sábado, 15 de septiembre de 2012

LOS DESATENDIDOS



             Los números están, con frecuencia, presentes en los cuentos.  A veces cumplen un papel central, pues sus significados nos ponen ante la enseñanza central.  En otras ocasiones indican alguna cualidad general que hay que suponer en lo que se relata.
Ciclo (2005)
Sopheap Pich (camboyano)

            En la narración “La bolsa repleta de cuentos” se habla de tres pruebas.  En esta oportunidad el número señala con sencillez la armonía que hay en las instancias que se presentan, pero no se despliegan la inmensidad de su significados.

            Es un relato de la tradición de Camboya, una tierra lejana, y sin embargo compartimos la mayoría de los símbolos que nos acercan a entender la vida del mundo y de los hombres.

“Cuéntame otro cuento, por favor”, suplicó Lom. “No ya es hora de dormir”, contestó su anciano criado. Así que el pequeño se acurrucó en la cama y pensando en la historia que acaba de escuchar.

Desde que Lom era muy niño, el viejo criado le contaba cada noche historias maravillosas: cuentos sobre enormes gigantes y poderosos magos, tigres feroces y sabios elefantes, emperadores opulentos y hermosas princesas. Cada noche tocaba una historia nueva, y a Lom le encantaba escucharlas. Sabía que el criado había oído los cuentos de labios de su madre, su abuela, su bisabuela, y que eran historias muy antiguas.

Lom solía alardear delante de sus amigos de saberse muchos cuentos. “¿Por qué no nos cuenta uno?”, le pedían una y otra vez. “No –gritaba Lom-, son míos, y no se los contaré a nadie”.

Todo el mundo sabe que los cuentos están para ser contados, pero como Lom no los compartía con nadie, se iban quedando aprisionados en una vieja bolsa, colgada en su habitación.

Lom siguió creciendo, acompañado por los cuentos que el viejo criado le contaba cada noche, y se convirtió en un apuesto joven. Decidió casarse con una bonita joven de un pueblo vecino. La noche antes de la boda, el viejo criado oyó unos extraños murmullos en la habitación de Lom. ¿Qué será eso?”, refunfuño, y se puso a escuchar atentamente.

Los murmullos venían de la vieja bolsa. Eran los cuentos, que charlaban entre sí lamentándose: “Mañana se casa y por su culpa nos quedamos aquí apretujados”.  “Debió dejarnos salir”, se quejó otro cuento. “Le haremos pagarlo caro”, gritó un tercero. “Tengo un plan”. Dijo el primer cuento. “Cuando vaya mañana al pueblo para la boda le entrará sed. Me convertiré en pozo y, cuando beba agua, le entrará un dolor de estómago terrible”.

 “Por si el plan no funciona, yo me convertiré en sandía. Cuando se la coma, sufrirá un dolor de cabeza espantoso”, dijo el segundo cuento.

 “Yo me convertiré en serpiente y le morderé”, dijo el tercero. “Sentirá un dolor insoportable en la pierna.” Y los cuentos se rieron cruelmente tramando su venganza.
El viejo sirviente se quedó horrorizado. “¿Qué hago?”, se preguntó. “Tengo que evitarlo”. El criado pasó toda la noche entera pensando como salvar al joven.

Por la mañana, cuando Lom se disponía a partir en su caballo al pueblo vecino, el criado salió apresuradamente y agarró las bridas del animal. Guió al animal por las colinas hasta llegar a un pozo.

 “¡Alto! -gritó Lom-, tengo sed”, pero el anciano hizo seguir al caballo sin detenerse en el pozo. Al poco llegaron a un  sembrado repleto de sandias. “¡Para!, gritó Lom.
“Estoy muerto de sed. Quiero una sandía”. El criado no quiso detenerse y siguieron adelante.

Llegaron al pueblo y durante la boda el criado se pasó todo el tiempo mirando por todas partes, pero no vio ninguna serpiente.

Al anochecer, los novios se dirigieron a su casa. Los vecinos habían cubierto todo el suelo de la casa de alfombras.

De repente, el viejo criado entró corriendo en los aposentos de los novios. “¿Cómo te atreves a entrar aquí de ese modo?”

El viejo criado levantó la alfombra y dejó al descubierto una serpiente venenosa. La tomó por la cabeza y la tiró por la ventana. “¿Cómo sabías que estaba ahí?”, preguntó Lom asustado.

El criado le habló de los cuentos apretujados en la bolsa y de sus planes de venganza por haberlos olvidado y no compartirlos con nadie.

Desde aquel día Lom empezó a contarle los cuentos a su mujer. Uno por uno, fueron saliendo todos los cuentos de la bolsa con gran alegría.

Años más tarde, Lom se los contó a sus hijos, y a su vez, ellos se los contaron a los suyos.

Hoy en día se siguen contando. Lo sé muy bien, porque yo también los he escuchado y porque yo soy  uno de esos cuentos apretujados en la bolsa.


La fuerza de los cuentos.

            Los cuentos, como los símbolos que usan, tienen siempre aspectos benéficos o dañinos.  Esta realidad es siempre así, pues el cuento hace bien o mal según quien lo narre y lo escuche.  Guardarlos sin transmitirlos a los demás es también una forma de reforzar el costado negativo de los mismos.
Empecé a pintar en el depósito de un hotel.
Ken Svay (camboyano, 1933-2008)

            En este sentido, las narraciones de la tradición no son informaciones del pasado o adornos del tiempo.  Por el contrario, tienen una tarea muy importante que desarrollar en las generaciones siguientes a su formulación.  Merecen atención pues pueden hacer un bien o causar daños si no se los atiende como corresponde.

            Los elementos del cuento también tienen esta potencia doble.  Por ejemplo, el pozo del que el viejo criado tiene que proteger a Lom.  El fondo del mismo es el mundo de los muertos, caer en un pozo es quedar prisionero de las fuerzas subterráneas, inferiores.  Es común sentir que los agujeros encierran al final potencias maléficas, dañinas. 

            Pero el pozo tiene otro sentido.  Es como un eje, una escalera, que me permite avanzar desde la oscuridad hacia la luz de su boca.  En este aspecto es salida, solución.  El fondo suele significar la oscuridad, la falta de vitalidad, no saber qué hacer.  Entonces, para esta mirada, el pozo significa la salida por arriba, el camino hacia la luz.

