domingo, 14 de julio de 2013

FRANCISCA Y LA MUERTE

La mirada ingenua

En algún momento reciente de la historia la palabra “ingenuo” pasó a designar a alguien fácil de engañar, cándido. Pero en sí misma significa “de buen linaje”, “puro”. En la Roma antigua se aplicaba a los ciudadanos plenos, a los que nacen libres.

Sin título
Carlos del Toro Orihuela
(Cubano, nacido en 1954)
En este sentido, los cuentos populares tienen una mirada ingenua sobre toda la realidad, lo que les permite asumir aspectos que se suelen esquivar por ser atemorizantes o porque desbordan la capacidad de entendimiento. Uno de estos temas difíciles es la muerte, una de las protagonistas del cuento que presentamos en esta ocasión.

Los seres humanos intentamos comprender la realidad a través de símbolos, que son los elementos que usan los cuentos. La Muerte es un aspecto de la realidad, y como símbolo contiene varios significados. En primer lugar, representa el aspecto perecedero y destructor de la existencia. Es el final sin retorno de personas y cosas positivas y vivas, lo cual nos produce temor.

A la vez, este símbolo nos introduce a infiernos y paraísos, nos conduce a condiciones hasta ese momento desconocidas. En este sentido, el temor que sentimos en la humanidad ante la muerte es ante el cambio, es la resistencia a una forma de existencia desconocida. Lejos de una reabsorción en la nada, es el miedo a lo nuevo, a una situación libre de fuerzas negativas y regresivas.

Sin título
Antonio Vidal Fernández
(Cubano, nacido en 1928)
La Muerte es un paso muy inquietante para cualquier persona sin distinción. Para eso la humanidad ha ido descubriendo caminos de preparación para este tránsito. Las tradiciones se han dado cuenta de que muchos procesos de la vida son verdaderos pasajes en los que se produce “una muerte” a una condición para entrar en otra totalmente nueva. El paso de la niñez a la vida adulta es el caso humano más típico, para lo que se han elaborado muchos ritos de iniciación.


Tesoros del pueblo.

En una mitología antigua, se dice que la Muerte es hija de la Noche y tiene como hermano al Sueño. Así se rescata el valor regenerativo de la Muerte, como el de su madre y su hermano. Porque la humanidad sabe lo valioso de un buen sueño reparador y el descanso que significa la noche en un refugio cálido para el hombre. Son los grupos humanos los que van dando nombre a las distintas experiencias de la vida y a la vez descubren intuitivamente las relaciones simbólicas de esas experiencias.

El siguiente relato fue atesorado por el pueblo cubano. Como es una tradición oral, se hace muy difícil saber acerca de su origen, pero su permanencia es debida a que tiene fuerte resonancia en el corazón de los cubanos. Con serenidad se ha ido pasando de boca en boca, de generación en generación.

La versión del cuento anónimo es de Onelio Jorge Cardoso (cubano, 1914-1986). Fue un importante narrador, conocido en su tierra como el “Cuentero mayor”. Decía: “Al hombre no le basta con el pan sino que también necesita soñar”.



Francisca y La Muerte.

-Santos y buenos días -dijo la muerte, y ninguno de los presentes la pudo reconocer. ¡Claro!, venía la parca con su trenza retorcida bajo el sombrero y su mano amarilla al bolsillo.
-Si no molesto -dijo-, quisiera saber dónde vive la señora Francisca.
-Pues mire -le respondieron, y asomándose a la puerta, señaló un hombre con su dedo rudo de labrador:
-Allá por las cañas bravas que bate el viento, ¿ve? Hay un camino que sube la colina. Arriba hallará la casa.
«Cumplida está», pensó la muerte y dando las gracias echó a andar por el camino aquella mañana que, precisamente, había pocas nubes en el cielo y todo el azul resplandecía de luz.

Andando pues, miró la muerte la hora y vio que eran las siete de la mañana. Para la una y cuarto, pasado el meridiano, estaba en su lista cumplida ya la señora Francisca.
«Menos mal, poco trabajo; un solo caso», se dijo satisfecha de no fatigarse la muerte y siguió su paso, metiéndose ahora por el camino apretado de romerillo y rocío.

Mujer
Fidelio Ponce de León
(Cubano, 1845-1949)
Efectivamente, era el mes de mayo y con los aguaceros caídos no hubo semilla silvestre ni brote que se quedara bajo tierra sin salir al sol. Los retoños de las ceibas eran pura caoba transparente. El tronco del guayaba soltaba, a espacios, la corteza, dejando ver la carne limpia de la madera. Los cañaverales no tenían una sola hoja amarilla. Verde era todo, desde el suelo al aire y un olor a vida subiendo de las flores.

Natural que la muerte se tapara la nariz. Lógico también que ni siquiera mirara tanta rama llena de nido, ni tanta abeja con su flor. Pero, ¿qué hacerse?; estaba la muerte de paso por aquí, sin ser su reino.
Así, pues, echó y echó la muerte por los caminos hasta llegar a casa de Francisca:
-Por favor, con Panchita -dijo adulona la muerte.
-Abuela salió temprano -contestó una nieta de oro, un poco temerosa aunque la parca seguía con su trenza bajo el sombrero y la mano en el bolsillo.
-¿Y a qué hora regresa? -preguntó.
-¡Quién lo sabe! -dijo la madre de la niña-, Depende de los quehaceres. Por el campo anda, trabajando.
Y la muerte se mordió el labio. No era para menos seguir dando rueda por tanto mundo bonito y ajeno.
-Hace mucho sol. ¿Puedo esperarla aquí?
-Aquí quien viene tiene su casa. Pero puede que ella no regrese hasta el anochecer o la noche misma.
«¡Contra!», pensó la muerte, «se me irá el tren de las cinco. No; mejor voy a buscarla». Y levantando su voz, dijo la muerte:
-¿Dónde, al fijo, pudiera encontrarla ahora?
-De madrugada salió a ordeñar. Seguramente estará en el maíz, sembrando.
-¿Y dónde está el maizal? -preguntó la muerte.
-Siga la cerca y luego verá el campo arado detrás.
-Gracias -dijo seca la muerte y echó a andar de nuevo.
Pero miró todo el extenso campo arado y no había un alma en él. Sólo garzas. Soltóse la trenza la muerte y rabió:
«¡Vieja andariega, dónde te habrás metido!». Escupió y continuó su sendero sin tino.

