sábado, 20 de octubre de 2012

LA SOPA DEL MONJE


La palabra “monje” viene del griego “monachós” que indica “único”, que proviene a su vez de “monos”, “uno”, que encontramos en palabras como monopatín, monopolio, y monotonía.  La palabra en cuestión es aplicada a personas que se apartan de su grupo social, por variados motivos, para vivir en soledad.


Dama Oferente
 del Cerro de los Santos

(Anónimo, España
Siglo IVa.C.)
            El siguiente cuento es de tradición europea, probablemente de la Península Ibérica.  Tiene paralelos en todo el mundo, aunque sin una fuente común conocida. El modo en que describe personas y acciones es común a los seres humanos de todo el mundo.


La sopa de piedras.

Un monje estaba haciendo la colecta por una región en la que las gentes tenían fama de ser muy tacañas. Llegó a casa de unos campesinos, pero allí no le quisieron dar nada. Así que como era la hora de comer y el monje estaba bastante hambriento dijo:

-Pues me voy a hacer una sopa de piedras riquísima.

Ni corto ni perezoso tomó una piedra del suelo, la limpió y la miró muy bien para comprobar que era la adecuada, la piedra idónea para hacer una sopa. Los campesinos comenzaron a reírse del monje. Decían que estaba loco, que vaya locura más grande.

Sin embargo, el monje les dijo:

-¡Cómo! ¿No me digan que no han comido nunca una sopa de piedra? ¡Pero si es un plato exquisito!

-¡Eso habría que verlo, viejo loco! –dijeron los campesinos.

Precisamente esto último es lo que esperaba oír el astuto monje. Enseguida lavó la piedra con mucho cuidado en la fuente que había delante de la casa y dijo:

-¿Me pueden prestar un caldero? Así podré demostrarles que la sopa de piedra es una comida exquisita.

Los campesinos se reían del fraile, pero le dieron el puchero para ver hasta dónde llegaba su locura. El monje llenó el caldero de agua y les preguntó:

-¿Les importaría dejarme entrar en su casa para poner la olla al fuego?

Los campesinos lo invitaron a entrar y le enseñaron dónde estaba la cocina.

-¡Ay, qué lástima! –dijo el fraile-. Si tuviera un poco de carne de vaca la sopa estaría todavía más rica.

La madre de la familia le dio un trozo de carne ante la rechifla de toda su familia. El viejo la echó en la olla y removió el agua con la carne y la piedra. Al cabo de un ratito probó el caldo:

-Está un poco sosa. Le hace falta sal.

Los campesinos le dieron sal. La añadió al agua, probó otra vez la sopa y comentó:

-Desde luego, si tuviéramos un poco de berza los ángeles se chuparían los dedos con esta sopa.

El padre, burlándose del monje, le dijo que esperase un momento, que enseguidita le traía un repollo de la huerta y que para que los ángeles no protestaran por una sopa de piedra tan sosa le traería también una papa y un poco de apio.

-Desde luego que eso mejoraría mi sopa muchísimo -le contestó el monje.

Después de que el campesino le trajera las verduras, el viejo las lavó, troceó y echó dentro del caldero en el que el agua hervía ya a borbotones.

-Un poquito de chorizo y tendré una sopa de piedra digna de un rey.

-Pues toma ya el chorizo, mendigo loco.

Lo echó dentro de la olla y dejó hervir durante un ratito, al cabo del cual sacó de su zurrón un pedacillo de pan que le quedaba del desayuno, se sentó en la mesa de la cocina y se puso a comer la sopa. La familia de campesinos lo miraba, y el fraile comía la carne y las verduras, rebanaba, mojaba su pan en el caldo y al final se lo bebía. No dejó en la olla ni gota de sopa. Bueno. Dejó la piedra. O eso creían los campesinos, porque cuando terminó de comer agarró el pedrusco, lo limpió con agua, secó con un paño de la cocina y se lo guardó en la bolsa.

-Hermano, -le dijo la campesina- ¿para que te guardas la piedra?

-Pues por si tengo que volver a usarla otro día. ¡Dios los guarde, familia!


Un símbolo abarcador.

Diógenes
José de Ribera
(español, 1591-1652)
            En todas las tradiciones religiosas hay seres que viven como monjes.  Los encontramos en Occidente, en la tradición cristiana, pero también los hay en Oriente, por ejemplo en el hinduismo y en el budismo, con una notable presencia.

            La vida como monje no es solamente para ambientes religiosos.  Si observamos con atención, veremos que en nuestra vida cotidiana hay situaciones que se pueden asimilar a la vida monacal.

            La etimología de la palabra nos orienta a todas aquellas realidades que vivimos como únicas, y producen en nuestro interior un sentido de soledad.  Se puede ver “monjes” en muchos oficios, como es el vendedor de diarios, el taxista, el cajero de un banco, el médico en su consultorio.  También, en una situación vital en la que estamos solos en nuestra casa por circunstancias de la vida.  Recordemos a los migrantes dentro de un país, y mucho más a los que cambian de país o de continente, que han hecho de nuestro mundo un espacio intercultural.

            Toda persona, más allá de su oficio y condición, tiene tiempos en los que siente la soledad, como parte de su vida diaria.  Las tareas domésticas, el tiempo de aseo, los momentos antes de dormir, el viaje al trabajo y el regreso al hogar, son ocasiones monacales.  Esto se siente mucho cuando estamos enfermos y percibimos con fuerza nuestra individualidad.

            Dada esta variedad de experiencias, se suele decir que el “monje” es una especie de arquetipo, un modelo con características específicas que pueden aplicarse a la vida humana en sus distintas condiciones.  Las características principales son la ascesis y la generosidad.


Vivir como monjes.

            La palabra “ascesis” significa simplemente ejercitarse.  Tal como lo aplicó ya el poeta Homero (griego, siglo VIII a.C.), puede ser un trabajo artístico o técnico.  La expresión se usa en el ejercicio físico y también se atribuye al ejercicio de la inteligencia y la voluntad.  Ya desde esta perspectiva, si la ascesis es una característica del monje, entonces es un modelo para un amplio espectro de campos humanos.

Criatura Mítica I
Oswaldo Vigas
(venezolano, n. en 1926)
            Cada “monje”, según su entender y el propósito que busque, realiza su actividad.  En muchos aspectos es una repetición paciente de acciones físicas y de patrones de conducta, en los que se trasluce la inteligencia y la voluntad operando juntas.  En toda circunstancia, el fin que se busca es el mismo, y consiste en “soportar con dulzura las dificultades de cada día”, tal como lo expresó San Atanasio de Alejandría (296-373).

            La vida del monje busca la paz, que se expresa en la palabra “dulzura” que usa San Atanasio.  Lejos de tener tensiones constantes, la vida humana tiene el sentido de alcanzar, en la vida cotidiana, esa serenidad de espíritu que permite realizar adecuadamente las acciones más delicadas como las tareas más esforzadas, cualquiera sea la condición de cada uno, en contextos religiosos o seculares.  El resultado será indudablemente la alegría en el vivir.

