domingo, 7 de julio de 2019

EL PESCADOR SATISFECHO

Viejo pescador
Tivadar Kosztka Csontváry
(húngaro, 1853-1919)


El rico industrial del Norte se horrorizó cuando vio a un pescador del Sur tranquilamente recostado contra su barca y fumando una pipa.

- «¿Por qué no has salido a pescar?», le preguntó el industrial.

- «Porque ya he pescado bastante por hoy», respondió el pescador.

- «¿Y por qué no pescas más de lo que necesitas?», insistió el industrial.

- «¿Y qué iba a hacer con ello?», preguntó a su vez el pescador.

- «Ganarías más dinero», fue la respuesta.

- «De ese modo podrías poner un motor a tu barca. Entonces podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Entonces ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que obtendrías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas... y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico, como yo».

- «¿Y qué haría entonces?», preguntó de nuevo el pescador.

- «Podrías sentarte y disfrutar de la vida», respondió el industrial.

- «¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento?», respondió el satisfecho pescador.


Disfrutar de la vida
 
Industria pesada
Yuri Pimenov
(ruso, 1903-1977)
El cuento muestra dos interpretaciones sobre cómo llegar a disfrutar de la vida. Para poder discernir cuál es la interpretación que más conviene, es útil descubrir lo que representa cada uno de los protagonistas.

El significado del pescador es mucho más amplio que el del industrial, porque es un oficio muy antiguo, presente en todas las civilizaciones. Si nos remontamos al antiguo Egipto encontraremos que Osiris, uno de los dioses principales de aquel panteón, recobra su integridad a partir de la pesca. Y es en una red de pescadores dónde se encuentra la Luna, ojo arrancado de Horus celeste, el hijo redentor de Osiris.

Otro aspecto del pescador es presentado por Jesús en los Evangelios. Allí designa a sus discípulos como pescadores de hombres, destinados a convertir y a salvar a los hombres. Aquí la pesca es predicación y apostolado, el pez a pescar es el hombre a redimir. En el sentido psicoanalítico la pesca es extraer elementos de lo inconsciente, no con un método racional, sino dejando actuar las fuerzas espontáneas y recogiendo sus resultados fortuitos.

El pescador
Fresco de Acrotiri,
Isla de Santorini, Creta
(cultura minoica, 1500 a.C.)
El industrial es un oficio moderno, al cual se le ha aplicado un término que viene del latín, vocablo formado por el prefijo indu-, que significa en el interior, y la raíz del verbo struo, que significa construir, apilar, organizar. En latín indicó primero aplicación y laboriosidad y al mismo tiempo ingenio y sutileza.

El industrial deja la sospecha de que el dinero es indispensable para disfrutar la vida. El pescador insinúa, con su actitud, que disfrutar es esencial a la vida y que viene con ella. Contemplando a la humanidad nos damos cuenta que no podemos vivir sin industria y para ello se necesita dinero, pero que disfrutar de la vida está en otro orden. Hemos recibido la vida gratuitamente para que con libertad gocemos de ella, siendo esto su verdadero y único sentido.

En lo que coinciden el pescador y el industrial es en que la vida está para disfrutarla, para saciar nuestras búsquedas con sus frutos. En esto se diferencian de aquellos que plantean que la existencia es algo absurdo, como de aquellos que imponen sentidos racionales con reglas y objetivos a cumplir, que ejercen un poder desmesurado para alimentar sus perspectivas egolátricas. En lo esencial de la vida está la libertad.


En la fábrica
Fernand Léger
(francés, 1881-1955)



domingo, 23 de junio de 2019

VERDADERA RIQUEZA


 
Conversación sobre la muerte
Karl Schmidt-Rottluff
(alemán, 1884-1976)

Un hombre muy rico le pidió a Sengai que le escribiese algo para la continuidad de la prosperidad de su familia, de manera que ésta pudiese mantener su fortuna de generación en generación.

Sengai tomó una larga hoja de papel de arroz y escribió:

- "El padre muere, el hijo muere, el nieto muere".

El hombre rico se indignó y ofendió:

- "¡Yo le pedí que escribiese algo para la felicidad de mi familia! ¿Por qué realizó una broma de este tipo?".

