martes, 20 de marzo de 2012

JUAN, UN NIÑO

Los cuentos se llaman infantiles cuando requieren al auditorio una actitud de niño.  Ser como niños es una plenitud del ser humano.  Es cierto que hay enfermedades, psíquicas y físicas, llamadas “infantilismos”, pero lo que requieren los cuentos está bien lejos de estas dolencias.

            En la tradición la actitud de niño tiene varias características.  Es espontánea, en tanto natural y sincera en el comportamiento y en la manera de pensar.  También es apacible, lo que significa mansa y agradable en la forma de ser y en el trato.  El pensamiento es concentrado, sin intención ni reserva mental.

            Mirando con atención, nos damos cuenta que ser como niños es una larga tarea.  Para alcanzar la plenitud es necesario conservar características naturales de la infancia, desarrollar otras que no fueron elaboradas en la etapa de formación, renovar algunas características perdidas y buscar toda la ayuda que nos puedan dar, porque la tarea es inmensa.

Gurú Nanak y seguidores.
Autor anónimo.
Punjab, India (1870)
            Jesús de Nazaret, de quien no podemos dudar de la seriedad de sus enseñanzas, que han marcado civilizaciones durante 2.000 años, dice:  "Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos” (Evangelio de Mateo 18,3).  Y para que no nos desaliente la dificultad del camino, agrega cuál es el premio: “Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos”.

            Otro maestro, Guru Nanak (pakistaní, 1469-1539), recomendaba refiriéndose a la búsqueda del Absoluto, de la Plenitud, lo siguiente:

“Con el pensamiento no podrás conocerle,
Ni aunque cien mil veces pienses en él;
Tampoco le descubrirás por el silencio,
Ni aunque permanecieras mudo vidas enteras.

Mil destrezas podrás obtener en este mundo,
Pero sólo con un corazón de niño podrás alcanzarle.”

            Algunas de estas cosas explican la razón por la que los ancianos se llevan bien con los niños, un encuentro entre la plenitud y la fuente. 

Para el camino hacia el tiempo de la vejez tenemos, como una ayuda, los cuentos infantiles.


Desde tierra adentro.

            Los cuentos infantiles están en todos lados.  El que citamos ahora, “Juan y el gigante”, fue contado por Vera Ríos, de 48 años, en un lugar de la provincia de Misiones, Argentina, llamado Picada San Javier, Km. 26.  El testimonio fue recolectado en el año 1963 por Guillermo Perkins Hidalgo (argentino, 1902-1975), quien solía citar la siguiente frase: “Siempre hay leyendas y cuentos cerca de la cuna de los pueblos y de los niños”.

            El texto está en la segunda serie de Cuentos Folklóricos de la Argentina, de Susana Chertudi, Instituto Nacional de Antropología (1964).

“Cuando Juan era chico, vivía con su mamá, que tenía una vaca y tres bolsas de oro.

Un día, cuando su madre no estaba, apareció un viejo que le ofreció cambiar la vaca por una muda de yerba que él traía.  Juan aceptó y esperó a su madre muy contento.

La mujer se enojó mucho y lo mandó tirar la planta que no servía para nada;  pero él la plantó en una esquina de la casa.  Al otro día vieron asombrados que la planta de yerba había crecido tanto, tanto, que parecía toca el cielo.  Desde la noche de ese día la gente de los alrededores empezó a desaparecer y a la madre de Juan le robaron las bolsas de oro, una cada noche.  El muchacho, que la última noche se había quedado espiando, vio que el ladrón era un enorme gigante que después de cometer sus robos subía por la planta de yerba.  Entonces Juan subió también y se encontró con un enorme castillo.
Retrato de un niño.
Annie Swynnerton
(inglesa, 1844-1933)

Allí lo recibió la mujer del gigante, que era muy buena y prometió ayudarlo.  Mientras conversaban ella vio que volvía su marido y se escondió, loca de miedo.  El ogro pidió de comer y se acostó.  Aprovechando su sueño, Juan llevó a su casa una bolsa de oro; lo mismo hizo las dos noches siguientes.

Cuando andaba por el castillo, Juan se enteró que el gigante tenía un acordeón y un ovillo de hilo con poderes mágicos, y resolvió quitárselos; así que la cuarta noche volvió para eso: pero antes le pidió a su madre que lo esperara con un hacha al pie de la gran planta de yerba.  Cuando estaba robando las cosas, el acordeón se abrió y al sostenerlo, Juan hizo sonar unas notas que despertaron al gigante, que se levantó en seguida y al ver lo que estaba haciendo el muchacho, empezó a correrlo.  Juan tomó de la mano a la mujer del ogro y escapó también con ella.  No podía dejarla; el ogro la mataría.  Empezó a bajar por la yerba y con él, ella.  El gigante los siguió.

Entonces Juan le gritó a su madre diciéndole que cortara el tronco con el hacha.  Cuando la planta cayó, el gigante que era muy pesado no pudo sostenerse y cayó con ella desde lo alto.  Pero Juan y la mujer no se hicieron nada, porque cuando vieron que el tronco se rompía, largaron el hilo que como era mágico se sostenía solo y por él bajaron tranquilamente.

Vivieron felices muchos años los tres juntos, disfrutando del oro, del acordeón y del hilo mágico.”


Muchas resonancias.

            Al leer el cuento, surgen muchas resonancias.  Algunas tienen que ver con símbolos universales, otras con elementos locales.  En este caso, el árbol de yerba es una referencia indudable al suelo misionero, donde abunda este cultivo.  También hay una vinculación con el acordeón, si recordamos que la música litoraleña usa mucho este instrumento.

            No es posible hacer un análisis detallado, pues se perdería la intencionalidad del cuento.  Se recomienda leerlo varias veces y dejar que la propia intuición nos guíe.  Es importante tener confianza en el propio criterio, una sabiduría que de muchas maneras, conocidas e ignoradas, ha ido configurando nuestra persona.
            Veamos dos símbolos que tienen amplio alcance en el mundo: el ogro y el hilo mágico.

            Los ogros siempre recuerdan a los gigantes y a los titanes.  Tienen necesidad de ración cotidiana de carne fresca, por eso en el cuento empieza a desaparecer gente cuando crece la planta de yerba.  Es una de las características del tiempo, que pasa inexorablemente, como devorando las vidas. 

El ogro juguetón.
Jean Miró (español, 1893-1983)
            Otro aspecto negativo del ogro tiene que ver con una imagen atrofiada del padre, que no quiere que sus hijos crezcan, porque lo hace perder su omnipotencia en la familia, y no soporta la idea de repartir su poder o de renunciar a él.  Un dato interesante del cuento es el de su esposa, que decide ayudar al niño audaz, porque ella se siente aterrada ante el marido.

