domingo, 16 de junio de 2013

EL SANTO DE REPENTE SORDO

El ambiente del relato.

El desierto significa una inmensa extensión superficial, estéril, que oculta la realidad. Por eso, en la tradición, hay muchas personas que se van a vivir allí para buscar lo más esencial de la vida. Esto puede suceder con un hombre religioso que se recluye en un monasterio, pero también se da en un científico que en un laboratorio investiga sobre cuestiones desconocidas, como también en un empleado con un trabajo rutinario durante muchos años.

Transmutación III
Basil Alkazzi (Kwaiti, n. en 1938)
Para algunos el desierto representa al ser superficial que recorre la vida a ciegas, sin percibir su profundidad. Puede ser alguien al que sólo le preocupa la opinión de los demás, que está pendiente de cuestiones externas y se desvive por aparentar, como por ejemplo aquellos que se preocupan por la edad, negando el paso de los años. También es superficial aquel que se aferra a lo literal, a los mandatos sociales, convirtiéndose en alguien rígido y estéril.

Para otros representantes de la tradición el desierto, al ser un lugar despojado de todo, es el espacio donde se puede encontrar con el único importante. Allí se hace visible el Ser o la fuerza que sostiene la realidad, el principio de todo lo que existe. Recordemos, en este sentido, que los relatos evangélicos sitúan a Jesús en el desierto cuando tiene que tomar decisiones importantes. Así sucede antes de salir a predicar o antes de elegir a sus discípulos.

El desierto puede ser un espacio estéril, superficial; o ser el ámbito del encuentro con Dios o con lo más esencial de la vida. En el segundo caso, el desierto se vuelve fecundo, por la presencia de Dios o a la fuerza de la vida.

En el caso del cuento de hoy, la anciana va al desierto a buscar sabiduría. Nos parecemos a ella cuando, en las acciones de nuestra propia vida, en el entorno que nos haya tocado, buscamos consejo para nuestras decisiones o para entender el sentido de lo que nos toca atravesar.


El ermitaño del desierto.

El símbolo del ermitaño está en todas las culturas, sea como un sabio que se ha alejado del mundo, o como un brujo que vive apartado de la tribu. Es el que se va al desierto por decisión propia, para llegar de ese modo a lo más hondo de la realidad y desde allí estar al servicio de los otros. Por eso, si bien está alejado del espacio de la comunidad, no se desvincula, sino que con su ejemplo, palabras y actitud colabora con sus semejantes para superar lo superficial de la vida. Así, está físicamente lejos, pero de corazón en el centro de
la realidad.
Derviche
Miniatura Persa, 1615

El ermitaño ayuda a quienes se han perdido. Se sumerge en la sabiduría, y también es signo de prudencia y cautela. Estas son las virtudes de la vida en el desierto, que irá transmitiendo a los que se acerquen a él.

Encontramos un cierto aislamiento en el ermitaño. Sabemos que los que buscan la verdad suelen sentir que su tarea tiene como destino esa soledad. Así sucede con muchos investigadores y estudiosos. También se da en el hombre de campo, aún en nuestro tiempo, cuando sentado en el más moderno de los tractores recorre su terreno en soledad arando la tierra.

En nuestro tiempo es un símbolo muy popular. Especialmente los adolescentes y jóvenes respetan la figura del ermitaño, no para imitarlo, sino para tenerlo como protector y consejero. Películas como “El Señor de los Anillos” o “La guerra de las galaxias” apelan a esta imagen, atribuyéndole el consejo y la sabiduría.

En otros contextos, el ermitaño significa la paciencia, el tiempo que todo lo cura, el espíritu de sacrificio que lo resuelve todo, además de la lentitud en el estudio, del recogimiento, de la oración. Indica que hay que caminar despacio por la vida, mirando bien dónde se ponen los pies, sea en el plano de los negocios o de los asuntos personales. Invita a relajar los nervios, calmar las tensiones y dominar las inquietudes por medio del auto control y del relajamiento.

Para el cuento que ahora presentamos, tengamos en cuenta el doble movimiento que se produce en él. Son los movimientos de la anciana hacia el ermitaño, indicando el amor a la sabiduría, y el del ermitaño hacia la anciana, mostrando la sabiduría del amor, es decir, la santidad. Esta doble acción es posible en cada uno de nuestros corazones.


El santo de repente sordo.

El comportamiento de los verdaderos maestros puede parecer a veces sorprendente, incluso increíble, como en esta historia árabe.

Anciana
Suad al-Attar
(iraquí, n. en 1942)
Una anciana caminaba desde hacía años para encontrarse cara a cara, pero sólo durante unos instantes, con un santo ermitaño de prodigiosa reputación que vivía en un desierto. Dicho desierto estaba atestado de peregrinos que acudían de todos los lugares del mundo para recbir sus admirables palabras, tocar la tierra que se encontraba ante él, enfrentarse a su mirada (la gente decía que aquella mirada había visto a Dios) y luego partir.

Esos peregrinos vivían en tiendas o dormían al raso. Hábiles comerciantes vendían en el desierto todo lo necesario para vivir e incluso baratijas. Hombres y mujeres esperaban, formando una larga fila que serpenteaba por entre las rocas y avanzaba muy lentamente hacia la entrada de la cueva donde estaba el ermitaño, acompañado por dos sirvientes.

La anciana que había consagrado todas las fuerzas que le quedaban para hacer ese viaje, esperó como el resto. Aquella espera duró varias semanas. La anciana avanzaba al lento ritmo de la fila, gastando sus últimas monedas en comprarles un poco de comida a los vendedores ambulantes, que no dejaban de pasear por allí anunciando a grito pelado sus productos.

Cuando vio que su turno de ver al santo se acercaba, su corazón se aceleró. Se sentía presa de la emoción. No podía creer que un encuentro tan largo tiempo deseado fuera a producirse aquel mismo día. No se atrevía ni a levantar la mirada hacia el rostro del ermitaño, que estaba sentado a la entrada de su cueva.

Cuando el peregrino que la precedía se retiró, uno de los sirvientes fue a tomarla por el brazo para ayudarla a recorrer los pocos metros que la separaban del santo.

Tras lo cual ella se sentó. Pero, al hacerlo, perdió el dominio de su cuerpo y se tiró un pedo. Un pedo muy sonoro.