            La ascesis es un ejercicio para el interior de cada uno, en un sentido muy personal, único.  Pero el arquetipo del monje también se refiere a la relación con lo exterior a cada uno, en relación con los seres humanos que nos rodean y con toda la naturaleza.  Aquí se aplica expresamente la generosidad.

            En el cuento presentado, el monje tiene que vérselas con un grupo de personas tacañas, opuesto a su estilo de vida.  En ese contexto encuentra la manera de despertar la generosidad en los demás, aplicando su ingenio en la manera de cocinar la sopa a partir de la simple piedra.

            El protagonista del cuento muestra cómo el sentido de la soledad se plenifica en la posibilidad de una relación renovada con otros seres humanos y con las cosas.  Su generosidad se muestra en el camino que va haciendo despertando la acción en común y el servicio al necesitado, aunque lo consideren loco o despreciable.

            El símbolo del monje nos ayuda a valorizar a las personas en sus oficios, en su vida cotidiana, y en el respeto que merecen por esa soledad personal que conforma cada personalidad.  Por otro lado, la generosidad que forma parte de la enseñanza monacal, es la herramienta necesaria para que esa soledad que todos tenemos en nuestras condiciones de vida, se pueda vivir con sentido y con una secreta felicidad.


Caras en bolsas de papel
Rafael Ferrer
(puertoriqueño, n. en 1933)


lunes, 8 de octubre de 2012

PIEDRAS EN EL CAMINO


 
Figura
Fu Baoshi
(chino, 1904-1965)
            En la antigua China, como en todo el mundo, los cuentos han desempeñado una tarea educativa y de comunicación que no se puede comparar con nada. 

            Al no tener autores conocidos, se presentan como una sabiduría común a todas las personas que los entienden y los transmiten.  No son parte de ninguna ideología reconocible, ni siquiera de una sola forma de concebir el mundo y las cosas.

            “El picapedrero”, es un relato situado en la construcción de la Gran Muralla China,  una fortificación de más de 6.700 kilómetros de largo.  Recientes estudios han probado que los sectores más antiguos tienen más de 2.500 años de realizados.  Las etapas más recientes de esta impresionante obra datan de los siglos XV y XVI d.C.


Durante la época en que se construía la Gran Muralla, vivió un pobre diablo que trabajaba como picapedrero. Chen Ting-Hua, éste era su nombre, pasaba los días renegando de su existencia, con enormes pesares y amarguras. No había noche que antes de dormirse no pidiese a los dioses el poder cambiar su suerte.

Cierta noche, cuando apenas se había quedado dormido, una gran luz inundó la estancia y una imagen gigantesca se le apareció.

— ¿Eres tú Chen Ting-Hua? –preguntó la aparición.

— Yo soy, humilde siervo y picapedrero –respondió Chen.

— He oído tus pensamientos –dijo la imagen-, ¿de qué te quejas?

— Señor… ¡de mi adversa suerte! –contestó-. No soy feliz, con mi pobre sueldo apenas puedo tener una choza donde malvivir y apenas puedo permitirme el lujo de tomar una taza de té. Mientras que otros…

— ¿Y qué deseas ser… dime? –dijo la aparición.
Barcos entre rocas
Li Keran
(1907-1989)

— Un gran Mandarín –contestó Chen-, ellos viven bien y tienen cuanto desean… Pero, perdonad mi osadía gran señor… ¿quién sois vos y cómo podéis ayudarme?

— Soy el dios de la ambición –respondió-, y he venido hasta aquí para resolver tus problemas. Quedarás pues convertido en un gran Mandarín.

Al instante, Chen se vio rodeado y atendido por gráciles y bellas doncellas y fornidos eunucos. Vestía hermosos ropajes de seda y poseía un gran palacio.

Al día siguiente, Chen salió a dar un paseo por los jardines de su fastuoso palacio. La mañana era maravillosa y el sol lucía en todo su esplendor. Al ver el Sol, Chen pensó: ¡Cómo molesta el Sol!, ¡me abrasa y nada puedo hacer!, ¡quién fuese como él! De pronto se oyó una voz que dijo:

— Ya que ese es tu deseo… ¡conviértete en Sol!

Y así, Chen se convirtió en el Astro Rey del día. Vagaba por el cielo dominándolo con su luz radiante, esplendoroso… Pero una tarde, una densa y plomiza nube se interpuso en su camino, impidiendo que los rayos del sol pasasen a través de ella. Esto irritó enormemente al antiguo picapedrero que pensó: ¿Cómo una indigna nubecilla osa ponerse en mi camino? ¡Quién fuera nube! Y en menos tiempo del que se tarda en decirlo, Chen se transformó en una enorme y negra nube, la cual con un tremendo trueno se descargó en forma de lluvia torrencial cayendo con enorme violencia sobre la tierra y estrellándose contra las rocas. Chen se asustó tanto al chocar que deseó ser como las rocas. Y al instante se convirtió en una de ellas.

Aquello era otra cosa –pensó- ahora se sentía duro y fuerte, podía resistir, la lluvia, el viento, la fuerza de los elementos… Mas de pronto, sintió unos terribles golpes y vio a un hombre que con un pico estaba picando piedras. Un grito surgió de su garganta:

— ¡¡Quiero ser picapedrero!! –y al abrir los ojos vio que todo había sido un sueño.

Desde aquel día Chen Ting-Hua no volvió jamás a quejarse de su suerte, ni a desear ser como los otros.


La transformación del picapedrero

            Podemos representar la vida humana en este mundo como un camino de transformación desde la simple existencia hasta alcanzar a conocer el sentido de la propia vida.  Esto no implica una modificación externa, sino un apasionante cambio de actitud interior. 
Círculo de piedra
Anónimo
Neolítico - III milenio A.C.

            El cuento presenta, en una forma sencilla, lo que sucede realmente en la vida de Chen Ting-hua, el picapedrero desconforme.  Por obra del sueño va a pasar por símbolos llamativos hasta llegar finalmente a la piedra, el eje central de su oficio.  Luego de ser mandarín, sol, nube, lluvia tormentosa y piedra, vuelve a su oficio original, pero ya no es el mismo. 

            De forma parecida, las tradiciones humanas han elaborado ritos que acompañan a los jóvenes en su paso a la vida adulta.  Los hacen pasar por distintas experiencias, dependiendo del entorno en el cual vive cada sociedad, y de las enseñanzas que se quieran transmitir.  Se los denomina “ritos de iniciación”, y están presentes en la historia humana, aún en las civilizaciones más contemporáneas y tecnocráticas.  La ausencia de este tipo de ritos produce en el individuo la impresión de ser despreciado, lo que se convierte en rencor e inadaptabilidad.