            Entre muchas cosas, también se puede señalar que el ogro representa los terrores del sueño.  Vive en el cielo, donde reside y duerme.  El cielo es el lugar de descanso, y también el lugar de los sueños.  Casi siempre son apacibles, pero si se despierta algún monstruo, aparece la pesadilla en forma de terror que pone a prueba nuestra valentía, o nos purifica de tensiones de la vida cuando estamos despiertos.

            De muchas maneras aparece el miedo en la vida.  Los ogros del tiempo o del poder simbolizan las amenazas que se manifiestan cuando estamos despiertos.  Pero el cuento no nos deja solamente en el susto, o en la angustia, sino intenta brindar respuestas que nos permitan salir de la situación apremiante.


El hilo salvador.

            En relatos antiguos, el hilo sirvió para salir de lugares complicados, de los laberintos en los cuales parece que nunca va a aparecer la salida.  El hilo permite que uno ingrese en esas complicaciones y pueda salir a la luz luego de una travesía por la oscuridad. 

            El hilo es la vida de cada hombre que mantiene la coherencia, que sabe de dónde viene y sigue el camino que ese hilo le indica, confiando que lo lleva a la luz.  Se dice que hemos recibido la vida, ese hilo mágico que nos guía a través del laberinto de la existencia.

            Las tejedoras saben mucho de este símbolo de la vida.  Por ejemplo, en los ponchos hilados se encuentran las señales de la creación, los símbolos de la fecundidad y de los campos cultivados.  Las tejedoras saben que el hilo de la vida nos une al centro de donde surgen todos los seres. 

            La magia del hilo es la sabiduría de entender que nuestra vida no está aislada.  Formamos parte de la inmensa manifestación de los seres, una urdimbre sorprendente.  Saberse parte de la grandeza de la vida de los seres, admirar la existencia, nos da el trasfondo necesario para las soluciones en nuestro camino.


Niña leyendo.
María Gutiérrez Blanchard (española, 1881-1932).

martes, 13 de marzo de 2012

EL TESORO DEL SUEÑO

Somos del mismo material del que se tejen los sueños,
 nuestra pequeña vida está rodeada de sueños.
William Shakespeare

La realidad de los sueños.

            No sabemos si el sueño es real o irreal.  El sueño se produce cuando dormimos, y dormimos cuando estamos vivos.  Por lo tanto, el sueño se produce en la realidad de la vida.

            Por otro lado, no podemos manejar los sueños.  Se nos manifiestan espontáneamente, a veces nos causan malestar, otras veces alegría, y en algunas circunstancias logramos resolver cuestiones que, cuando estamos despiertos, no le encontramos soluciones.  Quizás se han considerados a los sueños como cosas irreales porque escapan a la voluntad del ser humano y su ambición de controlar todo su entorno.
El sueño de Nabucodonosor.
Beato de Liébana
(Cantabria, 701-798)

            Hay muchos ejemplos en la historia humana sobre interpretación de sueños.  Tomemos un relato de algo tan familiar como la Biblia.  Se cuenta del rey Nabucodonosor (babilonio, c.  630-562 a.C.), que sueña con una estatua gigante hecha con cuatro materiales.  El profeta Daniel es el que interpretará el sueño como cuatro etapas del reinado del monarca. 

            Hay otra situación todavía más popular en los Evangelios.  Es el caso de San José, el padre de Jesús, un soñador incomparable.  Todo lo decide con sueños.  Así recibe en su casa a su esposa María embarazada, o huye a Egipto con su familia a causa de la persecución de Herodes, y del mismo modo decide volver del exilio a una ciudad determinada, Nazaret, alejada de Jerusalén y de Belén, la ciudad del nacimiento de lJesús.

            Desde siempre el hombre ha observado con profundidad el funcionamiento de su mente, especialmente en Oriente, con descubrimientos que, lamentablemente, tenemos poco en cuenta.  En el siglo XX surgió en Occidente el estudio sistemático de la mente humana en su aspecto inconsciente. En el siglo pasado, se aplicaron métodos de la ciencia moderna.  Importantes conclusiones surgieron del registro e interpretación de los sueños de los pacientes que sufrían trastornos psicológicos.

            En la vida cotidiana de la gente, hay una larga interpretación en clave numérica de los signos que aparecen en sueños, y que se aplican a los juegos de azar.  No es posible saber si efectivamente son eficaces, pero siguen siendo usados con frecuencia.

            Cualquiera sea la tradición que elijamos nos encontraremos que los sueños encierran tesoros de sabiduría.


El robo del tesoro soñado.

            Los orientales, especialmente los japoneses, son proclives a narrar cuentos en los cuales se ve involucrado el mundo de los sueños.  El siguiente está tomado de la colección Relatos de los tiempos antiguos (Konjaku Monogatari), recopilación de más de mil cuentos hecha en el siglo XI en Japón, aunque incluye historias de China e India.

            El texto está en la selección “El cuento popular”, hecha por Jorge B. Rivera, Centro Editor de América Latina, 1977.


Antaño, en cierto paraje, vivían dos mercaderes que emprendieron juntos el camino para traficar sus mercancías.

Un día, al llegar a un punto muy alejado de sus hogares, ambos se sintieron fatigados y resolvieron descansar.
La lavandería
de los maestros.

Ling Tinggui
(chino, siglo XII)

–No estaría mal un poco de reposo –dijo uno de ellos.

–Yo deseo dormir –agregó el más anciano, y al punto se lo escuchó roncar.

Y ocurrió que mientras el más joven contemplaba a su vecino dormido vio salir de su nariz un tábano que echó a volar en dirección a la isla de Sado.

Al cabo de una hora el tábano regresó y volvió a introducirse en la nariz del durmiente, el que despertó de inmediato y dijo:

–Es extraño. Soñé que en la isla de Sado vivía un hombre muy rico, y en el jardín de su casa crecía una camelia cubierta de flores blancas. Un tábano que llegó volando se posó al pie del árbol y me dijo: "¡Cava en este lugar!". Yo cavé donde me indicaba y he aquí que descubrí un jarrón lleno de oro. ¡Mira lo que he soñado!

El más joven escuchó este relato con el más vivo interés y una idea cruzó por su mente.

 –¿No deseas venderme tu sueño?

–¿Vender un sueño? ¿Para qué?

El otro no dijo más e insistió para que el anciano accediese a su pedido.

–Bien. ¿Cuánto estás dispuesto a pagar?

–Hmm... ¿Me lo dejarías en trescientos?

–¡En ese caso...! -dijo el soñador, y ambos se pusieron de acuerdo para trocar el sueño a cambio de trescientas monedas de oro.

Luego de comprar el sueño de su vecino, el joven se dirigió a la isla de Sado, buscó la casa de la camelia, entró al servicio del propietario y esa misma noche desenterró el tesoro, que ocultó en lugar seguro. Seis meses más tarde solicitó permiso para ausentarse y retornó a su país. Se convirtió en el hombre más rico de la aldea y vivió feliz el resto de sus días.


La fuente de los símbolos.