Sengai explicó tranquilamente:

- "No pretendí hacer bromas. Si antes de su muerte su hijo muriera, esto lo heriría inmensamente. Si su nieto se fuera antes que su hijo, tanto usted como él estarían destruidos. Pero si su familia, de generación en generación, muere en el orden que le describí, ése sería el curso más natural de la vida. Yo llamo a eso verdadera riqueza".


Símbolo de transformación
 
Alegoría de la Muerte
y el Hombre rico

Frans Francken el Joven
(holandés, 1581-1642)
Un hombre rico es el que tiene todo bajo control. Domina todas las áreas que necesita para que nunca le falten recursos en su vida y en sus emprendimientos. Es el que puede devolver favores, y retribuir al que lo ha agasajado; puede sostener una buena calidad de vida para su familia e incluso ayudar a la gente que trabaja en su entorno. La riqueza es dominio y control, cosas muy apreciadas en nuestro tiempo.

El protagonista del cuento se enoja con el maestro Sengai, porque éste le habla de algo que nadie puede controlar: la muerte. Ella designa el fin absoluto de algo positivo y vivo: un ser humano, un animal, una planta, una amistad, una alianza, la paz, una época. Si la consideramos como un símbolo la muerte es el aspecto perecedero y destructor de la existencia. Pero también nos introduce a mundos desconocidos, que la tradición denomina infiernos o paraísos. Como símbolo entonces designa los ritos de pasaje que son a la vez revelación e introducción.

Si miramos bien la muerte sólo puede tener un significado de transformación. Vemos como la civilización egipcia escribió El libro de los muertos y la tibetana El Bardo Thodol, suponiendo ambas que el alma después de la vida inmediatamente iniciaba otra vida en el más allá. La muerte no es un fin, sino el acceso a la vida verdadera, al reino del espíritu, tal como dice una conocida sentencia latina: mors janua vitae, la muerte es la puerta de la vida.
 
Seis cuadros pequeños
para ritos de iniciación

Autor desconocido
(budismo, ca. 1200)
 
Los ritos de iniciación de las distintas civilizaciones son costumbres que tienen mucho en común. En su realización atraviesan simbólicamente una fase de muerte antes de abrir a una vida nueva. Nos quieren transmitir que la muerte nos libra de las fuerzas negativas y regresivas, a la vez que desmaterializa y libera las fuerzas ascensionales de la mente. Dicho de otro modo, tiene el poder de regenerar.

En la mitología griega encontramos que Tánatos era un joven que personificaba la muerte sin violencia. Su toque era suave, como el de su hermano gemelo Hipnos, el sueño. Hay una experiencia de estos hermanos cada vez que nos dormimos. Acostarse y levantarse produce en nosotros transformaciones a lo largo de la vida, algunas notables, que aun en sentido profano podrían tomarse como muertes y resurrecciones.

Los seres humanos solemos afrontar el misterio de la muerte con angustia y la representamos con rasgos pavorosos. Pero esta actitud es más la resistencia al cambio y a una forma de existencia desconocida que el temor a una reabsorción en la nada. En esto la humanidad se parece al hombre rico que se indigna cuando le hablan de cosas que no están bajo su dominio.

El árbol de la vida
Ignacio de Ries
(español, 1612-1661)



domingo, 9 de junio de 2019

UN REGALO

Cabeza azul
Gerard Sekoto
(sudafricano, 1913-1993)


 Una niña en África, le dio a su maestra un regalo de cumpleaños.

Se trataba de un hermoso caracol.

- "¿Dónde lo encontraste?", le preguntó la maestra.

La niña le dijo que esos caracoles se encontraban solamente en cierta playa lejana.

La maestra se conmovió profundamente porque sabía que la niña había caminado muchos kilómetros para buscar el caracol.

- "No debiste haber ido tan lejos sólo para buscarme un regalo"

La sabia niña sonrió y le contestó:

- "Maestra, la larga caminata es también parte del regalo".


De la mano de la inocencia
Los regalos de la primavera
Martiros S. Sarian
(armenio, 1880-1972)

La niña africana hace un largo camino para llevar a su maestra un regalo. Esta palabra regalo encierra un sentido sorprendente. Proviene del término latino regalis que significa lo propio de un rey, y que se origina en un verbo referido a agasajar a un rey. La niña considera a su maestra una reina. Otra posibilidad para el origen de la palabra regalo es regelar, un término latino que implica romper el hielo, es decir acariciar con agasajos para lograr una vinculación afectiva.

