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lunes, 9 de enero de 2012

Notación numérica

El surgimiento.

Pierre Simón Laplace (francés, 1749-1827) fue astrónomo, físico y matemático.  Entre sus estudios escribió:

“El ingenioso método de expresar cada número posible utilizando un conjunto de diez símbolos (cada uno de ellos con un valor en su posición y un valor absoluto), surgió en la India. La idea parece hoy en día tan simple que su significado y profundidad no son apreciados en su justa medida. Su simplicidad subyace en el modo en el que facilitó el cálculo y colocó la aritmética en la primera posición entre las invenciones más útiles. La importancia del invento se aprecia con más facilidad cuando se considera que estaba mucho más allá que las ideas de dos de los mayores hombres de la antigüedad, Arquímedes y Apolonio”.

Esta afirmación de Laplace es muy aceptada en nuestro tiempo. 

Los números surgen en la India, y son transmitidos por los árabes a Occidente, por lo cual los números que utilizamos en la vida diaria se denominan “arábigos”.

Inicialmente los números representaban cosas: una cabra, un palo, un árbol, una piedra.  En este sentido eran bien concretos, y su principal utilidad consistió en contar.  No eran abstractos, sino elementos muy prácticos y siempre relacionados a alguna cosa.

Hueso de Ishango, Congo
Hace pocos años, se encontró en la República Democrática del Congo un hueso de mono que data aproximadamente de 35.000 años antes de Cristo.  El hueso presenta una serie de muescas agrupadas en conjuntos.  Los antropólogos conjeturan que solamente pudieron haber sido hechas a través del conteo, pues hay simetrías de marcas que solamente se pueden producir si se cuentan.

Recién en la civilización sumeria, que alcanza su esplendor alrededor del IIIº milenio antes de Cristo, nos encontramos con la escritura de números.  Aquellos hombres escribían en tablillas de arcilla, marcando signos con cuñas, razón por la cual se la denomina “escritura cuneiforme”. Entre las aplicaciones, estaba la de contar ganado, y la de llevar la contabilidad de los granos de los templos, con el fin de tener ofrendas suficientes que alcanzasen para un determinado período.  Desde entonces, el número 1 tendrá como representación un palillo vertical.
Tablilla con escritura cuneiforme.
Aproximadamente 2030 a.C.

En estas regiones de Medio Oriente, por una cuestión práctica, el uso numérico se basa en un sistema sexagesimal, es decir, que tiene al número 60 como módulo.  De aquí vienen los grados de un ángulo, que tiene como tope los 360 grados del círculo, mediciones muy útiles para la astronomía, o para medir el día, pues cada hora tiene 60 minutos.

El sistema sexagesimal se fundamenta en la mano de los seres humanos.  En aquellos tiempos, para contar, utilizaban el pulgar, el cual apoyaban en cada una de las tres falanges que tienen los otros cuatro dedos de la misma mano.  De aquí el práctico número 12, que multiplicado por 5, que son los dedos de la otra mano, nos da el mentado 60. 

Para esos tiempos se había desarrollado la civilización de Egipto.  Junto a la necesidad de contar cosas, apareció la inquietud de medir distancias y objetos, para poder construir grandes edificios y determinar las áreas cultivables según las variaciones del río Nilo, la columna vertebral de la vida en ese Reino.  Del hecho de contar surgió la idea de tener una unidad de medida, ver cuántas veces una unidad de medida entra en la distancia que se quiere medir. Así se llegó, aproximadamente en el 2700 a.C, al codo real, que tenía una longitud de poco más de medio metro, o 7 palmos de cuatro dedos, es decir, 28 dedos.  El codo real representaba el “uno” en las medidas de distancia y superficie egipcios.


Contar, medir, pensar.

La notación de los números viene de la India.  Así lo atestiguan los árabes, quienes introducen estos símbolos en su tierra y en Occidente.  Uno de estos matemáticos es Al-Jwarizmi (nacido en la actual Uzbekistán, c. 780-c. 835), quien escribió un libro titulado "Libro de la suma y de la resta, según el cálculo indio", del que se conserva solamente una versión latina incompleta del siglo XII después de Cristo.