            Los estudiosos de los sueños dicen que éstos son las fuentes de los símbolos que usamos en nuestras vidas.  Prestando atención a lo que soñamos podemos descubrir algunas cosas que se presentan en la vida diaria. 

Lo difícil está en discernir el significado que los símbolos tienen para nosotros, porque en realidad tienen muchos significados válidos.  Otro obstáculo para la interpretación es la ambivalencia de los símbolos, pues tienen aspectos luminosos, beneficiosos, y a la vez encierran aspectos oscuros, dañinos.

Sueños de Carnaval
Emiliano A. Calvancanti
(Brasil, 1897-1976).
La ambivalencia deviene de los mismos sueños, que también tienen este doble aspecto.  Es importante descubrir los varios sentidos que puede tener, por ejemplo, un mismo cuento como el que hemos citado.

Veamos cómo un escritor argentino, salteño, Oscar Eduardo Saravia, en su libro “Puros cuentos, meras fábulas”, encuentra otra dimensión, agregándole un final distinto a la historia presentada.

“Sin embargo yo tuve oportunidad de conocer otro desenlace de esta historia la que me fue relatada por un casi milenario anciano japonés, quien conoció a los protagonistas y, por la forma veraz que le dio a su versión, sospecho que era el anciano que vendió el sueño.

Efectivamente, luego de la transacción comercial que originó al sueño y el tábano, el joven se dirigió con premura a la isla de Sado, buscó la gran casa de la camelia y una vez localizada entró al servicio del propietario, un rico terrateniente, quien solo aceptó tomarlo cuando se comprometió a trabajar gratuitamente por un período de seis meses, pues le sobraba mano de obra, según manifestó.  Esa misma noche se dirigió el joven al pie de la camelia que brillaba con sus esplendorosas flores a la luz de la luna.  Cavó casi hasta desenterrar el árbol y… nada.  Enfebrecido amplió el hoyo pero todo fue en vano. 

Lo sorprendieron las primeras luces del amanecer en su búsqueda infructuosa y retornó a su dormitorio con el alma llena de pesadumbre. Sin embargo no pudo dormir pues tenía que cumplir sus tareas de peón, y lo peor era que se había comprometido por ¡seis meses! Así pasaron varias noches en cavar y volver a tapar hasta que se convenció que sus ilusiones eran vanas.

La cosa que terminó de convencerlo fue cuando al notar que la mayoría de los otros obreros dejaban sus lechos durante la noche y hacían lo mismo que él en distintos lugares, cavando y volviendo a tapar. ¡Todos perseguían la misma quimera! 

El que se llenó de oro fue el anciano vendedor de sueños.  Además de venderlos en oro contante y sonante, gracias al tábano que consiguió amaestrar pacientemente para que se alojara en su nariz, cobraba la mitad de los salarios que se ahorraba el terrateniente.

Moraleja: Comprar sueños es tirar la plata al mar, o nunca te fíes de quien tenga tábanos en las narices”.


Ciudad de sueño.
Paul Klee (suizo-alemán, 1879-1940)

miércoles, 7 de marzo de 2012

LA FUERZA DE LOS LENTOS


Muchos siglos atrás, en una ciudad griega situada en el sur de la actual Italia, un tal Zenón (490-430 a.C) se dedicó a defender las ideas de su maestro Parménides (c. 540-470 a.C.).  Para lograr su objetivo planteaba situaciones que llevaban a soluciones contradictorias.  Esta forma de argumentar se llama aporía, y Zenón era un experto.

Un corredor
Ánfora griega de terracota
(siglo VII a.C)
Uno de sus planteos más famosos se basa en una imaginaria carrera entre Aquiles y una tortuga.  Aquiles fue un guerrero mitológico, que corría a una velocidad increíble.  Pero Zenón decía que si el corredor le daba una ventaja a la tortuga en la largada, luego no la podría alcanzar.  Su razonamiento es complicado, ocupó a muchos pensadores posteriores.

Las aporías también influyeron en la vida cotidiana de los pueblos.  Un signo de esto se ve en los cuentos.  Van cambiando los protagonistas, por ejemplo, en vez de Aquiles se invoca a un venado, o a una liebre, y en esas historias los animales veloces no alcanzan a la lenta tortuga de movimientos solemnes. 

También varían las observaciones.  La razón por la cual el experto corredor no alcanza al animal parsimonioso es distinta de la que plantea Zenón, porque ha cambiado el interés de los narradores.


Narración mendocina.

Es notable que, aunque haya siglos de distancia, y en territorios muy dispares, se conserven temáticas parecidas en los cuentos.
El león y la tortuga
Ferdinand Delacroix (frances, 1798-1863)

Hay dos razones para la similitud de los relatos.  En primer lugar, porque los seres humanos somos muy parecidos, cualesquiera sean nuestras condiciones de vida.  Somos parecidos no sólo en el físico sino también en la mentalidad.  En segundo lugar, porque desde los tiempos prehistóricos existió siempre una comunicación entre los grupos humanos, superando todas las barreras geográficas imaginables. 

En el año 1951, Manuel Cardoso, un viñatero mendocino que tenía 76 años entonces, hizo la siguiente narración de la carrera, cambiados los personajes y también los motivos.  Ahora, la competencia es entre un avestruz, animal famoso por su velocidad, y un sapo que, a pesar de sus saltos, es bastante lento.

El testimonio original consta en el Tomo II de Historias y Leyendas de la Argentina, recopilación de Berta Elena Vidal de Battini (1900-1984).  Se usa la palabra araucana choique para avestruz. 


La carrera del sapo y el avestruz.

El sapo con el avestruz jugaron una carrera. Hicieron contrato. Apostaron dinero y fijaron el tiro de la carrera y para el día que se iba a correr.
Entonces el sapo se buscó muchos de la familia y amigos. Y los comenzó a repartir en la cancha, trecho a trecho, unos y otros. Y en la raya tenían otro listo para cuando llegara el choique. En ese momento, pegaría el salto y le saldría adelante.

Desde la partida, el avestruz pensaba que iría siempre por delante.

 Cuando ya llegó el momento de largar, dijeron:
-¡Vamos! se miraron los dos y partieron.

El avestruz iba ligero y de vez en cuando miraba para el lado del compañero pero, para su sorpresa, lo veía que iba adelante. El sapo le iba ganando. Y el avestruz se apuraba más.

Cuando llegó a la raya, el sapo que estaba preparado en ese lugar, saltó adelante. Y los veedores que estaban ahí le dieron la carrera ganada al sapo. Y el mismo juez de raya le falló la carrera en favor del sapo.

Así le ganó nomás el sapo al choique.


La maña y la fuerza.

            Esta famosa carrera, como hemos dicho, ha tenido distintos protagonistas, y también distintas conclusiones.  José María Obregón, un correntino, en el año 1951 decía que lo primero que uno aprende es que “más vale maña que fuerza”.  Una afirmación en la que coinciden la mayoría de los narradores de todo el mundo.