            En nuestro cuento, el sentido del oficio del protagonista va a estar puesto en el símbolo de la piedra.  Veamos algunos de sus significados.  A partir de aquí entendamos que cuando se menciona que la piedra tiene “poderes especiales” lo que se quiere decir es que son instrumentos de una fuerza de otro orden, un poder que no reside en ellas.  Las piedras nos indican hacia donde prestar atención.


La vitalidad de las piedras
Piedra viviente (fotografía)
Khaled Hasan
(bangladés, n. en 1981)
            Según explican algunos estudiosos modernos, el planeta tierra que habitamos fue, en su origen, una masa de fuego, venida de otro lado, que se fue enfriando y endureciendo.  Esta manera moderna de entender el planeta, coincide con la forma en que piensa la tradición.  Las piedras son el testimonio, endurecido y permanente, de la masa, originalmente encendida en fuego, que vino del cielo. 

            Perseverando en esta idea, la tradición atiende a las piedras caídas del cielo, como los meteoritos, porque son las mensajeras del origen del mundo.  Todo lo que vino con la masa ígnea original viene en cada piedra que cae del cielo.  Por este motivo, en muchas religiones del mundo, los altares son de piedra o, al menos, tienen una piedra en la base. 

            En otros tiempos, se ponía una piedra para fundar un lugar.  En un relato bíblico, se habla del patriarca Jacob, que apoyó su cabeza sobre una piedra para dormir.  Por el sueño que tuvo, se dio cuenta que esa piedra era el centro de un lugar sagrado, “Beith-el”, la Casa de Dios. 

            En otros casos, como en los Andes peruanos, se hacen amontonamientos con piedras aportadas por cada persona que pasa por ese lugar.  Es un mojón que indica el camino seguro, o el lugar en donde encontrar lo necesario para el viaje.  Allí, como en muchos pueblos africanos, cada piedra representa un alma, y juntas están velando para que los otros puedan hacer su camino en paz.

            Lo que se llaman “piedras preciosas”, añaden, a su origen celestial, la idea de permitir la luz, al ser translúcidas y no opacas.  La tradición considera que estas piedras son símbolos de la transmutación, del cambio profundo.  Por eso se ponían en las coronas de los reyes, como también en muchos pueblos se regalan joyas con piedras preciosas engarzadas, para que protejan a quien las recibe. 

            Es inabarcable la significación de las piedras. En bruto o talladas, naturales o transmutadas, seguirán llenando de enseñanzas la vida del hombre.

            El picapedrero, al comienzo del cuento, estaba triste con su oficio.  Era como una piedra tallada por los hombres, hecho a la medida para construir la Muralla china.  Tenía razón en su queja.  Pero, en el sueño, fue tallado por la divinidad, que lo llevó a conocer el sentido de su vida.  Y termina como una piedra preciosa, una prenda de sabiduría y de paz. 

La Gran Muralla
Wu Guanzhong
(chino, 1919-2010)

            

martes, 25 de septiembre de 2012

EL HIJO DE LAS LÁGRIMAS



Juegos Tradicionales
Abdurrahim Buza
 (albanés, 1905-1987)
            Un relato necesita de algo básico, que son las palabras.  El origen de las palabras apasiona porque forma parte de infinitos acuerdos que han ido realizando grupos humanos para que sus miembros entendieran qué significaba un conjunto de sonidos, que es lo que en definitiva es una palabra.

            Parece que el uso de las palabras para comunicarse se inició en una región del continente africano, hace miles de años.  Lo sorprendente es que todas las lenguas humanas tuvieron origen en aquel lugar.  Se ha llegado a hacer un árbol genealógico de las lenguas, con muy pocos puntos oscuros por dilucidar.

            “El hijo de las lágrimas” es un cuento de tradición albanesa.  El idioma original albanés es muy antiguo, de la rama indoeuropea.  En nuestro tiempo lo hablan entre seis y siete millones de personas, no solamente en Albania, sino también en Serbia, Macedonia, Montenegro y en el sur de Italia.

Una vez en una aldea habitaba una hidra. Todas las gentes que acudían a aquel lugar eran devoradas por ella.

Sucedió que cierto día llegó a la aldea una mujer con tres hijos, hermosos como estrellas los tres. Pasó el tiempo y un buen día la hidra se comió a los tres hermanos. La pobre mujer quedó sola, pues también su marido había muerto tiempo atrás, al nacer el más pequeño de sus hijos, así que ella no paraba de llorar por su gran pérdida y su soledad. Tanto lloró que llegó a llenar una botella entera con sus lágrimas. Después se la bebió y al cabo de nueve meses dio a luz un niño. Este creció y llegó a los dieciocho años y siempre le estaba preguntando a su madre:

-¿Yo no he tenido más hermanos?

A costa de tanto insistir, su madre acabó por confesarle que había tenido tres hermanos, pero que se los había comido la hidra. Una vez que se enteró de la verdad el muchacho, le dijo a su madre:

-Iré y mataré a la hidra, cueste lo que cueste.

Su madre lloraba y le decía:

-Te lo imploro, no vayas, te comerá también a ti y volveré a quedarme sola como un cuclillo. ¡No me dejes abandonada!

Pero el muchacho ya no hacía el menor caso a sus palabras.

Un día tomó tres madejas de lana y marchó en dirección a la hidra. Cuando el animal abrió las fauces para devorar al muchacho, éste le metió dentro las tres madejas de lana y la hidra se ahogó. Agarró el muchacho la navaja, abrió el vientre del monstruo y de él salieron sanos y salvos sus tres hermanos y muchas otras personas más. Toda aquella gente surgida del vientre del monstruo no sabía cómo agradecer al joven que los hubiera salvado y le prometieron que le construirían un palacio y le llevarían muchos presentes. El muchacho se llevó a sus tres hermanos, marcharon todos junto a su madre y así vivieron, se casaron, prosperaron y tuvieron larga descendencia.


El animal mitológico.

Heracles
Relieve de Dura Europos
(siglo III a.C.)
            El obstáculo central del cuento es la hidra.  Se dice que es un animal mitológico, porque no es importante su forma concreta sino lo que el animal significa.  Del relato surge que tiene fauces con las que devora gente y también un vientre donde están los tres hermanos comidos y otras personas.  Lo que hay que buscar es lo que este animal está representando.

            La manifestación más famosa de la hidra en la tradición es el enfrentamiento con Heracles, también conocido como Hércules.  Este héroe debió realizar doce trabajos inmensos, entre ellos vencer a la hidra de varias cabezas, que estaba en el lago de Lerna.  Este monstruo, que asolaba la región donde habitaba, tenía una sangre tan venenosa, que infectaba el agua que tocaba, impidiendo la vida de los peces a su alrededor.  Hay distintas versiones sobre el número de cabezas que poseía la hidra, pero cada una de ellas tenía la propiedad de que cuando se cortaba, del mismo cuello surgía otra.

            Desde la antigüedad, esa hidra personifica a la mente con todos sus defectos. Mientras viva el monstruo y la vanidad no esté dominada, las cabezas, que simbolizan los vicios, vuelven a brotar, incluso del cuello cortado; por lo tanto, y confirmando la interpretación, todo lo que toca los vicios o procede de ellos se corrompe y corrompe.

