ciertas cosas o cómo lograrlas.  Y además de dar el sentido de lo que estamos buscando, nos cuenta con cuáles dificultades nos encontraremos, o quiénes nos ayudarán en nuestras realizaciones.

El lenguaje de los mitos es bello. Nos hace descubrir la armonía de la realidad. Con situaciones atractivas o tremendas, poniendo en juego nuestros sentimientos e imaginación, nos lleva a una situación de plenitud que no se puede describir, pero que reconocemos como belleza.

En los mitos toda persona se mueve a sus anchas.  Porque esos relatos dejan espacio para todas las potencias humanas.  La razón humana se siente a gusto en los mitos, la voluntad se ve fortalecida con un sentido, la imaginación ocupa un digno lugar, los sentidos son de verdadera utilidad, y permanecen atentos.  El lenguaje de los mitos es humano.

A continuación se presentan dos mitos, dos miradas del fuego.



La leyenda de la risa del hornero y el origen del fuego.

  Aunque el hornero era muy trabajador, le gustaba mucho reírse. Construía su casa, vivía allí un tiempo y luego la vendía.

Hornero
Los otros animales hacían fiestas y no invitaban al hornero porque creían que se iba a reír de ellos. Estos animales eran la tortuga, el quirquincho, el pichi, el suri o ñandú, la chuña, el conejo, el coy y la abuelita araña. Todos iban a comer a lo del Itoj Pajla, el Hombre de Fuego.

Un día el hornero los alcanzó. Pero la avispa le pidió que por favor no se fuera a reír porque el   Hombre de Fuego se enojaría. 

 El Itoj Pajla estaba sentado y cada uno de los animales le pasaba su olla. Él las ponía de a una sobre sus rodillas y de este modo el agua de la olla no tardaba en hervir.

 El hornero estaba alrededor del Hombre de Fuego junto con los otros animales. El suri abrió sus alas y tapó al hornero, temeroso de que riera, aunque el hornero le había asegurado que no lo haría.

Chuña
Había un gran silencio en el lugar. El hornero vio que el Hombre de Fuego tenía todo el cuerpo cubierto de fuego. Cuando vio los testículos con fuego, no pudo contener la risa.

-¿Quién se ríe de mí? -quiso saber el Itoj Pajla.

Nadie respondió. Temerosos de su ira, comenzaron a retroceder.

-Ahora se va a quemar todo el mundo.

Y comenzó a largar fuego mientras todos huían. El fuego se extendió por todas partes, persiguiendo a los animales. La tortuga alcanzó a meterse en el agua y el fuego le pasó por encima. Los demás corrían hacia el mar. El suri y la chuña fueron los primeros en llegar. Parecía que el fuego ya alcanzaba a los otros, pero también llegaron a tiempo y pasaron al otro lado del mar.

Tortuga
El hornero tenía la culpa de eso, pero hasta hoy sigue riéndose.

La tortuga se quedó en el agua, convirtiéndose en tortuga de agua.

Antes la gente no tenía fuego. Sólo Itoj Pajla lo tenía. Pero luego del incendio el fuego quedó en los árboles. Si el hornero no se hubiera reído no tendríamos fuego.

Fuente: El ciclo de Tokjuaj y otros mitos de los wichis (compilación, prólogo y notas de Buenaventura Terán), Biblioteca de Cultura Popular, Ediciones del Sol, 1998.



Quirquincho
Ñandú



Mito del origen del fuego.

En todas las comunidades, el uso del fuego es imprescindible, vital. Los guaraníes tienen una explicación mítica sobre la forma en que han logrado hacerse nuevamente del valioso elemento que le otorgara ÑANDERUGUASU y que, al parecer, lo habían perdido, sin que haya una explicación de cómo ni porqué.

Los Mellizos lo recuperaron de los YRYVU KUÉRA (cuervos), seres despreciables y egoístas, que se habían apoderado del indispensable factor y lo guardaban celosamente, custodiándolo en todo momento para que nadie pudiera utilizarlo. Las negras aves carroñeras se habían convertido en sus exclusivas dueñas.