Manuscrito de al-Biruni con
las fases del eclips lunar.
Una de las fuentes de información más importantes que tenemos de los numerales indios procede de al-Biruni (nacido en la actual Uzbekistán en 973, y muere en la actual Afganistán en 1048). Durante la década de 1020, al-Biruni visitó varias veces la India. Escribió 27 trabajos sobre India y sobre diferentes áreas de su ciencia. En particular su recopilación sobre la astronomía india y sus matemáticas fue una valiosa contribución al estudio de la ciencia en India. Refiriéndose a los numerales indios en un famoso libro escrito alrededor de 1030, comenta:

Mientras que nosotros usamos letras para los cálculos de acuerdo con su valor numérico, los indios no las usan en absoluto para la aritmética. Y como las letras que usan para escribir son diferentes en diferentes regiones de su país, también lo son los números.(…) Lo que nosotros (los árabes) usamos como numerales es una selección de los mejores y más regulares números indios.

En la India, mucho antes que los signos numéricos escritos existieron las palabras numéricas. Al igual que actualmente disponemos de la misma herramienta con las palabras: uno, dos, tres, etc., los indios autores de los Vedas expresaban verbalmente las primeras cantidades. Aunque existían diversas acepciones para las mismas, finalmente quedaron las siguientes palabras en sánscrito para describir las primeras cantidades hasta el diez:

1  eka
2  dvi
3  tri
4  catur
5  pancham
6  sas
7  saptam
8  astan
9  navan
10  dasan

El primer dato arqueológico que revela el uso de los símbolos numéricos se encuentra en las célebres inscripciones realizadas en tiempos de Ashoka, el emperador Maurya que reinó en la India en el siglo III a.C. Eran inscripciones realizadas en grandes monolitos de piedra donde el gobernante proclamaba sus deseos de mejora, su autoridad sobre los súbditos, todo ello en varios idiomas, según la zona geográfica donde se colocaran.

Varios siglos después se llegó en la India a una notación normativa, que tomó lo mejor de las versiones anteriores, y que sirvió como modelo para los árabes.  Ellos encontraron en el norte de la India las cifras del alfabeto “nagari”, la forma más evolucionada y definitiva que la cultura india supo elaborar en cuanto a cifras escritas. Estas cifras, junto al sistema posicional de numeración decimal y los algoritmos de las distintas operaciones aritméticas, fueron un tesoro cultural que afortunadamente los musulmanes valoraron y adaptaron a su cultura para ejercer de transmisores posteriormente de cara al mundo cristiano occidental.
Cifras numéricas del alfabeto nagari.

El sistema numérico de la India, ha brindado invalorables servicios a Occidente, especialmente a la ciencia. Entre los factores que influyeron en el desarrollo está la fascinación que siempre tuvo aquel pueblo por los números grandes, pues les servían para indagar los misterios del universo y las profundidades del espíritu.  Para ver un ejemplo podemos echar un vistazo al “Lalitavistara”, un relato de la vida de Gautama Buddha. Es difícil datar este trabajo porque estuvo en continuo desarrollo durante un largo período de tiempo, pero es razonable suponer que fue escrito alrededor de los siglos I y II después de Cristo. En el “Lalitavistara”, Gautama, cuando es joven es examinado en matemáticas. Se le pide que nombre todos los rangos numéricos más allá de un koti que es 107 . Él lista todas las potencias de 10 hasta 1053 . Tomando esto como un primer nivel sigue a continuación a un segundo nivel y alcanza eventualmente 10421 . El examinador de Gautama dice:

Tú, y no yo, eres el maestro de las matemáticas.


Poesía e imaginación con números.

Los números tienen varias funciones, desde fundamentar el conteo de objetos o personas, hasta alcanzar los niveles de la poesía e imaginación, que es el reino de la libertad para el ser humano.  Allí los números alcanzan el valor de símbolos, es decir, manifiestan muchos significados que alegran la vida presente.