            Los vicios representados son numerosos como las cabezas del monstruo: apegos, apetencias, temores, rencores, iras, lujurias, envidias, odios, orgullos místicos o laborales, engreimientos.  Podemos listar otros defectos, formulados con lenguaje más moderno:  querer tener siempre la razón, echarle la culpa a otro, hacerse siempre el mártir, poner una excusa para todo, expresarse siempre en tono negativo, ser intolerantes, ser desconfiados en exceso.

            En una interpretación del cuento, los tres hermanos han caído en los vicios, han sido devorados por los defectos, algo que no está lejos de la vida de los seres humanos.

            Lo primero que hay que saber es qué es lo que pasa.  Es lo que pregunta el “hijo de las lágrimas” del cuento.  A pesar de la resistencia de la madre, él pregunta insistentemente.  No dice el cuento por qué preguntaba tanto, pero es fácil de suponer que era la sensación de aislamiento, de ser un individuo que se las tendría que arreglar solo en la vida. Si no se hubiera enterado, no habría podido hacer nada.


Salir del vientre monstruoso.
Símbolos
Engjëll Berisha
(albanés, 1926-2010)

            Es sorprendente que cuando el héroe abre el vientre de la hidra, salen vivos sus tres hermanos y mucha otra gente.  El monstruo traga pero no transforma ni mata.  Es un lugar triste, lúgubre, pero del cual se puede salir.  Siguiendo la interpretación señalada, es horrible vivir en el vicio, pero hay solución, hay vías de escape de la triste situación.  Este es el mensaje de la narración, su buena noticia.

            Heracles venció a la hidra de Lerna con paciencia.  Buscó ayuda en su sobrino Yolao quien, a medida que Heracles cortaba las cabezas, él cauterizaba los cuellos con un tizón encendido, de tal manera que no podía crecer una nueva.  Una de las cabezas era inmortal, la cual fue cortada y enterrada bajo una piedra.  Finalmente, Heracles mojó las puntas de sus flechas en la bilis venenosa de la hidra, que usará luego en sus futuros trabajos.

            El héroe griego enseña que para vencer a los vicios hay que tener paciencia, derrotándolos uno por uno y cerrando cuidadosamente la herida para que no sigan corrompiendo.  Esta tarea no puede ser obra de uno solo, sino que se necesita ayuda de otros, especialmente los cercanos como el sobrino de Heracles.

            En la historia de la humanidad se han dado otras interpretaciones a la hidra.  En esta ocasión hemos elegido aquella que nos remite a la vida interior, a la tarea constante de cada ser humano con sus propios obstáculos.  Pero tengamos en cuenta que la hidra ha sido considerada también como un talismán protector, y así aparece en bajorrelieves en iglesias medievales.  En siglos recientes, la hidra también ha representado la libertad política de la comunidad y su capacidad de rebelión frente a los poderes opresores.

            Para encontrar las enseñanzas de este monstruo mitológico tenemos que hacer como el “hijo de las lágrimas”, tomar la navaja y abrirle el vientre. La navaja es la “palabra”, ese orden de sonidos significativos, que se ha plasmado en tantos idiomas y dialectos. Es la palabra, como comunicación con los demás y como meditación, la que abre el vientre de la hidra. 

            Los seres humanos hemos inventado las lenguas para salir de nuestro aislamiento, para entendernos.  Y meditar en lo que aprendemos, profundizar en lo que conocemos, es abrir el vientre del monstruo para alcanzar, para nosotros y los demás, la libertad de vivir en la luz. 

Yo estuve allí
Toni Milaqi (albanés, nacido en 1974)


sábado, 15 de septiembre de 2012

LOS DESATENDIDOS



             Los números están, con frecuencia, presentes en los cuentos.  A veces cumplen un papel central, pues sus significados nos ponen ante la enseñanza central.  En otras ocasiones indican alguna cualidad general que hay que suponer en lo que se relata.
Ciclo (2005)
Sopheap Pich (camboyano)

            En la narración “La bolsa repleta de cuentos” se habla de tres pruebas.  En esta oportunidad el número señala con sencillez la armonía que hay en las instancias que se presentan, pero no se despliegan la inmensidad de su significados.

            Es un relato de la tradición de Camboya, una tierra lejana, y sin embargo compartimos la mayoría de los símbolos que nos acercan a entender la vida del mundo y de los hombres.

“Cuéntame otro cuento, por favor”, suplicó Lom. “No ya es hora de dormir”, contestó su anciano criado. Así que el pequeño se acurrucó en la cama y pensando en la historia que acaba de escuchar.

Desde que Lom era muy niño, el viejo criado le contaba cada noche historias maravillosas: cuentos sobre enormes gigantes y poderosos magos, tigres feroces y sabios elefantes, emperadores opulentos y hermosas princesas. Cada noche tocaba una historia nueva, y a Lom le encantaba escucharlas. Sabía que el criado había oído los cuentos de labios de su madre, su abuela, su bisabuela, y que eran historias muy antiguas.

Lom solía alardear delante de sus amigos de saberse muchos cuentos. “¿Por qué no nos cuenta uno?”, le pedían una y otra vez. “No –gritaba Lom-, son míos, y no se los contaré a nadie”.

Todo el mundo sabe que los cuentos están para ser contados, pero como Lom no los compartía con nadie, se iban quedando aprisionados en una vieja bolsa, colgada en su habitación.

Lom siguió creciendo, acompañado por los cuentos que el viejo criado le contaba cada noche, y se convirtió en un apuesto joven. Decidió casarse con una bonita joven de un pueblo vecino. La noche antes de la boda, el viejo criado oyó unos extraños murmullos en la habitación de Lom. ¿Qué será eso?”, refunfuño, y se puso a escuchar atentamente.

Los murmullos venían de la vieja bolsa. Eran los cuentos, que charlaban entre sí lamentándose: “Mañana se casa y por su culpa nos quedamos aquí apretujados”.  “Debió dejarnos salir”, se quejó otro cuento. “Le haremos pagarlo caro”, gritó un tercero. “Tengo un plan”. Dijo el primer cuento. “Cuando vaya mañana al pueblo para la boda le entrará sed. Me convertiré en pozo y, cuando beba agua, le entrará un dolor de estómago terrible”.

 “Por si el plan no funciona, yo me convertiré en sandía. Cuando se la coma, sufrirá un dolor de cabeza espantoso”, dijo el segundo cuento.

 “Yo me convertiré en serpiente y le morderé”, dijo el tercero. “Sentirá un dolor insoportable en la pierna.” Y los cuentos se rieron cruelmente tramando su venganza.
El viejo sirviente se quedó horrorizado. “¿Qué hago?”, se preguntó. “Tengo que evitarlo”. El criado pasó toda la noche entera pensando como salvar al joven.