            Los desafíos a la vida humana son inmensos y dramáticos.  La solución, ante la potencia que presentan, es el uso del ingenio.  Pensemos en las dificultades que superó el mismo cuento que presentamos, desde la lejana ciudad de Elea, en Italia, en dónde Zenón pensó sus aporías, hasta los relatos en siglo XX, en territorio argentino.  En veinticinco siglos la enseñanza se mantuvo viva, de boca en boca.

Ocarina con forma de sapo
Veracruz, México
(entre el 700 y 900 d.C.)
            La segunda conclusión de Obregón, fue que “no hay enemigo chico”.  La fuerza de los lentos está en el conjunto.  Muchísimas personas son tan desconocidas, que no podemos distinguirlas, nos parecen la misma.  Y los rasgos humanos se nos desdibujan más si ese conjunto pertenece a otra etnia. 

            Vale mucho la fuerza del conjunto, que nos permite alcanzar las metas aunque los obstáculos sean muy poderosos.


La realidad de los lentos.

            La narración del mendocino representa a los lentos con un sapo.  Este animal es un símbolo muy amplio, lleno de aspectos valiosos, y también tiene algún aspecto oscuro.  Los símbolos, como la realidad en general, tienen dos caras.

            En algunas tribus de América del Sur, el sapo es un cómplice del hombre.  Lo ayuda para hurtar el fuego a su primer poseedor, el buitre.

            En otros grupos, el sapo es un Dios de la lluvia.  Todavía se dice en el país maya que los sapos “rezan mejor que nosotros” para obtener la lluvia.

            En el mundo de la magia, los sapos son muy cuidados.  Afirman que tienen una piedra en la cabeza que es un talismán precioso para obtener la dicha sobre la tierra.

            Pero también se habla de la cara tenebrosa de los sapos, pues dicen que interceptan la luz beneficiosa de los astros por un proceso de absorción.  Como tienen una mirada fija, parece que son insensibles o indiferentes a la luz.

No hay enemigo chico.

            Los símbolos tienen muchos significados. Sin sus orientaciones nos perderíamos en la infinita variedad de la vida humana.

            Nos abren nuestra riqueza interior, una inmensidad que nunca alcanzaremos a comprender del todo, pero que siempre está disponible para buscar lo que queremos en la vida. 

            Finalmente nos ayudan a entender la grandeza de todos, y que los lentos, como los sapos, son tan valiosos como los ágiles, los avestruces.


Sapo Getsuju
Japón, período Edo (1615-1868)

miércoles, 29 de febrero de 2012

ENTRAR EN LA CAVERNA

La tradición quechua está situada en los Andes, desde Ecuador hasta Argentina y Chile. Abarca pueblos que estuvieron relacionados con el Imperio Incaico. 

Pinturas de la Cueva
 de Toquepala, Perú
(ca. 7500 aC).
En la leyenda que presentamos en esta ocasión, se habla de una caverna de los Andes pero no de ninguna en particular.  Para el narrador los Andes era todo el mundo conocido. Por eso la caverna es un símbolo de todas las cavernas del planeta, en cualquier período histórico y en cualquier lugar.  Nombremos algunas.

Hay cavernas en las que los hombres prehistóricos, hace 40.000 años, celebraban sus ritos de iniciación.  En esas ocasiones se festejaba el comienzo de la vida adulta y de las tareas comunitarias, por ejemplo, la caza.

En el mundo griego antiguo, Platón (427 a.C.- 347 a.C) usaba del mito de la caverna para hacernos entender cuál es nuestra condición de vida actual y para orientarnos hacia una mayor plenitud en nuestro pensamiento y dignidad.

Todos los años, en Navidad, celebramos el Nacimiento de Jesús en una cueva, y también sabemos que cuando murió, fue enterrado en una cueva.

Un relato del siglo XIV d.C., en Turquía, habla de una caverna de la Montaña Negra, en los confines del mundo, en la que fueron creados el primer varón y la primera mujer.

En los tiempos modernos ha influido mucho la imagen del cráneo del hombre como una caverna, en la cual están encerrados sus pensamientos y sus sentimientos.

Estos son algunos pocos ejemplos que resuenan en la leyenda quechua llamada “El talismán maravilloso”.


El relato.

En las tierras altas de los Andes había una misteriosa caverna donde vivían monstruos voraces.  Eran criaturas del infierno, engendros del diablo Supay.

Del interior de ella emanaban durante todo el día terribles hedores, gruñidos, y luces que provocaban una pavorosa desconfianza en la región. Al llegar la noche, ¡infortunado quien, ignorando la caverna, pasase cerca! El pobre desaparecía para siempre.

Una clara mañana en que el Gran Padre Inti relucía en todo su maravilloso esplendor, un desconocido, bello y fuerte joven apareció en la comarca, manifestando su intención de entrar en la caverna oscura y profunda.

Urna antropomorfa
del Alto Amazonas.
(ca. siglos VI-X d.C)
Era un joven hermoso como un águila, alto como un algarrobo, fuerte como el tigre.  Preocupados y alarmados, los pobladores le respondieron entonces, para disuadirlo, que jamás hombre alguno que hubiese entrado en ella por propia voluntad, regresó sano y salvo.

 Mas, ante su obstinación, lo dejaron seguir su camino. Todo el pueblo lo acompañó hasta las cercanías de la caverna, en la que vieron internarse al joven, solo y desarmado.

De repente, tropezando, deslumbrado por la luz de sol, vacilante, apareció un monstruo; más tarde otro, y otros más torpes, aullantes. Algunos tropezando, otros entorpecidos, saltando ciegos por la luz, para despeñarse en el abismo...

Quienes ante el primero de ellos salieron huyendo, se repusieron luego de un rato, y, armándose de valor, arremetieron contra aquel grupo de seres que no tenía más alternativa que dejarse matar a pedradas y palazos, sin poder responder más que con lastimeros alaridos y quejidos de agonía.

Muertos todos los monstruos, esperaron todos a que apareciera el joven forastero. Al fin lo divisaron sonriente y sereno. Y el joven fue rodeado por toda la población.
Al preguntarle cómo había hecho, explicó: "llevé un infalible talismán contra los monstruos de las sombras". Y todos quisieron verlo.

Y el joven, mostrando una pequeñísima cajita, la abrió, y de ella surgió tan solo un tenue, sutil, ¡y pequeño rayito de luz!


Representa el mundo.

            Según las tradiciones, la caverna simboliza el mundo.  El piso del lugar es la tierra que pisamos.  El techo de la cueva es similar a la bóveda celeste que nos cubre.

            Por eso, el nacimiento de Jesús se produce en una cueva, pues es la entrada del Hijo de Dios en el mundo.  Y como se dijo, también sale por una caverna.  La resurrección de Jesús es salir del mundo para llegar al Padre, por eso queda la tumba vacía.