Una hora después de tener la trenza ardida bajo el sombrero y la nariz repugnada de tanto olor a hierba nueva, la muerte se topó con un caminante:
-Señor, ¿pudiera usted decirme dónde está Francisca por estos campos?
-Tiene suerte -dijo el caminante- , media hora lleva en casa de los Noriegas. Está el niño enfermo y ella fue a sobarle el vientre.
-Gracias -dijo la muerte como un disparo, y apretó el paso.
Sin título
Humberto Hernández Martínez
"El Negro"
(Cubano, nacido en 1958)

Duro y fatigoso era el camino. Además ahora tenía que hacerlo sobre un nuevo terreno arado, sin trillo, y ya se sabe cómo es de incómodo sentar el pie sobre el suelo irregular y tan esponjoso de frescura, que se pierde la mitad del esfuerzo. Así por tanto, llegó la muerte hecha una lástima a casa de los Noriegas:
-Con Francisca, a ver si me hace el favor.
-Ya se marchó.
-¡Pero, cómo! ¿Así, tan de pronto?
-¿Por qué tan de pronto? -le respondieron-. Sólo vino a ayudarnos con el niño y ya lo hizo. ¿A qué viene extrañarse?
-Bueno... verá - dijo la muerte turbada-, es que siempre una hace su sobremesa en todo, digo yo.
-Entonces usted no conoce a Francisca.
-Tengo sus señas -dijo burocrática la Impía.
-A ver; dígalas -esperó la madre. Y la muerte dijo:
-Pues..., con arrugas; desde luego ya son sesenta años...
-¿Y qué más?
-Verá..., el pelo blanco..., casi ningún diente propio..., la nariz, digamos...
-¿Digamos qué?
-Filosa.
-¿Eso es todo?
-Bueno..., por demás nombre y dos apellidos.
-Pero usted no ha hablado de sus ojos.
-Bien; nublados..., sí, nublados han de ser..., ahumados por los años.
-No, no la conoce -dijo la mujer-. Todo lo dicho está bien, pero no los ojos. Tiene menos tiempo en la mirada. Ésa, quien usted busca, no es Francisca.
Y salió la muerte otra vez al camino. Iba ahora indignada, sin preocuparse mucho por la mano y la trenza, que medio se le asomaba bajo el ala del sombrero.

Anduvo y anduvo. En casa de los González le dijeron que estaba Francisca a un tiro de ojo de allí, cortando pangola para la vaca de los nietos. Mas, sólo vio la muerte la pangola recién cortada y nada de Francisca, ni siquiera la huella menuda de su paso.
Entonces la muerte, quien ya tenía los pies hinchados dentro de los botines enlodados, y la camisa negra, más que sudada, sacó su reloj y consultó la hora:
-¡Dios! ¡Las cuatro y media! ¡Imposible! ¡Se me va el tren!
Y echó la muerte de regreso, maldiciendo.
Mientras, a dos kilómetros de allí, escardaba de malas hierbas Francisca el jardincito de la escuela. Un viejo conocido pasó a caballo y, sonriéndole, le tiró a su manera el saludo cariñoso:
-Francisca, ¿cuándo te vas a morir?
Ella se incorporó asomando medio cuerpo sobre las rosas y le devolvió el saludo alegre:
-Nunca -dijo-, siempre hay algo que hacer.


Sin título
Amelia Peláez
(Cubana, 1896-1968)


domingo, 30 de junio de 2013

EL NIÑO QUE NO HABLABA

La comunicación.

El arte de la conversación
René Magritte
(belga, 1898-1967)
Las personas somos sociales por naturaleza, necesitamos comunicarnos con los demás. La mejor circunstancia para el intercambio es lo que denominamos el “cara a cara”, sea de dos o más personas. Nada puede sustituir este tipo de encuentro aunque han crecido ampliamente las herramientas para comunicarnos.

La comunicación humana abarca la dimensión verbal y la no verbal. La primera se basa en el lenguaje, el uso de la palabra, oral y escrita.

La comunicación no verbal incluye los gestos, el rostro, la mirada. También el modo de vestir, de habitar en un lugar, y las conductas inconscientes.

El siguiente cuento nos muestra un aspecto de la maravillosa comunicación humana.


El niño que no hablaba
Era un niño que no hablaba. Todos los exámenes médicos llevaban a la misma conclusión: gozaba de una salud excelente, sus cuerdas vocales estaban perfectas, la razón de su mutismo era desconocida.
El niño creció bien formado y vigoroso, pero seguía sin hablar. Cursó sus estudios como pudo, aprobando los examenes escritos y suspendiendo los orales, y con motivo. Se le encontró un buen trabajo en el que no necesitaba hablar.

Un día, con veintiséis años, estaba tomando té en casa de una amiga de su madre, cuando de repente dijo:

-  ¿Me puedes dar un poco más de azúcar?

La sorpresa se apoderó de los allí presentes. La madre gritó.

-  ¿Hablas?

El joven se limitó a asentir con la cabeza.

-  Pero ¿por qué no has hablado nunca? - dijo la madre - ¿por qué te has pasado todos estos años en el más absoluto de los silencios? ¿por qué no has pronunciado una sóla palabra?

El joven contestó:

-  Porque, hasta hoy, todo iba bien.


El lenguaje del hombre.

Comprender y expresar son condiciones básicas de nuestra vida en sociedad. Comprender es apropiarse de la realidad, clasificarla según un esquema accesible a los miembros de esa comunidad. Expresar es hacer eficaz nuestra voluntad, es dejar constancia de nuestra presencia actuando sobre los demás. En este proceso, el lenguaje actúa como cauce y como medio. En este sentido todos los grupos humanos, por primitivos que sean, tienen un lenguaje.

El almuerzo en el jardín de Monet
Claude Monet
(francés, 1840-1926)
El lenguaje es una actividad que nace con el hombre, que sólo a él pertenece y que le permite relacionarse. Aunque el vocablo “lenguaje” se aplica también a otros ámbitos, como el lenguaje de las flores o el de las señales de tránsito, éstas son formas metafóricas de hablar.

La gestación del lenguaje es el hecho social por excelencia. Muchas generaciones intervienen en su realización. Cada palabra es una admirable obra de entendimiento y consenso. El lenguaje le permite al ser humano tanto relacionarse con su presente, como conocer aspectos de su pasado y proyectar parte de su porvenir.

Imaginemos la compleja experiencia del hombre primitivo que, sin contar con un conjunto de signos que todos pudieran reconocer, intentaba explicar a sus congéneres dónde se encontraba el alimento necesario y que necesitaba de la ayuda de otros para traerlo adonde estaban. Los idiomas que hoy hablamos se originaron en aquella experiencia prehistórica realizada con torpes gestos y sonidos groseros.

