domingo, 9 de junio de 2019

UN REGALO

Cabeza azul
Gerard Sekoto
(sudafricano, 1913-1993)


 Una niña en África, le dio a su maestra un regalo de cumpleaños.

Se trataba de un hermoso caracol.

- "¿Dónde lo encontraste?", le preguntó la maestra.

La niña le dijo que esos caracoles se encontraban solamente en cierta playa lejana.

La maestra se conmovió profundamente porque sabía que la niña había caminado muchos kilómetros para buscar el caracol.

- "No debiste haber ido tan lejos sólo para buscarme un regalo"

La sabia niña sonrió y le contestó:

- "Maestra, la larga caminata es también parte del regalo".


De la mano de la inocencia
Los regalos de la primavera
Martiros S. Sarian
(armenio, 1880-1972)

La niña africana hace un largo camino para llevar a su maestra un regalo. Esta palabra regalo encierra un sentido sorprendente. Proviene del término latino regalis que significa lo propio de un rey, y que se origina en un verbo referido a agasajar a un rey. La niña considera a su maestra una reina. Otra posibilidad para el origen de la palabra regalo es regelar, un término latino que implica romper el hielo, es decir acariciar con agasajos para lograr una vinculación afectiva.

Si aceptamos la profundidad de los cuentos populares nos va a resultar fácil comprender que la niña es símbolo de la inocencia que está en el corazón de la maestra. Para cualquier tradición los niños significan esa actitud transparente, libre de prejuicios, curiosa y atenta, que es la puerta de entrada a los saberes. Todo relato de sabiduría intenta mostrar la interioridad de los seres humanos. Aquí la niña es la figura de la actitud básica necesaria para alcanzar el conocimiento.

La inocencia nos lleva por el camino de la vida para que encontremos el conocimiento. Por eso la niña del cuento le dice que el camino es también el regalo. La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, y no nos faltan aquellos que nos estimulan a seguirlo. Nuestro interior, ese mundo en el cual cada uno es rey, está poblado de señales y compañías para llegar al fin que todo camino tiene.
 
Sin título
Mahmoud Saiid
(egipcio, 1897-1964)
La niña ha viajado al mar para conseguir su regalo. A la maestra le resulta un itinerario largo considerando el significado de ese espacio. Es el símbolo de la dinámica de la vida, todo sale del mar y todo vuelve a él, es a la vez lugar de los nacimientos, de las transformaciones y de los renacimientos. Y también es un lugar de incertidumbre, de duda, de indecisión. De sus profundidades surgen monstruos, como los que aparecen desde el inconsciente. En el mar hay corrientes cálidas o frías, mortales o vivificantes.

La inocencia nos da su regalo: un caracol. Es un animal que llega lejos pero siempre va tranquilo, arrastrándose sin lastimarse y siempre con su casa a cuestas. Es muy hábil en su movimiento: puede caminar por el filo de un cuchillo y puede llegar alto aunque las paredes sean empinadas. Es hermafrodita, el mismo individuo produce espermatozoides y óvulos, pero no puede fecundarse a sí mismo, necesita de otro caracol para el intercambio y ambos individuos terminarán poniendo huevos.

La inocencia nos abre al conocimiento de la vida interior. Nos ayuda a comprender que en nuestra alma, creación divina, está todo lo que necesitamos para nuestra plenitud y la de los demás.

La reina del cielo
Frédéric Bruly Bouabré
(costamarfileño, 1923-2014)



domingo, 26 de mayo de 2019

LOS DOS AMIGOS

Autorretrato con un amigo
Rafael Sanzio
(italiano, 1483-1520)


Dos amigos emprendieron una excursión. Al llegar la noche, se echaron a dormir uno al lado del otro. Uno de ellos soñó que habían tomado un barco y habían naufragado en una isla.

Al despertar, comenzó a preguntarle a su compañero si recordaba la travesía, el barco y la isla. Se quedó atónito cuando el amigo le explicó que él no había tenido el mismo sueño.

No podía creerlo. Pero... ¡si era un sueño increíble! Se negaba a aceptar que el amigo no recordara la travesía, el barco y la isla.


El sueño de la comunión
El sueño
Henri Rousseau
(francés, 1855-1910)

El mundo de los sueños ha fascinado al ser humano desde siempre. Muchos se sumergen en sus profundidades y tratan de encontrar los significados ocultos. El sueño tiene dos características: es particular y peculiar. Es inconsciente como es consciente. No tiene ni final ni comienzo. Puede tener color, pero no tiene olor. Habla muchas veces de una tensión no resuelta o a veces anticipa el logro de un deseo. Puede ser un signo visible que aliente a la persona a la acción como el signo de la propia inhabilidad para actuar. Es una profecía y también una fantasía.