            De la misma manera se podrían considerar los otros dos elementos de las pruebas.  La sandía, y mucho más la serpiente, encierran castigos o beneficios.  Las tres pruebas forman un todo armónico, en relación al matrimonio que Lom está por comenzar.  Indican la solución, la fecundidad y la fuerza vital en primera instancia, para luego desplegar sus potencias en muchos significados más.


La transmisión de cuentos.
Escena de la vida idílica
Vann Nath (camboyano, 1946-2011)

            La principal actitud frente a las narraciones de la tradición humana es comunicarla a otros.  Esto tiene varios caminos, que se pueden recorrer uno detrás de otro.

            El primer camino es escucharlos, leerlos.  Que no queden encerrados en la bolsa, sino que estén vivos en los oídos y en el corazón de los receptores.  Son siempre breves, por lo que resultan fáciles de recordar, y en la memoria volver a encontrarse con ellos.

            Recordar los cuentos nos lleva a meditarlos, a pensarlos en sus elementos, a descubrir lo que quieren decir, lo que quieren enseñar.  Es entender que en las narraciones la humanidad va legando a los descendientes lo que ha atesorado con paciencia en su experiencia.

            La figura humana que más entusiasma del cuento camboyano es el anciano sirviente.  Vive feliz su sabiduría contando las historias a su discípulo, lo salva de su ignorancia y lo protege para que alcance la plenitud.  Una descripción del amor auténtico.



La pollera de la flor dorada
Leang Seckon (camboyano, nacido en 1974)



lunes, 3 de septiembre de 2012

EL RÍO DE LOS COCODRILOS



Pintura rupestre.
Tanzania
(2000 años de antigüedad)
            África es un continente en el que habitaron formas tempranas de vida humana.  La ciencia ha comprobado la presencia de homínidos hace más de tres millones de años.  Eran seres bípedos con forma muy parecida a la nuestra.  Dos grupos muy conocidos de estos homínidos, llamados homo habilis y homo erectus, convivieron durante 500.000 años en aquel continente.

            No es de extrañar, entonces, que en África encontremos cuentos que nos trasmiten una sabiduría muy arraigada en la existencia humana.  La siguiente historia es un buen ejemplo.


Marama y el río de los cocodrilos
Cuento popular africano

Marama era una niña pequeña cuando sus padres murieron. El jefe confió su custodia a una de las mujeres de la aldea. Pero era una mujer malvada que pegaba a la niña, no le daba de comer y sólo pensaba en librarse de ella.
Sin título
Damián Msagula
(Tanzano, 1939-2005)

Un día le dio a Marama un pesado mazo, de los que sirven para moler el grano, y le dijo:
-Vete al río de los cocodrilos Bama-ba y lava este mazo para que pueda utilizarlo para triturar el arroz.

Marama estalló en sollozos porque el río estaba muy lejos, era muy profundo y estaba lleno de serpientes y cocodrilos. A la gente le daba miedo ir allí y sólo las gacelas y los leones iban a beber. Pero Marama tenía tal terror a su malvada madrastra que tomó el mazo y se fue.

En el camino del bosque encontró un león que, agitando su melena, rugió con voz terrorífica:
-¿Cuál es tu nombre y adónde vas?

Marama tenía mucho miedo, pero cantó con dulce voz:

Marama es mi nombre
Y no tengo madre…
Voy al río
a lavar este mazo.
Al río de los cocodrilos,
mi madrastra me ha enviado.
Allí sólo van las gacelas
Y los leones a beber.
Y duermen las serpientes
y los cocodrilos.

-¡Ve, pues Marama, niña sin madre! –dijo el león-. Ve y no tengas miedo. Yo velaré para que no te molesten las gacelas y los leones cuando vayan a beber.

Marama prosiguió su camino y cuando llegó al río, un horrible y viejo cocodrilo surgió ante ella, abrió su enorme boca y sus grandes ojos rojos parecían salírsele de la cabeza.
-¿Cuál es tu nombre y adónde vas? –preguntó.

Marama llena de miedo cantó con dulce voz:

Marama es mi nombre
Y no tengo madre…
Voy al río
a lavar este mazo.
Al río de los cocodrilos,
mi madrastra me ha enviado.
Allí sólo van las gacelas
Y los leones a beber.
Y duermen las serpientes
y los cocodrilos.

-¡Ve, pues, Marama, niña sin madre! –dijo el cocodrilo-, lava el mazo y no te asustes. Yo velaré para que no te molesten las serpientes y los cocodrilos que viven en el río.

Marama se arrodilló a la orilla el río y empezó a lavar el mazo, pero, como pesaba mucho, se le resbaló de las manos y desapareció en el agua. Marama se puso a llorar porque no podía volver a casa sin el mazo. De repente surgió del agua un cocodrilo que le dio un mazo nuevo, completamente limpio e incrustado de oro y plata.
-Lleva este mazo a tu casa, Marama, niña sin madre, y enséñalo a todos para que el mundo sepa que el poderoso Subara, rey de los cocodrilos, es tu amigo.

Marama le dio las gracias y volvió a su casa. Por el camino encontró de nuevo al león.
-Déjame el mazo, Marama, niña sin madre, -dijo-. Pesa demasiado para ti. Te lo llevaré hasta tu casa y así todo el mundo sabrá que el poderoso Subara, rey del río de los cocodrilos, es tu amigo.

Cuando Marama llegó a casa, su madrastra admiró mucho el mazo y le preguntó dónde lo había encontrado. Marama solamente le dijo que lo había encontrado en el río de los cocodrilos. Entonces la madrastra tomó otro viejo mazo y fue corriendo al río para poder, también ella, encontrar uno nuevo incrustado de oro y plata.

Por el camino, a través del bosque, encontró un león que agitando su melena, rugió con terrorífica voz:
-¿Quién eres y adónde vas?

La perversa mujer se asustó tanto que no pudo responder y puso pies en polvorosa. El león la siguió con la mirada hasta que hubo desaparecido entre los árboles y simplemente se encogió de hombros.

Al llegar al río la mujer, un horrible y viejo cocodrilo surgió ante ella, abrió su enorme boca y sus grandes ojos rojos parecían salírsele de la cabeza.
-¿Cuál es tu nombre y adónde vas? –preguntó.