A pesar de lo imprescindible de la comunicación verbal, muchos idiomas han desaparecido. Hoy en el mundo se hablan 6.000 lenguas distintas, algunas muy cercanas a su extinción.


El lenguaje en nuestro tiempo.

El joven del cuento muestra que necesitamos hablar cuando hay problemas, cuando no todo va bien. La narración expone, de manera graciosa, la postura de la teoría evolutiva del hombre con respecto al lenguaje. Según Charles Darwin (inglés, 1809-1882), el habla surge para ejercer la atracción sexual, y también para marcar territorio, es decir, expulsar a cualquier tipo de invasor.

La conversación
Henri Matisse
(francés, 1869-1954)
Actualmente más que nunca se impone el dominio de la palabra, favorecido por el desarrollo científico y tecnológico, los movimientos migratorios, las relaciones entre los pueblos y la inmensidad de organizaciones económicas, culturales y educativas.

Ante todo, hablar es una forma de compasión humana. Nos imaginamos la cara de sorpresa de la madre del joven al escuchar hablar por primera vez a su hijo. Es el consuelo que buscaba la madre al esfuerzo realizado para que su hijo pudiera tener las herramientas indispensables para vivir. Nos hace pensar en otras situaciones en las cuales se priva a personas de la misericordia que implica hablarles, a veces por capricho o resentimiento, otras veces para castigar, como sucede con los presos de mala conducta.

Otras veces el problema es el exceso en el habla. Por eso, un reconocido conocedor de la naturaleza humana, Sigmund Freud (austríaco, 1856-1939), planteaba: “Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla”. Es impresionante la cantidad de conversaciones y de comunicaciones que existen en nuestra vida, y la necesidad creciente de algo de silencio, que pasen cosas que no requieran de la palabra explicativa. Del cuento leído entendemos que el habla es para solucionar, pero que también hay cosas que están bien y no necesitan palabras.


Por la complejidad de la comunicación humana se vuelve difícil encontrar criterios adecuados para las variadas situaciones. Para nuestra reflexión personal, tenemos el cuento y el siguiente proverbio árabe: “Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas”.

El arte de la conversación
Eugenio Fernández Granell
(gallego, 1912-2001)



domingo, 16 de junio de 2013

EL SANTO DE REPENTE SORDO

El ambiente del relato.

El desierto significa una inmensa extensión superficial, estéril, que oculta la realidad. Por eso, en la tradición, hay muchas personas que se van a vivir allí para buscar lo más esencial de la vida. Esto puede suceder con un hombre religioso que se recluye en un monasterio, pero también se da en un científico que en un laboratorio investiga sobre cuestiones desconocidas, como también en un empleado con un trabajo rutinario durante muchos años.

Transmutación III
Basil Alkazzi (Kwaiti, n. en 1938)
Para algunos el desierto representa al ser superficial que recorre la vida a ciegas, sin percibir su profundidad. Puede ser alguien al que sólo le preocupa la opinión de los demás, que está pendiente de cuestiones externas y se desvive por aparentar, como por ejemplo aquellos que se preocupan por la edad, negando el paso de los años. También es superficial aquel que se aferra a lo literal, a los mandatos sociales, convirtiéndose en alguien rígido y estéril.

Para otros representantes de la tradición el desierto, al ser un lugar despojado de todo, es el espacio donde se puede encontrar con el único importante. Allí se hace visible el Ser o la fuerza que sostiene la realidad, el principio de todo lo que existe. Recordemos, en este sentido, que los relatos evangélicos sitúan a Jesús en el desierto cuando tiene que tomar decisiones importantes. Así sucede antes de salir a predicar o antes de elegir a sus discípulos.

El desierto puede ser un espacio estéril, superficial; o ser el ámbito del encuentro con Dios o con lo más esencial de la vida. En el segundo caso, el desierto se vuelve fecundo, por la presencia de Dios o a la fuerza de la vida.

En el caso del cuento de hoy, la anciana va al desierto a buscar sabiduría. Nos parecemos a ella cuando, en las acciones de nuestra propia vida, en el entorno que nos haya tocado, buscamos consejo para nuestras decisiones o para entender el sentido de lo que nos toca atravesar.


El ermitaño del desierto.

El símbolo del ermitaño está en todas las culturas, sea como un sabio que se ha alejado del mundo, o como un brujo que vive apartado de la tribu. Es el que se va al desierto por decisión propia, para llegar de ese modo a lo más hondo de la realidad y desde allí estar al servicio de los otros. Por eso, si bien está alejado del espacio de la comunidad, no se desvincula, sino que con su ejemplo, palabras y actitud colabora con sus semejantes para superar lo superficial de la vida. Así, está físicamente lejos, pero de corazón en el centro de
la realidad.
Derviche
Miniatura Persa, 1615

El ermitaño ayuda a quienes se han perdido. Se sumerge en la sabiduría, y también es signo de prudencia y cautela. Estas son las virtudes de la vida en el desierto, que irá transmitiendo a los que se acerquen a él.

Encontramos un cierto aislamiento en el ermitaño. Sabemos que los que buscan la verdad suelen sentir que su tarea tiene como destino esa soledad. Así sucede con muchos investigadores y estudiosos. También se da en el hombre de campo, aún en nuestro tiempo, cuando sentado en el más moderno de los tractores recorre su terreno en soledad arando la tierra.

En nuestro tiempo es un símbolo muy popular. Especialmente los adolescentes y jóvenes respetan la figura del ermitaño, no para imitarlo, sino para tenerlo como protector y consejero. Películas como “El Señor de los Anillos” o “La guerra de las galaxias” apelan a esta imagen, atribuyéndole el consejo y la sabiduría.

En otros contextos, el ermitaño significa la paciencia, el tiempo que todo lo cura, el espíritu de sacrificio que lo resuelve todo, además de la lentitud en el estudio, del recogimiento, de la oración. Indica que hay que caminar despacio por la vida, mirando bien dónde se ponen los pies, sea en el plano de los negocios o de los asuntos personales. Invita a relajar los nervios, calmar las tensiones y dominar las inquietudes por medio del auto control y del relajamiento.

Para el cuento que ahora presentamos, tengamos en cuenta el doble movimiento que se produce en él. Son los movimientos de la anciana hacia el ermitaño, indicando el amor a la sabiduría, y el del ermitaño hacia la anciana, mostrando la sabiduría del amor, es decir, la santidad. Esta doble acción es posible en cada uno de nuestros corazones.