En el Antiguo Egipto se registraron miles de libros de sueño. Un ejemplo es el papiro Chester Beatty, de 1.300 años antes de Cristo, y algunos suponen más. El papiro ilustra los sueños de las mujeres sobre juegos, bebidas, serpientes, evidencia legal, animales, y muchas más cosas. Con estas señales se interpretaban los acontecimientos y las circunstancias sean de un grupo como de los individuos. Otro ejemplo de civilización con vinculación a los sueños es el judaísmo. Dios, el Único, es la Fuente de divina revelación a través del sueño. Para esto el Señor usa los sueños de algunos miembros de su pueblo como también los sueños del faraón o de otros gobernantes paganos.

Las visiones indican mensajes del destino y también aseguran la inmortalidad del alma del hombre. El sueño cobra importancia para los seres humanos porque traspasa los límites de la vida terrenal.
 
Sueños celestiales
Jahar Dasgupta
(indio, n. en 1942)
Sus contenidos son clasificados, en primera instancia como divinos, los que deben ser interpretados y obedecidos, u ordinarios. Estos últimos pueden ser buenos, si provienen de entidades benéficas, o malos si vienen de entes considerados maléficos. Los ministros de todas las religiones tienen la ardua tarea ritual de purificar a las personas de sus malos sueños y alentarlas cuando perciban sueños de Gracia.

Son tan poderosos los sueños benéficos que inmediatamente queremos que lo más cercanos se vean involucrados en la visión, cómo le sucede al protagonista de este cuento. Ha soñado claramente con una utopía, con los símbolos de la navegación, del naufragio y del refugio final en una isla. Recordemos que al paraíso bíblico se lo describe como rodeado de aguas, por lo que muchas veces los visionarios hablan de una isla en donde se encuentra la felicidad plena. Y en todas las tradiciones, las aguas son el símbolo de la inmensidad de la vida en potencia, las que podemos navegar pero en las que no podemos vivir sumergidos. Son para transitarlas, sabiendo que vamos irremediablemente a naufragar, para poder alcanzar la tierra de salvación, la orilla de la vida eterna.

El sueño de la humanidad es poder llegar a la otra orilla, a ese lugar de paz de felicidad y de una plenitud que no alcanzamos a vislumbrar. A ese lugar queremos llevar a nuestro amigo, a nuestros seres queridos. No es un tema solamente de comunicación, de hablar, de decir lo que hemos visto en nuestros sueños. Queremos compartirlo, queremos entrar en comunión. El cristianismo nos habla de un final en Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, en perfecta Unidad. Una fe que muestra lo que está en el centro de todas las religiones, partiendo desde las más primitivas: la comunión entre los hombres.

Amistad
Mikalojus Ciurlionis
(lituano, 1875-1911)


domingo, 7 de abril de 2019

DIENTES DE LEÓN

Dientes de león
Barbara Regina Dietzsch
(alemana, 1706-1783)


Un hombre que se sentía muy orgulloso del césped de su jardín se encontró un buen día con que en dicho césped crecía una gran cantidad de dientes de león. Y aunque trató por todos los medios de librarse de ellos, no pudo impedir que se convirtieran en una auténtica plaga.

Al fin escribió al Ministerio de Agricultura, refiriendo todos los intentos que había hecho, y concluía la carta preguntando:

- “¿Qué puedo hacer?”

Al poco tiempo llegó la respuesta:

- “Le sugerimos que aprenda a amarlos”.


El reino vegetal
 
Una planta
Fernand Léger
(francés, 1881-1955)
El ministerio de agricultura da un sabio consejo a nuestro protagonista. El amor que propone no es una mera resignación ante la planta conocida como diente de león, sino que es encontrar el tesoro maravilloso que se esconde en el vegetal. Para que haya verdadero amor tiene que fundamentarse en el conocimiento.

La planta diente de león es también conocida con el nombre de amargón, radicheta, panadero. En América Central también se las llama achicoria, botón de oro o lechuguilla. Estos son algunos de sus nombres en nuestro idioma. Su nombre científico es taraxacum officinale, en el que el primer nombre significa yo remuevo, por su uso como laxante, y el segundo porque se vende en las herboristerías.  