La malvada mujer se asustó tanto que no pudo decir ni una palabra y huyó por la orilla del río. No llegó muy lejos. Los leones y las gacelas que iban a beber la rodearon, así como las serpientes y los cocodrilos que vivían en el río, y cantaron todos a coro:

Marama, la niña sin madre,
puede venir a lavar
porque el poderoso Subara,
rey del río, es su amigo.
Pero para ti, pérfida mujer,
El río de los cocodrilos
Significa la muerte.

Y así fue.


El rey del río

            El cocodrilo, animal anfibio, significa duplicidad, y en algunos casos, representa a la hipocresía.  Desde antiguo reina en el mundo inferior, y también es símbolo de las tinieblas y la muerte.  Esto se manifiesta en el temor de la niña del cuento, que tiene que ir al río a lavar el mazo, y al final, en lo que canta el coro, se dice claramente.

Cipactli (dios cocodrilo)
Codex Borgia
(precolombino)
            Otro aspecto del cocodrilo aparece en América antigua: símbolo de la abundancia.  De su cuerpo brotan plantas, especialmente el maíz.  En el sur del continente, es expresión de las fuerzas de la tierra.  Se lo complementa con el jaguar, éste representando al fuego y el cocodrilo al agua, siendo cada uno el amo de su respectivo elemento. 

            El rey del río es presentado, en el cuento, como un Devorador, es el que engulle a las personas que no pueden justificarse.  Pero a la vez es un protector de la inocencia, especialmente de los que sufren imposiciones perversas.

            La tradición, observando con cuidado al animal, dice que los ojos del cocodrilo indican el nacimiento del día; su boca, es signo de homicidio; y su cola es señal de las tinieblas y la muerte. 

Cocodrilo comiéndose a un hombre
Manuscrito de Museo Meerlano.
(La Haya). Siglo XV
            Como todos los símbolos, su significación es ambigua.  Al estar entre los elementos de tierra y agua, el cocodrilo se convierte en símbolo de las contradicciones fundamentales.  Se agita en el barro, de donde crece una vegetación exuberante: en este sentido es símbolo de fecundidad.  Pero devora y destruye, saliendo de repente de las aguas y de las cañas: en este sentido, es un ser maléfico, el símbolo de una naturaleza viciosa.

            Este mundo exterior tiene un paralelo en el interior del hombre.  Por un lado somos seres relacionados con la luz y la fecundidad, y por otro podemos convertirnos en representantes del vicio y oscuras actitudes.  La sabiduría africana nos ofrece un camino para resolver el conflicto.

  
El canto de la inocente

            Marama resuelve su angustia con el canto.  Cuando le preguntan sobre su nombre y su destino, ella lo dice cantando una poesía. Al final del cuento, la asamblea de los animales canta la sentencia final de la situación. Es de notar que la mujer no contesta nada cuando es interrogada como la niña. La malvada madrastra no sabe cantar.

            Cantar es primordial en relación con la música instrumental.  La música, incluso la sagrada, es una técnica.  Por esta razón, los instrumentistas son nobles, hombres libres.  Pero los cantores, además, alcanzan la dimensión de hombres sagrados, poetas adivinos. 

            La tradición considera a los cantantes de esta manera porque imitan de cerca al Creador.  En muchas historias antiguas, el Hacedor de las cosas utiliza la fuerza de su soplo para dar vida.  En este sentido, el cantor responde con su soplo creativo, musical, para expresar el gozo, la adoración o el pedido. 

            Ante los momentos cruciales, en donde está en juego quiénes somos, nuestro nombre, y nuestro destino, conviene responder cantando.  No hace falta saber ninguna técnica, sino simplemente expresar la vida y nuestra búsqueda.  Tampoco es necesario un tumulto de palabras, sino emitir simples sonidos y palabras que nos conduzcan a la amistad con las fuerzas ambiguas de nuestro corazón, como fue la amistad de la inocente Marama con el rey del río.


Amigos divirtiéndose juntos
George Lilanga (Tanzano, 1934-2005)



jueves, 23 de agosto de 2012

DOS CUENTOS MAESTROS



Astrólogo y hombres santos
Atribuido a Govardhan
 (indio, s. XVII)
            Para transmitir enseñanzas, la tradición de la humanidad utiliza distintos recursos de acuerdo a los contenidos.  En ciertos casos basta una simple explicación o alguna sentencia breve.  Pero hay algunos aspectos que son sutiles y difíciles de entender de entrada.  Para estas situaciones es que se recurre al cuento.

            Las narraciones no brindan definiciones irrebatibles, sino que sugieren caminos para acercarse al centro de la enseñanza que se quiere transmitir.  Como en los cuentos siguientes, los maestros le agregan una sentencia al final, para orientar la búsqueda de cada oyente.  Veamos dos ejemplos.


El contrabandista

  Todos sabían que era indiscutiblemente un contrabandista. Era incluso célebre por ello. Pero nadie había logrado jamás descubrirlo y mucho menos demostrarlo. Con frecuencia, cruzaba de la India a Pakistán a lomos de su burro, y los guardias, aun sospechando que contrabandeaba, no lograban obtener ninguna prueba de ello.

Transcurrieron los años y el contrabandista, ya entrado en edad, se retiró a vivir apaciblemente a un pueblo de la India. Un día, uno de los guardias que acertó a pasar por allí se lo encontró y le dijo:

  --Yo he dejado de ser guardia y tú de ser contrabandista. Quiero pedirte un favor. Dime ahora, amigo, qué contrabandeabas.

  Y el hombre repuso:

  --Burros.


 El Maestro dice.

            En la tradición no interesa demasiado saber el nombre del Maestro, pues alcanza con que algún discípulo haya entendido la enseñanza y la trasmita a los demás. Lo importante es el contenido y no la persona que lo transmite. En este caso, la orientación del Maestro es la siguiente: “Así el ser humano, en tanto no ha purificado su discernimiento, no logra ver la realidad.”

            El sentido de la narración es el “discernimiento”, un concepto muy importante para la tradición y para la vida.  El sentido de la palabra es separar, dividir las cosas separándolas.  Viene del verbo latino cernere, el cual ha dado lugar a las palabras: certificar, decretar, secreto. En griego, esta palabra está emparentada con crisis, crítica e hipócrita.

Sin título
Satish Gujral
(indio, nacido en 1925)
            El discernimiento, en los aspectos más importantes de la cultura humana, está referido a los criterios del obrar, en distinguir una cosa de otra menos valiosa.  Se aplica especialmente a las operaciones del ánimo, para distinguir lo que hace bien de lo que hace daño.