El santo de repente sordo.

El comportamiento de los verdaderos maestros puede parecer a veces sorprendente, incluso increíble, como en esta historia árabe.

Anciana
Suad al-Attar
(iraquí, n. en 1942)
Una anciana caminaba desde hacía años para encontrarse cara a cara, pero sólo durante unos instantes, con un santo ermitaño de prodigiosa reputación que vivía en un desierto. Dicho desierto estaba atestado de peregrinos que acudían de todos los lugares del mundo para recbir sus admirables palabras, tocar la tierra que se encontraba ante él, enfrentarse a su mirada (la gente decía que aquella mirada había visto a Dios) y luego partir.

Esos peregrinos vivían en tiendas o dormían al raso. Hábiles comerciantes vendían en el desierto todo lo necesario para vivir e incluso baratijas. Hombres y mujeres esperaban, formando una larga fila que serpenteaba por entre las rocas y avanzaba muy lentamente hacia la entrada de la cueva donde estaba el ermitaño, acompañado por dos sirvientes.

La anciana que había consagrado todas las fuerzas que le quedaban para hacer ese viaje, esperó como el resto. Aquella espera duró varias semanas. La anciana avanzaba al lento ritmo de la fila, gastando sus últimas monedas en comprarles un poco de comida a los vendedores ambulantes, que no dejaban de pasear por allí anunciando a grito pelado sus productos.

Cuando vio que su turno de ver al santo se acercaba, su corazón se aceleró. Se sentía presa de la emoción. No podía creer que un encuentro tan largo tiempo deseado fuera a producirse aquel mismo día. No se atrevía ni a levantar la mirada hacia el rostro del ermitaño, que estaba sentado a la entrada de su cueva.

Cuando el peregrino que la precedía se retiró, uno de los sirvientes fue a tomarla por el brazo para ayudarla a recorrer los pocos metros que la separaban del santo.

Tras lo cual ella se sentó. Pero, al hacerlo, perdió el dominio de su cuerpo y se tiró un pedo. Un pedo muy sonoro.

Terriblemente confusa, se encontraba frente al ermitaño sin saber qué decir ni qué hacer, pensando en levantarse y huir. Pero el ermitaño se inclinó hacia ella y le preguntó, con la mano colocada como una concha marina alrededor de su oreja:
-¿Qué dices?

La anciana levantó la mirada y lo miró. Se encontró con los ojos inocentes y afables del ermitaño, que seguía inclinado hacia ella. Y el ermitaño le volvió a decir:
-He perdido mucho el oído. Habla un poco más alto, te lo ruego. ¿Qué me has dicho?

La felicidad invadió a la mujer en cuerpo y alma como el agua cálida y perfumada. Sonrió y le dijo al ermitaño lo que había ido a decirle. El ermitaño, con la mano todavía colocada alrededor de su oreja, la escuchó muy atentamente, asintiendo con la cabeza para demostrarle que la comprendía, que hablaba lo suficientemente alto. Luego contestó con calma e inteligencia, y fue la vieja quien tuvo que escuchar asintiendo con la cabeza. Después besó el suelo a los pies del santo y se retiró muy feliz.

Cuando el siguiente visitante se presentó ante el ermitaño, éste mantuvo la mano alrededor de la oreja. Quería que todo el mundo lo tomase por sordo, para que nadie pudiese informar a la anciana del subterfugio.

Hizo otro tanto con los restantes visitantes, pidiéndoles que hablasen más alto cuando se dirigían a él. Todos le obedecieron.

Se comportó así durante meses, durante años, con los peregrinos, con sus sirvientes. Sólo escuchaba acercándose la mano a una de sus orejas. Y todo el mundo decía de él que era sordo.


Un día, diecisiete años más tarde, supo de la muerte de la anciana. Entonces bajó la mano, sonrió, llamó a cuantos lo rodeaban y anunció que el Señor, mediante un inexplicable milagro, acababa de devolverle el oído.


Sin título
Rachid Koraïchi
(argelino, n. en 1947)



viernes, 31 de mayo de 2013

EL ENJAULADO

Escenografía del cuento

No se dice en qué lugar del mundo se desarrolla esta historia, ni en qué momento. Se menciona una bebida exquisita, el té de Cachemira. Esta infusión se prepara con té verde, primero hervido en agua con varias especias, que lo hacen sabroso y ligeramente picante. A este primer resultado se lo hierve con leche y una pizca de sal. Tiene sutiles propiedades para calmar los nervios y mejorar el sistema digestivo.

Paisaje de Cachemira
Ghulam Rasool Santosh
(Cachemira, 1929-1997)
La región de donde proviene esta preparación está en el norte del subcontinente indio, al sur de la Cordillera de los Himalayas. La zona, de gran belleza, que fue denominada “el jardín secreto” por un antiguo gobernante, se la conoce por sus productos textiles. Actualmente es una zona de conflicto entre Pakistán, India y China.

El anciano del siguiente cuento, que invita a su amigo con esta infusión, le está otorgando un trato excelente, de profundo afecto. La experiencia le da sabiduría al ser humano dispuesto a recibirla. Aprender de la vida es virtud, y es una maravilla recibir atenciones y consejos de los ancianos que han vivido con esa actitud.


El cuento.

Ésta es la historia de un loro muy contradictorio. Desde hacía un buen número de años vivía enjaulado, y su propietario era un anciano al que el animal hacía compañía. Cierto día, el anciano invitó a un amigo a su casa a deleitarse con un sabroso té de Cachemira.

Los dos hombres pasaron al salón donde, cerca de la ventana y en su jaula, estaba el loro. Se encontraban los dos hombres tomando el té, cuando el loro comenzó a gritar insistente y vehementemente:
--¡Libertad, libertad, libertad!
El loro verde
Vincent van Gogh
(neerlandés, 1853-1890)

No cesaba de pedir libertad. Durante todo el tiempo en que estuvo el invitado en la casa, el animal no dejó de reclamar libertad. Hasta tal punto era desgarradora su solicitud, que el invitado se sintió muy apenado y ni siquiera pudo terminar de saborear su taza. Estaba saliendo por la puerta y el loro seguía gritando: “!Libertad, libertad!”.