En este sentido, un poeta sufi de la Edad Media, Yalal ad-Din Muhammad Rumi (persa, 1207-1273) nos habla del símbolo del uno y lo que se logra cuando se lo considera con libertad e imaginación.

¿Qué puedo hacer, oh musulmanes?,
pues no me reconozco a mí mismo.
Rumi
No soy cristiano ni judío,
ni mago ni musulmán.
No soy del Este ni del Oeste,
ni de la tierra ni del mar.
No soy de la mina de la Naturaleza
ni de los cielos giratorios.

No soy de la tierra ni del agua,
ni del aire ni del fuego.
No soy del empíreo ni del polvo,
ni de la existencia ni de la entidad.

No soy de India ni de China,
ni de Bulgaria ni de Grecia.
No soy del reino de Irak
ni del país de Jurasán.

No soy de este mundo
ni del próximo,
ni del Paraíso
ni del Infierno.
No soy de Adán ni de Eva,
ni del Edén,
ni de Rizwán.
Mi lugar es el sin lugar,
mi señal es la sin señal.
No tengo cuerpo ni alma,
pues pertenezco al alma del Amado.

He desechado la dualidad,
he visto que los dos mundos son uno;
Uno busco,
Uno conozco,
Uno veo,
Uno llamo.

Estoy embriagado con la copa del Amor,
los dos mundos han desaparecido de mi vida;
no tengo otra cosa que hacer más que el jolgorio y la jarana”.


Numeri innamorati (1920)
Giacomo Balla (italiano, 1874-1958)

miércoles, 23 de noviembre de 2011

CORAZÓN DE MI VIDA

Letanías del corazón.

Una forma religiosa muy antigua de pedir ayuda al Cielo es hacer una larga repetición de invocaciones, sean de nombres o de atributos divinos.  En general se hacía con un mediador en el centro y un grupo de gente que repite cada invocación, como un eco coral.

Corazón
Jakob Böhme (alemán, 1575-1624)
Aparentemente es muy aburrido, tanto que se ha aplicado el nombre de letanía a lo que una persona repite incansablemente, molestando a los demás.  Pero, pensándolo bien, cada invocación es un mundo que se abre.  Por ejemplo, cuando se invoca a la Madre de Dios, se le dice: “Casa de David”, “Puerta del Cielo” o “Torre de Marfil”.  Si alguien se aburre con semejantes invocaciones, es porque no tiene ni pizca de imaginación.  En muchas religiones, las letanías no solamente se usaban para rogar, sino también para alcanzar estados hipnóticos, lejos del aburrimiento cotidiano.

Para el tema que nos ocupa, la idea es hacer un listado de expresiones en torno al corazón, que fueron elegidas al azar de textos dispersos.  Que el lector encuentre, en su propia imaginación, el sentido de cada una de las ideas listadas.  Haciéndolo despacio veremos manifestarse en nuestro interior, aunque sea confusamente, el inmenso horizonte de los significados de este símbolo.

Noble corazón

Gran corazón

Corazón cerrado

Corazón, instrumento de muchas cuerdas

Corazón niño

Corazón caliente

Querer de corazón

Palabra del corazón

Corazón purificado

Corazón de razones

Corazón de deseos

Corazón vidente

Corazón gozoso

Corazón cansado

Corazón fecundo

Corazón bueno

Corazón humano

Corazón en paz

Corazones duros

Corazón feliz

Corazón que siente

Corazón libre

Corazón, comienzo y fin de la vida

Corazón burgués

Corazón delator

Corazón hispano

Corazón académico

Corazón encendido

Corazón buscador

Corazón abierto

Corazón sin mancha

Corazón salvaje

Corazón taurino

Corazón verde

Corazón negro

Corazón coraza

Corazón de oro

Corazón roto


En la música popular.

El símbolo del corazón recorre casi todos los ámbitos de la vida humana.  Desde los aspectos biológicos, que tienen mucha importancia médica en nuestra civilización, hasta las intuiciones del arte o la mística de las religiones, encontramos esta señal con sus múltiples significados.