Por la mañana, cuando Lom se disponía a partir en su caballo al pueblo vecino, el criado salió apresuradamente y agarró las bridas del animal. Guió al animal por las colinas hasta llegar a un pozo.

 “¡Alto! -gritó Lom-, tengo sed”, pero el anciano hizo seguir al caballo sin detenerse en el pozo. Al poco llegaron a un  sembrado repleto de sandias. “¡Para!, gritó Lom.
“Estoy muerto de sed. Quiero una sandía”. El criado no quiso detenerse y siguieron adelante.

Llegaron al pueblo y durante la boda el criado se pasó todo el tiempo mirando por todas partes, pero no vio ninguna serpiente.

Al anochecer, los novios se dirigieron a su casa. Los vecinos habían cubierto todo el suelo de la casa de alfombras.

De repente, el viejo criado entró corriendo en los aposentos de los novios. “¿Cómo te atreves a entrar aquí de ese modo?”

El viejo criado levantó la alfombra y dejó al descubierto una serpiente venenosa. La tomó por la cabeza y la tiró por la ventana. “¿Cómo sabías que estaba ahí?”, preguntó Lom asustado.

El criado le habló de los cuentos apretujados en la bolsa y de sus planes de venganza por haberlos olvidado y no compartirlos con nadie.

Desde aquel día Lom empezó a contarle los cuentos a su mujer. Uno por uno, fueron saliendo todos los cuentos de la bolsa con gran alegría.

Años más tarde, Lom se los contó a sus hijos, y a su vez, ellos se los contaron a los suyos.

Hoy en día se siguen contando. Lo sé muy bien, porque yo también los he escuchado y porque yo soy  uno de esos cuentos apretujados en la bolsa.


La fuerza de los cuentos.

            Los cuentos, como los símbolos que usan, tienen siempre aspectos benéficos o dañinos.  Esta realidad es siempre así, pues el cuento hace bien o mal según quien lo narre y lo escuche.  Guardarlos sin transmitirlos a los demás es también una forma de reforzar el costado negativo de los mismos.
Empecé a pintar en el depósito de un hotel.
Ken Svay (camboyano, 1933-2008)

            En este sentido, las narraciones de la tradición no son informaciones del pasado o adornos del tiempo.  Por el contrario, tienen una tarea muy importante que desarrollar en las generaciones siguientes a su formulación.  Merecen atención pues pueden hacer un bien o causar daños si no se los atiende como corresponde.

            Los elementos del cuento también tienen esta potencia doble.  Por ejemplo, el pozo del que el viejo criado tiene que proteger a Lom.  El fondo del mismo es el mundo de los muertos, caer en un pozo es quedar prisionero de las fuerzas subterráneas, inferiores.  Es común sentir que los agujeros encierran al final potencias maléficas, dañinas. 

            Pero el pozo tiene otro sentido.  Es como un eje, una escalera, que me permite avanzar desde la oscuridad hacia la luz de su boca.  En este aspecto es salida, solución.  El fondo suele significar la oscuridad, la falta de vitalidad, no saber qué hacer.  Entonces, para esta mirada, el pozo significa la salida por arriba, el camino hacia la luz.

            De la misma manera se podrían considerar los otros dos elementos de las pruebas.  La sandía, y mucho más la serpiente, encierran castigos o beneficios.  Las tres pruebas forman un todo armónico, en relación al matrimonio que Lom está por comenzar.  Indican la solución, la fecundidad y la fuerza vital en primera instancia, para luego desplegar sus potencias en muchos significados más.


La transmisión de cuentos.
Escena de la vida idílica
Vann Nath (camboyano, 1946-2011)

            La principal actitud frente a las narraciones de la tradición humana es comunicarla a otros.  Esto tiene varios caminos, que se pueden recorrer uno detrás de otro.

            El primer camino es escucharlos, leerlos.  Que no queden encerrados en la bolsa, sino que estén vivos en los oídos y en el corazón de los receptores.  Son siempre breves, por lo que resultan fáciles de recordar, y en la memoria volver a encontrarse con ellos.

            Recordar los cuentos nos lleva a meditarlos, a pensarlos en sus elementos, a descubrir lo que quieren decir, lo que quieren enseñar.  Es entender que en las narraciones la humanidad va legando a los descendientes lo que ha atesorado con paciencia en su experiencia.

            La figura humana que más entusiasma del cuento camboyano es el anciano sirviente.  Vive feliz su sabiduría contando las historias a su discípulo, lo salva de su ignorancia y lo protege para que alcance la plenitud.  Una descripción del amor auténtico.



La pollera de la flor dorada
Leang Seckon (camboyano, nacido en 1974)



lunes, 3 de septiembre de 2012

EL RÍO DE LOS COCODRILOS



Pintura rupestre.
Tanzania
(2000 años de antigüedad)
            África es un continente en el que habitaron formas tempranas de vida humana.  La ciencia ha comprobado la presencia de homínidos hace más de tres millones de años.  Eran seres bípedos con forma muy parecida a la nuestra.  Dos grupos muy conocidos de estos homínidos, llamados homo habilis y homo erectus, convivieron durante 500.000 años en aquel continente.

            No es de extrañar, entonces, que en África encontremos cuentos que nos trasmiten una sabiduría muy arraigada en la existencia humana.  La siguiente historia es un buen ejemplo.


Marama y el río de los cocodrilos
Cuento popular africano

Marama era una niña pequeña cuando sus padres murieron. El jefe confió su custodia a una de las mujeres de la aldea. Pero era una mujer malvada que pegaba a la niña, no le daba de comer y sólo pensaba en librarse de ella.
Sin título
Damián Msagula
(Tanzano, 1939-2005)

Un día le dio a Marama un pesado mazo, de los que sirven para moler el grano, y le dijo:
-Vete al río de los cocodrilos Bama-ba y lava este mazo para que pueda utilizarlo para triturar el arroz.

Marama estalló en sollozos porque el río estaba muy lejos, era muy profundo y estaba lleno de serpientes y cocodrilos. A la gente le daba miedo ir allí y sólo las gacelas y los leones iban a beber. Pero Marama tenía tal terror a su malvada madrastra que tomó el mazo y se fue.

En el camino del bosque encontró un león que, agitando su melena, rugió con voz terrorífica:
-¿Cuál es tu nombre y adónde vas?

Marama tenía mucho miedo, pero cantó con dulce voz:

Marama es mi nombre
Y no tengo madre…
Voy al río
a lavar este mazo.
Al río de los cocodrilos,
mi madrastra me ha enviado.
Allí sólo van las gacelas
Y los leones a beber.
Y duermen las serpientes
y los cocodrilos.

-¡Ve, pues Marama, niña sin madre! –dijo el león-. Ve y no tengas miedo. Yo velaré para que no te molesten las gacelas y los leones cuando vayan a beber.

Marama prosiguió su camino y cuando llegó al río, un horrible y viejo cocodrilo surgió ante ella, abrió su enorme boca y sus grandes ojos rojos parecían salírsele de la cabeza.
-¿Cuál es tu nombre y adónde vas? –preguntó.

