domingo, 27 de abril de 2014

LA VERDADERA FLOR

          
Salomón y la Reina de Saba
Konrad Witz
(alemán suizo, 1400-1446)


  Cuando la reina de Saba recibió la visita del gran Salomón, con quien rivalizaba en sabiduría, le propuso un enigma.  Lo llevó a una habitación de su palacio donde unos prodigiosos artesanos habían llenado el espacio de flores artificiales.  Parecía un milagroso prado, donde múltiples flores desprendían su aroma y se balanceaban suavemente bajo el efecto de una desconocida brisa.

-He aquí mi enigma –dijo la reina-. Una de estas flores, sólo una, es una flor de verdad.  ¿Puedes señalármela?

Salomón miró atentamente a su alrededor.  Recurrió a lo más delicado de su sensibilidad, de todas las fuerzas de su concentración.  No pudo señalar la flor de verdad.  Entonces, como estaba sudando, le dijo a la reina de Saba:

-Aquí hace un calor poco habitual.  ¿Puedes pedirle a uno de tus sirvientes que abra una ventana?

La reina ordenó que se abriese una ventana.

-He aquí la verdadera flor- dijo el rey un momento después.

No podía equivocarse.  Una abeja que había entrado por la ventana acababa de posarse en la única flor de verdad.

Si siempre es difícil ser Salomón, dicen los comentaristas de esta historia, todavía es más difícil ser abeja.  Pero lo más difícil, en todas las épocas, es ser la flor.


Las distintas dificultades

            Los protagonistas de este cuento están en los textos del Antiguo Testamento.  Salomón, nació en Jerusalén cerca del año 1000 a.C y vivió 70 años.  Era el segundo hijo del Rey David y de Betsabé.  Prevaleció sobre otros medio hermanos y obtuvo el reino de su padre, venciendo a varios enemigos.  Fue el último que gobernó los reinos de Israel y Judá unificados y lo hizo durante 40 años.
Boca de dragón rojas
Georgia O´Keeffe
(estadounidense,  1887-1986)

            Durante su reinado, el país experimentó un gran desarrollo económico y cultural.  A Salomón se lo consideró el sabio del Antiguo Testamento, y se le atribuyeron varios libros, aunque en realidad muchos fueron muy posteriores.  Los más importantes son El Cantar de los Cantares, el Eclesiastés, el Libro de la Sabiduría, y especialmente los Salmos.

Así se dice en la Biblia del hombre sabio: "Dichoso el hombre que ha encontrado la sabiduría y el hombre que alcanza la prudencia; más vale su ganancia que la ganancia de plata, su renta es mayor que la del oro. Más preciosa es que las perlas, nada de lo que amas se le iguala. Largos días a su derecha, y a su izquierda riqueza y gloria. Sus caminos son caminos de dulzura y todas sus sendas de bienestar. Es árbol de vida para los que a ella están asidos, felices son los que la abrazan." (Proverbios 3,13-18)

La fama de Salomón se extendió a Etiopía y Yemén, de donde se cuenta que vino la Reina de Saba para conocerlo.  Era negra y hermosa.  Llegó a quedarse seis meses con el rey, se convirtió al judaísmo, religión que luego trasladó a su propia tierra, lo que explica el judaísmo y luego el cristianismo etíope.  El cuento narra un viaje de Salomón a Saba, pero nada de esto está en la Biblia.

Ariel y la abeja
(ilustración de La Tempestad)
Edmund Dulac
(francés, 1882-1953)
            Salomón fue puesto como modelo del hombre sabio, como también la Reina de Saba. Como dice el final del cuento, es muy difícil llegar a imitar este camino. La Biblia enseña que esto se alcanza con mucha dedicación y concentración, como la tuvo el rey.  Pero sobre todo, con una gran vida interior, aceptando que solamente con la protección de la divinidad es posible alcanzar este logro. 

            Más difícil aún es ser como la abeja.  Ella cumple con su impulso, y no se confunde en el mar de hermosas flores artificiales.  Sabe elegir cuál es la verdadera flor, y se la señala al rey que, a pesar de su sabiduría, estaba anonadado. La labor más complicada es hacer aquello para lo que estamos destinados, el cumplir estrictamente lo que se nos ha señalado.  Muchos que viven así nos ayudan a salir de nuestra incertidumbre ante tanto artificio, para ver cuáles son las cosas verdaderas.