ÑANDERYKE'Y, planeó un artilugio para rescatarlo de sus detentadoras, pues resultaba esencial para el desarrollo de la vida. El fuego tiene una aureola sagrada que atrae a todos los seres vivientes. Siendo capaz de destruir la existencia, a la vez, ofrece condiciones de vitalidad tan poderosas que la vida no podría desarrollarse sin él. En los fogones, las miradas se encandilan en las danzas de sus llamas que cobijan las imaginaciones de la mente. Su energía es la que cuece los alimentos. Su fuerza, provee tibieza para el hogar y purifica de todo mal. Su calor protege del crudo invierno y madura las ideas y los sentimientos.
Sin título.
Edith Jiménez (Paraguay, 1918-2004)

Esperando lograr que su plan sea exitoso, ÑANDERYKE'Y, se hizo acompañar de su hermano Menor a la zona donde moran las grandes aves de rapiña. Al avistarlas, ocultó a TYVYRA'I entre unos arbustos y, simulando estar muerto, se echó en el suelo, emitiendo nauseabundos olores. Los cuervos descubrieron enseguida la presencia del supuesto cadáver. Sus finos olfatos percibieron muy pronto el olor del alimento y sus penetrantes miradas ubicaron rápidamente la presa. Con prudencia, rondaron el lugar sobrevolando al bulto tumbado. Al notar que todo estaba tranquilo y comprobar la ausencia de otros seres, trajeron el fuego. Una vez dispuestos los encendidos carbones sobre el cuerpo tendido, se posaron en las ramas de unos árboles cercanos y esperaron que se cocinara la presa. Repentinamente, el mayor de los Gemelos, se incorporó y, sacudiéndose enérgicamente, arrojó una multitud de brasas a su alrededor. En ese momento, un KURURU (sapo), implicado en la artimaña, saltó desde su escondite sobre las ascuas desparramadas y tragó varias de ellas. Los engañados cuervos recogieron prestamente sus fuegos y emprendieron una veloz huida despavorida. Entonces, ÑANDERYKE'Y, ordenó al sapo que le entregara lo que había recogido pero éste se resistió y queriendo engañarlo, dijo no haber tomado ninguno. Ante la insistencia y la amenaza de castigo, optó por vomitar varios carbones encendidos. Cuentan que, desde aquel tiempo, el sapo quedó con la piel rugosa, como ampollada, debido a la lumbre que había tragado.

Dos Figuras.
Lilí del Mónico
 (Suiza, 1910- Paraguay, 2002)
Al recuperar el fuego, el héroe guaraní, lo depositó dentro del tronco de varios árboles cuyas ramas, hasta hoy, contienen la fuerza ígnea que se les entregó en custodia. ÑANDERYKE'Y, conservó ése secreto y conoce cómo obtener el fuego. Sabe cómo usarlo y controlarlo. Él, lo preservó al almacenarlos en esos gajos que, cuando están bien secos, frotados unos con otros, reproducen el valioso elemento. Ése conocimiento lo transmitió a la descendencia guaraní que aprendió cómo generarlo desde esas ramas. Es uno de los legados que ÑANDERYKE'Y, ha dejado para uso perenne. El tesoro de luz y calor había vuelto a manos de los moradores de las selvas, pero parece ser que la aculturación les hizo olvidar la forma de originarlo. Ahora, esa habilidad es reemplazada por el simple fósforo, que tiene que comprar.

Si el Origen del fuego constituye un Mito guaraní, también lo es el Fuego en sí mismo. La forma de generarlo es un ritual de raíz sagrada. Ambas creencias están dentro de lo sacro. Trascienden la mera enunciación de la ocurrencia. Superan el simple relato. Tienen influencia en la mentalidad y la conducta colectiva.

Fuente: MITOS Y LEYENDAS GUARANÍES, por Girala Yampey, Editorial Manuel Ortiz Guerrero, Patronato de Leprosos del Paraguay, Asunción - Paraguay, 2003.




Ñandutí.
Livio Abramo
(Brasil, 1903-Paraguay, 1992)

sábado, 13 de agosto de 2011

EL FLUIR DEL RÍO


El cuento de las arenas

Un río, desde sus orígenes en lejanas montañas, después de pasar a través de toda clase y trazado de campiñas, al fin alcanzó las arenas del desierto. Del mismo modo que había sorteado todos los otros obstáculos, el río trató de atravesar este último, pero se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en las arenas tan pronto llegaba a éstas.

Estaba convencido, no obstante, de que su destino era cruzar este desierto y sin embargo, no había manera. Entonces una recóndita voz, que venía desde el desierto mismo le susurró:

"El Viento cruza el desierto y así puede hacerlo el río".

El río objetó que se estaba estrellando contra las arenas y solamente conseguía ser absorbido, que el viento podía volar y ésa era la razón por la cual podía cruzar el desierto.

"Arrojándote con violencia como lo vienes haciendo no lograrás cruzarlo. Desaparecerás o te convertirás en un pantano. Debes permitir que el viento te lleve hacia tu destino".

-¿Pero cómo esto podrá suceder?

