domingo, 24 de marzo de 2019

EL SEÑOR YE AMABA LOS DRAGONES

Un dragón músico
Manuscrito ca. 1415


Al señor Ye le gustaban tanto los dragones que los tenía pintados o tallados por toda la casa. Cuando se enteró el verdadero dragón de los cielos, voló a la tierra y metió su cabeza por la puerta de la casa del señor Ye y su cola por una de las ventanas. Cuando el señor Ye lo vio, huyó asustado, casi se volvió loco.

Esto demuestra que el señor Ye, en realidad, no amaba tanto a los dragones. Sólo le gustaba aquello que se le parecía, pero en ningún caso el auténtico dragón.


El animal interior
El dragón
Elena Polenova
(rusa, 1850-1898)

El dragón es un animal que vive en cuevas o bajo tierra, con pulmones de fuego, alas de ave, y escamas de pez. Resume en sí los cuatro elementos que, según los griegos, conformaban toda la realidad: tierra, fuego, aire, agua. Es un símbolo ambivalente, por eso en muchos casos se los coloca de a dos, como en el caduceo, mostrando los aspectos positivos y negativos enfrentados, pero no separados.

Sigamos la historia de la palabra dragón. Viene de la raíz de un verbo griego qué significa fijar la mirada o mirar con mirada fija y penetrante. En el origen, entonces, esta palabra significa que mira con la vista fija y hace referencia a los ojos de las serpientes y otros reptiles que carecen de párpados y siempre parecen mirar fijamente. También se le aplica a los guardianes o vigilantes.

Este último sentido se le aplicó cómo sobrenombre a un griego que recopiló por escrito las leyes imperantes en su tiempo para evitar que los poderosos aplicaran las mismas a su antojo, porque los preceptos eran solamente orales hasta ese momento. El sobrenombre que recibió fue Dracón (ateniense, siglo VII a.C), de dónde viene la expresión leyes draconianas, especialmente severas para los gobernantes y jueces, que a lo largo de la historia han tenido la tentación de seguir su capricho.
 
El dragón azul
Arthur Wesley Dow
(estadounidense, 1857-1922)
Siglos después nuestra palabra nos lleva a mirar con atención la organización militar del Imperio Romano. Entre los varios grupos había un cuerpo de caballería pesada, donde el jinete iba muy armado y blindado con piezas de armadura, y de la misma manera se protegía al caballo especialmente en la cabeza y en otros puntos vitales. Este cuerpo llevaba estandartes a los que se les llamaba draco. Consistían en una especie de aro con forma de boca o cabeza de dragón, con un cuerpo de tela que ondeaba con el viento y que seguramente producía un silbido inquietante. De este cuerpo nacerán en la Edad Media las órdenes de caballería, sus estandartes y su heráldica.

Antes de la Edad Media nuestra palabra se entrevera con la Biblia. En el texto sagrado el dragón se asimila a la serpiente, y todos los reptiles, voladores, acuáticos o terrestres quedan fuertemente vinculados al mal y a lo dañino. Por eso los caballeros medievales son presentados como luchadores contra los dragones, como el caso representativo de San Jorge. Así la civilización humana se olvidó que los verdaderos dragones son los caballeros, es decir, los creyentes.

Tal fue el susto que se pegó el señor Ye al ver un dragón, que probablemente todavía siga disparando. Lo mismo le sucede a algún creyente que al dedicarse a su vida interior se da cuenta que el corazón es siempre como un dragón, inmenso, con aspectos de bien y de mal, y sale corriendo hacia la superficialidad que anestesia.

Pelea con el dragón
Nicholas Roerich
(ruso, 1874-1947)


domingo, 10 de marzo de 2019

EL CHINO Y EL ARROZ


 
Una ofrenda a Flora
Juan van der Hamen
(español, 1596-1631)
Un hombre estaba poniendo flores en la tumba de su esposa, cuando vio a un chino poniendo un plato de arroz en la tumba vecina.

El hombre se dirigió al chino y le preguntó, levemente burlón:

- "Disculpe señor... ¿de verdad cree usted que el difunto vendrá a comer el arroz?"

- "Sí", respondió el chino, "cuando el suyo venga a oler sus flores..."


Ritos de pasaje
Ofrenda
Tumba de la XVIII Dinastía
(Tebas, Egipto, s. XV a.C.)

Millones de flores y toneladas de arroz han sido ofrecidas en las tumbas de los difuntos a lo largo de la historia de la humanidad. Alcanza con acercarse a algún cementerio en días feriados o fines de semana para comprobar con qué constancia y prolijidad la humanidad sostiene el ritual de homenaje a los difuntos. Estas acciones dan consuelo a los hombres.

La muerte supone algo que se inicia, por lo que no es una estación terminal, una aniquilación. Hay concepciones muy contrapuestas sobre el más allá pero en ningún caso se estancan en la muerte, pues todas consideran que allí nadie permanece.