En el siglo XV un cirujano comparó sus hojas recortadas en forma de dientes agudos y curvos como los de un león. Tiene flores de un color amarillo dorado y el fruto es un pequeño núcleo que cuelga de un vilano, es decir, expansiones formadas por pelos flexibles mediante los cuales la planta se propaga, a grandes distancias, transportadas por el viento. Cada flor produce una esfera conformada por varios vilanos que al soplarlos suavemente se dispersan por el aire. En algunas regiones se los llama panaderos.

La recomendación del Ministerio de Agricultura tiene que ver con las virtudes de esta planta. Los jardineros la suelen llamar maleza, porque es muy invasiva, pero los estudiosos no dejan de ubicarla entre las buenezas. Es una planta depurativa, indicada para purificar el organismo humano de elementos tóxicos. Sus hojas son comestibles. Las abejas visitan su flor porque indefectiblemente entrega muy buena cantidad de néctar y polen, por lo que es una de las principales especies de flora de interés apícola.
Soplando un panadero
Edward Atkinson Hornel
(escocés, 1864-1933)

Amar la planta diente de león también implica conocer parte de su significado. Ya en la mitología griega se contaba que esta planta debía ser masticada por los navegantes que pretendían pasar, en la barca de Caronte, el impenetrable  río que separa el infierno de la Tierra. También se dice que la diosa Hécate, honró a Teseo con una ensalada de verduras a base de diente de león después de haber matado al minotauro.

Qué bueno sería que todos los ministerios de agricultura nos enseñaran a amar las plantas pues en todos lados ellas representan el ciclo de la vida: fertilidad, muerte y renacimiento. Muchas plantas son consideradas sagradas, algunas debido a sus propiedades medicinales y otras porque sus hábitos de crecimiento o su apariencia sugieren algún vínculo con los dioses o con el género humano. De este modo encontraríamos sentido de vida en el reino vegetal, una obra maravillosa de la creación.


Creación del sol, luna y plantas
Michelangelo Buonarroti
(italiano, 1425-1564)


domingo, 24 de marzo de 2019

EL SEÑOR YE AMABA LOS DRAGONES

Un dragón músico
Manuscrito ca. 1415


Al señor Ye le gustaban tanto los dragones que los tenía pintados o tallados por toda la casa. Cuando se enteró el verdadero dragón de los cielos, voló a la tierra y metió su cabeza por la puerta de la casa del señor Ye y su cola por una de las ventanas. Cuando el señor Ye lo vio, huyó asustado, casi se volvió loco.

Esto demuestra que el señor Ye, en realidad, no amaba tanto a los dragones. Sólo le gustaba aquello que se le parecía, pero en ningún caso el auténtico dragón.


El animal interior
El dragón
Elena Polenova
(rusa, 1850-1898)

El dragón es un animal que vive en cuevas o bajo tierra, con pulmones de fuego, alas de ave, y escamas de pez. Resume en sí los cuatro elementos que, según los griegos, conformaban toda la realidad: tierra, fuego, aire, agua. Es un símbolo ambivalente, por eso en muchos casos se los coloca de a dos, como en el caduceo, mostrando los aspectos positivos y negativos enfrentados, pero no separados.

Sigamos la historia de la palabra dragón. Viene de la raíz de un verbo griego qué significa fijar la mirada o mirar con mirada fija y penetrante. En el origen, entonces, esta palabra significa que mira con la vista fija y hace referencia a los ojos de las serpientes y otros reptiles que carecen de párpados y siempre parecen mirar fijamente. También se le aplica a los guardianes o vigilantes.

Este último sentido se le aplicó cómo sobrenombre a un griego que recopiló por escrito las leyes imperantes en su tiempo para evitar que los poderosos aplicaran las mismas a su antojo, porque los preceptos eran solamente orales hasta ese momento. El sobrenombre que recibió fue Dracón (ateniense, siglo VII a.C), de dónde viene la expresión leyes draconianas, especialmente severas para los gobernantes y jueces, que a lo largo de la historia han tenido la tentación de seguir su capricho.
 