            En la leyenda quechua, la caverna, llena de seres inmundos y despreciables, no puede ser ignorada.  Es una molestia, conlleva dificultades, pero no se la puede dejar de lado.  Forma parte del mundo.

El joven misterioso que entra en la caverna viene al mundo con una misión salvadora.  Los pobladores tratan de disuadirlo, pero lo necesitan.  No pueden seguir viviendo con semejante situación.

En la caverna hay fuerzas desagradables y hasta terroríficas.  Es lo que nos pasa en el mundo.  No todo es bueno.


Lugar de las decisiones conscientes.

            Las decisiones en la vida tienen un principio común en todas las civilizaciones: haz el bien y evita el mal.  Por eso, la caverna, el mundo, es el espacio de ejercicio de la moralidad, de las decisiones conscientes.

            El joven entra en la caverna por propia decisión, buscando hacer un bien.  Pone en juego su vida por el bien, se entrega de corazón.  Confía en que el talismán que lleva le ayudará a conseguir el fin buscado, que es el bien de los habitantes del lugar.
El Sol.
André Masson
(francés, 1896-1987)

            Hay en la tradición relatos de personas que entran en las cuevas, algunos se encierran allí por años.  El significado es que entran en el corazón de la realidad para realizar el bien.  Se los suele llamar ermitaños.  No niegan el mundo, no se aíslan del resto de los hombres, sino que, como el joven de la leyenda, entran en el corazón de la realidad para que los habitantes de este mundo puedan vivir mejor.

            Las ciudades, las familias, los lugares de trabajo, son como cavernas en las cuales tenemos que tomar decisiones, como ermitaños en medio del mundo, siguiendo el principio de toda moralidad: haz el bien y evita el mal, y buscando la felicidad para  todos.


La interioridad del hombre.

            Cuando en la antigüedad se pensó el cráneo del ser humano como una caverna, se dio comienzo a una larga historia de interpretaciones de lo que es la vida del hombre, su parte consciente y también su inconsciente.

            Esta caverna interior, como la que está en la montaña, es sinuosa, desigual.  Es un lugar de refugio, como el seno de una madre, y también es el lugar en el que nuestro ánimo cambia de estado: a veces entusiasmados, otras veces tristes.  Un lugar donde no faltan ni las angustias y miedos ni las alegrías.  Eso está en el interior de cada uno.

            La leyenda “El talismán maravilloso” nos anima a que entremos en la cueva interior, como el joven misterioso, para expulsar los miedos, las angustias, las culpas representadas por los monstruos malolientes que salen en el relato.

            ¿Cómo se hace?  La sabiduría quechua nos dice que es sencillo.  Alcanza con dejar entrar un rayo de sol en nuestra vida.  En los momentos duros salir a caminar, sentarse a tomar sol, abrir la ventana, encender la luz, escuchar música, pedir consejo y formas similares de iluminar nuestro interior.

            Los antiguos quechuas nos dicen también que, cuando ingresemos en la caverna, todos los demás, los habitantes de nuestro alrededor terminarán colaborando con nosotros para vencer lo que nos hace sufrir a todos.

Estrella de jardín.
Roberto Matta (chileno, 1911-2002).

lunes, 20 de febrero de 2012

El loro conocedor

“Aquí estoy siguiendo las huellas de aquellos que se fueron…
Estoy caminando por la senda que dejaron aquellos que se fueron…
Sigo el rastro de sus pisadas…
Las huellas de aquellos que se fueron están aquí (…)”
Fragmento de un canto chamánico selk’nam.


Habitantes de Tierra del Fuego.

No se conoce cuándo llegaron los primeros habitantes de Tierra del Fuego.  Se piensa que hubo vida humana en la isla hace 10.000 años y quedaron aislados con la última glaciación hace 6.000 años.

Selk´nam. (1923)
Cuando los exploradores llegaron a la zona por primera vez la encontraron dividida entre cuatro tribus:  los yaganes, también llamados yámanas, de las costas del sur, individuos bajos y fuertes que vivían fundamentalmente del pescado y moluscos, buenos canoeros.  Otros, bastante más altos y relativamente hermosos, que vivían en las montañas, conocidos como los ona o también como selk´nam, en la zona isleña al norte de los yaganes, que se sustentaban de la caza.  Al oeste y este respectivamente, los alacaloof  y los aush, los primeros como los yaganes, gente de canoa, y los últimos, como los ona, una raza de cazadores, claramente emparentados con los tehuelches patagónicos.


Los selk´nam, popularmente ona.

Pintura corporal de los ona.
            ¿Cómo hablaban los selk´nam?  El lenguaje de los selk'nam era áspero, con muchos sonidos oclusivos y guturales; en este sentido era similar al de los tehuelches de Patagonia continental. Para oídos no acostumbrados, una conversación amistosa sonaba como un violento altercado.  Hoy no existen quienes hablen y practiquen el selk'nam como lengua madre; es una fortuna que la Dra. Anne Chapman (franco-norteamericana, 1922-2010) alcanzara a efectuar grabaciones de voces y cantos que pueden permitir una apreciación de esa lengua.

            Los selk'nam creían en la existencia de espíritus de los bosques, las montañas, los lagos, los animales y los hechiceros ya muertos. Aceptaban que los seres humanos tenían un ánima (que llamaban kashpi) y que había una vida post-mortem detrás de las estrellas, pero los muertos no tenían ulterior contacto con los vivos a menos que se tratara del espíritu de algún xo'on o chamán.

Selk´nam, 1923.
            Hoy la cultura y el estilo de vida tradicionales selk'nam han desaparecido. No hay quien tenga el selk'nam como lengua madre. Esta desaparición es una triste historia plagada de asesinatos, secuestros y desarraigos.


Una leyenda ona.

            Se conservan varias leyendas de los selk´nam, muy delicadas, mostrando una relación tan profunda entre la vida humana y la naturaleza, que es como si formasen una realidad continua.  La que citamos se la conoce como “Kamshout y el otoño”.

Hubo un tiempo en que las hojas del bosque eran siempre verdes. En ese entonces el joven selk’nam Kamshout partió en un largo viaje para cumplir con los ritos de iniciación de los klóketens (era una ceremonia de iniciación de la  sociedad secreta de los hombres).

El joven iniciado tardó tanto en volver que el resto del grupo lo dio por muerto.

Cuando nadie lo esperaba, Kamshout volvió completamente alterado y empezó a relatar su sorprendente incursión en un país de maravillas, más allá en el lejano norte.

Otoño en Tierra del Fuego
En ese país los bosques eran interminables y los árboles perdían sus hojas en otoño hasta parecer completamente muertos. Sin embargo, con los primeros calores de la primavera las hojas verdes volvían a salir y los árboles volvían a revivir.

Nadie creyó la historia y la gente se rió de Kamshout quien, completamente enojado, se marchó al bosque y volvió a desaparecer.