Marama llena de miedo cantó con dulce voz:

Marama es mi nombre
Y no tengo madre…
Voy al río
a lavar este mazo.
Al río de los cocodrilos,
mi madrastra me ha enviado.
Allí sólo van las gacelas
Y los leones a beber.
Y duermen las serpientes
y los cocodrilos.

-¡Ve, pues, Marama, niña sin madre! –dijo el cocodrilo-, lava el mazo y no te asustes. Yo velaré para que no te molesten las serpientes y los cocodrilos que viven en el río.

Marama se arrodilló a la orilla el río y empezó a lavar el mazo, pero, como pesaba mucho, se le resbaló de las manos y desapareció en el agua. Marama se puso a llorar porque no podía volver a casa sin el mazo. De repente surgió del agua un cocodrilo que le dio un mazo nuevo, completamente limpio e incrustado de oro y plata.
-Lleva este mazo a tu casa, Marama, niña sin madre, y enséñalo a todos para que el mundo sepa que el poderoso Subara, rey de los cocodrilos, es tu amigo.

Marama le dio las gracias y volvió a su casa. Por el camino encontró de nuevo al león.
-Déjame el mazo, Marama, niña sin madre, -dijo-. Pesa demasiado para ti. Te lo llevaré hasta tu casa y así todo el mundo sabrá que el poderoso Subara, rey del río de los cocodrilos, es tu amigo.

Cuando Marama llegó a casa, su madrastra admiró mucho el mazo y le preguntó dónde lo había encontrado. Marama solamente le dijo que lo había encontrado en el río de los cocodrilos. Entonces la madrastra tomó otro viejo mazo y fue corriendo al río para poder, también ella, encontrar uno nuevo incrustado de oro y plata.

Por el camino, a través del bosque, encontró un león que agitando su melena, rugió con terrorífica voz:
-¿Quién eres y adónde vas?

La perversa mujer se asustó tanto que no pudo responder y puso pies en polvorosa. El león la siguió con la mirada hasta que hubo desaparecido entre los árboles y simplemente se encogió de hombros.

Al llegar al río la mujer, un horrible y viejo cocodrilo surgió ante ella, abrió su enorme boca y sus grandes ojos rojos parecían salírsele de la cabeza.
-¿Cuál es tu nombre y adónde vas? –preguntó.

La malvada mujer se asustó tanto que no pudo decir ni una palabra y huyó por la orilla del río. No llegó muy lejos. Los leones y las gacelas que iban a beber la rodearon, así como las serpientes y los cocodrilos que vivían en el río, y cantaron todos a coro:

Marama, la niña sin madre,
puede venir a lavar
porque el poderoso Subara,
rey del río, es su amigo.
Pero para ti, pérfida mujer,
El río de los cocodrilos
Significa la muerte.

Y así fue.


El rey del río

            El cocodrilo, animal anfibio, significa duplicidad, y en algunos casos, representa a la hipocresía.  Desde antiguo reina en el mundo inferior, y también es símbolo de las tinieblas y la muerte.  Esto se manifiesta en el temor de la niña del cuento, que tiene que ir al río a lavar el mazo, y al final, en lo que canta el coro, se dice claramente.

Cipactli (dios cocodrilo)
Codex Borgia
(precolombino)
            Otro aspecto del cocodrilo aparece en América antigua: símbolo de la abundancia.  De su cuerpo brotan plantas, especialmente el maíz.  En el sur del continente, es expresión de las fuerzas de la tierra.  Se lo complementa con el jaguar, éste representando al fuego y el cocodrilo al agua, siendo cada uno el amo de su respectivo elemento. 

            El rey del río es presentado, en el cuento, como un Devorador, es el que engulle a las personas que no pueden justificarse.  Pero a la vez es un protector de la inocencia, especialmente de los que sufren imposiciones perversas.

            La tradición, observando con cuidado al animal, dice que los ojos del cocodrilo indican el nacimiento del día; su boca, es signo de homicidio; y su cola es señal de las tinieblas y la muerte. 

Cocodrilo comiéndose a un hombre
Manuscrito de Museo Meerlano.
(La Haya). Siglo XV
            Como todos los símbolos, su significación es ambigua.  Al estar entre los elementos de tierra y agua, el cocodrilo se convierte en símbolo de las contradicciones fundamentales.  Se agita en el barro, de donde crece una vegetación exuberante: en este sentido es símbolo de fecundidad.  Pero devora y destruye, saliendo de repente de las aguas y de las cañas: en este sentido, es un ser maléfico, el símbolo de una naturaleza viciosa.

            Este mundo exterior tiene un paralelo en el interior del hombre.  Por un lado somos seres relacionados con la luz y la fecundidad, y por otro podemos convertirnos en representantes del vicio y oscuras actitudes.  La sabiduría africana nos ofrece un camino para resolver el conflicto.

  
El canto de la inocente

            Marama resuelve su angustia con el canto.  Cuando le preguntan sobre su nombre y su destino, ella lo dice cantando una poesía. Al final del cuento, la asamblea de los animales canta la sentencia final de la situación. Es de notar que la mujer no contesta nada cuando es interrogada como la niña. La malvada madrastra no sabe cantar.

            Cantar es primordial en relación con la música instrumental.  La música, incluso la sagrada, es una técnica.  Por esta razón, los instrumentistas son nobles, hombres libres.  Pero los cantores, además, alcanzan la dimensión de hombres sagrados, poetas adivinos. 

            La tradición considera a los cantantes de esta manera porque imitan de cerca al Creador.  En muchas historias antiguas, el Hacedor de las cosas utiliza la fuerza de su soplo para dar vida.  En este sentido, el cantor responde con su soplo creativo, musical, para expresar el gozo, la adoración o el pedido. 

            Ante los momentos cruciales, en donde está en juego quiénes somos, nuestro nombre, y nuestro destino, conviene responder cantando.  No hace falta saber ninguna técnica, sino simplemente expresar la vida y nuestra búsqueda.  Tampoco es necesario un tumulto de palabras, sino emitir simples sonidos y palabras que nos conduzcan a la amistad con las fuerzas ambiguas de nuestro corazón, como fue la amistad de la inocente Marama con el rey del río.


Amigos divirtiéndose juntos
George Lilanga (Tanzano, 1934-2005)



jueves, 23 de agosto de 2012

DOS CUENTOS MAESTROS



Astrólogo y hombres santos
Atribuido a Govardhan
 (indio, s. XVII)
            Para transmitir enseñanzas, la tradición de la humanidad utiliza distintos recursos de acuerdo a los contenidos.  En ciertos casos basta una simple explicación o alguna sentencia breve.  Pero hay algunos aspectos que son sutiles y difíciles de entender de entrada.  Para estas situaciones es que se recurre al cuento.