Si aceptamos la profundidad de los cuentos populares nos va a resultar fácil comprender que la niña es símbolo de la inocencia que está en el corazón de la maestra. Para cualquier tradición los niños significan esa actitud transparente, libre de prejuicios, curiosa y atenta, que es la puerta de entrada a los saberes. Todo relato de sabiduría intenta mostrar la interioridad de los seres humanos. Aquí la niña es la figura de la actitud básica necesaria para alcanzar el conocimiento.

La inocencia nos lleva por el camino de la vida para que encontremos el conocimiento. Por eso la niña del cuento le dice que el camino es también el regalo. La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, y no nos faltan aquellos que nos estimulan a seguirlo. Nuestro interior, ese mundo en el cual cada uno es rey, está poblado de señales y compañías para llegar al fin que todo camino tiene.
 
Sin título
Mahmoud Saiid
(egipcio, 1897-1964)
La niña ha viajado al mar para conseguir su regalo. A la maestra le resulta un itinerario largo considerando el significado de ese espacio. Es el símbolo de la dinámica de la vida, todo sale del mar y todo vuelve a él, es a la vez lugar de los nacimientos, de las transformaciones y de los renacimientos. Y también es un lugar de incertidumbre, de duda, de indecisión. De sus profundidades surgen monstruos, como los que aparecen desde el inconsciente. En el mar hay corrientes cálidas o frías, mortales o vivificantes.

La inocencia nos da su regalo: un caracol. Es un animal que llega lejos pero siempre va tranquilo, arrastrándose sin lastimarse y siempre con su casa a cuestas. Es muy hábil en su movimiento: puede caminar por el filo de un cuchillo y puede llegar alto aunque las paredes sean empinadas. Es hermafrodita, el mismo individuo produce espermatozoides y óvulos, pero no puede fecundarse a sí mismo, necesita de otro caracol para el intercambio y ambos individuos terminarán poniendo huevos.

La inocencia nos abre al conocimiento de la vida interior. Nos ayuda a comprender que en nuestra alma, creación divina, está todo lo que necesitamos para nuestra plenitud y la de los demás.

La reina del cielo
Frédéric Bruly Bouabré
(costamarfileño, 1923-2014)



domingo, 26 de mayo de 2019

LOS DOS AMIGOS

Autorretrato con un amigo
Rafael Sanzio
(italiano, 1483-1520)


Dos amigos emprendieron una excursión. Al llegar la noche, se echaron a dormir uno al lado del otro. Uno de ellos soñó que habían tomado un barco y habían naufragado en una isla.

Al despertar, comenzó a preguntarle a su compañero si recordaba la travesía, el barco y la isla. Se quedó atónito cuando el amigo le explicó que él no había tenido el mismo sueño.

No podía creerlo. Pero... ¡si era un sueño increíble! Se negaba a aceptar que el amigo no recordara la travesía, el barco y la isla.


El sueño de la comunión
El sueño
Henri Rousseau
(francés, 1855-1910)

El mundo de los sueños ha fascinado al ser humano desde siempre. Muchos se sumergen en sus profundidades y tratan de encontrar los significados ocultos. El sueño tiene dos características: es particular y peculiar. Es inconsciente como es consciente. No tiene ni final ni comienzo. Puede tener color, pero no tiene olor. Habla muchas veces de una tensión no resuelta o a veces anticipa el logro de un deseo. Puede ser un signo visible que aliente a la persona a la acción como el signo de la propia inhabilidad para actuar. Es una profecía y también una fantasía.

En el Antiguo Egipto se registraron miles de libros de sueño. Un ejemplo es el papiro Chester Beatty, de 1.300 años antes de Cristo, y algunos suponen más. El papiro ilustra los sueños de las mujeres sobre juegos, bebidas, serpientes, evidencia legal, animales, y muchas más cosas. Con estas señales se interpretaban los acontecimientos y las circunstancias sean de un grupo como de los individuos. Otro ejemplo de civilización con vinculación a los sueños es el judaísmo. Dios, el Único, es la Fuente de divina revelación a través del sueño. Para esto el Señor usa los sueños de algunos miembros de su pueblo como también los sueños del faraón o de otros gobernantes paganos.