            Pero el máximo logro, según el maravilloso final, es el de la verdadera flor.  Es lo que es, ni más ni menos.  No hay nada artificial, ambicioso, engañoso en ella.  Los artesanos elaboraron muchas flores falsas, pero nunca llegaron a la verdadera, a la auténtica en esencia.

            Esto es lo más difícil para cada uno de nosotros, ser simplemente lo que somos, con nuestras virtudes, defectos, alegrías, tristezas, descubrimientos y frustraciones.  Una verdad que orientará a aquellos sumergidos en la vida cotidiana y que finalmente iluminará al sabio que duda.




Amaryllis
Piet Mondrian
(neerlandés, 1872-1944)



domingo, 6 de abril de 2014

PALILLOS DE MARFIL


Flores en caída
Shen Zhou (chino, 1427-1509)


Cuando Chu, último rey de la dinastía Chang, ordenó que de un marfil de inmenso valor se le fabricaran palillos para comer, su tío y consejero, el príncipe Ki, se mostró sumamente triste y preocupado. Los palillos de marfil no pueden usarse con tazones y platos de barro cocido: exigen vasos tallados en cuernos de rinoceronte y platos de jade, donde en vez de cereales y legumbres deben servirse manjares exquisitos, como colas de elefante y fetos de tigre. Llegado a esto, difícilmente el rey estaría dispuesto a vestir telas burdas y vivir bajo un techo de paja: encargaría sedas y mansiones lujosas.
Laberinto intrincado
Yue Minjun (chino, n. en 1962)

-Me inquieta adónde conducirá todo esto -dijo el príncipe Ki.

Efectivamente, cinco años después el rey Chu de la dinastía Chang asolaba el reino para colmar sus despensas con todas las exquisiteces, torturaba a sus súbditos con hierros cadentes, y se embriagaba en un lago de vino. Y de este modo perdió su reino.


El eje de las cosas

         El cuento viene de China, el país más poblado del planeta.  Tiene más de 1.300 millones de habitantes; en segundo lugar está la India, con 1.200 millones, y el tercer lugar corresponde a Estados Unidos con más de 300 millones.  Estos tres países suman casi el 45% de la población mundial. 
Carácter "wang"

         En cuanto a extensión, China está en tercer lugar muy cerca de Canadá y luego de Rusia, que es el más grande. Estas informaciones, como las provenientes de su larga historia, nos ayudan a valorar la sabiduría atesorada en su vida, de la cual el cuento citado es una muestra.

         La figura del rey es muy valorada.  Para designarlo se usa el carácter “wang” formado por tres trazos horizontales paralelos, que simbolizan el cielo, el hombre y la tierra, ligados en el medio por un trazo vertical.  El rey sirve de vínculo a los tres planos de la realidad, y además forma parte de su obra. 

         Cuando se representa el poder del rey, se lo hace mediante cuadrados, recordando que su influencia abarca los cuatro puntos cardinales.  Es como un eje central por el cual desciende la virtud de lo alto y al mismo tiempo es el camino hacia el cielo.  Otra imagen asimila el rey al sol.  Así como el astro regula el ritmo y la armonía de los días y las estaciones, del mismo modo el rey regula desde el dominio cósmico al dominio social.

Magnolia y roca erecta
Chen Hongshou
(chino, 1598-1652)
         De esto surge el escándalo que siente el príncipe Ki cuando su sobrino, el rey, ordena que le fabriquen palillos de marfil. No sólo es un mal ejemplo de ostentación, sino que se convierte en una grave desarmonía para todo el reino, que sufre la superficialidad del soberano.  En cinco años, unos simples palillos para comer llevan a la decadencia imparable del gobernante.

         La figura del rey se aplica en las culturas a cada persona humana.  Es un símbolo de nuestros poderes sobre el entorno en el que vivimos, sobre las personas que acompañan nuestra vida diaria y sobre nuestro mundo interior, compuesto por nuestros pensamientos y nuestra mente. 

         No importa el lugar que ocupemos en la comunidad humana, siempre somos señores de nuestra vida, y tenemos que decidir de una forma adecuada en muchos aspectos de nuestro vivir cotidiano.  De esta manera, no solamente evitaremos graves daños para nuestro entorno y para nosotros mismos, sino que permaneceremos abiertos a la felicidad que está en la armonía con la realidad.