Terriblemente confusa, se encontraba frente al ermitaño sin saber qué decir ni qué hacer, pensando en levantarse y huir. Pero el ermitaño se inclinó hacia ella y le preguntó, con la mano colocada como una concha marina alrededor de su oreja:
-¿Qué dices?

La anciana levantó la mirada y lo miró. Se encontró con los ojos inocentes y afables del ermitaño, que seguía inclinado hacia ella. Y el ermitaño le volvió a decir:
-He perdido mucho el oído. Habla un poco más alto, te lo ruego. ¿Qué me has dicho?

La felicidad invadió a la mujer en cuerpo y alma como el agua cálida y perfumada. Sonrió y le dijo al ermitaño lo que había ido a decirle. El ermitaño, con la mano todavía colocada alrededor de su oreja, la escuchó muy atentamente, asintiendo con la cabeza para demostrarle que la comprendía, que hablaba lo suficientemente alto. Luego contestó con calma e inteligencia, y fue la vieja quien tuvo que escuchar asintiendo con la cabeza. Después besó el suelo a los pies del santo y se retiró muy feliz.

Cuando el siguiente visitante se presentó ante el ermitaño, éste mantuvo la mano alrededor de la oreja. Quería que todo el mundo lo tomase por sordo, para que nadie pudiese informar a la anciana del subterfugio.

Hizo otro tanto con los restantes visitantes, pidiéndoles que hablasen más alto cuando se dirigían a él. Todos le obedecieron.

Se comportó así durante meses, durante años, con los peregrinos, con sus sirvientes. Sólo escuchaba acercándose la mano a una de sus orejas. Y todo el mundo decía de él que era sordo.


Un día, diecisiete años más tarde, supo de la muerte de la anciana. Entonces bajó la mano, sonrió, llamó a cuantos lo rodeaban y anunció que el Señor, mediante un inexplicable milagro, acababa de devolverle el oído.


Sin título
Rachid Koraïchi
(argelino, n. en 1947)



viernes, 31 de mayo de 2013

EL ENJAULADO

Escenografía del cuento

No se dice en qué lugar del mundo se desarrolla esta historia, ni en qué momento. Se menciona una bebida exquisita, el té de Cachemira. Esta infusión se prepara con té verde, primero hervido en agua con varias especias, que lo hacen sabroso y ligeramente picante. A este primer resultado se lo hierve con leche y una pizca de sal. Tiene sutiles propiedades para calmar los nervios y mejorar el sistema digestivo.

Paisaje de Cachemira
Ghulam Rasool Santosh
(Cachemira, 1929-1997)
La región de donde proviene esta preparación está en el norte del subcontinente indio, al sur de la Cordillera de los Himalayas. La zona, de gran belleza, que fue denominada “el jardín secreto” por un antiguo gobernante, se la conoce por sus productos textiles. Actualmente es una zona de conflicto entre Pakistán, India y China.

El anciano del siguiente cuento, que invita a su amigo con esta infusión, le está otorgando un trato excelente, de profundo afecto. La experiencia le da sabiduría al ser humano dispuesto a recibirla. Aprender de la vida es virtud, y es una maravilla recibir atenciones y consejos de los ancianos que han vivido con esa actitud.


El cuento.

Ésta es la historia de un loro muy contradictorio. Desde hacía un buen número de años vivía enjaulado, y su propietario era un anciano al que el animal hacía compañía. Cierto día, el anciano invitó a un amigo a su casa a deleitarse con un sabroso té de Cachemira.

Los dos hombres pasaron al salón donde, cerca de la ventana y en su jaula, estaba el loro. Se encontraban los dos hombres tomando el té, cuando el loro comenzó a gritar insistente y vehementemente:
--¡Libertad, libertad, libertad!
El loro verde
Vincent van Gogh
(neerlandés, 1853-1890)

No cesaba de pedir libertad. Durante todo el tiempo en que estuvo el invitado en la casa, el animal no dejó de reclamar libertad. Hasta tal punto era desgarradora su solicitud, que el invitado se sintió muy apenado y ni siquiera pudo terminar de saborear su taza. Estaba saliendo por la puerta y el loro seguía gritando: “!Libertad, libertad!”.

Pasaron dos días. El invitado no podía dejar de pensar con compasión en el loro. Tanto le atribulaba el estado del animalillo que decidió que era necesario ponerlo en libertad. Tramó un plan. Sabía cuándo dejaba el anciano su casa para ir a efectuar la compra. Iba a aprovechar esa ausencia y a liberar al pobre loro. Un día después, el invitado se apostó cerca de la casa del anciano y, en cuanto lo vio salir, corrió hacia su casa, abrió la puerta con una ganzúa y entró en el salón, donde el loro continuaba gritando: “!Libertad, libertad!” Al invitado se le partía el corazón.

¿Quién no hubiera sentido piedad por el animalito? Presto, se acercó a la jaula y abrió la puertecilla de la misma. Entonces el loro, aterrado, se lanzó al lado opuesto de la jaula y se aferró con su pico y uñas a los barrotes de la jaula, negándose a abandonarla. El loro seguía gritando:
!Libertad, libertad!”


La enseñanza del maestro.

Para ayudarnos a pensar las enseñanzas de los cuentos, la tradición suele agregarles una cita. En este cuento, el comentario es el siguiente: “El Maestro dice: Como este loro, son muchos los seres humanos que dicen querer madurar y hallar la libertad interior, pero que se han acostumbrado a su jaula interna y no quieren abandonarla”. La enseñanza queda centrada en el loro y en el reclamo de libertad.

Dios del Amor sobre su loro.
(India, Grabado del s.XVIII)
En la tradición, el loro sugiere la figura del guardián, capaz de acompañar a una persona, como el anciano del cuento. Su habilidad de “hablar”, lo convierte en un símbolo de la comunicación, aunque, a veces, significa la parodia no maliciosa. “Hablar como loro” es un dicho que se refiere a la sobreabundancia en la expresión oral, o a la repetición sin conocimiento del sentido de las palabras. Es uno de los aspectos resaltados en la narración.

En el subcontinente indio, el loro es una figura mítica que ayuda al alma del ser humano a volar. Esta ave tiene un aspecto bello, especialmente referido al color de su plumaje. También, en aquella región, es un símbolo del amor.

En el relato, el loro reclama uno de los dones más preciados de todos los hombres: la libertad. Es lo más evidente que tenemos en nuestra naturaleza humana, el principio que nos permite obrar, como también pensar y hablar, sin hipocresía. Por ella vale la pena vivir la aventura de la vida.