Las visiones indican mensajes del destino y también aseguran la inmortalidad del alma del hombre. El sueño cobra importancia para los seres humanos porque traspasa los límites de la vida terrenal.
 
Sueños celestiales
Jahar Dasgupta
(indio, n. en 1942)
Sus contenidos son clasificados, en primera instancia como divinos, los que deben ser interpretados y obedecidos, u ordinarios. Estos últimos pueden ser buenos, si provienen de entidades benéficas, o malos si vienen de entes considerados maléficos. Los ministros de todas las religiones tienen la ardua tarea ritual de purificar a las personas de sus malos sueños y alentarlas cuando perciban sueños de Gracia.

Son tan poderosos los sueños benéficos que inmediatamente queremos que lo más cercanos se vean involucrados en la visión, cómo le sucede al protagonista de este cuento. Ha soñado claramente con una utopía, con los símbolos de la navegación, del naufragio y del refugio final en una isla. Recordemos que al paraíso bíblico se lo describe como rodeado de aguas, por lo que muchas veces los visionarios hablan de una isla en donde se encuentra la felicidad plena. Y en todas las tradiciones, las aguas son el símbolo de la inmensidad de la vida en potencia, las que podemos navegar pero en las que no podemos vivir sumergidos. Son para transitarlas, sabiendo que vamos irremediablemente a naufragar, para poder alcanzar la tierra de salvación, la orilla de la vida eterna.

El sueño de la humanidad es poder llegar a la otra orilla, a ese lugar de paz de felicidad y de una plenitud que no alcanzamos a vislumbrar. A ese lugar queremos llevar a nuestro amigo, a nuestros seres queridos. No es un tema solamente de comunicación, de hablar, de decir lo que hemos visto en nuestros sueños. Queremos compartirlo, queremos entrar en comunión. El cristianismo nos habla de un final en Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, en perfecta Unidad. Una fe que muestra lo que está en el centro de todas las religiones, partiendo desde las más primitivas: la comunión entre los hombres.

Amistad
Mikalojus Ciurlionis
(lituano, 1875-1911)


domingo, 7 de abril de 2019

DIENTES DE LEÓN

Dientes de león
Barbara Regina Dietzsch
(alemana, 1706-1783)


Un hombre que se sentía muy orgulloso del césped de su jardín se encontró un buen día con que en dicho césped crecía una gran cantidad de dientes de león. Y aunque trató por todos los medios de librarse de ellos, no pudo impedir que se convirtieran en una auténtica plaga.

Al fin escribió al Ministerio de Agricultura, refiriendo todos los intentos que había hecho, y concluía la carta preguntando:

- “¿Qué puedo hacer?”

Al poco tiempo llegó la respuesta:

- “Le sugerimos que aprenda a amarlos”.


El reino vegetal
 
Una planta
Fernand Léger
(francés, 1881-1955)
El ministerio de agricultura da un sabio consejo a nuestro protagonista. El amor que propone no es una mera resignación ante la planta conocida como diente de león, sino que es encontrar el tesoro maravilloso que se esconde en el vegetal. Para que haya verdadero amor tiene que fundamentarse en el conocimiento.

La planta diente de león es también conocida con el nombre de amargón, radicheta, panadero. En América Central también se las llama achicoria, botón de oro o lechuguilla. Estos son algunos de sus nombres en nuestro idioma. Su nombre científico es taraxacum officinale, en el que el primer nombre significa yo remuevo, por su uso como laxante, y el segundo porque se vende en las herboristerías.  

En el siglo XV un cirujano comparó sus hojas recortadas en forma de dientes agudos y curvos como los de un león. Tiene flores de un color amarillo dorado y el fruto es un pequeño núcleo que cuelga de un vilano, es decir, expansiones formadas por pelos flexibles mediante los cuales la planta se propaga, a grandes distancias, transportadas por el viento. Cada flor produce una esfera conformada por varios vilanos que al soplarlos suavemente se dispersan por el aire. En algunas regiones se los llama panaderos.