Luego de una corta incursión por el bosque, Kamshout reapareció convertido en un gran loro, con plumas verdes en su espalda y rojas en su pecho. Era otoño y Kamshout -a partir de entonces llamado Kerrhprrh por el ruido que emitía, volando de árbol en árbol fue tiñendo todas las hojas con sus plumas rojas. Así coloreadas, las hojas empezaron a caer y todo el mundo temió la muerte de los árboles. Esta vez la risa fue de Kamshout.

En la primavera las hojas volvieron a lucir su verdor, demostrando la veracidad de la aventura vivida por Kamshout.

Desde entonces los loros se reúnen en las ramas de los árboles para reírse de los seres humanos y así vengar a Kamshout, su antepasado mítico.


Verde es el despertar de la vida.

El verde es un valor medio entre el azul del cielo y el rojo infernal.  Es mediatriz entre el calor y el frío, lo alto y lo bajo, es un color tranquilizador, refrescante, humano.

Durante el invierno el ser humano descubre su soledad y su precariedad, pues la tierra que lo contiene se desnuda y se hiela.  Y en cada primavera, un nuevo manto verde vuelve a traer la esperanza, y la tierra vuelve a ser nutritiva.

La venida de la primavera, que es tibia, verde, como el hombre, se manifiesta por el derretimiento de los hielos y la caída de las lluvias que fertilizan la tierra.

Verde es el color del reino vegetal, que se reafirma con las nuevas aguas de la primavera.

Luego de la vida del hombre, hay un regreso al oasis, a la tranquilidad.  Como símbolo se dice que es el regreso al útero materno, al lugar del reposo.  Ese puerto de paz y reconstituyente también es el verde.  De aquí quedó el verde como el color de los farmacéuticos, los que elaboran los medicamentos que dan paz en la enfermedad.

La reacción de los selk´nam ante el anuncio de la extinción de lo verde fue de burla, aunque en realidad escondía una alarma, una tristeza, ante el posible final de la vida, pese a la esperanza que el héroe les daba, es decir, que finalmente todo vuelve a revivir.


Descubriendo al verde.

            El lenguaje de los símbolos no se aprende, sino que se descubre.  Es anterior a toda especulación, se lo encuentra en la realidad.  El hombre pone su inteligencia, su capacidad de observación a lo largo de generaciones, y se da cuenta de que este lenguaje simbólico abarca a todos los hombres.

            Podemos comprender el lenguaje simbólico observando el ejemplo del verde, símbolo de la vida en la naturaleza, sea que se manifieste en una planta, una piedra, o en los lugares de refugio del ser humano. 

            También lo vemos en culturas muy distintas.  San Juan, en el Apocalipsis de la Biblia, habla del trono de gracia en color verde.  Los aztecas, para curar las enfermedades del pecho, pronunciaban esta invocación: “Yo el sacerdote, yo el señor de los encantamientos, busco el dolor verde, busco el dolor leonado”.  Muchos siglos más tarde escribió Van Gogh: “He intentado expresar con el rojo y el verde las terribles pasiones humanas”.

            Es la misma inspiración que resuena en los selk´nam, los extinguidos onas, que siguen presentes con su sabiduría.

Bosque Verde
Natalia Goncharova
(franco-norteamericana, 1922-2009)

domingo, 12 de febrero de 2012

El conquistador de la flor

Los pétalos de la flor están contenidos en su cáliz.  Quizás esto fue lo que inspiró a los artesanos a inventar las miles de formas de copas que se han diseñado en la historia.

Naturaleza con tulipanes
Johannes Bosschaert
(holandés, 1606/08-1628/29)
La flor es el elemento culminante de muchas plantas, es la intención final de la semilla que cae en tierra.  El fin de un ciclo que volverá a repetirse cuando una semilla vuelva a caer en tierra, crezca como planta y termine en una nueva flor, parecida a otras pero única en su existencia.

Por un lado es como una copa, un receptáculo de lo que viene de arriba, como es la lluvia o el rocío.

Por otro lado es la manifestación de un ciclo que empezó en la oscuridad de la tierra que rodeó a la semilla, para luego manifestarse ocupando un espacio en la luz.


Combinando aspectos.

            La combinación de estos dos aspectos abre a nuevos sentidos de la flor.

Pequeño ramo de flores

 en un bote de arcilla

Jan Brueghel el Viejo
(flamenco, 1568 – 1625)
            La flor es el final de un ciclo.  Las cosas de la realidad se manifiestan en ciclos.  La vida del hombre es un ciclo, desde el ser engendrado hasta su plena manifestación.

            El ser humano camina hacia su manifestación, como una planta que busca producir su flor.  Esta manifestación culminante tiene el doble sentido que reconocemos en toda flor. Por un lado, darse a conocer, formar parte de la realidad de la manifestación. Por otro lado, ser receptáculo, recibir los bienes que vienen de arriba, como la flor recibe la lluvia o el rocío, o como la copa recibe un líquido.

            De esta manera se comprende que la vida humana tenga como momento culminante dos actitudes: dar y recibir.  Por un lado la potencia de brindar su realidad a su entorno, y por otro la capacidad de recibir sin resistencias lo que su entorno le otorga.


Conquistar la flor.

            Se presenta una leyenda argentina, que seguramente tiene una tradición oral de siglos en estas tierras como en otras.  Las figuras que utiliza, como por ejemplo el rey, los hijos, una flauta, muestran que hubo una extensa búsqueda hasta que alcanzó la madurez como leyenda popular.  Se llama “La flor del Lirolay”.

            “Este era un rey ciego que tenía tres hijos. Una enfermedad desconocida le había quitado la vista y ningún remedio de cuantos le aplicaron pudo curarlo. Inútilmente habían sido consultados sabios más famosos.

Un día llegó al palacio, desde un país remoto, un viejo mago conocedor de la desventura del soberano. Le observó, y dijo que sólo la flor del lirolay, aplicada a sus ojos, obraría el milagro.

La flor del lirolay se abría en tierras muy lejanas y eran tantas y tales las dificultades del viaje y de la búsqueda que resultaba casi imposible conseguirla. Los tres hijos del rey se ofrecieron para realizar la hazaña. El padre prometió legar la corona del reino al que conquistara la flor del lirolay.

Los tres hermanos partieron juntos. Llegaron a un lugar en el que se abrían tres caminos y se separaron, tomando cada cual por el suyo. Se marcharon con el compromiso de reunirse allí mismo el día en que se cumpliera un año, cualquiera fuese el resultado de la empresa.

Los tres llegaron a las puertas de las tierras de la flor del lirolay, que daban sobre rumbos distintos, y los tres se sometieron, como correspondía a normas idénticas.

Fueron tantas y tan terribles las pruebas exigidas, que ninguno de los dos hermanos mayores la resistió, y regresaron sin haber conseguido la flor.

Triptico de Flores
y Sol Naciente
Sakai Hoitsu
(japonés, 1761-1828)
El menor, que era mucho más valeroso que ellos, y amaba entrañablemente a su padre, mediante continuos sacrificios y con grande riesgo de la vida, consiguió apoderarse de la flor extraordinaria, casi al término del año estipulado.