Paternalismo
Mao Xuhui (chino, n. en 1956)


domingo, 23 de marzo de 2014

YA NO TENGO CÁSCARAS PARA MIS CERDOS


Señora del Río Xiang
Fu Baoshi (chino, 1904-1965)


La montaña Jefú queda a poca distancia de nuestra aldea. Allí, cerca de un pequeño lago, existe un templo conocido como el de la Madre Wang. Nadie sabe en qué época vivió la Madre Wang, pero los viejos cuentan que era una mujer que fabricaba y vendía aguardiente. Un monje taoísta tenía la costumbre de ir a beber a crédito en su casa. La tabernera no parecía prestarle mayor atención a esa demora en el pago: el monje se presentaba y ella lo servía de inmediato.
El Arahat en las montañas
Shi Rongqiang (chino, n. en 1973)

Un día el taoísta le dijo a la Madre Wang:

-He bebido tu aguardiente, y como no tengo con qué pagártelo, voy a cavar un pozo.

Cuando terminó el pozo se dieron cuenta de que contenía un buen aguardiente.

-Es para pagar mi deuda -dijo el monje, y se fue.

Desde aquel día la mujer no tuvo necesidad de hacer aguardiente. Servía a sus clientes el licor que sacaba del pozo, mucho mejor que el que anteriormente fabricaba con cereal fermentado. Su clientela aumentó enormemente. En tres años hizo una gran fortuna de decenas de miles de onzas de plata.

De improviso, un día volvió el monje. La mujer le agradeció efusivamente.

-¿Es bueno el aguardiente? -le preguntó el monje.

-Sí, el aguardiente es bueno -admitió-. ¡Lástima que como no fabrico el aguardiente, ya no tengo cáscaras de cereal para alimentar a mis cerdos!

Riéndose, el taoísta tomó el pincel y escribió en el muro de la casa:

La profundidad del cielo no es nada,
el corazón humano es infinitamente más hondo.
El agua del pozo se vende por aguardiente,
pero la mujer se lamenta de no tener cáscaras para sus cerdos.

Terminado su cuarteto, el monje se fue, y del pozo sólo salió agua.


En el borde del pozo

         El monje que asiste a la taberna es taoísta.  El Tao es una manera de ver la realidad, que surgió en oriente, anterior a los chinos y su historia, pero a la que dio forma y sentido.  Tiene características que lo asemejan a una religión, pero no como la entendemos en Occidente.  Por otro lado, se puede decir que es una doctrina filosófica, aunque no encerrada en una forma determinada, sino que es soporte de sistemas filosóficos diferentes.
Paisaje salpicado de color
Zhang Daqian (chino,1899-1983)

         Uno de los aspectos en el que se fija el Tao es en la alternancia, como el día sigue a la noche, como las estaciones del año se suceden armónicamente.  Pero no busca la síntesis de la alternancia, sino que la admira tal como es.  Así como un niño acaricia a su mascota, así también el taoísta recorre la superficie de los cambios, los valora y siente el placer de su contacto.  El cuento muestra al monje seguidor de esta enseñanza, que no se enoja con los cambios de la Madre Wang, la vendedora de aguardiente.  Por el contrario, está muy atento a ellos, y se ríe sinceramente, lo que da lugar a la frase que escribe en la pared.  Finalmente, sigue los cambios, y transforma el aguardiente en agua.

Otoño tardío
Hong Ling (chino, n. en 1955)
         En la historia narrada arriba hay un centro: el corazón humano.  Simbólicamente está asimilado al pozo, y ambos quedan relacionados con la profundidad del cielo.  Pero el que se destaca sobre todo es el corazón.  En la antigua China, él se eleva hasta el principio de la luz.  La luz del espíritu, la de la intuición intelectual, de la revelación, brilla en la caverna del corazón.

         El corazón es el centro vital del ser humano, en cuanto asegura la circulación de la sangre.  A la vez ocupa un lugar central en la vida espiritual: piensa, decide, esboza proyectos, afirma sus acciones. 