            En el cuento los guardias son presentados como quienes no han purificado su discernimiento, y caen en el engaño del contrabandista, sin lograr nunca descubrir lo que este hombre pasaba ilegalmente.  Y lo que éste contrabandeaba era lo más evidente, burros.  

            También los guardias estaban enceguecidos respecto de la propia tarea que realizaban.  Custodiaban el paso a través de un límite entre naciones, algo que es artificial y cambiante.  Probablemente el oficio de comercio con burros fue anterior a la demarcación de los límites, y este hecho transformó una acción común en contrabando. Los guardias seguramente no habían intervenido en la creación de la separación entre aquellas naciones, no tenían los criterios necesarios para entender lo que sucedía y, por lo tanto, cayeron en la trampa del transportador de burros.

            En todas las tradiciones humanas, el discernimiento es una de las virtudes principales del ser humano maduro. El Maestro nos dice que es fundamental para ver la realidad, para entender adecuadamente lo que sucede en nuestro entorno y en nuestro interior. Por eso, no se refiere solamente a las grandes acciones, sino que está vinculado a las actividades más simples y cotidianas.  Es una actitud que debe ejercerse con constancia en las variadas situaciones de la vida.

           
El atolladero

  He aquí que un hombre entró en una pollería. Vio un pollo colgado y, dirigiéndose al pollero, le dijo:

  --Buen hombre, tengo esta noche en casa una cena para unos amigos y necesito un pollo. ¿Cuánto pesa éste?

  El pollero repuso:

  --Dos kilos, señor.

  El cliente meció ligeramente la cabeza en un gesto dubitativo y dijo:

  --Éste no me vale entonces. Sin duda, necesito uno más grande.

  Era el único pollo que quedaba en la tienda. El resto de los pollos se habían vendido. El pollero, empero, no estaba dispuesto a dejar pasar la ocasión. Agarró el pollo y se retiró a la trastienda, mientras iba explicando al cliente:

  --No se preocupe, señor, enseguida le traeré un pollo mayor.

  Permaneció unos segundos en la trastienda. Acto seguido apareció con el mismo pollo entre las manos, y dijo:

  --Éste es mayor, señor. Espero que sea de su agrado.

  --¿Cuánto pesa éste? -preguntó el cliente.

  --Tres kilos -contestó el pollero sin dudarlo un instante.

  Y entonces el cliente dijo:

  --Bueno, me quedo con los dos.


El Maestro dice.

Sa´di en un
 jardín de rosas

Govardhan
(indio, s.XVII)
            La orientación del que imparte la enseñanza es la siguiente: “En un atolladero tal se halla todo aspirante espiritual cuando verdaderamente no se compromete con la Búsqueda.”

            El vendedor de pollos se encuentra en una situación complicada, de la cual no puede salir inmune.  Creía que iba a ser fácil engañar al cliente, pero terminó atascado en su propia trampa.

            Su error, como en los casos de los guardias del cuento anterior, está en la falta de purificación de su discernimiento.  Obra de una manera atropellada, no piensa las consecuencias o los problemas que se puedan derivar de su acción. 

            Tampoco se da cuenta del sentido de su oficio, que es el comercio.  El intercambio de bienes es tan antiguo como las civilizaciones, y ha sido una actividad arquetípica en las sociedades humanas.  Es un lugar en el que se ejercitan las virtudes y en el que la responsabilidad por el bien de la comunidad está en juego. 

            La enseñanza de la tradición se refiere a la conducta de las personas.  Toman el ejemplo de los oficios y las circunstancias humanas, pero se dirigen al interior de cada hombre.  De este modo, así como el pollero es irresponsable en su tarea, de la misma manera lo es el aspirante espiritual que no está comprometido con su camino, sea cual fuere el que eligió.

            La tradición se ocupa de todo hombre, superando las situaciones de espacio y tiempo.  Los criterios que transmiten los Maestros, a través de sentencias, cuentos y razonamientos, tienen un alcance universal y es el tesoro que todo ser humano tiene, más allá de cualquier condición.


Sin título
Ismail Gulgee (pakistaní, 1926-2007)



lunes, 13 de agosto de 2012

EL MURCIÉLAGO DESPLUMADO



            La “Leyenda del murciélago” tiene su origen en Oaxaca, un estado componente de México.  Es una región habitada por varios grupos aborígenes, que conforman la mayoría de su población.  Tiene rastros de civilización agrícola desde 9.500 años antes de Cristo, y centros urbanos que datan de 500 años antes de nuestra era. 

Vida de un pueblo
Rodolfo Morales
(mexicano, 1925-2001)
            México es uno de los países con mayor número de especies nativas de mamíferos, apenas por debajo de Brasil e Indonesia.  Esta abundancia incluye a los murciélagos.  La diversidad de especies de murciélagos mexicanos incluye una gran variedad en hábitos y ecologías. La mayoría de estos animales pasan los días en cuevas, pero otros usan como refugios grietas, troncos huecos, hojas de palma, ramas de árboles, o duermen debajo de piedras o en casas. La mayoría de las especies se alimentan de insectos, pero hay algunas que son herbívoras, y unas pocas se alimentan de sangre, los verdaderos vampiros.

            Ante esta diversidad de especies, es natural que los antiguos mexicanos se interesaran en los murciélagos, especialmente por su carácter nocturno y porque habitan en las cuevas y las profundidades de la Tierra.  La siguiente leyenda, como tantas historias populares, tiene una larga trayectoria.


Cuenta la leyenda que el murciélago hace mucho tiempo fue el ave más bella de la Creación.

El murciélago al principio era tal y como lo conocemos hoy, y se llamaba biguidibela (biguidi = mariposa y bela = carne; el nombre venía a significar algo así como “mariposa desnuda”).

Un día de mucho frío subió al cielo y le pidió plumas al Creador, como había visto en otros animales que volaban. Pero el Creador no tenía plumas, así que le recomendó bajar de nuevo a la tierra y pedir una pluma a cada ave. Y así lo hizo el murciélago, eso sí, recurriendo solamente a las aves con plumas más vistosas y de más colores.

Cuando acabó su recorrido, el murciélago se había hecho con un gran número de plumas que envolvían su cuerpo.

Consciente de su belleza, volaba y volaba mostrándola orgulloso a todos los pájaros, que paraban su vuelo para admirarle. Agitaba sus alas ahora emplumadas, aleteando feliz y con cierto aire de prepotencia. Una vez, como un eco de su vuelo, creó el arco iris. Era todo belleza.