El Maestro enseña que, si no se vive la libertad interior, no hay libertad plena. Es uno de los principios que aplicaba Mahatma Gandhi (1869-1948) en su acción independentista: “No se nos otorgará la libertad externa más que en la medida exacta en que hayamos sabido, en un momento determinado, desarrollar nuestra libertad interna”.

El invitado se equivoca al ignorar el hecho de que la libertad es inherente al ser humano, no la recibimos de nadie sino que está en nosotros por lo que somos. Si queremos ayudar a alguien, lo que tenemos que hacer es acompañar el camino interior para que cada persona alcance su libertad interior y, con el mismo respeto, unirse a otros para vivir una auténtica libertad en común. Si no lo hacemos así, hacemos el daño que provoca el visitante, es decir, provocamos el terror del loro.


Otro aspecto del cuento.

Sin título
Ghulam Rasool Santosh
(Cachemira, 1929-1997)
La conclusión del cuento propuesta por el Maestro nos abre las puertas a otro aspecto de las relaciones humanas, más delicado de tratar. Cuando el amigo organiza un plan para atender los reclamos del loro, comete otro error: la ingratitud con el anciano que le ha brindado una magnífica recepción. Llama la atención que el visitante abandone el encuentro sin terminar de saborear el té, y en ningún momento se proponga hablar con el noble anciano que tan bien lo ha tratado.

La amistad sólo podría tener lugar a través del desarrollo del respeto mutuo y dentro de un espíritu de sinceridad. Y en las dos formas falla el visitante. Primero no respeta al anciano suponiendo que no tiene compasión por el ave que lo acompaña. En segundo lugar, no es sincero con su anfitrión, y no le cuenta de su aflicción por la queja del loro.

Una relación de amistad tiene principios inamovibles. Como expresa Gabriela Mistral (chilena, 1889-1957): “Decir amistad es decir entendimiento cabal, confianza rápida y larga memoria; es decir, fidelidad”. La verdadera amistad no debe ser sospechosa en nada. En el caso del cuento, el visitante deja una capa de duda sobre el anciano, sin ninguna justificación. De esta manera, creyéndose un liberador del ave, la aterroriza, invade vanidosamente el lugar del anfitrión. Se dice que la amistad humana es muy difícil de llevar adelante. Exige inteligencia, afecto sincero y dedicación constante. Si la respetamos, nos lleva por el buen camino.

En el cuento se aplica un dicho popular que acompaña la vida de los hombres con su sabiduría: “el que da pan a perro ajeno, pierde el pan, pierde el perro y la amistad de su dueño”.


Sin título
Shrikant Kadam
(India, n. en 1973)



jueves, 16 de mayo de 2013

PROBLEMA


Noticias de la porcelana.

Vasija con flores
Jan Brueghel el Viejo
(flamenco, 1568-1625)
Los objetos de porcelana tienen origen chino. El material fue descubierto alrededor del siglo II d.C. en Oriente. La noticia fue llevada a Occidente recién el siglo XIII por Marco Polo (veneciano, 1254-1324), quien hizo un viaje de 24 años recorriendo, entre otras cosas, la famosa Ruta de la Seda. “El libro del millón” es el texto que consigna sus experiencias orientales. Allí cuenta de este material, duro y blanco como la concha de un molusco, el cauri, que en italiano se denomina porcella. Como se pensó erróneamente que el material venía del molusco, se lo llamó porcelana.

Los objetos de porcelana se hacen con una compleja pasta elaborada principalmente con caolinita y cuarzo. Una vez moldeado el recipiente deseado, se lo cocina durante 12 horas a más de 1.400 °C. Este proceso fue descubierto en Occidente recién en el siglo XVIII, por un químico inglés. Debido a las nobles propiedades de la porcelana tales como la dureza, la durabilidad, la blancura, su alta resistencia al paso de la electricidad, y su alta elasticidad, es que hoy en día es usada en artículos de cocina, baldosas, y objetos de arte. También es usada como aislante eléctrico.

Estas indicaciones nos permiten apreciar con mayor profundidad, lo que se plantea en el siguiente cuento de origen chino.


El problema.

El Gran Maestro y el Guardián se dividían la administración de un Monasterio.

Cierto día, el Guardián murió y fue preciso substituirlo.

El Gran Maestro reunió a todos los discípulos para escoger quién tendría el honor de trabajar directamente a su lado.

Paisaje
Zhu Ruoji "Shitao"
(chino, 1642-1707)
- Voy a presentarles un problema, - dijo el Gran Maestro - y aquél que lo resuelva primero, será el nuevo guardián del Templo.

Terminado su corto discurso, colocó un banquillo en el centro de la sala; encima estaba un florero de porcelana seguramente carísimo, con una rosa roja que lo decoraba.

- Éste es el problema; - dijo el Gran Maestro - resuélvanlo.

Los discípulos contemplaron perplejos el "problema", por lo que veían los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y la elegancia de la flor.

¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál sería el enigma?

Pasó el tiempo sin que nadie atinase a hacer nada salvo contemplar el "problema", hasta que uno de los discípulos se levantó, miró al Maestro y a los alumnos, caminó resolutamente hasta el florero y lo tiró al suelo, destruyéndolo.

- ¡Al fin alguien que lo hizo! - exclamó el Gran Maestro - ¡Empezaba a dudar de la formación que les hemos dado en todos estos años!. Usted es el nuevo guardián.

Al volver a su lugar el alumno, el Gran Maestro explicó:

- Yo fui bien claro: dije que ustedes estaban delante de un "problema". No importa cuán bello y fascinante sea un problema, tiene que ser eliminado.

Un problema es un problema; puede ser un florero de porcelana muy caro, un camino que precisa ser abandonado, por más que insistimos en recorrerlo porque nos trae bienestar... Solo existe una manera de lidiar con un problema: atacándolo de frente”.


Esquema del problema

Naturaleza muerta
Giorgio Morandi
(italiano, 1890-1964)
La palabra problema de nuestro idioma proviene del griego, pasando luego por el latín. En la lengua original, se conforma con dos partes. La primera es pro, indicando lo que va delante. La segunda proviene del verbo bállein, que significa arrojar, echar. Por lo tanto, el sentido original es “lo que ha sido arrojado adelante”, o también “lo que obstruye el camino”.