         El corazón es el primer órgano que se forma y el último en morir, de donde “amar de todo corazón” significa hasta el último suspiro.  Por eso escribe el monje que la profundidad del cielo no es nada comparada con la hondura del corazón.


Abrazo
Zao Wou Ki (chino, 1921-2013)


domingo, 9 de marzo de 2014

LOS PESCADORES IMPASIBLES

Dos pescadores
Michael Ancher
(danés, 1849-1927)

La oportunidad del efemeróptero

Un día de cielos azules, un turista en Dinamarca se acercó a la orilla del mar.  Allí, en una escollera, vio a dos pescadores que fumaban tranquilamente en pipa sin quitar ojo a sus aparejos.

No se movían ni decían nada, como suelen hacer los pescadores.

El turista los observó un momento tratando de encontrar la manera de entablar conversación.  Se sentó, se levantó, tosió; los otros dos ni siquiera le dirigieron una mirada.

Entonces, en voz alta, comentó que aquel rincón de la costa danesa le parecía, encantador, que el día era magnífico.  No logró ni una mirada, ni una palabra.

Comentó que un bonito crucero pasaba a lo lejos; la misma indiferencia.  De pronto vio un efemeróptero que revoleaba alrededor de ellos. 
-          ¡Vaya! ¡Un efemeróptero! –dijo.

Los pescadores no reaccionaron.  Seguían atentos a sus cañas, inmóviles y silenciosos. 

-          ¡Qué maravilloso insecto! –exclamó el turista.

Nada.

El turista abrió la boca un poco después para decir:
-          ¿Saben que estos insectos solo viven veinticuatro horas y que por eso se les llama efemerópteros?

Entonces uno de los pescadores se quitó la pipa de la boca, volvió ligeramente la cabeza y dijo:
-        -  Pues al menos habrá tenido un tiempo excelente.


Un suceso tras otro
 
Noche en la bahía
Oluf Host
(danés, 1884-1966)
Los efemerópteros son insectos alados, quizás los más antiguos que se conocen.  Son casi 3.000 especies, con alas membranosas que no pueden plegarse sobre el abdomen.  La característica es que son efímeras pues, como dice el turista en el cuento, viven menos de un día.

Los pescadores no se admiran demasiado con la referencia que hace el turista, sino que uno de ellos le responde con una hermosa referencia al “tiempo”.  Este ha sido un tema filosófico importante, e incluso aparece en el cine, con películas que hablan de fantásticos viajes a través del tiempo, hacia el pasado o hacia un supuesto futuro.

La existencia es una sucesión de acontecimientos, y el tiempo nos es necesario para poder interpretar esa realidad.  Los filósofos relacionaron el tiempo con el movimiento, y con otros dos elementos que son indispensables para pensarlo, el espacio y la eternidad.

Aurora polar
Jens Juel
(danés, 1745-1802)
Una referencia valiosa nos viene de Aristóteles, que dijo que el tiempo es una medida del movimiento.  También enseñó que el tiempo es algo “subjetivo”, de nuestra propia interioridad, porque en nosotros residen las nociones de “pasado”, “presente” y “futuro”.  La realidad completa está en el presente, pero los seres humanos somos capaces de relacionar el presente con cosas que ya sucedieron, que son del pasado y ya no existen.  De la misma manera, muchas veces proyectamos con nuestra imaginación un futuro que todavía no existe porque, de existir, sería presente.

Según el cuento, podemos ver la existencia desde dos puntos de vista.  Un punto de vista sería el del insecto, metidos dentro de la vida misma.  Esa mirada es efímera, el tiempo pasa velozmente.


Por otro lado está el punto de vista del pescador, que es una mirada casi desde la eternidad, comparada con la brevedad del efemeróptero.  Desde allí, las circunstancias de la vida pueden ser excelentes, cortas pero plenas.  Esto está dicho por Jesús, cuando invita a sus discípulos a ser “pescadores de hombres”: enseñar a mirar la vida humana desde la eternidad a la cual pertenecemos, para descubrir que hemos tenido “un tiempo excelente”.