Pero era tanto su orgullo que la soberbia lo transformó en un ser cada vez más ofensivo para con las aves.

Con su continuo pavoneo, hacía sentirse chiquitos a cuantos estaban a su lado, sin importarle las cualidades que ellos tuvieran. Hasta al colibrí le reprochaba no llegar a ser dueño de una décima parte de su belleza.

Cuando el Creador vio que el murciélago no se contentaba con disfrutar de sus nuevas plumas, sino que las usaba para humillar a los demás, le pidió que subiera al cielo, donde también se pavoneó y aleteó feliz. Aleteó y aleteó mientras sus plumas se desprendían una a una, descubriéndose de nuevo desnudo como al principio.

Durante todo el día llovieron plumas del cielo, y desde entonces nuestro murciélago ha permanecido desnudo, retirándose a vivir en cuevas y olvidando su sentido de la vista para no tener que recordar todos los colores que una vez tuvo y perdió.


Las plumas de la  vanidad.

            La leyenda citada transmite, con toda claridad, una enseñanza moral.  Se usa como ejemplo al murciélago para mostrar cómo debe actuar el hombre, y lo que le conviene evitar.  De esta manera, los cuentos han transmitido reglas de convivencia a las distintas comunidades y civilizaciones en dónde han arraigado.  Y como la vida humana tiene elementos invariantes, sea cual sea la cultura de la que se hable, entonces nos encontramos ante relatos que son útiles para todos, es decir, leyendas universales.

Red
Trine Ellitsgaard
(dinamarquesa, nac. en 1954,
vive en Oaxaca).
            Los elementos más significativos del cuento son las plumas.  En civilizaciones de todo el mundo nos hacen pensar en dos dimensiones: una es la ascensión hacia las alturas, hacia donde se mueven las aves.  Otra es la del crecimiento, comparadas con los tallos de las plantas. 

            Por un lado, las plumas eran usadas por los hombres sagrados de varias tribus para indicar su papel de orientadores en las alturas del espíritu.  Por eso adornaban sus lugares de culto con plumas, o las usaban como símbolos en el tocado de la cabeza.

            Otro aspecto de las plumas es el de crecimiento y fecundidad.  Se colocaban en animales, en las puertas de los gallineros, o en las herramientas de labranza, con el fin de lograr los mejores resultados.  En algunos casos, como el de los indios pueblo, armaban bastones de oración que tenían plumas en la punta, y con ellos buscaban la cercanía con la divinidad y la fecundidad en sus tareas.

            De estos significados se nutren las plumas del murciélago.  El Creador le concede el abrigo pedido, y también otras bienaventuranzas que contienen estos elementos de las aves.  Pero el protagonista de la leyenda cae en el orgullo, y al  compararse con otros, en la vanidad.

            En la vida de la comunidad es conveniente respetar los contrastes, las diferencias.  Si alguien es alto, es porque hay otro bajo;  si alguien es delgado, es comparando con otros que están más gordos.  Es probable que el murciélago con plumas fuera un ser hermoso, y de hecho creaba el arco iris, pero pavonearse de la diferencia estaba fuera de lugar.  Porque los otros pájaros no eran mejores ni peores, sino distintos en sus plumas y funciones.

            Hacer lo inconveniente tuvo graves consecuencias para el murciélago.  De ser una creatura que tenía frío, pasó a no tener nada con qué abrigarse y, además, con la vergüenza de su desnudez.


Otro aspecto de leyenda.

            La tradición no sólo es moralizante, también trata de mostrarnos la realidad en su plenitud.  Tanto el Creador como los murciélagos, al igual que los pájaros, o el arco iris, sin olvidar las cuevas, todo conforma la realidad inabarcable.

            Los antiguos nos muestran que para acercarnos a la realidad, para no estar como extraños, es bueno tener en cuenta tres notas: la armonía, el amor y el fin.
Dios murciélago
Máscara-pectoral
siglo I a.C. - siglo II d.C.

            En el relato presentado vemos que en todo hay armonía, que es como una indescriptible relación entre los seres y todas las cosas.  Es como si formáramos parte de una gran música, dónde cada uno tiene un lugar.  Y en esta mirada también cabe, misteriosamente, la noción de lo oscuro, de lo tenebroso, de la falta de virtud.  Entre los antiguos mexicanos no solamente el Creador es un dios, sino también el murciélago es un dios de las profundidades, del abismo.

            El amor es determinante de la relación entre todos los seres que conforman la realidad.  Es lo que mantiene unido lo que conocemos y lo que ignoramos.  Como decía un poeta: “el amor es lo que mueve el cielo y las estrellas”.  Aún el vanidoso murciélago es rescatado por su amor.  Los mexicanos sabían bien de su importancia para que los insectos no causen daños en las cosechas.  Sin estos animales, las pestes hubieran hecho temible la vida de muchas personas.

            La realidad es gigantesca, inabarcable, pero no la vemos como caótica.  Tenemos la intuición de que tiene una orientación, aunque nadie la puede explicar cabalmente.  La ciencia descubre nuevos aspectos o potencias en la realidad.  La gente de vida común en general siente que se mueve en una dirección, que todo tiene un fin.

            Las leyendas nos enseñan a convivir, a tener los criterios adecuados para la vida en paz y con dignidad.  Y con mucha sencillez, nos ayudan a mirar la realidad con todos sus matices, para obrar con  confianza en el tiempo presente, el que nos toca vivir.


Códice Borgia - página 20
Precolombino.


viernes, 3 de agosto de 2012

EL PAISAJISTA



Monte Lu
Shen Zhou
(Chino, 1427-1509)
            En China, la poesía y los cuentos son los géneros más populares, porque son los que usan menos palabras.  La forma de narrar de ese pueblo, que desde la antigüedad incluye sonidos generados con variados instrumentos o con simples percusiones, no necesita de mucho texto.  Por otro lado, los ideogramas de la lengua china encierran una inmensa variedad de significados, logrando abrir los sentidos con pocas palabras.

            “El paisajista” es un cuento que pertenece a esa tradición.  No sería extraño que hubiese surgido en la época dorada de la literatura china, el tiempo de la dinastía Tang, que surgió en el 618 d.C. y se mantuvo por casi 300 años.  Los relatos de esa época no sólo retrataban la vida cotidiana o historias particulares, sino que también enseñaban el buen gobierno e influenciaban en la acción política.  Las narraciones y poesías nacían de autores con distintos oficios y también de la mano de funcionarios o autoridades gubernamentales.