En el impreciso rubro de música popular, las referencias desbordarían cualquier enumeración que pretendiésemos hacer.  En cualquier cultura que elijamos, nos encontraríamos con los mismos resultados.  Y si quisiéramos escaparnos al pasado, en las civilizaciones más primitivas ya aparece el corazón, espléndido en su centro.

Vamos a recorrer otra breve letanía, esta vez de títulos de tangos.  No se han puesto los autores, para que el recorrido sea ligero.

Araca, corazón
Pesaje del Corazón
(Libro de los Muertos)
Hunefer (escriba egipcio, ca. 1280 a.C)

Al compás del corazón

Adios Corazón

Corazón, no le hagas caso

Junto a tu corazón

Dónde estás, corazón

Nada más que un corazón

Corazón de papel

Corazón encadenado

Si no me engaña el corazón

Tu corazón

Corazón cobarde

Todo corazón

Corazón de arrabal

Corazón de indio

La melodía del corazón

Tiro libre al corazón


En el año 1998 se crea la banda de rock Fito & Fitipaldis, a partir de una reunión en un bar de Bilbao entre Adolfo Cabrales (“Fito”, español, n. en 1966) y algunos músicos que casualmente se encontraban esa noche en el lugar.  Como muchas bandas de todo el mundo, que logran reunir multitudes de jóvenes en sus recitales, responden a la imaginería juvenil, sus historias, descubrimientos, afirmaciones y modos de plantear la experiencia de la existencia.

Veamos en la letra de “Corazón oxidado”, cómo se expresa una letanía del corazón.

Y mi pobre corazón de hierro
Separación
Edvard Munch (noruego, 1863-1944)
Se me fue oxidando con las penas
Este tengo sueño y no me duermo
Este fuego que ya no calienta
Todo lo que canto es tan estéril
Todas las canciones son la misma
Muy pocas personas, demasiada gente
Diferente sangre de una misma herida

Mi pobre corazón oxidado
Mi pobre corazón encogido
Mi pobre corazón todo el daño
Mi pobre corazón todo lo bueno vivido
Mi pobre corazón lo más malo
Mi pobre corazón lo divino, lo valiente, lo cobarde, lo esperado, mi virtud y mi defecto, mi barranco y mi camino
Mi pobre corazón no importa que sea pequeño
Mi pobre corazón siempre te echa de menos
Mi pobre corazón que no le caben ya las penas
Siempre que me duele me lo llevo de verbena
Mi pobre corazón que me mantiene con vida
Mi pobre corazón siempre la luz encendida
Mi pobre corazón que a veces quiere salir
Mi pobre corazón que está enganchado
Mi pobre corazón en directo
Mi pobre corazón en domingo
Mi pobre corazón en pelotas
Mi pobre corazón en Fa sostenido
Y mi pobre corazón se me fue oxidando
Y mi pobre corazón no ves que siempre está llorando.


A los saltos en el centro.

Dos son las experiencias que han permitido la formación de la palabra “corazón”.  La primera es su ubicación en el ser humano, ocupando el centro del pecho.  De allí que, cuando se quiere significar el centro vital de cualquier cosa, se hable del “corazón de la cosa”.

Nuestros antepasados percibieron, al igual que nosotros, que nuestro centro no está quieto, sino que va a los saltos y, a veces, a sobresaltos.  Cualquier emoción produce una aceleración del ritmo cardíaco.  Sea en estado de latido normal, como en el  alterado, la experiencia fue descripta como el salto de una gacela.

De una raíz indoeuropea apareció en griego el término trascripto como kardía, y de allí en latín el sustantivo “cor”.  Así llegamos al castellano corazón, al francés coeur, al portugués coração y al italiano cuore.

Por otro lado, en inglés se dice heart, en alemán Herz, que vienen de un término sánscrito hrid, que fue el que dio origen a la raíz indoeuropea mencionada.  En ambos grupos de lenguas se mezclan las experiencias de salto y centro.


Que hablen los poetas.