El problema es una situación ante la cual no podemos quedarnos indiferentes, sino que debemos tomar una actitud. Los pensadores clásicos hablaban de tres reacciones posibles ante el problema. La primera es dar marcha atrás, y desandar el camino. El obstáculo queda y nosotros retrocedemos, renunciando al itinerario que llevábamos.

La segunda posibilidad es esquivar el problema en lugar de encararlo. Buscamos una ruta alternativa, lo rodeamos. Lo cierto es que el obstáculo también permanece, y nuestra renuncia al camino o al medio de transporte no varía en nada su presencia.

La tercera es enfrentar el obstáculo y buscar la forma de removerlo del camino, de tal modo que la ruta quede despejada para poder proseguir. Encarar el problema es enfrentarlo, analizarlo y buscar la manera de eliminarlo. Esta actitud significa encontrar la pregunta que nos conduzca a una respuesta, con la cual esperamos encontrar una solución. El final de esta tercera actitud, entonces, es la “solución”, que habla de disolver, resolver, en definitiva, remover el obstáculo y no cambiar el itinerario.

Un problema, entonces, es un determinado asunto o una cuestión que requiere de una solución. En el cuento se nos presenta a los aspirantes a guardianes del Templo en situación de perplejidad, sin encontrar la pregunta que el Maestro les plantea con el jarrón. Pero hay uno que entiende bien lo que es un problema, y lo resuelve con la actitud adecuada.

Aparecen problemas en los distintos órdenes de la vida. Por ejemplo, los de nivel social, que se relacionan con planteos como: “mañana tenemos que pagar una deuda y no nos alcanza el dinero”, o “tengo que hacer la tarea para no tener problemas con la maestra”. A veces, esta palabra hace referencia a disgusto o preocupación: “El hijo de Laura y Miguel no para de darles problemas”. En estos casos humanos, como en aquellos más filosóficos y también los científicos, la actitud estará en encontrar la pregunta correspondiente, para dar la respuesta adecuada.


Un ejemplo legendario.

Mestrio Plutarco (griego, ca. 46-120 d.C) fue un historiador, biógrafo y ensayista. Tiene una obra llamada “Vidas Paralelas” en la cual presenta treinta dos comparaciones de personajes famosos. Algunos pocos han llegado a nuestro tiempo, otros se han perdido, y en general hay bastantes lagunas en el texto. Entre las comparaciones que conocemos figura la de Alejandro Magno (griego, 356 - 323 a.C.) con Julio César (romano, 100 - 44 a.C.). La intención del historiador no es tanto la fidelidad de los datos, como presentar la influencia del carácter en las realizaciones de los personajes comparados.

Vasija con flores
Friedrich Stowasser
(austríaco, 1928-2000)
En este contexto, cuenta una anécdota famosa de Alejandro Magno. Una de las versiones dice que en sus campañas de conquista, Alejandro llega a la Península de Anatolia, en la actual Turquía, luego de vencer a los persas. La capital de esta región se llamaba Gordion. Luego de tomarla, el Conquistador asienta en la ciudad su cuartel general.

Cuenta Plutarco que en aquella ciudad existía una creencia que llamó poderosamente la atención de Alejandro. Había, en el lugar sagrado, un carro de oro que estaba atado con una corteza de árbol trenzada, de tal modo que nadie era capaz de desatar aquel nudo. La creencia decía que aquel que fuera capaz de soltar aquel nudo sería el Rey de toda Asia.

Alejandro Magno aceptó el desafío. Lo rodearon todos sus lugartenientes y los grandes hombres de la ciudad. Pero después de un rato, y con las manos muy doloridas, no conseguía soltar el nudo. Cuenta Plutarco que entonces “desesperado, tomó su espada y lo cortó de un tajo”. Y así, entendiendo bien la pregunta, llegó a invadir la India y a ser considerado Rey de Asia.

Tanto el cuento chino, como el relato de Plutarco, nos enseñan a lidiar con los problemas, con los obstáculos que se interponen en nuestro camino. Nos aconsejan enfrentar el obstáculo y resolverlo, quitarlo del itinerario, buscando la pregunta para hallar la respuesta adecuada.


La anunciación de buenas noticias
Friedrich Stowasser (austríaco, 1928-2000)




domingo, 28 de abril de 2013

EL CIERVO ESCONDIDO


Hace tiempo en un lugar.

Camellos en el desierto
Wu Guanzhong
(chino,  1919-2010)
Los cuentos son ficciones, pero que suelen tener algunas referencias concretas, que nos ayudan a entender su mensaje. El siguiente es un relato situado en Cheng, un pequeño territorio en el centro de China. El lugar tiene una larga historia, desde civilizaciones primitivas que se remontan a 6.000 años antes de Cristo. Situado en una de las provincias chinas de la famosa “ruta de la seda”, es un sitio continental influenciado por variadas culturas.

El cuento que citamos a continuación, está en uno de los libros más conocidos del taoísmo, que se llama Lie Tse, probablemente originado en maestros del siglo III a.C.

Muchos de estos relatos se encuentran diseminados en Occidente. Uno de los escritores modernos que nos acercó estas enseñanzas fue Lin Yutang.


El ciervo escondido.

Un leñador de Cheng se encontró en el campo con un ciervo asustado y lo mató. Para evitar que otros lo descubrieran, lo enterró en el bosque y lo tapó con hojas y ramas. Poco después olvidó el sitio donde lo había ocultado y creyó que todo había ocurrido en un sueño. Lo contó, como si fuera un sueño, a toda la gente. Entre los oyentes hubo uno que fue a buscar el ciervo escondido y lo encontró. Lo llevó a su casa y dijo a su mujer:
-Un leñador soñó que había matado un ciervo y olvidó dónde lo había escondido y ahora yo lo he encontrado. Ese hombre sí que es un soñador.
Zhuangzi sueña o es soñado

-Tú habrás soñado que viste un leñador que había matado un ciervo. ¿Realmente crees que hubo un leñador? Pero como aquí está el ciervo, tu sueño debe ser verdadero -dijo la mujer.

-Aun suponiendo que encontré el ciervo por un sueño -contestó el marido- ¿a qué preocuparse averiguando cuál de los dos soñó?