            Es imposible transmitir todo el significado de un texto chino.  Pero la humanidad y capacidad de asombrar son características que se conservan en cualquier lengua en que se los narre.


Un cuento anónimo chino.

Un pintor de mucho talento fue enviado por el emperador a una provincia lejana y desconocida, recién conquistada, con la misión de traer imágenes pintadas. El deseo del emperador era conocer así aquellos lugares remotos.

El pintor viajó mucho, visitó y observó detenidamente todos los parajes de los nuevos territorios, pero regresó a la capital sin una sola imagen, sin ni siquiera un boceto.
El emperador se sorprendió por ello y se enojó mucho.

Entonces el pintor pidió que le habilitaran un gran lienzo de pared del palacio. Sobre aquella pared representó todo el país que acababa de recorrer. Cuando el trabajo estuvo terminado, el emperador fue a visitar el gran fresco. El pintor, varilla en mano, le explicó todos los rincones de la lejana provincia: los poblados, las montañas, los ríos, los bosques...

Cuando la descripción finalizó, el pintor se acercó a un estrecho sendero que salía del primer plano del fresco y parecía perderse en el espacio. Los ayudantes tuvieron la sensación de que el cuerpo del pintor se adentraba en el sendero, que avanzaba poco a poco en el paisaje, que se hacía más pequeño y se iba perdiendo a lo lejos. Pronto una curva del sendero lo ocultó a sus ojos. Y al instante desapareció todo el paisaje y quedó el inmenso muro desnudo.



Lo fantástico del relato.

            Lejos de lo que se cree comúnmente, el cuento fantástico narra acciones cotidianas, comunes y naturales.  Pero en un momento determinado aparece un hecho sorprendente e inexplicable, que provoca desconcierto e inquietud en el lector.  Lo fantástico está en el contraste.
Paisaje
Zhu Ruoji, "Shitao"
(Chino, 1642-1707)

            El cuento presentado brinda dos situaciones fantásticas, una en torno a la actitud del emperador, y otra, la más evidente, presentada por el pintor.

            Lo sorprendente del emperador es que piense que va a extender su dominio sobre tierras desconocidas, conquistándolas mediante la fuerza y recurriendo al oficio de un pintor para que le copie en cuadros lo que vea.  Parece una mentalidad muy primitiva y muy poco realista.  Pensemos en los habitantes de aquella lejana provincia, que con toda probabilidad no tenían ni la menor noción de qué era un emperador, ni quién ocupó ese cargo mientras ellos vivieron.  Y seguramente todos murieron sin saber de qué se trataba el asunto.

            Sin embargo, el emperador del cuento siguió con su fantasía.  Y otras personas de la historia, aunque no fueron emperadores, obraron con la misma actitud.  Así ocurrió, como ejemplo, en el norte de Europa, durante los siglos XVI y XVII, cuando los dueños de tierras encargaban pintar sobre un lienzo sus dominios y luego los colgaban en la pared de la finca.  El cuadro no era un adorno, sino un título de propiedad y se usaba para dirimir controversias territoriales.  De aquí nace el género de la pintura artística llamado “paisaje”.

            Excelentes pinturas que sirvieron en su época como argumento en juicios sobre problemas limítrofes entre comunidades, hoy constituyen importantes fuentes para historiadores y geógrafos.  En estas pinturas se mezclan rasgos naturales y humanos: montañas, arroyos, vegetación, casas, labradores.  Y lo que comenzó como un reclamo individual se convirtió en belleza para los que quieran verlo.


El sendero del paisajista.

            La noción de paisaje cuenta con la presencia de un sujeto observador y de un objeto observado, que es el terreno.  Y en este último elemento está también incluido el ser humano, pues el paisaje está formado por las características naturales del entorno y por la influencia humana.  El cuadro del pintor en el cuento tiene poblados, caminos y senderos, que son realizaciones humanas en la naturaleza.

Nubes Blancas y
Árboles Rojos
Lan Ying
(Chino, 1585-1664)
            El hombre está incluido en lo representado. Y si no hay un ser humano que mira no hay paisaje.  El observador expresará su mirada mediante un relato o una pintura, pero sin su presencia nada es posible.  Como vemos, el paisaje depende del hombre bajo dos aspectos, en lo observado y en el que observa.

            En el paisajista del cuento están las dos dimensiones.  Por un lado, pinta en la pared el cuadro con todos los detalles que hacen falta para que el emperador vea.  Por otro, está tan unido al paisaje que presentó, que se va por un sendero pintado y todo desaparece con él.

            Es un relato fantástico que nos deja inquietos.  Percibimos que el paisajista representa nuestra situación en la vida como observadores y también como formando parte del paisaje.  Son dos actitudes que nos conviene atender.

            La primera es observar todos los lugares que vivimos o que visitamos.  Nos ayudará mucho pensar que luego lo tendremos que pintar, o simplemente contar a otras personas.  Es aprender a descubrir las vinculaciones y armonías que se dan entre la naturaleza de un lugar determinado y los hombres que habitan allí. 

            La segunda actitud es ser concientes que formamos parte del paisaje que vemos, especialmente en el que vivimos.  Y como el paisajista del cuento, ese ambiente va con nosotros a donde nosotros vayamos.  Muchas personas que han tenido que emigrar de sus lugares de nacimiento son capaces de hacernos vivir aquello que no conocimos, y cuando se van sentimos que no somos capaces de mantener claro aquel paisaje, porque ya no está presente el testigo.

            El sencillo cuento chino nos muestra la profunda unión entre la naturaleza y el ser humano.  Porque esta vinculación es por partida doble:  somos partícipes de la naturaleza, y también sus testigos privilegiados.


Otoño
Zhou Daosheng, 1983


lunes, 23 de julio de 2012

MONSTRUOS DELANTE DE LA CASA


Una casa aislada cerca
del valle del monte Inwangsan

Jeong Seon (coreano, 1676-1759)

            La península de Corea está situada entre China y Japón.  Esta posición determinó el carácter y las creencias de este pueblo.  Fue un lugar de intensas luchas entre los ejércitos chinos, mongoles y japoneses.  Actualmente permanece dividida en dos naciones, recientemente reconocidas en las Naciones Unidas (1990).