Libre Albedrío
Hilma af Klint (sueca, 1862-1944)
Los poetas nos ayudan a entrar en el inmenso mundo de la propia vida, para que podamos vislumbrar los ejes de nuestro actuar y el centro de nuestras decisiones.  Cuando leamos sus escritos, junto a las sensaciones que podamos sentir, sepamos admirar nuestro interior, capaz de percibir la belleza en tantas voces distintas.

El horizonte simbólico del corazón es inconmensurable.  Esta vez tomemos algunos testimonios que nos sirvan de orientación en el paisaje.

Luis de Camoens (1524-1579) ilustre poeta portugués, uno de los más grandes de esa lengua. Vivió 16 años en Oriente (India y China) en donde elaboró sus mejores obras. Hay mucho del amor cortesano en su poesía.

Vos tenéis mi corazón

Mi corazón me han robado;
y Amor viendo mis enojos,
me dijo: "Fuete llevado
por los más hermosos ojos
que desque vivo he mirado.
Gracias sobrenaturales
te lo tienen en prisión".
Y si Amor tiene razón,
señora, por las señales,
vos tenéis mi corazón.


Omar Khayyam (Iraní, 1050-1122) fue un matemático, poeta y astrónomo persa.  En su poema más famoso, Rubaiyat, nos invita a sacarnos de encima dogmas y doctrinas para aprovechar los valores tangibles de la naturaleza y la vida presente.

 Corazón

Más que cien Kaabas hechas de agua y tierra
vale en la vida un noble corazón;
en los países del mañana aferra
cuantos puedas al propio corazón,
y en las tierras del hoy, de un puro amigo
adhiérete por siempre al corazón.

Deja ya de la Kaaba el falso abrigo,
y corre al mundo en pos de un corazón.


Uno de los más encantadores y persuasivos escritores latinoamericanos es José Martí (cubano, 1853-1895). La misma pasión que volcó en su obra literaria, la puso al servicio de la liberación de su Patria.
José Martí 

Cultivo una rosa blanca...

Cultivo una rosa blanca,
En julio como en enero,
Para el amigo sincero
Que me da su mano franca. 

Y para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo,
Cardo ni ortiga cultivo:
Cultivo la rosa blanca.


Gabriela Mistral fue el seudónimo, y también nombre cotidiano, que usó Lucila Godoy (chilena, 1889-1957).  En su poesía se destaca la ausencia de retórica y el gusto por el lenguaje coloquial.

Creo en mi corazón, ramo de aromas...

Creo en mi corazón, ramo de aromas
que mi Señor como una fronda agita,
perfumando de amor toda la vida
Gabriela Mistral
y haciéndola bendita.

Creo en mi corazón, el que no pide
nada porque es capaz del sumo ensueño
y abraza en el ensueño lo creado:
¡inmenso dueño!

Creo en mi corazón, que cuando canta
hunde en el Dios profundo el franco herido,
para subir de la piscina viva
recién nacido.

Creo en mi corazón, el que tremola
porque lo hizo el que turbó los mares,
y en el que da la Vida orquestaciones
como de pleamares.

Creo en mi corazón, el que yo exprimo
para teñir el lienzo de la vida
de rojez o palor y que le ha hecho
veste encendida.

Creo en mi corazón, el que en la siembra
por el surco sin fin fue acrecentando.
Creo en mi corazón, siempre vertido,
pero nunca vaciado.

Creo en mi corazón, en que el gusano
no ha de morder, pues mellará a la muerte;
creo en mi corazón, el reclinado
en el pecho de Dios terrible y fuerte.


Corazón
Jim Dine (norteamericano, nacido en 1935).



lunes, 3 de octubre de 2011

Plenitud


¿Qué puede llenar el corazón humano? ¿Qué es aquello que nos colma, de tal manera que no haya espacio en nuestro interior para nada más?


Un testimonio.