Pasaron dos días. El invitado no podía dejar de pensar con compasión en el loro. Tanto le atribulaba el estado del animalillo que decidió que era necesario ponerlo en libertad. Tramó un plan. Sabía cuándo dejaba el anciano su casa para ir a efectuar la compra. Iba a aprovechar esa ausencia y a liberar al pobre loro. Un día después, el invitado se apostó cerca de la casa del anciano y, en cuanto lo vio salir, corrió hacia su casa, abrió la puerta con una ganzúa y entró en el salón, donde el loro continuaba gritando: “!Libertad, libertad!” Al invitado se le partía el corazón.

¿Quién no hubiera sentido piedad por el animalito? Presto, se acercó a la jaula y abrió la puertecilla de la misma. Entonces el loro, aterrado, se lanzó al lado opuesto de la jaula y se aferró con su pico y uñas a los barrotes de la jaula, negándose a abandonarla. El loro seguía gritando:
!Libertad, libertad!”


La enseñanza del maestro.

Para ayudarnos a pensar las enseñanzas de los cuentos, la tradición suele agregarles una cita. En este cuento, el comentario es el siguiente: “El Maestro dice: Como este loro, son muchos los seres humanos que dicen querer madurar y hallar la libertad interior, pero que se han acostumbrado a su jaula interna y no quieren abandonarla”. La enseñanza queda centrada en el loro y en el reclamo de libertad.

Dios del Amor sobre su loro.
(India, Grabado del s.XVIII)
En la tradición, el loro sugiere la figura del guardián, capaz de acompañar a una persona, como el anciano del cuento. Su habilidad de “hablar”, lo convierte en un símbolo de la comunicación, aunque, a veces, significa la parodia no maliciosa. “Hablar como loro” es un dicho que se refiere a la sobreabundancia en la expresión oral, o a la repetición sin conocimiento del sentido de las palabras. Es uno de los aspectos resaltados en la narración.

En el subcontinente indio, el loro es una figura mítica que ayuda al alma del ser humano a volar. Esta ave tiene un aspecto bello, especialmente referido al color de su plumaje. También, en aquella región, es un símbolo del amor.

En el relato, el loro reclama uno de los dones más preciados de todos los hombres: la libertad. Es lo más evidente que tenemos en nuestra naturaleza humana, el principio que nos permite obrar, como también pensar y hablar, sin hipocresía. Por ella vale la pena vivir la aventura de la vida.

El Maestro enseña que, si no se vive la libertad interior, no hay libertad plena. Es uno de los principios que aplicaba Mahatma Gandhi (1869-1948) en su acción independentista: “No se nos otorgará la libertad externa más que en la medida exacta en que hayamos sabido, en un momento determinado, desarrollar nuestra libertad interna”.

El invitado se equivoca al ignorar el hecho de que la libertad es inherente al ser humano, no la recibimos de nadie sino que está en nosotros por lo que somos. Si queremos ayudar a alguien, lo que tenemos que hacer es acompañar el camino interior para que cada persona alcance su libertad interior y, con el mismo respeto, unirse a otros para vivir una auténtica libertad en común. Si no lo hacemos así, hacemos el daño que provoca el visitante, es decir, provocamos el terror del loro.


Otro aspecto del cuento.

Sin título
Ghulam Rasool Santosh
(Cachemira, 1929-1997)
La conclusión del cuento propuesta por el Maestro nos abre las puertas a otro aspecto de las relaciones humanas, más delicado de tratar. Cuando el amigo organiza un plan para atender los reclamos del loro, comete otro error: la ingratitud con el anciano que le ha brindado una magnífica recepción. Llama la atención que el visitante abandone el encuentro sin terminar de saborear el té, y en ningún momento se proponga hablar con el noble anciano que tan bien lo ha tratado.

La amistad sólo podría tener lugar a través del desarrollo del respeto mutuo y dentro de un espíritu de sinceridad. Y en las dos formas falla el visitante. Primero no respeta al anciano suponiendo que no tiene compasión por el ave que lo acompaña. En segundo lugar, no es sincero con su anfitrión, y no le cuenta de su aflicción por la queja del loro.

Una relación de amistad tiene principios inamovibles. Como expresa Gabriela Mistral (chilena, 1889-1957): “Decir amistad es decir entendimiento cabal, confianza rápida y larga memoria; es decir, fidelidad”. La verdadera amistad no debe ser sospechosa en nada. En el caso del cuento, el visitante deja una capa de duda sobre el anciano, sin ninguna justificación. De esta manera, creyéndose un liberador del ave, la aterroriza, invade vanidosamente el lugar del anfitrión. Se dice que la amistad humana es muy difícil de llevar adelante. Exige inteligencia, afecto sincero y dedicación constante. Si la respetamos, nos lleva por el buen camino.

En el cuento se aplica un dicho popular que acompaña la vida de los hombres con su sabiduría: “el que da pan a perro ajeno, pierde el pan, pierde el perro y la amistad de su dueño”.


Sin título
Shrikant Kadam
(India, n. en 1973)



jueves, 16 de mayo de 2013

PROBLEMA


Noticias de la porcelana.

Vasija con flores
Jan Brueghel el Viejo
(flamenco, 1568-1625)
Los objetos de porcelana tienen origen chino. El material fue descubierto alrededor del siglo II d.C. en Oriente. La noticia fue llevada a Occidente recién el siglo XIII por Marco Polo (veneciano, 1254-1324), quien hizo un viaje de 24 años recorriendo, entre otras cosas, la famosa Ruta de la Seda. “El libro del millón” es el texto que consigna sus experiencias orientales. Allí cuenta de este material, duro y blanco como la concha de un molusco, el cauri, que en italiano se denomina porcella. Como se pensó erróneamente que el material venía del molusco, se lo llamó porcelana.

Los objetos de porcelana se hacen con una compleja pasta elaborada principalmente con caolinita y cuarzo. Una vez moldeado el recipiente deseado, se lo cocina durante 12 horas a más de 1.400 °C. Este proceso fue descubierto en Occidente recién en el siglo XVIII, por un químico inglés. Debido a las nobles propiedades de la porcelana tales como la dureza, la durabilidad, la blancura, su alta resistencia al paso de la electricidad, y su alta elasticidad, es que hoy en día es usada en artículos de cocina, baldosas, y objetos de arte. También es usada como aislante eléctrico.

Estas indicaciones nos permiten apreciar con mayor profundidad, lo que se plantea en el siguiente cuento de origen chino.


El problema.

El Gran Maestro y el Guardián se dividían la administración de un Monasterio.

Cierto día, el Guardián murió y fue preciso substituirlo.

El Gran Maestro reunió a todos los discípulos para escoger quién tendría el honor de trabajar directamente a su lado.