"Consintiendo en ser absorbido por el viento".

Esta idea no era aceptable para el río. Después de todo él nunca había sido absorbido antes. No quería perder su individualidad. "¿Y, una vez perdida ésta, cómo puede uno saber si podrá recuperarla alguna vez?" "El viento", dijeron las arenas, "cumple esa función. Eleva el agua, la transporta sobre el desierto y luego la deja caer. Cayendo como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río".

-¿Cómo puedo saber que esto es verdad?

"Así es, y si tú no lo crees, no te volverás más que un pantano y aún eso tomaría muchos, pero muchos años; y un pantano, ciertamente no es la misma cosa que un río."

-¿Pero no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy?

"Tú no puedes en ningún caso permanecer así", continuó la voz. "Tu parte esencial es transportada y forma un río nuevamente. Eres llamado así, aún hoy, porque no sabes qué parte tuya es la esencial."

Cuando oyó esto, ciertos ecos comenzaron a resonar en los pensamientos del río. Vagamente, recordó un estado en el cual él, o una parte de él ¿cuál sería?, había sido transportado en los brazos del viento. También recordó --¿o le pareció?-- que eso era lo que realmente debía hacer, aún cuando no fuera lo más obvio. Y el río elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento, que gentil y fácilmente lo llevó hacia arriba y a lo lejos, dejándolo caer suavemente tan pronto hubieron alcanzado la cima de una montaña, muchas pero muchas millas más lejos. Y porque había tenido sus dudas, el río pudo recordar y registrar más firmemente en su mente, los detalles de la experiencia. Reflexionó: "Sí, ahora conozco mi verdadera identidad". El río estaba aprendiendo pero las arenas susurraron: "Nosotras conocemos, porque vemos suceder esto día tras día, y porque nosotras las arenas, nos extendemos por todo el camino que va desde las orillas del río hasta la montaña".

Y es por eso que se dice que el camino en el cual el Río de la Vida ha de continuar su travesía está escrito en las Arenas.

Versión Awad Afifi el Tunecino (m. en 1870)


Cuadrados dispuestos según las leyes del azar (1917).
Papel cortado y pegado, tinta, pintura de bronce. 33,3 x 26,0 cm
Hans (Jean) Arp (francés, nacido alemán, 1886-1966)

domingo, 31 de julio de 2011

CUENTOS PARA AHORA

Los cuentos son relatos de ficción, una invención. 

Si son una invención, no tienen nada que ver con el pasado.  Pueden tomar elementos de la historia, o de costumbres de hace mucho tiempo.  Pero la historia y las costumbres del pasado ya no existen.  El cuento, en cambio, al ser contado pertenece al tiempo del lector, a su presente.  Un lector, o simplemente alguien que escucha el relato breve, hace que el cuento entre en su vida, y ponga en evidencia algo de su actualidad.

Consideremos así los cuentos que son puestos ahora a nuestra consideración.  Si los entendemos es que tienen que ver con nuestra vida actual.  Estamos mucho más relacionados con ellos si nos despiertan algún sentimiento.

Tengamos en cuenta que los relatos breves no se explican demasiado, aunque sí nos dan tema para hablar.

Los cuentos que se consignan a continuación están tomados de la Encuesta de Folklore, realizada por maestros, a raíz de un decreto del Consejo Nacional de Educación, en el año 1921.  Los documentos relevados son aproximadamente 88.000 folios, organizados en carpetas por escuela y departamento y, a su vez, en cajas por provincia.  Están en el Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano.  En otra oportunidad se hará una referencia más amplia a este tesoro, que encierra tradiciones populares, en cuentos, poesías, leyendas, canciones, y muchas cosas más.

Al final de los tres cuentos consignamos las fuentes.  Es interesante ver las regiones de origen de cada uno de ellos, como también los nombres y apellidos de los referentes.


EL ZORRO Y LA PERDÍZ

El zorro estaba enamorado del silbo de la perdiz. Trataba de imitarlo en toda forma, pero sólo le salía un soplido ridículo, y en cuanto se descuidaba, se le escapaba su grosero ¡cuac!, ¡cuac! 
Resolvió pedirle a ella misma que se lo enseñara. ¿Cómo haría, con el miedo que le tienen las perdices al zorro?
Zorro gris sudamericano