Moliendo Grano
Miniatura de Diccionario Persa (s. X-XVI dC)
Basora, en el actual Irak, era apenas un pueblerío cuando a un matrimonio muy pobre les nace la cuarta hija.  Por eso la llaman “La Cuarta”, en árabe Rabi`a.  Habían pasado unos 80 años desde el fallecimiento del Profeta Muhammad (Mahoma).  Al poco tiempo la niña queda huérfana y su historia se diluye hasta que, muchos años después, se hace conocida en las afueras de la ciudad, por su sabiduría y don de consejo. Se dijo que había sido encontrada de niña vagando por las calles, que había sido vendida como esclava y que el amo la había liberado por la actitud creyente. Ya una mujer grande, vivió muy sencillamente.  Varones y mujeres piadosos se instalaron en las cercanías de su choza despojada.  Así se formó una de las primeras comunidades de místicos del Islam, conocidos con el nombre de “sufíes”.
 
Rabi`a al-'Adawiyya, tal su nombre completo, murió con más de ochenta años de edad en el 801 d.C. Sus discípulos transmitieron algunas de sus enseñanzas, y dieron testimonio de lo que llenaba el corazón de Rabi`a. Era el amor, que es lo único que da plenitud a toda vida humana.  Así lo enunciaba esta mujer admirable.

Conozco el amor desde que conocí la brisa.
He cerrado mi corazón excepto a ti.
He confiado en ti que puedes ver
lo que se oculta en los corazones.
Te amo con dos amores,
un amor hecho de deseo
y el otro digno de Ti.
El amor hecho de deseo me hace recordarte,
despojándome de todo lo que no eres tú.
El amor digno de Ti
aparta de mis ojos
los velos para verte.

El amor es el centro, y luego se manifiesta de infinidad de modos, como incontables variaciones de una misma sinfonía.  Rabi`a se ha entregado totalmente a su Amado, al Dios de su corazón.  Ya no busca a nadie, está llena, es dichosa. 

Dios mío, Cuantos bienes me hayas reservado
en este mundo, dáselos a tus enemigos,
y cuanto me hayas reservado en el otro,
dáselo a tus amigos,
porque a mí, Tú me bastas.


Enseñanzas de Rabi`a.

El consejo de esta Maestra es el amor sin condiciones.  Para cada uno tendrá la forma propia, pero la recomendación se aplica a todos los casos.

Permanece en la puerta si anhelas la Belleza,
Abandona el sueño si quieres entrar.

Habrá que permanecer en la puerta, sin tratar de forzarla, a la espera, atentos a las señales que se nos den. Y abandonar el sueño, las ideas preconcebidas, los prejuicios, la tentación de apropiarnos de lo que no nos pertenece reduciéndolo a nuestros esquemas y perdiendo, así, cualquier posibilidad de comprenderlo.

Folio del Corán Azul. 
Entre siglos IX-X d.C.
Probable del Norte de Afica
Para muchos, esta clase de amor puede parecer una locura o una sinrazón.  Lo cierto es que todo amor parece pérdida de sentido.  Para esto, Rabi`a decía: “Pensamiento y amor no están separados, el corazón es sede de la iluminación, y ésta se expresa como sabiduría”.  Por eso, el que ama mucho sabe mucho.

La recomendación de las distintas vertientes de la tradición es la misma: “Quien se conoce a sí mismo conoce a su Amado”.

Recuerda que, una flor alberga el Universo:
Y que todo confluye hacia el punto del presente.
Recuerda que el mundo entero es un espejo,
y que en cada átomo se esconden miles de soles radiantes ….
Que del corazón de cada gota de agua, emergen miles de Océanos cristalinos.
Recuerda:
Que de cada mota de arena pueden nacer nuevas formas.
Recuerda ….
Eres solo un punto que en su girar continuo haces un círculo.
En este círculo está el Universo.

Es una invitación a no poner barreras al amor, a vivir sin condiciones desde nuestro corazón.

Muchos siglos después se recordaba que fue esta poetisa Rabi`a quien, tomando agua en una mano y fuego en la otra, dijo: “Quiero poner fuego al paraíso e inundar el infierno con agua, para qué así estos dos velos se quiten de los que se acercan a Dios con resolución y puedan mirar al Señor sin necesidad de salvación y sin necesidad de miedo”.


Hacer justicia al amor.