Paisaje
Zhu Ruoji "Shitao"
(chino, 1642-1707)
- Voy a presentarles un problema, - dijo el Gran Maestro - y aquél que lo resuelva primero, será el nuevo guardián del Templo.

Terminado su corto discurso, colocó un banquillo en el centro de la sala; encima estaba un florero de porcelana seguramente carísimo, con una rosa roja que lo decoraba.

- Éste es el problema; - dijo el Gran Maestro - resuélvanlo.

Los discípulos contemplaron perplejos el "problema", por lo que veían los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y la elegancia de la flor.

¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál sería el enigma?

Pasó el tiempo sin que nadie atinase a hacer nada salvo contemplar el "problema", hasta que uno de los discípulos se levantó, miró al Maestro y a los alumnos, caminó resolutamente hasta el florero y lo tiró al suelo, destruyéndolo.

- ¡Al fin alguien que lo hizo! - exclamó el Gran Maestro - ¡Empezaba a dudar de la formación que les hemos dado en todos estos años!. Usted es el nuevo guardián.

Al volver a su lugar el alumno, el Gran Maestro explicó:

- Yo fui bien claro: dije que ustedes estaban delante de un "problema". No importa cuán bello y fascinante sea un problema, tiene que ser eliminado.

Un problema es un problema; puede ser un florero de porcelana muy caro, un camino que precisa ser abandonado, por más que insistimos en recorrerlo porque nos trae bienestar... Solo existe una manera de lidiar con un problema: atacándolo de frente”.


Esquema del problema

Naturaleza muerta
Giorgio Morandi
(italiano, 1890-1964)
La palabra problema de nuestro idioma proviene del griego, pasando luego por el latín. En la lengua original, se conforma con dos partes. La primera es pro, indicando lo que va delante. La segunda proviene del verbo bállein, que significa arrojar, echar. Por lo tanto, el sentido original es “lo que ha sido arrojado adelante”, o también “lo que obstruye el camino”.

El problema es una situación ante la cual no podemos quedarnos indiferentes, sino que debemos tomar una actitud. Los pensadores clásicos hablaban de tres reacciones posibles ante el problema. La primera es dar marcha atrás, y desandar el camino. El obstáculo queda y nosotros retrocedemos, renunciando al itinerario que llevábamos.

La segunda posibilidad es esquivar el problema en lugar de encararlo. Buscamos una ruta alternativa, lo rodeamos. Lo cierto es que el obstáculo también permanece, y nuestra renuncia al camino o al medio de transporte no varía en nada su presencia.

La tercera es enfrentar el obstáculo y buscar la forma de removerlo del camino, de tal modo que la ruta quede despejada para poder proseguir. Encarar el problema es enfrentarlo, analizarlo y buscar la manera de eliminarlo. Esta actitud significa encontrar la pregunta que nos conduzca a una respuesta, con la cual esperamos encontrar una solución. El final de esta tercera actitud, entonces, es la “solución”, que habla de disolver, resolver, en definitiva, remover el obstáculo y no cambiar el itinerario.

Un problema, entonces, es un determinado asunto o una cuestión que requiere de una solución. En el cuento se nos presenta a los aspirantes a guardianes del Templo en situación de perplejidad, sin encontrar la pregunta que el Maestro les plantea con el jarrón. Pero hay uno que entiende bien lo que es un problema, y lo resuelve con la actitud adecuada.

Aparecen problemas en los distintos órdenes de la vida. Por ejemplo, los de nivel social, que se relacionan con planteos como: “mañana tenemos que pagar una deuda y no nos alcanza el dinero”, o “tengo que hacer la tarea para no tener problemas con la maestra”. A veces, esta palabra hace referencia a disgusto o preocupación: “El hijo de Laura y Miguel no para de darles problemas”. En estos casos humanos, como en aquellos más filosóficos y también los científicos, la actitud estará en encontrar la pregunta correspondiente, para dar la respuesta adecuada.


Un ejemplo legendario.

Mestrio Plutarco (griego, ca. 46-120 d.C) fue un historiador, biógrafo y ensayista. Tiene una obra llamada “Vidas Paralelas” en la cual presenta treinta dos comparaciones de personajes famosos. Algunos pocos han llegado a nuestro tiempo, otros se han perdido, y en general hay bastantes lagunas en el texto. Entre las comparaciones que conocemos figura la de Alejandro Magno (griego, 356 - 323 a.C.) con Julio César (romano, 100 - 44 a.C.). La intención del historiador no es tanto la fidelidad de los datos, como presentar la influencia del carácter en las realizaciones de los personajes comparados.

Vasija con flores
Friedrich Stowasser
(austríaco, 1928-2000)
En este contexto, cuenta una anécdota famosa de Alejandro Magno. Una de las versiones dice que en sus campañas de conquista, Alejandro llega a la Península de Anatolia, en la actual Turquía, luego de vencer a los persas. La capital de esta región se llamaba Gordion. Luego de tomarla, el Conquistador asienta en la ciudad su cuartel general.

Cuenta Plutarco que en aquella ciudad existía una creencia que llamó poderosamente la atención de Alejandro. Había, en el lugar sagrado, un carro de oro que estaba atado con una corteza de árbol trenzada, de tal modo que nadie era capaz de desatar aquel nudo. La creencia decía que aquel que fuera capaz de soltar aquel nudo sería el Rey de toda Asia.

Alejandro Magno aceptó el desafío. Lo rodearon todos sus lugartenientes y los grandes hombres de la ciudad. Pero después de un rato, y con las manos muy doloridas, no conseguía soltar el nudo. Cuenta Plutarco que entonces “desesperado, tomó su espada y lo cortó de un tajo”. Y así, entendiendo bien la pregunta, llegó a invadir la India y a ser considerado Rey de Asia.

Tanto el cuento chino, como el relato de Plutarco, nos enseñan a lidiar con los problemas, con los obstáculos que se interponen en nuestro camino. Nos aconsejan enfrentar el obstáculo y resolverlo, quitarlo del itinerario, buscando la pregunta para hallar la respuesta adecuada.


La anunciación de buenas noticias
Friedrich Stowasser (austríaco, 1928-2000)




domingo, 28 de abril de 2013

EL CIERVO ESCONDIDO


Hace tiempo en un lugar.

Camellos en el desierto
Wu Guanzhong
(chino,  1919-2010)
Los cuentos son ficciones, pero que suelen tener algunas referencias concretas, que nos ayudan a entender su mensaje. El siguiente es un relato situado en Cheng, un pequeño territorio en el centro de China. El lugar tiene una larga historia, desde civilizaciones primitivas que se remontan a 6.000 años antes de Cristo. Situado en una de las provincias chinas de la famosa “ruta de la seda”, es un sitio continental influenciado por variadas culturas.