El día de la cita, los tres hermanos se reunieron en la encrucijada de los tres caminos. Cuando los hermanos mayores vieron llegar al menor con la flor de lirolay, se sintieron humillados.

La conquista no sólo daría al joven fama de héroe, sino que también le aseguraría la corona. La envidia les mordió el corazón y se pusieron de acuerdo para quitarlo de en medio. Poco antes de llegar al palacio, se apartaron del camino y cavaron un pozo profundo. Allí arrojaron al hermano menor, después de quitarle la flor milagrosa, y lo cubrieron con tierra.

Llegaron los impostores alardeando de su proeza ante el padre ciego, quien recuperó la vista así que pasó por los ojos la flor de lirolay. Pero, su alegría se transformó en nueva pena al saber que su hijo había muerto por su causa en aquella aventura.

De la cabellera del príncipe enterrado brotó un lozano cañaveral. Al pasar por allí un pastor con su rebaño, le pareció espléndida ocasión para hacerse una flauta y cortó una caña.

Cuando el pastor probó modular en el flamante instrumento un aire de la tierra, la flauta dijo estas palabras:

No me toques, pastorcito,

ni me dejes de tocar;

mis hermanos me mataron

por la flor de lirolay.

  
La fama de la flauta mágica llegó a oídos del Rey que la quiso probar por sí mismo; sopló en la flauta, y oyó estas palabras:

No me toques,padre mío,

ni me dejes  de  tocar;

mis hermanos me mataron

por la flor de lirolay.


Mandó entonces a sus hijos que tocaran la flauta, y esta vez el canto fue así:

No me toquen, hermanitos,

ni me dejen de  tocar;

porque ustedes me mataron

por la flor de lirolay.


Llevando el pastor al lugar donde había cortado la caña de su flauta, mostró el lozano cañaveral. Cavaron al pie y el príncipe vivió aún, salió desprendiéndose de las raíces.

Descubierta toda la verdad, el Rey condenó a muerte a sus hijos mayores. El joven príncipe, no sólo los perdonó sino que, con sus ruegos, consiguió que el Rey también los perdonara.

El conquistador de la flor de lirolay fue rey, y su familia y su reino vivieron largos años de paz y de abundancia”.

Este cuento es conocido en la región norteña, en la región andina y en la región central. En Salta se lo llama “la flor lirolay”; en Jujuy “La flor del ilolay”; en Tucumán “La flor del lirolá y también “del lilolá” y en Córdoba, La Rioja y San Luis “La flor de la Deidad”. Se consultaron las versiones recogidas por los siguientes maestros: Sra. Carmen A. Prado de Carrillo, Carmen de Canarraze, de Jujuy; Srta. Angélica D´Errico, de Salta; Sra. Elena S. de Aguirre y Sr. Adrián Cancela, Srtas. María Isabel Chiggia, Esther López Güemes y Sra. Elena S. de Aguirre, de Tucumán; Srta. Tránsita Caneón, de La Rioja y Srta. María E. O. González Elizalde, de Córdoba; Srta. Dolores Sosa (“La flor de lilolay”), Sra. Emma Pallejá, de Entre Ríos; Sra. María Luisa C. de Rivero, Alda C. de Suárez, de San Luis; Srtas. Urbana E. Romero, Aldea A. Nuñez e Irma Carbaux, de Santa Fe. El tema ha sido puesto en verso por Juan Carlos Dávalos. Extraída de “Antología Folklórica Argentina”, del Consejo Nacional de Educación, Guillermo Kraft Ltda., 1940.


La flor de la leyenda.

            La flor del lirolay es inexistente, es solamente de leyenda.  Pero su simbolismo sigue atrayendo la atención para poder aprender más sobre nuestra propia existencia.

            El alma es uno de los significados más destacables de toda flor.  Muchas veces se presenta a la flor como figura del centro espiritual o también como el alma del ser humano.

            Este sentido se precisa en la tradición, según el color de la flor.  El amarillo es el color de la luz y el sol; el rojo se refiere a la pasión y a la sangre; el azul es el simbolismo de la realidad soñadora.

            La costumbre de poner una flor en memoria de un ser querido es vincular su recuerdo con la convicción de que su alma está viva y en plenitud.

            Por eso dicen en nuestro país que la flor del lirolay era una flor milagrosa en tiempos pasados. Era una flor de color rojo encendido, que florecía a la medianoche y que al abrir sus pétalos dejaba ver una perla que resplandecía con una luz amarillenta.

Sin embargo, muy pocos lograban verla en todo su esplendor, pues sólo los que tenían un corazón puro y los que pensaban en el bienestar de los demás la podían encontrar.


Arcángel Barachiel
Maestro de Calamarca, Bolivia.
(Fines del s.XVII o Comienzos del s. XVIII).

domingo, 5 de febrero de 2012

Un noble varón


Relatos populares.

Todos los pueblos del mundo usan relatos para contar cómo son y cómo obran.  También se usan relatos para decir de dónde vienen y cuáles son sus aspiraciones.  Estos relatos han recibido el nombre de leyendas, aunque esta clasificación no es estricta.

La Chamana
Miguel Camargo (peruano, n. en 1941)
Los cuentos son valiosos no solamente para el pueblo que los refiere, sino para los hombres en general.  En este sentido, tienen un alcance universal.  Los pueblos se ven retratados en los relatos de otros, de aquí que se pueden encontrar temáticas comunes, formas de relato parecidas, o directamente adaptaciones de la misma narración hecha en distintas partes y en variados momentos históricos de cada pueblo.

El número de leyendas es inabarcable.  Hay muchas puestas por escrito, pero muchas más permanecen en forma oral, y se han  transmitido así durante cientos de años.

            La inmensidad de narraciones responde a lo inconmensurable de la realidad, que abarca al ser humano, al cosmos en el cual se manifiesta la vida, y a aquello que es raíz, sostenimiento y fin de toda existencia.  Por eso, los cuentos de los pueblos son profundos en su simpleza, sabios en lo que narran, y tienen como única intención orientar hacia la plenitud y la paz.


Un relato.

Tomemos como ejemplo una leyenda quichua, que el recopilador tituló “La Felicidad”.

El príncipe inca Titu Manco Capac tuvo desde muy joven raras virtudes que hicieron de él uno de los más sabios varones del Imperio.

Un día como otros, salió muy temprano de su gran morada, y comenzó a vagar por los barrios del Cuzco, para contemplar la vida de sus gentes.  Y se apenó por ellas.  Habló con algunos viejos y viejas y, aunque éstos no se lo confesaron, el príncipe se dio cuenta de que no eran felices.  Su calma sólo era resignación.  Obsesionado por esta idea salió de la ciudad, él hubiese querido que todos fuesen felices.  Como era muy joven, creyó que su idea podía hacerse realidad fácilmente; los jóvenes a veces no saben hacer mediar un prudente plazo entre idea y realización.  En ellos, la audacia sustituye a la reflexión.