En el Antiguo Testamento se cuenta una historia que hizo famoso al rey Salomón, porque supo distinguir y valorar una de las formas del amor: el de una madre por su hijo.
Rey Salomón. 
Joan Rexach. 
(Español, 1431-1482)


Se lee en el Primer Libro de los Reyes, capítulo 3, del versículo 16 hasta el 28:

Una vez, dos prostitutas fueron a presentarse ante el rey Salomón.
 Una de las mujeres le dijo: "¡Por favor, señor mío! Yo y esta mujer vivimos en la misma casa, y yo di a luz estando con ella en la casa.
Tres días después de mi parto, dio a luz también ella. Estábamos juntas; no había ningún extraño con nosotras en la casa, fuera de nosotras dos.
Pero una noche murió el hijo de esta mujer, porque ella se recostó encima de él.
Entonces se levantó en medio de la noche, tomó de mi lado a mi hijo mientras tu servidora dormía, y lo acostó sobre su pecho; a su hijo muerto, en cambio, lo acostó en mi regazo.
A la mañana siguiente, me levanté para amamantar a mi hijo, y vi que estaba muerto. Pero cuando lo observé con mayor atención a la luz del día, advertí que no era mi hijo, el que yo había tenido".
La otra mujer protestó: "¡No! ¡El que vive es mi hijo!". Y así discutían en presencia del rey.
El rey dijo: "Esta mujer afirma: "Mi hijo es este, el que está vivo; el que está muerto es el tuyo". Esta otra dice: "No, tu hijo es el muerto; el que está vivo es el mío".
Y en seguida añadió: "Tráiganme una espada". Le presentaron la espada, y el rey ordenó: "Partan en dos al niño vivo, y entreguen una mitad a una y otra mitad a la otra".
Entonces la mujer cuyo hijo vivía se dirigió al rey, porque se le conmovieron las entrañas por su hijo, y exclamó: "¡Por favor, señor mío! ¡Denle a ella el niño vivo, no lo maten!". La otra, en cambio, decía: "¡No será ni para mi ni para ti! ¡Que lo dividan!".
Pero el rey tomó la palabra y dijo: "Entréguenle el niño vivo a la primera mujer, no lo maten: ¡ella es su madre!".

El amor no tiene una pizca de egoísmo, y esto lo aprendió el rey de su propia experiencia.  Si Salomón no hubiese amado verdaderamente hubiera sido incapaz de lucidez en una circunstancia tan extrema. No había tiempo, ya tenía la espada en la mano y la sentencia se cumpliría inmediatamente.  Pero él confió en el amor y tuvo razón.


En todos lados.

El amor no es especialidad de nadie en particular.  Por el contrario, es lo que tenemos en común todos los seres humanos.  En la medida que amamos, nuestro corazón permanece colmado, y basta una sola experiencia, aunque sea breve, para que nunca más se vacíe nuestro interior.

No hablamos de una clase de amor en particular, sino de todos ellos.  Las expresiones que se hayan hecho sobre ellos son intercambiables y aplicables indistintamente a cualquiera de ellos.  El amor es una fuerza que da cohesión a todo el universo. 

Si pretendemos determinar el modo de su manifestación, o si nos atrevemos a cerrarle nuestro corazón, no habrá más que dolor y desolación.  En cambio, si nos entregamos y dejamos que nos lleve a donde no sabemos, quizás alcanzaremos de una vez para siempre la plenitud que buscamos.

Mi  Pequeño Amor (canción)
Letra y música: Ramón Ayala (Argentino, 1928)

Mi pequeño amor
Todo vive en ti
Y la tierra es en tu cuerpo
Fruta madura...
Me viene de ti
Con tu aliento todo el misterio
Que enciende la vida
Y vuelve mi sangre
Ternura y pasión.

Mi pequeño amor
Es un río azul
Es como una flor
Que abre su corola en mis manos.
Todo vive en ti
El junco y la estrella que muere
Y en tus ojos negros
La noche siembra su eternidad.

Y el Paraná te dio su luz
El Litoral su ensoñación
Y en la magnolia de tu piel
Una isla de sol.
Yo siento latir
Adentro de mi ser
Como aquellas cosas
Que siempre vuelven a florecer.