Aquella noche el leñador volvió a su casa, pensando todavía en el ciervo, y realmente soñó, y en el sueño soñó el lugar donde había ocultado el ciervo y también soñó quién lo había encontrado. Al alba fue a casa del otro y encontró el ciervo. Ambos discutieron y fueron ante un juez, para que resolviera el asunto. El juez le dijo al leñador:

-Realmente mataste un ciervo y creíste que era un sueño. Después soñaste realmente y creíste que era verdad. El otro encontró el ciervo y ahora te lo disputa, pero su mujer piensa que soñó que había encontrado un ciervo que otro había matado. Luego, nadie mató al ciervo. Pero como aquí está el ciervo, lo mejor es que se lo repartan.

El caso llegó a oídos del rey de Cheng y el rey de Cheng dijo:

-¿Y ese juez no estará soñando que reparte un ciervo?


El sueño en la vida.

Según las correspondientes investigaciones un hombre de 60 años habría soñado, durmiendo, un mínimo de cinco años. Si el sueño ocupa un tercio de vida, alrededor del 25 % del sueño está atravesado por sueños. Pero no solamente se sueña dormido, sino que debemos agregar el sueño despierto y las ensoñaciones, para alcanzar una parte impresionante de la vida.

Bazar (2000)
Zoran Yasem
El sueño es un algo que sucede y que escapa a nuestra voluntad y responsabilidad. Por eso, el que sueña, vive esa historia como si existiese realmente fuera de su imaginación. No la puede provocar, es solamente su testigo.

Para comunicarse con nuestra mirada conciente, el fenómeno de soñar utiliza el relato y los símbolos. Algunos lo interpretan como señales del estado de nuestro inconsciente y el modo de conocer nuestra alma en toda su plenitud. En los sueños residen los deseos no realizados o reprimidos como también las potencialidades de todo lo que somos capaces de hacer. Todo esto se manfiesta a nuestra mente en símbolos y relatos, algunos aparentemente de lo más absurdos.

Como en el cuento presentado, el sueño cumple funciones muy importantes para la vida humana. Hace surgir impulsos reprimidos durante el día para eliminarlos. Otras veces presenta problemas que se están ocultando, y en otras ocasiones encontramos soluciones representadas claramente. Su función selectiva alivia la vida consciente.

Quizás la función más importante del sueño sea la de establecer un equilibrio compensador en el psiquismo de una persona. Lo que deseamos, lo que nos angustia, o aquello a lo que aspiramos, encuentran un contrapeso saludable en las imágenes que se presentan en el sueño. En toda circunstancia de la vida, el descanso nos da equilibrio y nuestro mundo onírico nos brinda su luz y, la mayoría de las veces, su solución.


La relidad del sueño.

Gracias a la tradición y a muchos estudiosos contemporáneos, hoy podemos entender que la realidad abarca, en cada persona, dos ámbitos: lo que vive despierta, en lo que se llama vigilia, y lo que vive durmiendo, en el sueño y en las ensoñaciones. Estos dos espacios de vida, que aparentemente están tan lejanos uno del otro, son muy cercanos y complementarios, de tal forma que constituyen la única realidad.

La experiencia común nos señala que muchas cosas que vivimos en nuestra vida, decisiones, situaciones, lecturas, imágenes, se manifiestan de distintas maneras cuando soñamos. Del mismo modo, esas situaciones que pasan por nuestra mente cuando soñamos, aún las más extravagantes o alteradas, nos resuelven situaciones de vigilia o nos abren a dimensiones que no alcanzaríamos solo con nuestra consciencia.

Ilusión.
Wu Guanzhong
(chino,  1919-2010)
La pregunta del rey de Cheng al final del cuento citado es iluminadora: “¿Y ese juez no estará soñando que reparte un ciervo?”. Si la realidad humana está construida desde dos ámbitos, no es banal la pregunta. El juez pudo haber resuelto el caso desde sus propios sueños, y no solamente desde la aplicación de leyes conocidas. Es muy poco probable que un código de algún reino contenga leyes referidas a situaciones que se dan en los sueños.

Aprovechemos la consideración del monarca y hagámonos preguntas sobre lo que experimentamos en nuestra realidad. Por ejemplo, el nombre del reino de Cheng, ¿no vendrá del algún sueño?. Aparece en el cuento, en la antigüedad muchos se refirieron a ese lugar, pero alguien le dio el nombre por primera vez, y estamos seguros que ese primero que lo nombró no encontró el nombre escrito en ningún lado.

Nuestra propia vida es como el territorio de Cheng, un entrecruzamiento. En el caso de aquel territorio, es un intercambio de culturas y religiones. En el caso de cada uno, es un intrincado cruce de decisiones y sueños propios, de antepasados y de contemporáneos. Somos un nudo de relaciones de vigilia y también de las soñadas.

Bamboo negro (2008)
Nina Kuo (norteamericana)




 

jueves, 4 de abril de 2013

UN JUICIO

El asesinato de Santa Ludmila
Anónimo, Crónica de Dalimil
(Checoslovaquia, 1310)

Los cuentos populares suelen ser alegorías, es decir, un relato que usa lenguaje figurado para expresar una idea compleja. Sucede que en el campo ético o religioso aparecen experiencias que son muy difíciles de explicar con una palabra o un razonamiento. Entonces se usa un relato, que con sencillez muestra algo que nos llevaría largas explicaciones. Esta forma de expresión es usada en todas las tradiciones.

El lenguaje figurado que usan las alegorías está compuesto por símbolos y metáforas. La idea que encierra el relato es aplicable a muchos campos, personales o sociales, según el interés del lector. Por eso hay alegorías que vienen de muy antiguo, y aún en nuestros días son utilizadas para distintas actividades. Ejemplos como el “Mito de la Caverna” de Platón (griego, 427-347 a.C.), o las obras de teatro de William Shakespare (inglés, 1564-1616) o Calderón de la Barca (español, 1600-1681) son muy conocidos.


El Juicio.
En la Edad Media un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer. En realidad el verdadero autor era una persona muy influyente del reino y por eso desde el primer momento se procuró un chivo expiatorio para encubrir al culpable.

Recreación de una miniatura
Laura Alberich
(española)
El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasa o nula oportunidad de escapar al terrible veredicto ...la horca! El Juez también complotado cuidó no obstante de dar todo el aspecto de un juicio justo por ello dijo al acusado: "Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor vamos a dejar en manos de él tu destino, vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente. Tú escogerás y será la mano del Dios la que decida tu destino."