            Las narraciones no brindan definiciones irrebatibles, sino que sugieren caminos para acercarse al centro de la enseñanza que se quiere transmitir.  Como en los cuentos siguientes, los maestros le agregan una sentencia al final, para orientar la búsqueda de cada oyente.  Veamos dos ejemplos.


El contrabandista

  Todos sabían que era indiscutiblemente un contrabandista. Era incluso célebre por ello. Pero nadie había logrado jamás descubrirlo y mucho menos demostrarlo. Con frecuencia, cruzaba de la India a Pakistán a lomos de su burro, y los guardias, aun sospechando que contrabandeaba, no lograban obtener ninguna prueba de ello.

Transcurrieron los años y el contrabandista, ya entrado en edad, se retiró a vivir apaciblemente a un pueblo de la India. Un día, uno de los guardias que acertó a pasar por allí se lo encontró y le dijo:

  --Yo he dejado de ser guardia y tú de ser contrabandista. Quiero pedirte un favor. Dime ahora, amigo, qué contrabandeabas.

  Y el hombre repuso:

  --Burros.


 El Maestro dice.

            En la tradición no interesa demasiado saber el nombre del Maestro, pues alcanza con que algún discípulo haya entendido la enseñanza y la trasmita a los demás. Lo importante es el contenido y no la persona que lo transmite. En este caso, la orientación del Maestro es la siguiente: “Así el ser humano, en tanto no ha purificado su discernimiento, no logra ver la realidad.”

            El sentido de la narración es el “discernimiento”, un concepto muy importante para la tradición y para la vida.  El sentido de la palabra es separar, dividir las cosas separándolas.  Viene del verbo latino cernere, el cual ha dado lugar a las palabras: certificar, decretar, secreto. En griego, esta palabra está emparentada con crisis, crítica e hipócrita.

Sin título
Satish Gujral
(indio, nacido en 1925)
            El discernimiento, en los aspectos más importantes de la cultura humana, está referido a los criterios del obrar, en distinguir una cosa de otra menos valiosa.  Se aplica especialmente a las operaciones del ánimo, para distinguir lo que hace bien de lo que hace daño.

            En el cuento los guardias son presentados como quienes no han purificado su discernimiento, y caen en el engaño del contrabandista, sin lograr nunca descubrir lo que este hombre pasaba ilegalmente.  Y lo que éste contrabandeaba era lo más evidente, burros.  

            También los guardias estaban enceguecidos respecto de la propia tarea que realizaban.  Custodiaban el paso a través de un límite entre naciones, algo que es artificial y cambiante.  Probablemente el oficio de comercio con burros fue anterior a la demarcación de los límites, y este hecho transformó una acción común en contrabando. Los guardias seguramente no habían intervenido en la creación de la separación entre aquellas naciones, no tenían los criterios necesarios para entender lo que sucedía y, por lo tanto, cayeron en la trampa del transportador de burros.

            En todas las tradiciones humanas, el discernimiento es una de las virtudes principales del ser humano maduro. El Maestro nos dice que es fundamental para ver la realidad, para entender adecuadamente lo que sucede en nuestro entorno y en nuestro interior. Por eso, no se refiere solamente a las grandes acciones, sino que está vinculado a las actividades más simples y cotidianas.  Es una actitud que debe ejercerse con constancia en las variadas situaciones de la vida.

           
El atolladero

  He aquí que un hombre entró en una pollería. Vio un pollo colgado y, dirigiéndose al pollero, le dijo:

  --Buen hombre, tengo esta noche en casa una cena para unos amigos y necesito un pollo. ¿Cuánto pesa éste?

  El pollero repuso:

  --Dos kilos, señor.

  El cliente meció ligeramente la cabeza en un gesto dubitativo y dijo:

  --Éste no me vale entonces. Sin duda, necesito uno más grande.

  Era el único pollo que quedaba en la tienda. El resto de los pollos se habían vendido. El pollero, empero, no estaba dispuesto a dejar pasar la ocasión. Agarró el pollo y se retiró a la trastienda, mientras iba explicando al cliente:

  --No se preocupe, señor, enseguida le traeré un pollo mayor.

  Permaneció unos segundos en la trastienda. Acto seguido apareció con el mismo pollo entre las manos, y dijo:

  --Éste es mayor, señor. Espero que sea de su agrado.

  --¿Cuánto pesa éste? -preguntó el cliente.

  --Tres kilos -contestó el pollero sin dudarlo un instante.

  Y entonces el cliente dijo:

  --Bueno, me quedo con los dos.


El Maestro dice.

Sa´di en un
 jardín de rosas

Govardhan
(indio, s.XVII)
            La orientación del que imparte la enseñanza es la siguiente: “En un atolladero tal se halla todo aspirante espiritual cuando verdaderamente no se compromete con la Búsqueda.”

            El vendedor de pollos se encuentra en una situación complicada, de la cual no puede salir inmune.  Creía que iba a ser fácil engañar al cliente, pero terminó atascado en su propia trampa.

            Su error, como en los casos de los guardias del cuento anterior, está en la falta de purificación de su discernimiento.  Obra de una manera atropellada, no piensa las consecuencias o los problemas que se puedan derivar de su acción. 

            Tampoco se da cuenta del sentido de su oficio, que es el comercio.  El intercambio de bienes es tan antiguo como las civilizaciones, y ha sido una actividad arquetípica en las sociedades humanas.  Es un lugar en el que se ejercitan las virtudes y en el que la responsabilidad por el bien de la comunidad está en juego. 

            La enseñanza de la tradición se refiere a la conducta de las personas.  Toman el ejemplo de los oficios y las circunstancias humanas, pero se dirigen al interior de cada hombre.  De este modo, así como el pollero es irresponsable en su tarea, de la misma manera lo es el aspirante espiritual que no está comprometido con su camino, sea cual fuere el que eligió.

            La tradición se ocupa de todo hombre, superando las situaciones de espacio y tiempo.  Los criterios que transmiten los Maestros, a través de sentencias, cuentos y razonamientos, tienen un alcance universal y es el tesoro que todo ser humano tiene, más allá de cualquier condición.


Sin título
Ismail Gulgee (pakistaní, 1926-2007)



lunes, 13 de agosto de 2012

EL MURCIÉLAGO DESPLUMADO



            La “Leyenda del murciélago” tiene su origen en Oaxaca, un estado componente de México.  Es una región habitada por varios grupos aborígenes, que conforman la mayoría de su población.  Tiene rastros de civilización agrícola desde 9.500 años antes de Cristo, y centros urbanos que datan de 500 años antes de nuestra era. 

Vida de un pueblo
Rodolfo Morales
(mexicano, 1925-2001)
            México es uno de los países con mayor número de especies nativas de mamíferos, apenas por debajo de Brasil e Indonesia.  Esta abundancia incluye a los murciélagos.  La diversidad de especies de murciélagos mexicanos incluye una gran variedad en hábitos y ecologías. La mayoría de estos animales pasan los días en cuevas, pero otros usan como refugios grietas, troncos huecos, hojas de palma, ramas de árboles, o duermen debajo de piedras o en casas. La mayoría de las especies se alimentan de insectos, pero hay algunas que son herbívoras, y unas pocas se alimentan de sangre, los verdaderos vampiros.