Mi pequeño amor
Todo vive en ti.

La plenitud corresponde a todo ser humano, porque todos estamos formados por ella y destinados a ella. 

Es estar lleno, estar colmado, como un recipiente que ya no tiene espacio para nada más, que está hasta el borde.  También se usa la palabra para indicar el momento culminante, el apogeo de algo.  En nuestro caso, es la vida colmada.

No podemos renunciar a la plenitud, porque no podemos dejar de ser lo que somos.

La plenitud está al alcance de todos en la vida, conforma nuestra dignidad.  Es tan inmensa que nos basta un instante para llenar de sentido todo lo que hacemos y vivimos.  Es la que sostiene nuestra libertad y nos hace vivir en alegría, aún en las situaciones más difíciles y dolorosas.


Detalle de mosaico de azulejos
Casa de Pilatos, Sevilla, Andalucía, España

sábado, 7 de mayo de 2011

Paulo Freire: una lectura del mundo

Escrito por Frei Betto.


«Ivo vio la uva», enseñaban los manuales de alfabetización. Pero el profesor Paulo Freire, con su método de alfabetizar concientizando, hizo que adultos y niños en Brasil, en Guinea Bissau, en la India y en Nicaragua, descubrieran que Ivo no vio sólo con los ojos. Vio también con la mente y se preguntó si uva es naturaleza o cultura.

Ivo vio que la fruta no resulta del trabajo humano. Es Creación, es naturaleza. Paulo Freire enseñó a Ivo que sembrar uva es acción humana en la y sobre la naturaleza. Es la mano, multiherramienta, despertando las potencialidades del fruto. Así como el propio ser humano fue sembrado por la naturaleza en años y años de evolución del Cosmos.

Recoger la uva, triturarla y transformarla en vino es cultura, señaló Paulo Freire. El trabajo humaniza a la naturaleza y al realizarlo, el hombre y la mujer se humanizan. Trabajo que instaura el nudo de relaciones, la vida social. Gracias al profesor, que inició su pedagogía revolucionaria con trabajadores del Sesi de Pernambuco, Ivo vio también que la uva es recogida por jornaleros que ganan poco, y comercializada por intermediarios, que ganan mejor.

Ivo aprendió con Paulo que, aún sin saber leer, él no es una persona ignorante. Antes de aprender las letras, Ivo sabía construir una casa, ladrillo a ladrillo. El médico, el abogado o el dentista, con todo su estudio, no era capaz de construir como Ivo. Paulo Freire enseñó a Ivo que no existe nadie más culto que otro, existen culturas paralelas, distintas, que se complementan en la vida social.

Ivo vio la uva y Paulo Freire le mostró los racimos, la parra, la plantación entera. Enseñó a Ivo que la lectura de un texto es tanto mejor comprendida cuanto más se inserta el texto en el contexto del autor y del lector.

Es de esa relación dialógica entre texto y contexto que Ivo extrae el pretexto para actuar. En el inicio y en el fin del aprendizaje, es la praxis de Ivo lo que importa. Praxis-teoría-Praxis, en un proceso inductivo que vuelve al educando sujeto histórico.

Ivo vio la uva y no vio al ave que, desde arriba, observa a la parra y no ve a la uva. Lo que Ivo ve es diferente de lo que ve el ave. Así, Paulo Freire enseñó a Ivo un principio fundamental de epistemología: la cabeza piensa donde los pies pisan. El mundo desigual puede ser leído por la óptica del opresor, o por la óptica del oprimido. Resulta una lectura tan diferente una de la otra como entre la visión de Ptolomeo, al observar el sistema solar con los pies en la Tierra, y la de Copérnico, al imaginarse con los pies en el Sol.

Ahora Ivo ve la uva, la parra, y todas las relaciones sociales que hacen del fruto fiesta en el cáliz del vino, pero ya no ve a Paulo Freire, que se sumergió en el Amor en la mañana del 2 de mayo de 1997. Nos deja una obra inestimable, y un testimonio admirable de competencia y coherencia.