El cuento que citamos a continuación, está en uno de los libros más conocidos del taoísmo, que se llama Lie Tse, probablemente originado en maestros del siglo III a.C.

Muchos de estos relatos se encuentran diseminados en Occidente. Uno de los escritores modernos que nos acercó estas enseñanzas fue Lin Yutang.


El ciervo escondido.

Un leñador de Cheng se encontró en el campo con un ciervo asustado y lo mató. Para evitar que otros lo descubrieran, lo enterró en el bosque y lo tapó con hojas y ramas. Poco después olvidó el sitio donde lo había ocultado y creyó que todo había ocurrido en un sueño. Lo contó, como si fuera un sueño, a toda la gente. Entre los oyentes hubo uno que fue a buscar el ciervo escondido y lo encontró. Lo llevó a su casa y dijo a su mujer:
-Un leñador soñó que había matado un ciervo y olvidó dónde lo había escondido y ahora yo lo he encontrado. Ese hombre sí que es un soñador.
Zhuangzi sueña o es soñado

-Tú habrás soñado que viste un leñador que había matado un ciervo. ¿Realmente crees que hubo un leñador? Pero como aquí está el ciervo, tu sueño debe ser verdadero -dijo la mujer.

-Aun suponiendo que encontré el ciervo por un sueño -contestó el marido- ¿a qué preocuparse averiguando cuál de los dos soñó?

Aquella noche el leñador volvió a su casa, pensando todavía en el ciervo, y realmente soñó, y en el sueño soñó el lugar donde había ocultado el ciervo y también soñó quién lo había encontrado. Al alba fue a casa del otro y encontró el ciervo. Ambos discutieron y fueron ante un juez, para que resolviera el asunto. El juez le dijo al leñador:

-Realmente mataste un ciervo y creíste que era un sueño. Después soñaste realmente y creíste que era verdad. El otro encontró el ciervo y ahora te lo disputa, pero su mujer piensa que soñó que había encontrado un ciervo que otro había matado. Luego, nadie mató al ciervo. Pero como aquí está el ciervo, lo mejor es que se lo repartan.

El caso llegó a oídos del rey de Cheng y el rey de Cheng dijo:

-¿Y ese juez no estará soñando que reparte un ciervo?


El sueño en la vida.

Según las correspondientes investigaciones un hombre de 60 años habría soñado, durmiendo, un mínimo de cinco años. Si el sueño ocupa un tercio de vida, alrededor del 25 % del sueño está atravesado por sueños. Pero no solamente se sueña dormido, sino que debemos agregar el sueño despierto y las ensoñaciones, para alcanzar una parte impresionante de la vida.

Bazar (2000)
Zoran Yasem
El sueño es un algo que sucede y que escapa a nuestra voluntad y responsabilidad. Por eso, el que sueña, vive esa historia como si existiese realmente fuera de su imaginación. No la puede provocar, es solamente su testigo.

Para comunicarse con nuestra mirada conciente, el fenómeno de soñar utiliza el relato y los símbolos. Algunos lo interpretan como señales del estado de nuestro inconsciente y el modo de conocer nuestra alma en toda su plenitud. En los sueños residen los deseos no realizados o reprimidos como también las potencialidades de todo lo que somos capaces de hacer. Todo esto se manfiesta a nuestra mente en símbolos y relatos, algunos aparentemente de lo más absurdos.

Como en el cuento presentado, el sueño cumple funciones muy importantes para la vida humana. Hace surgir impulsos reprimidos durante el día para eliminarlos. Otras veces presenta problemas que se están ocultando, y en otras ocasiones encontramos soluciones representadas claramente. Su función selectiva alivia la vida consciente.

Quizás la función más importante del sueño sea la de establecer un equilibrio compensador en el psiquismo de una persona. Lo que deseamos, lo que nos angustia, o aquello a lo que aspiramos, encuentran un contrapeso saludable en las imágenes que se presentan en el sueño. En toda circunstancia de la vida, el descanso nos da equilibrio y nuestro mundo onírico nos brinda su luz y, la mayoría de las veces, su solución.


La relidad del sueño.

Gracias a la tradición y a muchos estudiosos contemporáneos, hoy podemos entender que la realidad abarca, en cada persona, dos ámbitos: lo que vive despierta, en lo que se llama vigilia, y lo que vive durmiendo, en el sueño y en las ensoñaciones. Estos dos espacios de vida, que aparentemente están tan lejanos uno del otro, son muy cercanos y complementarios, de tal forma que constituyen la única realidad.

La experiencia común nos señala que muchas cosas que vivimos en nuestra vida, decisiones, situaciones, lecturas, imágenes, se manifiestan de distintas maneras cuando soñamos. Del mismo modo, esas situaciones que pasan por nuestra mente cuando soñamos, aún las más extravagantes o alteradas, nos resuelven situaciones de vigilia o nos abren a dimensiones que no alcanzaríamos solo con nuestra consciencia.

Ilusión.
Wu Guanzhong
(chino,  1919-2010)
La pregunta del rey de Cheng al final del cuento citado es iluminadora: “¿Y ese juez no estará soñando que reparte un ciervo?”. Si la realidad humana está construida desde dos ámbitos, no es banal la pregunta. El juez pudo haber resuelto el caso desde sus propios sueños, y no solamente desde la aplicación de leyes conocidas. Es muy poco probable que un código de algún reino contenga leyes referidas a situaciones que se dan en los sueños.

Aprovechemos la consideración del monarca y hagámonos preguntas sobre lo que experimentamos en nuestra realidad. Por ejemplo, el nombre del reino de Cheng, ¿no vendrá del algún sueño?. Aparece en el cuento, en la antigüedad muchos se refirieron a ese lugar, pero alguien le dio el nombre por primera vez, y estamos seguros que ese primero que lo nombró no encontró el nombre escrito en ningún lado.

Nuestra propia vida es como el territorio de Cheng, un entrecruzamiento. En el caso de aquel territorio, es un intercambio de culturas y religiones. En el caso de cada uno, es un intrincado cruce de decisiones y sueños propios, de antepasados y de contemporáneos. Somos un nudo de relaciones de vigilia y también de las soñadas.