Composición
Erik Ortvad
(danés, 1917-2008)


domingo, 23 de febrero de 2014

EL BARQUERO INCULTO

Dos Figuras
Rabindranath Tagore
(indio, 1861-1941)
El barquero inculto

 Se trataba de un joven erudito, arrogante y engreído. Para cruzar un caudaloso río de una a otra orilla tomó una barca. Silente y sumiso, el barquero comenzó a remar con diligencia. De repente, una bandada de aves surcó el cielo y el joven preguntó al barquero:
  --Buen hombre, ¿has estudiado la vida de las aves?
  --No, señor -repuso el barquero.
(Estilo mandana).
Lakhi Chan Jain (indio).
  --Entonces, amigo, has perdido la cuarta parte de tu vida.

  Pasados unos minutos, la barca se deslizó junto a unas exóticas plantas que flotaban en las aguas del río. El joven preguntó al barquero:
  --Dime, barquero, ¿has estudiado botánica?
  --No, señor, no sé nada de plantas.
  --Pues debo decirte que has perdido la mitad de tu vida -comentó el petulante joven.

  El barquero seguía remando pacientemente. El sol del mediodía se reflejaba luminosamente sobre las aguas del río. Entonces el joven preguntó:
  --Sin duda, barquero, llevas muchos años deslizándote por las aguas .¿Sabes, por cierto, algo de la naturaleza del agua?
  --No, señor, nada sé al respecto. No sé nada de estas aguas ni de otras.
  --¡Oh, amigo! -exclamó el joven-.  De verdad que has perdido las tres cuartas partes de tu vida.

  Súbitamente, la barca comenzó a hacer agua. No había forma de achicar tanta agua y la barca comenzó a hundirse. El barquero preguntó al joven:
  --Señor, ¿sabes nadar?
  --No -repuso el joven.
  --Pues me temo, señor, que has perdido toda tu vida.


Tres maneras de aprender

            El primero de los “aprendidos” es el joven erudito.  Se muestra arrogante y engreído.  Al barquero lo trata de dos modos, que aparentan ser amables, pero esconden algo de superioridad: “amigo” y “barquero”.  Con los conocimientos que ha adquirido se burla de su transportador.  Le habla de pájaros, de plantas y de la misma agua, fraccionando la vida del sumiso barquero en partes perdidas.  El joven tiene muchos conocimientos, pero en realidad ha aprendido pocas cosas. 
Sin título.
Vasudeo S. Gaitonde
(indio, 1924-2001).

Quien recibe buena formación empieza por aplicar sus conocimientos a la propia vida, es decir, hacerse práctico para la vida concreta.  También la persona educada y culta se nota en el trato para con sus semejantes.  Ninguna de estas dos actitudes está en el joven del cuento.

            La segunda manera de aprender es la del barquero.  Quizás no es ilustrado, pero seguramente tiene una sabiduría bien práctica, que le ha permitido sobrevivir con su oficio sencillo y significativo.  No sabe de pájaros, como le dice al joven erudito, pero sí sabe interpretar su vuelo.  No conoce de plantas, pero se ve que no le faltan alimentos para la vida.  No puede decir mucho del agua, pero sí sabe sobrevivir en ella.

            La tercera forma de aprender es la que corresponde al lector de este breve cuento.  Su autor anónimo, con ingenio y buen trato, nos abre a las diferentes maneras de conocer.  Con sentido del humor, y sin poner en peligro la vida de nadie, pues todo es una fantasía, nos ayuda a entender que el auténtico saber está en unir lo que recibimos como información, a los aspectos prácticos de la vida.

            Hemos aprendido de la tradición que la vida fluye como el agua de un río, y no se detiene jamás.  Nuestra habilidad estará en saber navegarla, en aprovechar los conocimientos recibidos y los que hemos adquirido para no ahogarnos. 

También el cuento nos enseña a escuchar a los barqueros que nos conducen en  este caudaloso río, aquellos sabios que son silentes y sumisos, y que han tenido la generosidad de transportarnos a la otra orilla.




El aliento interior.
K. G. Subramanian
(indio, nacido en 1924).

domingo, 9 de febrero de 2014

DOS CAMPESINOS

Paisano vasco con vaca y ternera
Aurelio Bibiano de Arteta y Errasti
(vasco, 1879-1940)
El cuento.