Un día se encontraron en un caminito del campo. La sorpresa de la perdiz, que ya se veía en los dientes del zorro, fue grande cuando oyó que le decía:
- Comadrita, ¡qué bien silba Ud.! ¿Cómo podría hacer yo para aprender su silbido?
- Puede coserse la boca, compadre, - le contestó tímidamente.
- Estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario. ¿No podría hacerme el favor de cosérmela Ud. misma?
- Trataré de complacerlo, compadre.
La perdiz, aunque llena de desconfianza, se sacó una pluma del ala, y con unas raíces muy fuertes le fue cosiendo la boca. El zorro soportaba, feliz, el sacrificio.
Cuando le quedó un agujerito muy pequeño, la perdiz le hizo probar. Le salió un silbo bastante fino que lo puso muy contento.
- Compadre, debe ensayar así muchas veces al día hasta que le salga en forma perfecta, - le aconsejó la perdiz. - A mí me costó mucho aprenderlo.
El zorro, que no podía hablar, asintió con la cabeza.

Ya se despedían, cuando de pronto, la perdiz, como suele hacerlo, voló con su vuelo pesado y pasó rozando la cabeza del zorro. Este no pudo con su instinto; sin querer hizo su natural movimiento de abrir la boca para atraparla, y se le rasgó de oreja a oreja.
El pobre zorro no sólo perdió su única oportunidad de aprender a silbar, sino que, por mucho tiempo, no pudo comer perdices.


EL ZORRO JUEZ

Un día se le apretó al tigre una mano entre unas peñas, en tal forma, que por sus propios medios no podía sacarla.
Pasó por allí cerca un caballo, y el tigre lo llamó y le pidió con toda humildad que lo ayudara.
- No, -le dijo el caballo, - yo te conozco, tú eres capaz de comerme después que te haga el favor de libertarte.
- Te juro, hermano, que no lo haré; no me niegues tu apoyo en este trance; son muy grandes mi humillación y mi dolor.
- Así lo haré, pero no olvides tu juramento.
Diciendo estas palabras, el caballo levantó la peña con gran esfuerzo y el tigre quedó libre.
Boceto de un caballo -
Leonardo da Vinci (1452-1519)


Siguieron juntos por un sendero del campo. Conversaban amistosamente, cuando el tigre se le plantó delante al caballo y le dijo:
- Hace tres días que estoy sin comer y mi estómago no da más; por fuerza tengo que comerte.
- ¿Y ése es el modo de agradecerme y de cumplir tu palabra?
- No tengo más remedio que comerte.
- Esto no puede ser así, recurriremos a un juez.
En ese momento apareció un zorro, y el caballo le gritó:
- Oiga, señor, ¿usted no es juez?
- Sí, señor, lo soy desde hace mucho tiempo.
- Entonces, nos tendrá que resolver esta cuestión.
Le expusieron con detalles el caso y cada uno presentó sus razones.
- No entiendo cabalmente el suceso, - dijo el zorro después de reflexionar un rato. - Para dar mi fallo, necesito ir al lugar del hecho y ver cómo estaba este señor.
Fueron allí, el tigre puso su mano en el sitio en que la tenía y el caballo le colocó encima la piedra que la apretaba.
- Muy bien, - dijo el zorro, dirigiéndose al tigre. - Mi fallo es que te corresponde quedar ahí y morir preso, por no saber cumplir la palabra empeñada ni agradecer los favores recibidos.


Pronunciada la sentencia, se marcharon el zorro y el caballo. Dejaron al tigre con la mano apretada, dando tremendos rugidos de dolor y de vergüenza.



Sobre “El zorro y la perdiz”.
Esta es una de las fábulas que tiene mayor difusión en la Argentina.  Entre otros, la han recogido los maestros: Srta. Ofelia Nicolet, de Córdoba;, Srtas. María A. Figueroa, Sres. Isaac Agüero Quinteros, Martín Acevedo, Francisco A. Vildoza, Alberto Herrera, de Catamarca; Sra. Salvaria I. de Barraza y Srta. Braulia Arias Ruiz, de Santiago del Estero; Srta. María Magdalena Dulce, Rosario Santillán y Sr. Antonio Correa, de Tucumán; Sra. María Elena R. de Campos y Sra. Laura Molina, de Salta; Sra. Elvira E. de González y Sr. Abdón Castro Tobay, de Jujuy.

Sobre “El zorro juez”.
Esta fábula está redactada sobre la recogida por la Srta. Mercedes Berrondo, en Catamarca.  Han enviado variantes, la Sra. Salvaria I. de Barraza y la Srta. Braulia Arias Ruiz, de Santiago del Estero; Sr. Rosario Gil, de Salta; Sr. José M. Delgado, de Tucumán; Sr. Alvano U. Gallardo, de Entre Ríos.

El destino de los animales - Franz Marc (1880-1916)