El dragón azul
Arthur Wesley Dow
(estadounidense, 1857-1922)
Siglos después nuestra palabra nos lleva a mirar con atención la organización militar del Imperio Romano. Entre los varios grupos había un cuerpo de caballería pesada, donde el jinete iba muy armado y blindado con piezas de armadura, y de la misma manera se protegía al caballo especialmente en la cabeza y en otros puntos vitales. Este cuerpo llevaba estandartes a los que se les llamaba draco. Consistían en una especie de aro con forma de boca o cabeza de dragón, con un cuerpo de tela que ondeaba con el viento y que seguramente producía un silbido inquietante. De este cuerpo nacerán en la Edad Media las órdenes de caballería, sus estandartes y su heráldica.

Antes de la Edad Media nuestra palabra se entrevera con la Biblia. En el texto sagrado el dragón se asimila a la serpiente, y todos los reptiles, voladores, acuáticos o terrestres quedan fuertemente vinculados al mal y a lo dañino. Por eso los caballeros medievales son presentados como luchadores contra los dragones, como el caso representativo de San Jorge. Así la civilización humana se olvidó que los verdaderos dragones son los caballeros, es decir, los creyentes.

Tal fue el susto que se pegó el señor Ye al ver un dragón, que probablemente todavía siga disparando. Lo mismo le sucede a algún creyente que al dedicarse a su vida interior se da cuenta que el corazón es siempre como un dragón, inmenso, con aspectos de bien y de mal, y sale corriendo hacia la superficialidad que anestesia.

Pelea con el dragón
Nicholas Roerich
(ruso, 1874-1947)


domingo, 10 de marzo de 2019

EL CHINO Y EL ARROZ


 
Una ofrenda a Flora
Juan van der Hamen
(español, 1596-1631)
Un hombre estaba poniendo flores en la tumba de su esposa, cuando vio a un chino poniendo un plato de arroz en la tumba vecina.

El hombre se dirigió al chino y le preguntó, levemente burlón:

- "Disculpe señor... ¿de verdad cree usted que el difunto vendrá a comer el arroz?"

- "Sí", respondió el chino, "cuando el suyo venga a oler sus flores..."


Ritos de pasaje
Ofrenda
Tumba de la XVIII Dinastía
(Tebas, Egipto, s. XV a.C.)

Millones de flores y toneladas de arroz han sido ofrecidas en las tumbas de los difuntos a lo largo de la historia de la humanidad. Alcanza con acercarse a algún cementerio en días feriados o fines de semana para comprobar con qué constancia y prolijidad la humanidad sostiene el ritual de homenaje a los difuntos. Estas acciones dan consuelo a los hombres.

La muerte supone algo que se inicia, por lo que no es una estación terminal, una aniquilación. Hay concepciones muy contrapuestas sobre el más allá pero en ningún caso se estancan en la muerte, pues todas consideran que allí nadie permanece.

Es evidente que las flores y los alimentos son ofrendas muy comunes en todas partes del mundo. La comida nos recuerda que los difuntos realizan un viaje desconocido y que necesitan ser acompañados para alcanzar su meta. Con sus dones de alimentos en las tumbas los oferentes afirman su convicción de que la muerte no es un punto final para ellos y que conservan la esperanza de que otra vida sigue a la presente.

En los ritos funerarios, las flores simbolizan la condición efímera de la actual vida. Lo más pasajero de las plantas son sus flores. Éstas son una manifestación de colores, y muchas veces de aroma, para culminar en semillas para una nueva planta de la especie. Para las flores entonces, el final es transformarse. Su deslumbrante belleza oculta a veces su más hermosa virtud: se muestran en sus formas con generosidad, sin pedir nada a cambio, pero el punto culminante de su entrega generosa es ser el inicio de una nueva existencia en lo oculto de la semilla.
Campos de arroz en Indochina
Alexander Yakolev
(ruso, 1887-1938)

La vida cotidiana del ser humano está marcada por innumerables ciclos de muerte y resurrección, que se suceden unos a otros a veces vertiginosamente. El ejemplo más evidente es dormir. Somos poseídos por el sueño más allá de la voluntad que pongamos en permanecer despiertos. Las tradiciones espirituales no dudan en vincular dormir con morir y despertar con resucitar. Otro ciclo de muerte y resurrección se percibe en la respiración esa constante repetición de inspirar y expirar más allá de nuestra voluntad.

Los ciclos vitales asociados a morir y resucitar producen cambios en todas las personas. Estás modificaciones tomadas particularmente son casi imperceptibles pero cuando observamos su desarrollo en largos períodos, los cambios que producen son notables y sorprendentes.

Hacer ofrenda a los difuntos puede encerrar algo de melancolía, algo de absurdo. Pero también, como sucede en muchas tradiciones, honrar a los muertos es la celebración de algo grandioso: lo que pensamos que podemos llegar a ser aunque sea imposible conocerlo aún.