Un tranquilo y taciturno campesino vigilaba a dos vacas que pastaban en un prado, y no hacía nada más.
Otro campesino, que pasaba por allí, se sentó en un pequeño muro que delimitaba el prado, permaneció un momento en silencio (en ese país las conversaciones son lentas y muy pensadas) y finalmente preguntó:
-¿Comen bien las vacas?
-¿Cuál de ellas? -dijo el otro.
El campesino que estaba de paso, un poco desconcertado por la pregunta, dijo entonces al azar:
-La blanca.
-La blanca sí -dijo el primero.
-¿Y la negra?
-La negra también.
Tras ese primer intercambio, los dos hombres permanecieron durante un buen rato sin hablar, la mirada perdida en el familiar paisaje, las montañas, el pueblo.

Entonces el segundo campesino preguntó:
-¿Y dan mucha leche?
-¿Cuál de ellas? -contestó el otro.
-La blanca.
-La blanca sí.
-¿Y la negra?
-La negra también.
A lo que siguió otro silencio, que duró tanto como los otros, en el transcurso de lo cual los dos hombres no se miraron. Sólo se oía el apacible sonido de las dos vacas que pastaban.

Finalmente el segundo campesino rompió el silencio y dijo:
-Pero, ¿por qué siempre me preguntas "cuál de ellas"?
-Porque -contestó el primero-, la blanca es mía.
-Ah -dijo el otro.
Reflexionó un poco y preguntó para acabar, no sin una oculta aprensión:
-¿Y la negra?
-La negra también.
Fresco de la Iglesia de San Telmo
(San Sebastián, siglo XVI)
 La conversación

            El cuento presentado tiene origen en la región vasca de España.  Tiene mucha gracia, por eso la lectura debe ser pausada.  La escena es como un juego de niños, que se basa en la reiteración de la mirada, y en la precisión de las observaciones.  Y como sucede con frecuencia cuando se juega con niños, se suele exasperar el adulto, que por lo general aplica más la lógica que la intuición.

Sin título
José Luis Zumeta
(vasco, n. en 1939)
            Cuando se busca el origen de la palabra “conversación”,  nos encontramos que implica un intercambio, algo que se asemeja a “realizar giros juntos”.  Por eso, en pueblos que hablaban en latín, la conversación era un intercambio de cosas que eran intensamente usadas por uno y por otro.  Es el uso común y frecuente de objetos, lo que llevó al término a designar intimidad, el estar unos con otros.

            Un “conversador” en la antigüedad era un comensal, que comparte una comida, una reunión con otros.  Para referirse a la conversación tal como la entendemos en nuestro tiempo, se hablaba de “sermo” en latín, que se acerca a la realidad del diálogo, centrado en el uso de la palabra.

            En la historia presentada están las dos realidades.  Por un lado, el estar juntos intercambiando perspectivas, miradas.  Aquí, lo que se está compartiendo es el símbolo de la vaca, una negra y otra blanca.  No hay intenciones explicativas, sino observaciones directas de la realidad.  Si se sigue lo central de los tres momentos, vemos que la primera observación es sobre la comida de las vacas, la segunda es sobre si dan leche, un alimento importante para la vida humana, y la tercera es una observación sobre la propiedad.

            El segundo aspecto, el del uso de la palabra, que permite que los dos campesinos tengan un intercambio, una interrelación en la soledad de un lugar abierto.  Los dos campesinos emiten palabras, que en realidad son sonidos transformados en sentido mediante la cultura.  La humanidad no surgió sabiendo “palabras” sino que las fue inventando de a poco, de tal manera que todos los que estaban en un mismo lugar, al escuchar determinado sonido, supieran qué es “lo que se quería decir”.  El diálogo nos remite al origen y nos recuerda el largo y sinuoso camino común de lograr entendernos.


            Del cuento también podemos rescatar a “la vaca”.  Es un animal muy noble, que nos ha llenado de bienes.  En todas las culturas es una de las representaciones de la Madre Tierra, que nos brinda variedad de alimentos para que vivamos.  Es figura de la abundancia y dadora de riquezas.  Por esta razón, es venerada en algunas regiones de nuestro planeta como un animal sagrado.


Sin título
José Luis Zumeta
(vasco, nacido en 1939).

sábado, 25 de enero de 2014

EL REY SABIO

Estatuillas de bronce del
Templo de los Obeliscos (Biblos, Líbano)
(fenicios, siglo VII a.C.)
Cuento de Khalil Gibran (libanés, 1883-1931)

Había una vez, en la lejana ciudad de Wirani, un rey que gobernaba a sus súbditos con tanto poder como sabiduría. Y le temían por su poder, y lo amaban por su sabiduría.