Por supuesto el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda culpable y la pobre víctima aún sin conocer los detalles se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa.

No había escapatoria. El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados. Éste respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse abrió los ojos y con una extraña sonrisa tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca lo engulló rápidamente.

Sorprendidos e indignados los presentes le reprocharon airadamente: "Pero qué hizo? Y ahora? Cómo vamos a saber el veredicto?" "Es muy sencillo respondió el hombre. Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos lo que decía el que me tragué".

Con rezongos y bronca mal disimulada debieron liberar al acusado y jamás volvieron a molestarlo.


Elementos importantes.

Al comienzo del cuento, y solamente allí, se menciona el motivo del juicio: el asesinato de una mujer. Como todo relato simbólico, no da ninguna situación geográfica, y menos nombres o algún dato que nos permita identificar la narración con algún hecho registrado. Apenas si se menciona la Edad Media, que poco ayuda en este sentido. El texto nos empuja a buscar el sentido de los componentes que se mencionan.

La mujer es una señal representante de lo femenino. Así rápidamente nos sumergimos en los dualismos presentes en la realidad, como es la noche y el día, lo alto y lo bajo, el cielo y la tierra y, en este caso, lo femenino y lo masculino. Estas dualidades se pueden aplicar a toda la realidad, y también a la realidad interior de cada hombre. La tradición sabe que cada ser humano es un universo en pequeño y por lo tanto, lo que observamos en el universo o en nuestro entorno pueden ser aplicadas a nuestro mundo interior, a nuestro ser, alma y cuerpo.

Sumisión al Rey René
(manuscrito francés, ca. 1469)
En el cuento se intenta encubrir el crimen acusando a un hombre de bien. El poder injusto está representado por una persona influyente y por un juez venal. Esta es una observación triste de la humanidad: el papel de las personas influyentes. Los que deberían mostrar conductas adecuadas por la responsabilidad de sus cargos, son los que realizan el crimen o lo encubren groseramente. En la alegoría representan las fuerzas oscuras de la sociedad, la malignidad que está presente en las civilizaciones.

Otro objeto que cobra relevancia en esta historia es el papel. Son dos escritos con la misma palabra: culpable. El papel es el símbolo de la fragilidad. Puede tener escrito una sentencia terrible, pero no es impedimento para que el acusado se coma uno. Deglutir el papel no le hace nada, y de esta manera salva su vida.

Finalmente, lo que genera toda la tensión del relato, las palabras de la sentencia: inocente o culpable. Entre las dos, la más importante es la primera, la que parece frágil porque ni siquiera se escribe.


La aplicación interior.

La tradición enseña que las alegorías se pueden aplicar a distintos ámbitos de lo humano: social, político, ético o religioso. También sugiere que antes de mirar los sentidos en el ámbito de interés, hay que aplicar el relato al propio interior, al corazón. “Zapatero, a tus zapatos”, dice el refrán.

Códice Manesse
(alemania,
 entre 1305 y 1315) 
Cada persona, vista en su interior, es un universo completo. La dualidad masculino y femenino están en su interior, como todas las dualidades. Una vez que superamos las referencias a la sexualidad, y entramos en el orden espiritual, lo masculino es el don y lo femenino la receptividad, en nuestras actitudes de vida. Todo ser humano, sea varón o mujer, tiene cosas para dar y recibir. De esta manera, lo masculino y lo femenino son aspectos de nuestra interioridad. También se suele decir que los aspectos racionales del ser son nuestro lado masculino, como los aspectos intuitivos son el costado femenino de nuestra personalidad. Se podrían encontrar otras analogías en nuestras características humanas.

Es importante entender, en la alegoría, que el asesinato de la mujer hace referencia al corazón humano, cuando se coarta la creatividad, la intuición, y de este modo se le quita a la persona su libertad. De muchas maneras, el lado oscuro de las civilizaciones han intentado someter al hombre para tener esclavos, para mandar a pelear con otros por intereses mezquinos. Una de las formas más contundentes para vencer al ser humano es la culpa. “Culpable” decían los dos papelitos que el juez venal había utilizado como trampa.

La solución del cuento, lo que hace sonreir con extrañeza al reo condenado a muerte, es comprender bien la propia inocencia. Lo que permite al hombre deglutir la sentencia de culpable, cambiarla para siempre, es la convicción de la propia inocencia. Algunos no saben cómo va a terminar la historia, otros pretender someter al acusado, y el reo, desde su profunda soledad, da un testimonio de inocencia.

La enseñanza primordial de la alegoría es que vivamos con inocencia. En el origen, la palabra “inocente” significa “el que no hace daño”. El inocente es el que tiene integrados todos los aspectos de su ser, los representados por lo masculino y por lo femenino. Inocente es el que da y recibe, el que armoniza razón con intuición y creatividad. Es el que deja de lado las culpas, los reproches del pasado, y vive con libertad su presente.


Interpenetración iridiscente N°5 Eucalipto
Giacomo Balla
(italiano, 1871-1958)


miércoles, 27 de febrero de 2013

LA VIUDA LISTA


Un cuento huave.

Mujeres en su pueblo.
Rodolfo Morales
(mexicano, 1925-2001)
En el estado de Oaxaca, México, conviven al menos 16 pueblos o culturas, con lenguajes totalmente diferentes uno de otro. En ese lugar, en una franja de 40 kilómetros entre el océano Pacífico y dos lagunas, conocidas como Mar Superior y Mar Inferior, viven los huaves, un pueblo que actualmente cuenta con poco más de 20.000 integrantes. El término de huave fue impuesto por los zapotecas para referirse a la "gente que se pudre en la humedad", pero ellos se nombran a sí mismos en su lengua, "Mero ikooc" que significa literalmente "verdaderos nosotros".

La zona es árida y desolada. Las lluvias son escasas, el riego difícil y la producción, tanto en el mar como en la tierra, está sujeta a las variaciones del tiempo. La pesca y la mitología giran en torno a los vientos encontrados del norte y del sur, como también tienen en cuenta la larga época de la sequía y la corta temporada de lluvias.

De este entorno es el siguiente cuento.


Una viuda y el diablo.

Cocina huave.
Fotografía de 1908.
Cuentan que una vez, el diablo se enamoró de una viuda. Llegaba a su casa y le platicaba. A la señora no le gustaba y además, tenía miedo de que se enojara. Tanto y tanto le ofrecía el diablo que por fin la señora dijo:
-Bueno, seré tu mujer si me construyes una casa bonita.