            Los cuentos populares de Corea están influenciados por distintas concepciones religiosas.  En esa región se adoptaron, en distintas épocas, algunas formas del budismo, varios estilos de confucianismo y cristianismo.  También asumieron diversas doctrinas filosóficas, y supieron tener cosmovisiones generadas por la gente del lugar.

            En el siguiente cuento aparecen los tokaebi (también escritos dokkaebi).  Son unos monstruos pequeños, o duendes grotescos.  Su presencia tiene un carácter maléfico, aunque a veces hacen bien y bendicen a los eventuales interlocutores. 


El granjero y el tokaebi

Los monstruos tokaebi son originarios de Corea. Son grandes y feos y siempre están molestando a las personas.

Hace mucho tiempo en Corea, vivía un granjero con su esposa. Una noche, mientras comían arroz y kimchi en su humilde cocina, oyeron unos gritos y notaron cómo la tierra temblaba.

Con mucho miedo, abrieron la puerta y vieron unos monstruos tokaebi. Estaban bailando, gritando y peleándose delante de su casa. El granjero se armó de valor y dijo:

- "Salgan de aquí, ésta es nuestra casa."

- "Ja, ja, ja"- se rió el tokaebi más grande- ¡Ésta ya no es tu casa, es nuestra casa!".

El granjero volvió a decirles que se fueran porque ésa era su tierra, pero los monstruos tokaebi se rieron de él. Finalmente, al jefe de los monstruos Tokaebi se le ocurrió una idea.

- Veamos, granjero, tú dices que esta tierra es tuya y yo digo que es nuestra. Te propongo hacer un concurso. Quién gane, se queda en la casa y quien pierda, se va.

Aunque al granjero le pareció muy injusto porque la casa era suya, no le quedó más remedio que aceptar la proposición del tokaebi pero con la condición de que cada uno de ellos creara una prueba del concurso.
de El Album de 25 Hojas
Kim Hong-do (1745-1806)

El tokaebi más grande lo pensó un momento y acariciando sus cuernos dijo:

-"¿Cuántos boles se necesitarían para vaciar el mar?"

El granjero miró al Tokaebi y después de pensar un rato dijo:

- "Depende del tamaño del bol. Si tienes un bol enorme y del tamaño del mar, sólo necesitarías un bol. Si tienes un bol de la mitad del tamaño del mar, necesitarías dos."

El tokaebi se enfadó porque el granjero había respondido sabiamente. Y esperó la pregunta del granjero.  El granjero se puso en el umbral de su puerta con un pie dentro y un pie fuera. Entonces preguntó al tokaebi:

- "¿Estoy entrando o estoy saliendo?"

El tokaebi le miró furioso porque cualquier respuesta sería incorrecta. Así que él y el resto de tokaebis se fueron a regañadientes. ¡El granjero les había ganado!


Abriendo la puerta.

            El tokaebi se suele presentar como un adversario desafiante del hombre, sea en la puerta de la casa, como en este caso, o en las encrucijadas de los caminos.  Su acechanza la realiza mediante juegos de ingenio y también en lucha física.    

            El origen del tokaebi está en los objetos inanimados, que se transforman en espíritus.  Pueden ser escobas, palas o trastos abandonados por sus dueños.    Suelen llevar un palo, a veces es un mazo, que en ocasiones utilizan como una varita mágica para hacer aparecer cosas robadas en otros lados. Son independientes, no tienen dueños ni responden a ningún liderazgo fantástico.

Dios de la Montaña
y Tigre

(anónimo coreano, s.XIX)
            Los monstruos cumplen variadas funciones, entre ellas la de guardianes de un pasaje.  Por ejemplo, pueden custodiar la entrada a un tesoro, un cruce de caminos, la entrada a un puente.  En cuanto guardianes, le exigen a la persona que se acerca que cambie de actitud, o que demuestre que tiene las condiciones para seguir adelante.  A esta situación se la llama “rito de pasaje”: el hombre viejo debe quedar atrás para aparecer el hombre nuevo. 

            En el relato vemos que el tokaebi le exige al campesino superar las pruebas para que pueda quedar en posesión de su hogar y de su tierra.  El hombre no es una máquina, que en su vida repite acciones sin esfuerzo.  La vida le exige al hombre estar con la conciencia despierta, con la inteligencia alerta, para poder vencer a los monstruos que llegan a la puerta de la casa.

            En los cuentos populares, los monstruos simbolizan fuerzas oscuras del interior del hombre, las que ensombrecen la vida: el miedo, la culpa, la tristeza, la angustia.  La función de los seres fantásticos es hacernos comprender que contamos con herramientas interiores para vencerlos, que estamos dotados de muchas condiciones para la dignidad del vivir.


La propuesta del granjero. 

            Luego de responder con inteligencia al enigma planteado por el monstruo, el campesino presenta su prueba, parado en el umbral.  El monstruo había hecho todo fuera de la casa porque no podía entrar.  Tenía que atraer al hombre fuera de la vivienda.

            Los monstruos cuidan los pasos y las entradas, pero no pueden ellos mismos franquearlos nunca.  El que puede mejorar, cambiar su vida, superar las pruebas para seguir el camino o acceder al tesoro, es el ser humano.

            El enojo final del tokaebi no está solamente referido a perder en un juego, sino que también señala su mayor impotencia, que es no poder entrar, no poder cambiar de condición. El ser humano puede buscar una mayor plenitud, el monstruo quedará siempre en la función oscura de guardián.

            El hombre se puede parar en el umbral, puede unir lo de afuera y lo de adentro.  Se mueve con libertad, puede estar en un lugar u en otro, él es el que decide según su voluntad.  El campesino puede estar en su casa, comiendo con su esposa, y allí permanecer en paz.  Y cuando sale al exterior, a la vida cotidiana, tiene la capacidad de vencer a cualquier monstruo para realizar con dignidad su trabajo y convivir con armonía en el universo.

Afecto de Antigüedad Inmemorial II
Dong Ahn Sook (coreano, nacido en 1922)


martes, 10 de julio de 2012

LA VERDAD MEDITADA


            Un buen maestro es el que nos hace entender la realidad sin demasiadas vueltas y complicaciones.  Con palabras accesibles y con buenos ejemplos nos orienta para que podamos llegar a la paz que significa comprender algo.
Maulvi en meditación
Anónimo
India, c.1630

            Comprender es alcanzar el entendimiento de la cosas, lo que requiere paciencia y atención.  Por eso “comprensión” se refiere también a tener tolerancia, especialmente con las emociones y capacidades de los otros.