 
Colgante de flores
Joaquín Sorolla
(español, 1863-1923)


sábado, 23 de febrero de 2019

CONTEMPLAR UN AGUJERO

La costra de oro
James Abbott McNeill Whistler
(norteamericano,1834-1903)

Un avaro enterró su oro al pie de un árbol que se alzaba en su jardín. Todas las semanas lo desenterraba y lo contemplaba durante horas. Pero, un buen día, llegó un ladrón, desenterró el oro y se lo llevó. Cuando el avaro fue a contemplar su tesoro, todo lo que encontró fue un agujero vacío.

El hombre comenzó a dar alaridos de dolor, al punto que sus vecinos acudieron corriendo a averiguar lo que ocurría. Y, cuando lo averiguaron, uno de ellos preguntó:

- “¿Empleaba usted su oro en algo?”

- “No”, respondió el avaro. “Lo único que hacía era contemplarlo todas las semanas”.

- “Bueno, entonces”, dijo el vecino, “por el mismo precio puede usted seguir viniendo todas las semanas y contemplar el agujero”.


Más allá

Para el avaro y el ladrón, el oro es importante por su equivalente monetario. Pero el símbolo del oro es de un valor incalculable en términos pecuniarios. Sus más nobles características son su brillo que atrae todas las miradas, la maleabilidad que permite la realización de objetos metálicos de una belleza soñada y su duración porque no se oxida ni es atacado por otros elementos. En la espiritualidad es equiparado al sol. El Astro Rey madura en las entrañas de la Tierra, pues de ella sale todas las mañanas y, al igual que otros astros, produce una variedad de mineral. El oro expresa el fruto de la unión del Sol y la Tierra.
 
El sol dorado
Arthur Dove
(norteamericano, 1880-1946)
En el Ural, que es una región de Rusia y de alguno de sus países vecinos, hay una asociación mítica del oro con la serpiente: la gran serpiente de la tierra, el gran reptador es el amo del oro. El filón de oro en las entrañas de la tierra tiene esa forma. Se dice que por donde pasa la gran serpiente allí se deposita el sublime metal, y que si se enfada, puede llevárselo a otra parte. En esta tradición el oro constituye el secreto más íntimo de la tierra.

En el Noroeste africano hay dos grupos vecinos, los dogón y los bambara, para quienes el oro es la materialización tangible de la vibración original del espíritu de Dios, que es real pero intangible. Así el metal precioso se convierte en el fundamento de toda la construcción cósmica, lo que implica que el universo está realizado sobre el oro. A la vez es base de la solidez y por tanto de la seguridad humana, y por extensión, principio de felicidad.

El ladrón del cuento priva al avaro de su oro, pero a la vez le abre una puerta más valiosa todavía. El vecino consuela al despojado con una enseñanza sumamente profunda al alcance de cualquier persona. Le dice que contemple el agujero, dándole a entender que en eso encontrará una riqueza más grande que en la contemplación del oro.
Escaramujo salvaje
Merab Abramishvili
(georgiano, 1957-2006)

En la tradición humana el agujero es el símbolo de la apertura a lo desconocido. Puede ser lo que desemboca en otro lado, más allá de lo concreto. O puede ser lo que desemboca en lo escondido, más allá de lo aparente. Cabe recordar que en la tradición griega, la Diosa de la inteligencia, Atenea, nace de un agujero producido por un hachazo en el cráneo de Zeus, el más importante de los dioses.

Los seres humanos sabemos que aún nos falta mucho para alcanzar la plenitud, aunque poseamos grandes bienes. Por eso, la privación de lo que nos distrae de la meta puede ser una ganancia inconmensurable. Para la vida espiritual, la carencia de objetos nos dispone para recibir y nos da una gran libertad para obrar. Para algunos maestros ésta es la perfección: tener el alma despojada, para recibir en nuestro corazón aquello que valga la pena.


Grupo III, nr 5
Hilma af Klint
(sueca, 1862-1944)




domingo, 10 de febrero de 2019

LA PERLA AZUL

La tristeza del rey
Henri Matisse 
(francés, 1869-1954)
 En una comarca lejana, el rey convocó al hombre más sabio del reino a fin de encomendarle una curiosa misión: “¡Oh, sabio! Te encomiendo a partir de este momento esta exótica perla azul. Quiero que recorras todos los rincones de mi reinado y cuando encuentres al tonto más tonto, tendrás que entregársela”.