La recomendación del Ministerio de Agricultura tiene que ver con las virtudes de esta planta. Los jardineros la suelen llamar maleza, porque es muy invasiva, pero los estudiosos no dejan de ubicarla entre las buenezas. Es una planta depurativa, indicada para purificar el organismo humano de elementos tóxicos. Sus hojas son comestibles. Las abejas visitan su flor porque indefectiblemente entrega muy buena cantidad de néctar y polen, por lo que es una de las principales especies de flora de interés apícola.
Soplando un panadero
Edward Atkinson Hornel
(escocés, 1864-1933)

Amar la planta diente de león también implica conocer parte de su significado. Ya en la mitología griega se contaba que esta planta debía ser masticada por los navegantes que pretendían pasar, en la barca de Caronte, el impenetrable  río que separa el infierno de la Tierra. También se dice que la diosa Hécate, honró a Teseo con una ensalada de verduras a base de diente de león después de haber matado al minotauro.

Qué bueno sería que todos los ministerios de agricultura nos enseñaran a amar las plantas pues en todos lados ellas representan el ciclo de la vida: fertilidad, muerte y renacimiento. Muchas plantas son consideradas sagradas, algunas debido a sus propiedades medicinales y otras porque sus hábitos de crecimiento o su apariencia sugieren algún vínculo con los dioses o con el género humano. De este modo encontraríamos sentido de vida en el reino vegetal, una obra maravillosa de la creación.


Creación del sol, luna y plantas
Michelangelo Buonarroti
(italiano, 1425-1564)


domingo, 24 de marzo de 2019

EL SEÑOR YE AMABA LOS DRAGONES

Un dragón músico
Manuscrito ca. 1415


Al señor Ye le gustaban tanto los dragones que los tenía pintados o tallados por toda la casa. Cuando se enteró el verdadero dragón de los cielos, voló a la tierra y metió su cabeza por la puerta de la casa del señor Ye y su cola por una de las ventanas. Cuando el señor Ye lo vio, huyó asustado, casi se volvió loco.

Esto demuestra que el señor Ye, en realidad, no amaba tanto a los dragones. Sólo le gustaba aquello que se le parecía, pero en ningún caso el auténtico dragón.


El animal interior
El dragón
Elena Polenova
(rusa, 1850-1898)

El dragón es un animal que vive en cuevas o bajo tierra, con pulmones de fuego, alas de ave, y escamas de pez. Resume en sí los cuatro elementos que, según los griegos, conformaban toda la realidad: tierra, fuego, aire, agua. Es un símbolo ambivalente, por eso en muchos casos se los coloca de a dos, como en el caduceo, mostrando los aspectos positivos y negativos enfrentados, pero no separados.

Sigamos la historia de la palabra dragón. Viene de la raíz de un verbo griego qué significa fijar la mirada o mirar con mirada fija y penetrante. En el origen, entonces, esta palabra significa que mira con la vista fija y hace referencia a los ojos de las serpientes y otros reptiles que carecen de párpados y siempre parecen mirar fijamente. También se le aplica a los guardianes o vigilantes.

Este último sentido se le aplicó cómo sobrenombre a un griego que recopiló por escrito las leyes imperantes en su tiempo para evitar que los poderosos aplicaran las mismas a su antojo, porque los preceptos eran solamente orales hasta ese momento. El sobrenombre que recibió fue Dracón (ateniense, siglo VII a.C), de dónde viene la expresión leyes draconianas, especialmente severas para los gobernantes y jueces, que a lo largo de la historia han tenido la tentación de seguir su capricho.
 
El dragón azul
Arthur Wesley Dow
(estadounidense, 1857-1922)
Siglos después nuestra palabra nos lleva a mirar con atención la organización militar del Imperio Romano. Entre los varios grupos había un cuerpo de caballería pesada, donde el jinete iba muy armado y blindado con piezas de armadura, y de la misma manera se protegía al caballo especialmente en la cabeza y en otros puntos vitales. Este cuerpo llevaba estandartes a los que se les llamaba draco. Consistían en una especie de aro con forma de boca o cabeza de dragón, con un cuerpo de tela que ondeaba con el viento y que seguramente producía un silbido inquietante. De este cuerpo nacerán en la Edad Media las órdenes de caballería, sus estandartes y su heráldica.