El príncipe pensó que podría haber algo que hiciera posible conseguir la felicidad.  Por eso recurrió a la Maga de las Serpientes, la anciana que vivía en las afueras de la ciudad de Cuzco.

La vieja, más que centenaria, había sido traída por el abuelo del príncipe Manco Capac del pueblo de los Antis.  Después de vencer a los feroces y fuertes guerreros de la región, se encontró con que ese lugar estaba infestado de serpientes inofensivas, pero enormes.  Según la tradición, estas serpientes antes habían sido temibles y ahora eran pacíficas, porque estaban encantadas.  Se las adoraba como a seres sagrados; su sacerdotisa era una anciana que oía sus vaticinios.  El vencedor se llevó a la maga y sus serpientes al Cuzco, donde siguió actuando de profetisa entre el pueblo y aun con gentes de la corte. Tanta fue su fama, que el barrio donde se le dio casa tomó el nombre de Barrio de las Serpientes.

El príncipe se presentó a la maga y le expuso sus deseos.  Ésta le dio un brebaje, el joven lo tomó y comenzó a latirle el párpado superior del ojo derecho.  Buena señal, según los rituales de la maga. Si le palpitaba el párpado superior del ojo izquierdo, era una señal simplemente buena; era mala o muy mala si la palpitación hubiese sido en los párpados bajos ya del ojo derecho o del izquierdo, explicó.

Las serpientes –interpretó la maga- estaban de acuerdo con que el príncipe consiguiese el talismán que lo hacía dueño de la felicidad.

El talismán se hallaba oculto en una calavera de gigante, en un lugar hacia donde lo guiaría una serpiente.  Así, el príncipe comenzó a caminar detrás de la serpiente que la maga le señaló.

Anduvo tras su huella mucho tiempo, sin hambre ni sed ni fatiga.  Al cabo de muchos días dio con el sitio donde se veían las calaveras y otros restos de gigantes.  En una de ellas se posó la serpiente. El príncipe la levantó y apareció una esmeralda de color y tamaño nunca vistos por él, ni aun en el tesoro del Inca Viracocha, su padre.

Cuando tocó el talismán, se transportó inmediatamente a la plaza principal del Cuzco, frente al Templo del Sol.

El Inti brillaba con esplendor inusitado, y el príncipe hizo anunciar a la multitud que traía el talismán secreto de la felicidad y que con él haría la felicidad de todos.  Bastaba mirarlo para ser feliz.  Hizo colocar la esmeralda en alto, en medio de la plaza, a fin de que todos la pudieran mirar y todos fuesen felices.  La multitud, extasiada y agradecida, comenzó a desfilar.  El príncipe se sentía como hecho de luz, tanto era el júbilo que lo poseía.

Pachacutec
Escuela cusqueña. Anónimo.
Siglo XVII
En aquel instante despertó de su hermoso sueño.  Así, siendo príncipe aún, el que iba a ser años más tarde el sabio inca Pachacutec, aprendió que conseguir la felicidad para todos los hombres es un sueño; por cierto, el más hermoso de los sueños.

(Tomado de “Antes de América: leyendas de los pueblos originarios”, recopilación y adaptación de Nerio Tello, Ediciones Continente, 2008)

El recopilador consigna la siguiente nota sobre esta leyenda.

El príncipe inca Titu Manco Capac fue coronado Inca con el nombre de Pachacutec (quichua: “El que cambia la Tierra” o “El Reformador”).  Fue el noveno gobernante del incanato y fundador del Imperio incaico y su primer emperador, entre los años 1438 y 1471.  Personaje notable del nuevo mundo: arquitecto, visionario, político, administrador y guerrero.


 El elemento principal

            Los relatos populares están caracterizados por el uso de símbolos.  Es un recurso que tiene el ser humano para hablar de muchas cosas al mismo tiempo.  Por eso se dice que el símbolo tiene muchos significados, por lo que de cada cuento se pueden sacar muchas conclusiones válidas.

            Los símbolos no son convenciones en los que el ser humano se ha puesto de acuerdo. Los pueblos fueron descubriendo los mismos significados o parecidos en los variados símbolos utilizados en los cuentos. 

Prenda incaica.
Fabricada ca. 1550 d.C.
            Los símbolos pueden ser objetos, como bastones, sillas, vasijas.  También pueden ser animales como el toro, la tortuga, o las serpientes, tal como hemos leído en la leyenda.  Puede ser la misma naturaleza como el cielo, el mar, los árboles y otros.  También son símbolos las personas: una anciana, el rey, el guerrero.

            La interpretación de los símbolos depende de la imaginación de cada persona y también de las emociones que despiertan en su interioridad.  Por eso la tradición hace las narraciones en grupos pequeños o comunitarios, para que mediante la ayuda mutua podamos alcanzar la riqueza de sabiduría que los símbolos expresan.


Una aclaración sobre la palabra símbolo.

            En el hablar cotidiano se han mezclado dos términos que a veces confunden las cosas: signo y símbolo.  La diferencia está en que el signo tiene un único significado, para que apenas se vea el objeto se entienda lo que quiere decir.  En cambio, el símbolo tiene muchos significados, es polivalente.  En el símbolo, algunos significados los podemos percibir inmediatamente, pero en general exige la reflexión y la contemplación antes de encontrar los sentidos.

            Como ejemplo de signo podemos tomar “un semáforo en rojo” y como ejemplo de símbolo “las serpientes” de la leyenda que hemos leído.

            El semáforo es un signo porque tiene un único significado: no avanzar, extremo peligro.  Este significado tiene que ser respondido de forma inmediata, refleja.  Si no se llega a entender el significado de “semáforo en rojo”, entonces se hace realidad el peligro anunciado.  Este signo es convencional, es decir, nace de un acuerdo de la sociedad de entenderlo de esta manera y de darle ese significado estrictamente.

            En cambio, el símbolo “las serpientes” en el cuento consignado tiene muchos significados.  Son guardianas, pues indican un lugar sagrado.  A la vez, representan el renacimiento, pues cambian de piel al menos una vez al año.  Por otro lado, son animales que se arrastran, seres rastreros, que significa ciertos aspectos de maldad para el ser humano.  Por otro lado, en la tradición las serpientes son el lado oscuro de la psiquis humana, y por eso están enmarcadas en el sueño del príncipe, en lo inconsciente cuando se está dormido. 

            En el ejemplo que hemos tomado las diferencias son notables. Pero en lo cotidiano no siempre es así.  Por eso las confusiones de los términos signo y símbolo.  A medida que las personas se sumergen en los cuentos de los pueblos, van entendiendo más el valor y los significados de los símbolos.  Y de esta manera, pueden encontrar temas para reflexionar y orientaciones para llevar una vida digna y emocionante.

Jefes aborígenes.
Julia Codesido (peruana, 1892-1979)