            Veamos un buen ejemplo de enseñanza en el siguiente cuento anónimo de la India, titulado “La verdad... ¿es la verdad?”.

El rey había entrado en un estado de honda reflexión durante los últimos días. Estaba pensativo y ausente. Se hacía muchas preguntas, entre otras por qué los seres humanos no eran mejores. Sin poder resolver este último interrogante, pidió que trajeran a su presencia a un ermitaño que moraba en un bosque cercano y que llevaba años dedicado a la meditación, habiendo cobrado fama de sabio y ecuánime.

Sólo porque se lo exigieron, el eremita abandonó la inmensa paz del bosque.

  --Señor, ¿qué deseas de mí? -preguntó ante el meditabundo monarca.

  --He oído hablar mucho de ti -dijo el rey-. Sé que apenas hablas, que no gustas de honores ni placeres, que no haces diferencia entre un trozo de oro y uno de arcilla, pero todos dicen que eres un sabio.

  --La gente dice, señor -repuso indiferente el ermitaño.

  --A propósito de la gente quiero preguntarte -dijo el monarca-. ¿Cómo lograr que la gente sea mejor?

  --Puedo decirte, señor -repuso el ermitaño-, que las leyes por sí mismas no bastan, en absoluto, para hacer mejor a la gente. El ser humano tiene que cultivar ciertas actitudes y practicar ciertos métodos para alcanzar la verdad de orden superior y la clara comprensión. Esa verdad de orden superior tiene, desde luego, muy poco que ver con la verdad ordinaria.

  El rey se quedó dubitativo. Luego reaccionó para replicar:

  --De lo que no hay duda, ermitaño, es de que yo, al menos, puedo lograr que la gente diga la verdad; al menos puedo conseguir que sean veraces.

  El eremita sonrió levemente, pero nada dijo. Guardó un noble silencio.

El profeta Khizr Khan
Khwaja.

Anónimo. India, 1760.
  El rey decidió establecer un patíbulo en el puente que servía de acceso a la ciudad. Un escuadrón a las órdenes de un capitán revisaba a todo aquel que entraba a la ciudad. Se hizo público lo siguiente: “Toda persona que quiera entrar en la ciudad será previamente interrogada. Si dice la verdad, podrá entrar. Si miente, será conducida al patíbulo y ahorcada”.

  Amanecía. El ermitaño, tras meditar toda la noche, se puso en marcha hacia la ciudad. Su amado bosque quedaba a sus espaldas. Caminaba con lentitud. Avanzó hacia el puente. El capitán se interpuso en su camino y le preguntó:

  --¿Adónde vas?

  --Voy camino de la horca para que puedan ahorcarme -repuso sereno el eremita.

  El capitán aseveró:

  --No lo creo.

  --Pues bien, capitán, si he mentido, ahórcame.

  --Pero si te ahorcamos por haber mentido -repuso el capitán-, habremos convertido en cierto lo que has dicho y, en ese caso, no te habremos ahorcado por mentir, sino por decir la verdad.

  --Así es -afirmó el ermitaño-.

Ahora usted sabe lo que es la verdad... ¡Su verdad!


Sentido de la palabra.

            En el mundo que vivimos tenemos tres influencias importantes para comprender el contenido de la palabra “verdad”, que es una de las claves del cuento.

            La primera influencia es la del mundo griego antiguo. En aquel entonces se usaba el término “aletheia” que significa “quitar el velo”.  Para esos pensadores las cosas no son evidentes a nuestra razón, sino que es necesario prestarles atención para atravesar aquello que las cubre, que las tapa para que no las veamos claramente.  Si nos fijamos en el cuento, es la situación inicial del rey, quien no sabía cómo hacer para que los hombres mejorasen.

Lección de Swami
Miniatura. India, ca. 1750
            La otra influencia es la del mundo romano, especialmente del latín.  Nuestro término en castellano viene del latín “veritas”, que originalmente hace referencia a la exactitud y rigor en el decir.  Es lo contrario a “engaño” o “decir mentiras”.

            La tercera influencia es la del mundo bíblico, que en gran parte se expresa en hebreo.  En esa lengua, la verdad hace referencia a la confianza que despierta el mensajero.  Un amigo “verdadero” es con el que se puede contar siempre.

            Así tenemos los tres aspectos de la verdad: descubrimiento, exactitud y confianza.  En este contexto, el ermitaño del cuento pasa a ser algo más que un hombre astuto.  Es un sabio que no teme a nada, y enseña con su palabra y con su propia vida, aunque se ponga en riesgo.


El viaje. 

            El cuento, tal como se lo presenta en la antigüedad, está acompañado por una breve sentencia, que brinda una de las posibles conclusiones que podemos extraer del relato: “El Maestro dice: el aferramiento a los puntos de vista es una traba mental y un fuerte obstáculo en el viaje interior.”

            Los cuentos tradicionales no suelen ser hechos reales, sino breves representaciones para que nos entendamos a nosotros mismos, lo que se denomina “el viaje interior”.  Al comienzo, el rey estaba meditando por qué los seres humanos no eran mejores.  Y esto es lo que buscan todos los hombres para sus propias vidas, están tratando de mejorarlas siempre.  Podemos decir que la vocación común que tenemos es mejorar nuestras propias vidas, y para esto hacemos el viaje interior.

            Para el camino de poco nos sirven las leyes exteriores, porque carecen de las características de la verdad que necesitamos.  Las leyes suelen ser inexactas, como en el caso del cuento.  También despiertan desconfianza, por eso se suele recurrir a la fuerza y al miedo para hacerlas cumplir.  Y, por lo general, nos hacen obrar sin demasiadas explicaciones, sin enseñarnos mucho.

            En síntesis, las leyes son un tímido intento para lograr decencia en la vida humana.  Pero el mejoramiento de la condición humana llegará por otro camino.

            El ermitaño dice que más que leyes, necesitamos cultivar actitudes y practicar ciertos métodos.  No dice explícitamente cuáles, pues son cosas que están en el interior de cada uno.  Cuando vemos que se nos revelan nuevos conocimientos, o notamos más claridad en nuestro entendimiento, y sentimos confianza en el camino emprendido, entonces estamos siendo mejores.  Es el inexcusable viaje interior al cual hemos sido llamados.

El anciano cuenta cuentos
Amrita Sher-Gil (india, 1913-1941)