Antes de la Edad Media nuestra palabra se entrevera con la Biblia. En el texto sagrado el dragón se asimila a la serpiente, y todos los reptiles, voladores, acuáticos o terrestres quedan fuertemente vinculados al mal y a lo dañino. Por eso los caballeros medievales son presentados como luchadores contra los dragones, como el caso representativo de San Jorge. Así la civilización humana se olvidó que los verdaderos dragones son los caballeros, es decir, los creyentes.

Tal fue el susto que se pegó el señor Ye al ver un dragón, que probablemente todavía siga disparando. Lo mismo le sucede a algún creyente que al dedicarse a su vida interior se da cuenta que el corazón es siempre como un dragón, inmenso, con aspectos de bien y de mal, y sale corriendo hacia la superficialidad que anestesia.

Pelea con el dragón
Nicholas Roerich
(ruso, 1874-1947)


domingo, 10 de marzo de 2019

EL CHINO Y EL ARROZ


 
Una ofrenda a Flora
Juan van der Hamen
(español, 1596-1631)
Un hombre estaba poniendo flores en la tumba de su esposa, cuando vio a un chino poniendo un plato de arroz en la tumba vecina.

El hombre se dirigió al chino y le preguntó, levemente burlón:

- "Disculpe señor... ¿de verdad cree usted que el difunto vendrá a comer el arroz?"

- "Sí", respondió el chino, "cuando el suyo venga a oler sus flores..."


Ritos de pasaje
Ofrenda
Tumba de la XVIII Dinastía
(Tebas, Egipto, s. XV a.C.)

Millones de flores y toneladas de arroz han sido ofrecidas en las tumbas de los difuntos a lo largo de la historia de la humanidad. Alcanza con acercarse a algún cementerio en días feriados o fines de semana para comprobar con qué constancia y prolijidad la humanidad sostiene el ritual de homenaje a los difuntos. Estas acciones dan consuelo a los hombres.

La muerte supone algo que se inicia, por lo que no es una estación terminal, una aniquilación. Hay concepciones muy contrapuestas sobre el más allá pero en ningún caso se estancan en la muerte, pues todas consideran que allí nadie permanece.

Es evidente que las flores y los alimentos son ofrendas muy comunes en todas partes del mundo. La comida nos recuerda que los difuntos realizan un viaje desconocido y que necesitan ser acompañados para alcanzar su meta. Con sus dones de alimentos en las tumbas los oferentes afirman su convicción de que la muerte no es un punto final para ellos y que conservan la esperanza de que otra vida sigue a la presente.

En los ritos funerarios, las flores simbolizan la condición efímera de la actual vida. Lo más pasajero de las plantas son sus flores. Éstas son una manifestación de colores, y muchas veces de aroma, para culminar en semillas para una nueva planta de la especie. Para las flores entonces, el final es transformarse. Su deslumbrante belleza oculta a veces su más hermosa virtud: se muestran en sus formas con generosidad, sin pedir nada a cambio, pero el punto culminante de su entrega generosa es ser el inicio de una nueva existencia en lo oculto de la semilla.
Campos de arroz en Indochina
Alexander Yakolev
(ruso, 1887-1938)

La vida cotidiana del ser humano está marcada por innumerables ciclos de muerte y resurrección, que se suceden unos a otros a veces vertiginosamente. El ejemplo más evidente es dormir. Somos poseídos por el sueño más allá de la voluntad que pongamos en permanecer despiertos. Las tradiciones espirituales no dudan en vincular dormir con morir y despertar con resucitar. Otro ciclo de muerte y resurrección se percibe en la respiración esa constante repetición de inspirar y expirar más allá de nuestra voluntad.

Los ciclos vitales asociados a morir y resucitar producen cambios en todas las personas. Estás modificaciones tomadas particularmente son casi imperceptibles pero cuando observamos su desarrollo en largos períodos, los cambios que producen son notables y sorprendentes.

Hacer ofrenda a los difuntos puede encerrar algo de melancolía, algo de absurdo. Pero también, como sucede en muchas tradiciones, honrar a los muertos es la celebración de algo grandioso: lo que pensamos que podemos llegar a ser aunque sea imposible conocerlo aún.

 
Colgante de flores
Joaquín Sorolla
(español, 1863-1923)