El diablo se la hizo. La viuda fue a buscar al cura para que le echara agua bendita; así, el pobre diablo no podría entrar a la casa que él mismo había hecho.
El cura le advirtió:
-Si no encuentras el modo de acabar con él, él acabará contigo.

La mujer pensó bien el asunto y esto hizo: busco dos montones de botellas, uno blanco y otro oscuro. Se sentó en la enramada, era la hora en que acostumbraba llegar el diablo. La encontró muy atareada.
-¿Qué haces?
-Aquí, lavando botellas. ¿No me ayudas?
-Sí.
Máscara huave para danza
Segunda mitad del siglo XX.
-Lava ese montón de botellas -le dijo señalando las oscuras, hasta que queden limpias, como ésas -y señaló el otro montón.
-¿Y cómo crees que voy a hacer claro lo oscuro? No se puede.
-Claro que sí, mira ya todas las que llevo.
-¿Y cómo le hiciste?
-Ah, es que se tienen que lavar por dentro. Si eres poderoso, ¿por qué no te metes?

El diablo entró en la botella y la mujer luego la tapó. Ya que tuvo encerrado al diablo, fue al monte y, con todo y botella, lo enterró.
Y por eso dicen que sólo las mujeres son más listas que el diablo.


De a pares.

En la consideración de la tradición la realidad se presenta de a pares. Lo más evidente es que el tiempo transcurre entre el día y la noche, lo que se convierte en un símbolo ordenador de los muchos aspectos de la vida de este mundo. No hay figura sin fondo, no hay sonido sin silencio. Si un instrumento musical emitiese un sonido constante, sin interrupción de silencio, nunca nos daríamos cuenta de su calidad, si es grave o agudo, si es fuerte o suave. Nuestros sentidos perciben mediante los contrastes y las diferencias. Por eso se dice que aprendemos por comparación.

El cuento presenta a una viuda, que es una mujer en una situación despareja. Ha perdido a su esposo, ha quedado dividida, separada. Es una mujer solitaria, ya no tiene a aquel que complementa su vida. Para nosotros la viuda es un ser débil, incompleto. Se asemeja a los huérfanos, que son los hijos que ya no tienen a sus padres. De nuevo la situación es de a par, pues somos hijos porque tenemos padres.

La viuda parece entender muy bien la dualidad de la realidad, y la usa en su beneficio. Al diablo enamorado le solicita una casa, pero mediante el agua bendita le impide la entrada. Entrar o no entrar, la dualidad que rige el paso de un ámbito a otro. En la sencillez del relato está puesta la gran decisión de la viuda: a su marido lo dejó entrar en su casa, al diablo no.

El diablo, en este caso, representa la turbación, la sobreexitación. Es muy extraño que el representante de la separación, del corte, de la división, se manifieste enamorado, buscando la unión. Es el símbolo de la influencia molesta en la debilidad. Es la tentación, que siempre aparece en el momento en que nos faltan fuerzas, cuando nos sentimos incompletos, como la viuda.

La mujer resuelve el problema mediante el recurso al contraste, las botellas claras y las botellas oscuras. Ella entiende que la realidad es dual, pero el diablo, por vanidad o por ambicionar poseer a la mujer, reniega de lo que sabe y entra en la botella.


La mujer y el diablo.

Como sucede en la Biblia cuando se presenta la enemistad entre Eva, la madre de los vivientes, con el diablo, todas las tradiciones muestran este contraste. En el libro del Génesis se plantea que la serpiente maligna acecha el talón de la mujer, mientras ésta le pisa la cabeza. En el final del Libro, en el Apocalipsis, se recrea la misma situación, entre la mujer coronada de estrellas y el dragón que la acecha cuando está por dar a luz.
Sin título.
Enrique Flores
(mexicano, nac. en 1963)

Desde las culturas más antiguas, la mujer representa la fuerza de la tierra y a la vez la intuición más alta del alma. Estos dos aspectos están presentes en el cuento. Luego de escuchar el consejo del cura, la viuda no se asusta de la situación, y busca con firmeza la solución capaz de derrotar a tan potente adversario. Es la fuerza de la tierra, que utiliza su mejor arma: la intuición, el conocimiento superior de lo que puede tentar al tentador. No es un acto de violencia, sino de persuasión.

La solución de la viuda no es romper nada, ni siquiera quitar la vida del oponente. Encuentra una forma de salvación en la propia realidad, dándole sentido y orden. Pone botellas blancas de un lado y oscuras de otro. No las modifica ni las altera, sino que simplemente las agrupa, para hacer evidente lo que son. Con esta actitud y apelando al orgulloso poder del enamorado, logra que éste quede atrapado en una botella oscura.

Sirve reconocer que la actitud del diablo es ambivalente. Por un lado es la pasión ambiciosa, desordenada. Por otro, es alguien que queda encerrado en su lógica, cayendo en la trampa racional que le propone la viuda y siendo muy necio con lo que sabe, que no se puede hacer claro lo oscuro.

La sabiduría del pueblo huave, antigua y misteriosa, viene del conocimiento profundo del corazón humano. Por este motivo los sentimos tan cercanos a nuestras propias vidas. Los cuentos de los pueblos no hacen más que poner en evidencia lo que sucede en lo más profundo de nuestro interior. Muestran cómo, en un corazón pacífico y armonioso, las fuerzas de la intuición y de la vida son capaces de superar las dificultades y tentaciones.


La calle del laberinto
Ivonne Kennedy
(mexicana, nac. en 1971).

miércoles, 13 de febrero de 2013

LOS COMIENZOS DEL HOY


Los orígenes del hoy.
Mesa de Chamanes
Cultura Jama Coaque
(Ecuador, 400 aC - 1400 dC)

Los cuentos se sitúan fuera del tiempo histórico. A veces las situaciones que narran están cerca de la vida cotidiana, otras veces muy distantes . Con este método, logran transmitir una enseñanza o un simple ejemplo que cualquiera puede aplicar a la vida corriente.

Algunos cuentos hablan del origen de los seres humanos y de las cosas del universo, como si hubiesen sucedido hace mucho tiempo, incluso antes de la historia de la humanidad tal como la conocemos. En realidad, esto es una forma de expresión cuya única intención es hablar del presente. No hay ninguna pretensión de explicar cómo empezaron las cosas, sino de mostrar cómo son ahora.