Bamboo negro (2008)
Nina Kuo (norteamericana)




 

jueves, 4 de abril de 2013

UN JUICIO

El asesinato de Santa Ludmila
Anónimo, Crónica de Dalimil
(Checoslovaquia, 1310)

Los cuentos populares suelen ser alegorías, es decir, un relato que usa lenguaje figurado para expresar una idea compleja. Sucede que en el campo ético o religioso aparecen experiencias que son muy difíciles de explicar con una palabra o un razonamiento. Entonces se usa un relato, que con sencillez muestra algo que nos llevaría largas explicaciones. Esta forma de expresión es usada en todas las tradiciones.

El lenguaje figurado que usan las alegorías está compuesto por símbolos y metáforas. La idea que encierra el relato es aplicable a muchos campos, personales o sociales, según el interés del lector. Por eso hay alegorías que vienen de muy antiguo, y aún en nuestros días son utilizadas para distintas actividades. Ejemplos como el “Mito de la Caverna” de Platón (griego, 427-347 a.C.), o las obras de teatro de William Shakespare (inglés, 1564-1616) o Calderón de la Barca (español, 1600-1681) son muy conocidos.


El Juicio.
En la Edad Media un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer. En realidad el verdadero autor era una persona muy influyente del reino y por eso desde el primer momento se procuró un chivo expiatorio para encubrir al culpable.

Recreación de una miniatura
Laura Alberich
(española)
El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasa o nula oportunidad de escapar al terrible veredicto ...la horca! El Juez también complotado cuidó no obstante de dar todo el aspecto de un juicio justo por ello dijo al acusado: "Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor vamos a dejar en manos de él tu destino, vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente. Tú escogerás y será la mano del Dios la que decida tu destino."

Por supuesto el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda culpable y la pobre víctima aún sin conocer los detalles se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa.

No había escapatoria. El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados. Éste respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse abrió los ojos y con una extraña sonrisa tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca lo engulló rápidamente.

Sorprendidos e indignados los presentes le reprocharon airadamente: "Pero qué hizo? Y ahora? Cómo vamos a saber el veredicto?" "Es muy sencillo respondió el hombre. Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos lo que decía el que me tragué".

Con rezongos y bronca mal disimulada debieron liberar al acusado y jamás volvieron a molestarlo.


Elementos importantes.

Al comienzo del cuento, y solamente allí, se menciona el motivo del juicio: el asesinato de una mujer. Como todo relato simbólico, no da ninguna situación geográfica, y menos nombres o algún dato que nos permita identificar la narración con algún hecho registrado. Apenas si se menciona la Edad Media, que poco ayuda en este sentido. El texto nos empuja a buscar el sentido de los componentes que se mencionan.

La mujer es una señal representante de lo femenino. Así rápidamente nos sumergimos en los dualismos presentes en la realidad, como es la noche y el día, lo alto y lo bajo, el cielo y la tierra y, en este caso, lo femenino y lo masculino. Estas dualidades se pueden aplicar a toda la realidad, y también a la realidad interior de cada hombre. La tradición sabe que cada ser humano es un universo en pequeño y por lo tanto, lo que observamos en el universo o en nuestro entorno pueden ser aplicadas a nuestro mundo interior, a nuestro ser, alma y cuerpo.

Sumisión al Rey René
(manuscrito francés, ca. 1469)
En el cuento se intenta encubrir el crimen acusando a un hombre de bien. El poder injusto está representado por una persona influyente y por un juez venal. Esta es una observación triste de la humanidad: el papel de las personas influyentes. Los que deberían mostrar conductas adecuadas por la responsabilidad de sus cargos, son los que realizan el crimen o lo encubren groseramente. En la alegoría representan las fuerzas oscuras de la sociedad, la malignidad que está presente en las civilizaciones.

Otro objeto que cobra relevancia en esta historia es el papel. Son dos escritos con la misma palabra: culpable. El papel es el símbolo de la fragilidad. Puede tener escrito una sentencia terrible, pero no es impedimento para que el acusado se coma uno. Deglutir el papel no le hace nada, y de esta manera salva su vida.

Finalmente, lo que genera toda la tensión del relato, las palabras de la sentencia: inocente o culpable. Entre las dos, la más importante es la primera, la que parece frágil porque ni siquiera se escribe.


La aplicación interior.

La tradición enseña que las alegorías se pueden aplicar a distintos ámbitos de lo humano: social, político, ético o religioso. También sugiere que antes de mirar los sentidos en el ámbito de interés, hay que aplicar el relato al propio interior, al corazón. “Zapatero, a tus zapatos”, dice el refrán.

Códice Manesse
(alemania,
 entre 1305 y 1315) 
Cada persona, vista en su interior, es un universo completo. La dualidad masculino y femenino están en su interior, como todas las dualidades. Una vez que superamos las referencias a la sexualidad, y entramos en el orden espiritual, lo masculino es el don y lo femenino la receptividad, en nuestras actitudes de vida. Todo ser humano, sea varón o mujer, tiene cosas para dar y recibir. De esta manera, lo masculino y lo femenino son aspectos de nuestra interioridad. También se suele decir que los aspectos racionales del ser son nuestro lado masculino, como los aspectos intuitivos son el costado femenino de nuestra personalidad. Se podrían encontrar otras analogías en nuestras características humanas.

Es importante entender, en la alegoría, que el asesinato de la mujer hace referencia al corazón humano, cuando se coarta la creatividad, la intuición, y de este modo se le quita a la persona su libertad. De muchas maneras, el lado oscuro de las civilizaciones han intentado someter al hombre para tener esclavos, para mandar a pelear con otros por intereses mezquinos. Una de las formas más contundentes para vencer al ser humano es la culpa. “Culpable” decían los dos papelitos que el juez venal había utilizado como trampa.

La solución del cuento, lo que hace sonreir con extrañeza al reo condenado a muerte, es comprender bien la propia inocencia. Lo que permite al hombre deglutir la sentencia de culpable, cambiarla para siempre, es la convicción de la propia inocencia. Algunos no saben cómo va a terminar la historia, otros pretender someter al acusado, y el reo, desde su profunda soledad, da un testimonio de inocencia.

La enseñanza primordial de la alegoría es que vivamos con inocencia. En el origen, la palabra “inocente” significa “el que no hace daño”. El inocente es el que tiene integrados todos los aspectos de su ser, los representados por lo masculino y por lo femenino. Inocente es el que da y recibe, el que armoniza razón con intuición y creatividad. Es el que deja de lado las culpas, los reproches del pasado, y vive con libertad su presente.


Interpenetración iridiscente N°5 Eucalipto
Giacomo Balla
(italiano, 1871-1958)