Al sabio le causó un poco de asombro la tarea que le habían asignado, pero la tomó como una de las tantas excentricidades de su monarca. Por esa razón, comenzó a viajar por toda la región buscando al tonto más tonto, pero esta no era una tarea sencilla.

Después de dos años, decidió emprender el regreso al castillo del rey para informar al monarca de sus actividades. Pero cuando llegó, encontró a los cortesanos compungidos porque el anciano rey se había enfermado gravemente y estaba a las puertas de la muerte.

El sabio entró en la habitación y se encontró con el rey, que se lamentaba en su lecho de muerte: “¡No quiero morir! ¡He dedicado toda mi vida a acumular una gran fortuna y no tengo intenciones de dejarla! Dime, ¡oh, sabio! ¿cómo puedo llevar mis riquezas a la otra vida?”

Y el sabio respondió a su rey sin una palabra y en total silencio, le entregó la perla azul.
  
Renacimiento

Aries
del Libro de la Felicidad

Nakkas Osman
(otomano, 2da. mitad del s.XVII)
El rey miraba con sorpresa la perla azul que el sabio había depositado en la palma de su mano. Apenas tenía fuerza por lo que no podía jugar con ella, solamente le quedaba la posibilidad de mirarla y pensar. Observaba el raro azul que tenía, el más inmaterial de los colores porque está hecho de transparencia, es decir, de vacío acumulado: vacío del aire, vacío del agua, vacío del cristal o del diamante. Recién ahora se acordaba que el blanco y el azul representan el desapego frente a los valores de este mundo y el vuelo del alma hacia la Trascendencia.

¿Cómo había llegado a ser el más tonto del reino? Sonaba en su corazón una poesía del místico Mahmud Shabestari (1288–1340):

Mi corazón estaba velado por cien velos de mi conocimiento:
el orgullo, la vanidad, la suficiencia y la figuración.
Al alba entró por mi puerta esa luna
y me hizo reconocer el sueño de la negligencia.
Su rostro iluminó el retiro de mi alma
y descubrí aquello que realmente soy.
Cuando contemplé su bello rostro, salió un suspiro de dentro de mi alma.
Me dijo: “¡Hipócrita impostor!
Dedicaste tu vida a buscar fama y reconocimiento.
Mira esa ciencia, ese ascetismo, esa arrogancia y esa prepotencia,
de qué te han alejado, ¡oh, inmaduro!”.

El rey tenía razón, porque la perla simboliza a la luna, al igual que a las aguas y a la mujer. Es una significación constante y universal. En estos instantes finales de su vida descubría lo que había perdido, y se avergonzaba de la burla que él mismo había intentado provocar con la misión del sabio.
Mujer con una perla
Jean Baptiste Corot
(francés, 1796-1875)

Los poderosos se pierden muchas cosas en su inmadurez. La más mínima experiencia de dominio adormece al hombre y hace que se vuelva un hipócrita. Es como cuenta el Himno del alma, en el que un niño, imagen de todo hombre, es enviado a un país lejano para rescatar una perla que se encuentra en el fondo de un pozo vigilado por un dragón, pero se entretiene comiendo los frutos de la tierra y se olvida de su cometido. Así nos pasa con el poder, nos lleva a la desmemoria de nuestra misión. Luego de mucho tiempo, gracias a una carta, un texto de redención, que lleva un águila, el niño recuerda su misión y la cumple. Esa carta es conocimiento de salvación, indica cómo somos rescatados de la vanidad y la suficiencia, es otro de los significados de la perla.

La tradición cristiana nos cuenta que existe una concha en el mar llamada concha purpúrea, que asciende desde las profundidades, abre la boca y bebe el rocío del cielo y los rayos del sol, de la luna y de las estrellas, y forma así su perla por obra y gracia de las luces superiores. Las dos valvas de la concha equivalen al Antiguo y Nuevo Testamento y la perla misma es Jesucristo.

El rey miraba la perla azul. Antes de su fin se dio cuenta que su estúpida burla se había convertido en un gesto de misericordia del Todopoderoso que no abandona ni siquiera a los más tontos. La perla significa la vida regenerada de aquel que ha muerto antes de morir; mediante esta muerte se renace como perla.

La Trinidad
Visión del libro Scivias II,2

Santa Hildegarda de Bingen O.S.B.
(alemana, 1098-1179)