Del mismo modo hay otro género de cuentos que nos habla de un futuro lejano, a veces catastrófico, otras veces de plenitud. En realidad nadie ha podido ir a espiar el futuro. Aunque hablan de lo que sucederá en otro tiempo, las enseñanzas son para el presente, para el tiempo actual.

La siguiente narración se enmarca en una de las características descriptas: los relatos que tratan de explicar cómo es la realidad actual a partir comienzo antes del tiempo.

La Creación de la Tierra y el Cielo

Fue el bondadoso Hacedor quien creó la tierra. Pero ésta, al principio, estaba completamente desnuda. Era necesario vestirla y la vistió con selva de árboles gigantes y plantas menores que iban a dar los más variados frutos.
Los Negros de Esmeraldas
Andrés Sánchez de Gallque
(ecuatoriano, s. XVI)

Entre las ramas altas silbaba el viento solitario, unas veces como bestia salvaje, otras como pájaro llorón, y otras al modo del zumbido de las moscas. Entonces el Hacedor dijo:
-¡Mi creación está todavía incompleta!... ¡Ahora corran cuadrúpedos y serpientes por el suelo! ¡Puéblense los árboles de pájaros cantores! ¡Vuelen y anden los insectos por donde quieran o puedan!
Y eso fue.

La tierra no estaba completa todavía. Algo más faltaba. Entonces el Hacedor subió a la copa del árbol más alto llevando en su diestra una hermosa jarra de oro. Con sus ojos divinos contempló su obra y notó que la flora inmensa se moría de sed.
-¡Sean los ríos y los lagos! –dijo. Y volcó su jarra llena de agua milagrosa sobre el suelo; y los ríos y los lagos fueron.

Faltaba algo más. De algún rincón secreto sacó una tela finísima de color azul, la echó hacia la altura y, sopla que sopla, la extendió en una comba infinita cubriendo la tierra con el cielo.
-¡Sobre este firmamento brillarán el Sol, la Luna y las estrellas, y cruzará el río Nayanza -agregó-, para que, cuando desborde, llueva en la tierra!
Y eso fue.

Pero faltaba algo más. Faltaba el hombre, pues el Hacedor no estaba satisfecho con las criaturas animales que creara. Eran incapaces de comprender las maravillas de su obra. Y así subió un día al cráter del volcán, llevándose una porción de barro del valle. Al borde de esa descomunal boca de la montaña, modeló un muñeco que parecía un hombre. Luego, en la gran hornilla del coloso prendió fuego y puso a cocer la figura antropomorfa, obteniendo lo que quería. Le bastó solamente el soplo de su alegría para que el muñeco sea el mismísimo hombre pleno de vida e inteligencia, a quien el Hacedor le regaló cuanto había creado antes, y además una compañera para que la raza propia se multiplique y pueble sus inmensos dominios.


Señales del relato.

Arcángel Gabriel
Isabel de Santiago
(ecuatoriana, 1660 - 1714)
El relato circula actualmente en varias comunidades aborígenes de América Central y en el norte de América del Sur. Es claramente sincrético, pues asimila distintas tradiciones que confluyeron en ese lugar. Esto muestra que muchos aspectos de las tradiciones van más allá de los grupos humanos en donde se originan. Las concepciones que se reflejan en los cuentos populares suelen tener valores reconocibles por otras comunidades humanas, y a veces alcanzan a ser universales.

El cuento referido tiene varios indicios que nos ayudan a entender cómo concibe la realidad presente. Tal como se dijo al comienzo, este tipo de relato apunta a que el interlocutor entienda cómo es el mundo en el cual vive. Así como el niño aprende de sus padres cómo obrar en su vida, en un proceso de muchos años, de la misma manera los grupos humanos aprenden, de sus maestros de sabiduría, cómo entender su entorno para poder vivir en él.

Lo primero que resulta de la lectura de cuento es que se considera que todas las cosas tienen un valor extraordinario, son sorprendentes y casi inexplicables. Esto abarca el firmamento, las plantas, los animales, los hombres, el viento y el agua, en todas sus formas. Para expresar esta admiración se atribuye la hechura de todas las cosas a un ser superior en bondad. Es importante notar que el relato no discute sobre la existencia de un ser divino, sino que viendo todo lo que hay no puede menos que concebir la presencia de alguien que ha realizado todo. El ser supremo es destacado en su bondad, más que en su poder.

Los beneficios del Hacedor son inmensos. Viste la tierra de plantas, acompaña al viento con los pájaros y los insectos, calma la sed de los vegetales con el agua, despliega el firmamento para los astros y le da un río para que llueva sobre la tierra. Cada acción del Hacedor es una enseñanza para nuestro tiempo. Las plantas son necesarias para la belleza de la tierra, hay que calmar su sed regándola todos los días, el ritmo de los astros permite ordenar nuestra vida y la lluvia es un beneficio para todos.

Composición Indigenista
Camilo Egas
(ecuatoriano, 1889-1962)
El relato también habla del hombre. Dice que nuestra característica principal es buscar comprender las maravillas, nuestra capacidad de asombro. Todo nos llama la atención, queremos siempre saber más, cada uno siguiendo sus propios intereses en el inmenso cosmos en el cual estamos viviendo.

Nosotros, los hombres de hoy, estamos hechos de barro, lo que nos une a la Tierra y nos da un sentimiento de pertenencia al universo. Somos de la misma materia de todas las cosas, por lo que no deberíamos sentirnos extraños en el universo, o totalmente distintos a las cosas que nos rodean. Por el contrario, estamos unidos al cosmos por origen, y también compartimos el mismo destino. La cocción en el horno del volcán es otra señal que el cuento nos da, para que logremos vencer el temor que nos producen los volcanes activos, y podamos comprender que la “cocina” de nuevos seres continúa.

Y lo que da vida a este muñeco es el soplo de alegría que nos brinda el bondadoso ser supremo. Nuestra vida es alegría, fuente y sentido de toda la existencia. Es lo que nos hace intuir la trascendencia de la vida diaria y nos ayuda a entender que si alguien, como el supremo Hacedor, crea todas las cosas y las sostiene, lo hace por bondad. La alegría nos hace comprender que la vida y todo movimiento en el universo es causado solamente por la bondad.  

Verticalidad en blanco y verde
Enrique Tábara
(ecuatoriano, n. en 1930)