            Ante esta diversidad de especies, es natural que los antiguos mexicanos se interesaran en los murciélagos, especialmente por su carácter nocturno y porque habitan en las cuevas y las profundidades de la Tierra.  La siguiente leyenda, como tantas historias populares, tiene una larga trayectoria.


Cuenta la leyenda que el murciélago hace mucho tiempo fue el ave más bella de la Creación.

El murciélago al principio era tal y como lo conocemos hoy, y se llamaba biguidibela (biguidi = mariposa y bela = carne; el nombre venía a significar algo así como “mariposa desnuda”).

Un día de mucho frío subió al cielo y le pidió plumas al Creador, como había visto en otros animales que volaban. Pero el Creador no tenía plumas, así que le recomendó bajar de nuevo a la tierra y pedir una pluma a cada ave. Y así lo hizo el murciélago, eso sí, recurriendo solamente a las aves con plumas más vistosas y de más colores.

Cuando acabó su recorrido, el murciélago se había hecho con un gran número de plumas que envolvían su cuerpo.

Consciente de su belleza, volaba y volaba mostrándola orgulloso a todos los pájaros, que paraban su vuelo para admirarle. Agitaba sus alas ahora emplumadas, aleteando feliz y con cierto aire de prepotencia. Una vez, como un eco de su vuelo, creó el arco iris. Era todo belleza.

Pero era tanto su orgullo que la soberbia lo transformó en un ser cada vez más ofensivo para con las aves.

Con su continuo pavoneo, hacía sentirse chiquitos a cuantos estaban a su lado, sin importarle las cualidades que ellos tuvieran. Hasta al colibrí le reprochaba no llegar a ser dueño de una décima parte de su belleza.

Cuando el Creador vio que el murciélago no se contentaba con disfrutar de sus nuevas plumas, sino que las usaba para humillar a los demás, le pidió que subiera al cielo, donde también se pavoneó y aleteó feliz. Aleteó y aleteó mientras sus plumas se desprendían una a una, descubriéndose de nuevo desnudo como al principio.

Durante todo el día llovieron plumas del cielo, y desde entonces nuestro murciélago ha permanecido desnudo, retirándose a vivir en cuevas y olvidando su sentido de la vista para no tener que recordar todos los colores que una vez tuvo y perdió.


Las plumas de la  vanidad.

            La leyenda citada transmite, con toda claridad, una enseñanza moral.  Se usa como ejemplo al murciélago para mostrar cómo debe actuar el hombre, y lo que le conviene evitar.  De esta manera, los cuentos han transmitido reglas de convivencia a las distintas comunidades y civilizaciones en dónde han arraigado.  Y como la vida humana tiene elementos invariantes, sea cual sea la cultura de la que se hable, entonces nos encontramos ante relatos que son útiles para todos, es decir, leyendas universales.

Red
Trine Ellitsgaard
(dinamarquesa, nac. en 1954,
vive en Oaxaca).
            Los elementos más significativos del cuento son las plumas.  En civilizaciones de todo el mundo nos hacen pensar en dos dimensiones: una es la ascensión hacia las alturas, hacia donde se mueven las aves.  Otra es la del crecimiento, comparadas con los tallos de las plantas. 

            Por un lado, las plumas eran usadas por los hombres sagrados de varias tribus para indicar su papel de orientadores en las alturas del espíritu.  Por eso adornaban sus lugares de culto con plumas, o las usaban como símbolos en el tocado de la cabeza.

            Otro aspecto de las plumas es el de crecimiento y fecundidad.  Se colocaban en animales, en las puertas de los gallineros, o en las herramientas de labranza, con el fin de lograr los mejores resultados.  En algunos casos, como el de los indios pueblo, armaban bastones de oración que tenían plumas en la punta, y con ellos buscaban la cercanía con la divinidad y la fecundidad en sus tareas.

            De estos significados se nutren las plumas del murciélago.  El Creador le concede el abrigo pedido, y también otras bienaventuranzas que contienen estos elementos de las aves.  Pero el protagonista de la leyenda cae en el orgullo, y al  compararse con otros, en la vanidad.

            En la vida de la comunidad es conveniente respetar los contrastes, las diferencias.  Si alguien es alto, es porque hay otro bajo;  si alguien es delgado, es comparando con otros que están más gordos.  Es probable que el murciélago con plumas fuera un ser hermoso, y de hecho creaba el arco iris, pero pavonearse de la diferencia estaba fuera de lugar.  Porque los otros pájaros no eran mejores ni peores, sino distintos en sus plumas y funciones.

            Hacer lo inconveniente tuvo graves consecuencias para el murciélago.  De ser una creatura que tenía frío, pasó a no tener nada con qué abrigarse y, además, con la vergüenza de su desnudez.


Otro aspecto de leyenda.

            La tradición no sólo es moralizante, también trata de mostrarnos la realidad en su plenitud.  Tanto el Creador como los murciélagos, al igual que los pájaros, o el arco iris, sin olvidar las cuevas, todo conforma la realidad inabarcable.

            Los antiguos nos muestran que para acercarnos a la realidad, para no estar como extraños, es bueno tener en cuenta tres notas: la armonía, el amor y el fin.
Dios murciélago
Máscara-pectoral
siglo I a.C. - siglo II d.C.

            En el relato presentado vemos que en todo hay armonía, que es como una indescriptible relación entre los seres y todas las cosas.  Es como si formáramos parte de una gran música, dónde cada uno tiene un lugar.  Y en esta mirada también cabe, misteriosamente, la noción de lo oscuro, de lo tenebroso, de la falta de virtud.  Entre los antiguos mexicanos no solamente el Creador es un dios, sino también el murciélago es un dios de las profundidades, del abismo.

            El amor es determinante de la relación entre todos los seres que conforman la realidad.  Es lo que mantiene unido lo que conocemos y lo que ignoramos.  Como decía un poeta: “el amor es lo que mueve el cielo y las estrellas”.  Aún el vanidoso murciélago es rescatado por su amor.  Los mexicanos sabían bien de su importancia para que los insectos no causen daños en las cosechas.  Sin estos animales, las pestes hubieran hecho temible la vida de muchas personas.

            La realidad es gigantesca, inabarcable, pero no la vemos como caótica.  Tenemos la intuición de que tiene una orientación, aunque nadie la puede explicar cabalmente.  La ciencia descubre nuevos aspectos o potencias en la realidad.  La gente de vida común en general siente que se mueve en una dirección, que todo tiene un fin.

            Las leyendas nos enseñan a convivir, a tener los criterios adecuados para la vida en paz y con dignidad.  Y con mucha sencillez, nos ayudan a mirar la realidad con todos sus matices, para obrar con  confianza en el tiempo presente, el que nos toca vivir.


Códice Borgia - página 20
Precolombino.