Había también en el corazón de esa ciudad un pozo de agua fresca y cristalina, del que bebían todos los habitantes; incluso el rey y sus cortesanos, pues era el único pozo de la ciudad.

Una noche, cuando todo estaba en calma, una bruja entró en la ciudad y vertió siete gotas de un misterioso líquido en el pozo, al tiempo que decía:

-Desde este momento, quien beba de esta agua se volverá loco.

A la mañana siguiente, todos los habitantes del reino, excepto el rey y su gran chambelán, bebieron del pozo y enloquecieron, tal como había predicho la bruja.

Y aquel día, en las callejuelas y en el mercado, la gente no hacía sino cuchichear:

-El rey está loco. Nuestro rey y su gran chambelán perdieron la razón. No podemos permitir que nos gobierne un rey loco; debemos destronarlo.

Aquella noche, el rey ordenó que llenaran con agua del pozo una gran copa de oro. Y cuando se la llevaron, el soberano ávidamente bebió y pasó la copa a su gran chambelán, para que también bebiera.

Y hubo un gran regocijo en la lejana ciudad de Wirani, porque el rey y el gran chambelán habían recobrado la razón.


El desafío del movimiento.

Pintura tumba Burj esh Shemali
(cerca de Tiro, s. II d.C.)
            Las comunidades humanas nunca permanecen iguales.  Están siendo desafiadas continuamente.  Si ese desafío es demasiado pequeño, la comunidad se empieza a anquilosar, a endurecer y finalmente se petrifica y muere.  Si la oposición que se le presenta es muy grande, entonces sucumbe ante el obstáculo y deja de existir.

            La comunidad del cuento comienza siendo muy estable.  El signo de su equilibrio es el gobierno de un rey, lo suficientemente poderoso para someter a todo el pueblo, y con la sabiduría necesaria para ejercer justicia.  Aparentemente un mundo ideal.

            Pero la vida pasa, y pone a los grupos humanos ante nuevas situaciones y horizontes.  Con simples notas advertimos esta realidad: la población crece, los más viejos mueren, se inventan nuevas cosas para mejorar la vida.  Esto sin contar otros aspectos que conmocionan la vida de la sociedad: los enojos, los chismes, las envidias, la ostentación, los excesos, la timidez.  Apenas pensemos un poco nos damos cuenta que ninguna comunidad humana puede permanecer igual a sí misma, más que un corto tiempo.

Ilustración para "El Profeta"
Khalil Gibran
            La bruja, un personaje oscuro para la consideración común, representa esas fuerzas extrañas a la comunidad, a veces externas y otras veces internas.  Vierte un líquido misterioso en el agua del pozo de la ciudad.  El cuento tiene el cuidado de decir que son siete gotas, un número considerado pleno, perfecto.  Significa que la bruja no falla, y abarca a todos.  El único que permanece aislado es el rey y su gran chambelán, los que mandan.  Son los que tienen una vida aparte.  Todos los demás quedan sumergidos en la locura, en un nuevo criterio desconocido en la comunidad.

            Una solución que pudo haber aplicado el rey es buscar un consenso, hacer como si él también hubiese sido alcanzado por la locura sembrada por la bruja, aparentar que es de la misma condición.  De esta manera, quedaría aparte de la sociedad, y como único transmisor de las virtudes del pasado, de la cordura de tiempos anteriores.  Hubiese sido la personificación de lo que se hacía siempre, la memoria de las leyes de la vida cotidiana anterior.


            El rey del cuento era realmente sabio y toma una decisión auténtica y conmovedora: dar la vida por su ciudad.  Entrega su “cordura” al servicio del pueblo.  Pone en juego la copa, que tradicionalmente es símbolo del corazón, y que es de oro, lo cual significa sus riquezas, el tesoro real.  Y al beber del agua del pozo se entrega al servicio de su comunidad, en igualdad de condiciones, aceptando el desafío que la vida les ha planteado.  Es compartir el destino con los contemporáneos, confiando en los conciudadanos y no en las propias fuerzas y razón.


Júbilo
Paul Guiragossian (libanés, 1925-1993).