Es evidente que las flores y los alimentos son ofrendas muy comunes en todas partes del mundo. La comida nos recuerda que los difuntos realizan un viaje desconocido y que necesitan ser acompañados para alcanzar su meta. Con sus dones de alimentos en las tumbas los oferentes afirman su convicción de que la muerte no es un punto final para ellos y que conservan la esperanza de que otra vida sigue a la presente.

En los ritos funerarios, las flores simbolizan la condición efímera de la actual vida. Lo más pasajero de las plantas son sus flores. Éstas son una manifestación de colores, y muchas veces de aroma, para culminar en semillas para una nueva planta de la especie. Para las flores entonces, el final es transformarse. Su deslumbrante belleza oculta a veces su más hermosa virtud: se muestran en sus formas con generosidad, sin pedir nada a cambio, pero el punto culminante de su entrega generosa es ser el inicio de una nueva existencia en lo oculto de la semilla.
Campos de arroz en Indochina
Alexander Yakolev
(ruso, 1887-1938)

La vida cotidiana del ser humano está marcada por innumerables ciclos de muerte y resurrección, que se suceden unos a otros a veces vertiginosamente. El ejemplo más evidente es dormir. Somos poseídos por el sueño más allá de la voluntad que pongamos en permanecer despiertos. Las tradiciones espirituales no dudan en vincular dormir con morir y despertar con resucitar. Otro ciclo de muerte y resurrección se percibe en la respiración esa constante repetición de inspirar y expirar más allá de nuestra voluntad.

Los ciclos vitales asociados a morir y resucitar producen cambios en todas las personas. Estás modificaciones tomadas particularmente son casi imperceptibles pero cuando observamos su desarrollo en largos períodos, los cambios que producen son notables y sorprendentes.

Hacer ofrenda a los difuntos puede encerrar algo de melancolía, algo de absurdo. Pero también, como sucede en muchas tradiciones, honrar a los muertos es la celebración de algo grandioso: lo que pensamos que podemos llegar a ser aunque sea imposible conocerlo aún.

 
Colgante de flores
Joaquín Sorolla
(español, 1863-1923)


sábado, 23 de febrero de 2019

CONTEMPLAR UN AGUJERO

La costra de oro
James Abbott McNeill Whistler
(norteamericano,1834-1903)

Un avaro enterró su oro al pie de un árbol que se alzaba en su jardín. Todas las semanas lo desenterraba y lo contemplaba durante horas. Pero, un buen día, llegó un ladrón, desenterró el oro y se lo llevó. Cuando el avaro fue a contemplar su tesoro, todo lo que encontró fue un agujero vacío.

El hombre comenzó a dar alaridos de dolor, al punto que sus vecinos acudieron corriendo a averiguar lo que ocurría. Y, cuando lo averiguaron, uno de ellos preguntó:

- “¿Empleaba usted su oro en algo?”

- “No”, respondió el avaro. “Lo único que hacía era contemplarlo todas las semanas”.

- “Bueno, entonces”, dijo el vecino, “por el mismo precio puede usted seguir viniendo todas las semanas y contemplar el agujero”.


Más allá

Para el avaro y el ladrón, el oro es importante por su equivalente monetario. Pero el símbolo del oro es de un valor incalculable en términos pecuniarios. Sus más nobles características son su brillo que atrae todas las miradas, la maleabilidad que permite la realización de objetos metálicos de una belleza soñada y su duración porque no se oxida ni es atacado por otros elementos. En la espiritualidad es equiparado al sol. El Astro Rey madura en las entrañas de la Tierra, pues de ella sale todas las mañanas y, al igual que otros astros, produce una variedad de mineral. El oro expresa el fruto de la unión del Sol y la Tierra.
 
El sol dorado
Arthur Dove
(norteamericano, 1880-1946)
En el Ural, que es una región de Rusia y de alguno de sus países vecinos, hay una asociación mítica del oro con la serpiente: la gran serpiente de la tierra, el gran reptador es el amo del oro. El filón de oro en las entrañas de la tierra tiene esa forma. Se dice que por donde pasa la gran serpiente allí se deposita el sublime metal, y que si se enfada, puede llevárselo a otra parte. En esta tradición el oro constituye el secreto más íntimo de la tierra.

En el Noroeste africano hay dos grupos vecinos, los dogón y los bambara, para quienes el oro es la materialización tangible de la vibración original del espíritu de Dios, que es real pero intangible. Así el metal precioso se convierte en el fundamento de toda la construcción cósmica, lo que implica que el universo está realizado sobre el oro. A la vez es base de la solidez y por tanto de la seguridad humana, y por extensión, principio de felicidad.

El ladrón del cuento priva al avaro de su oro, pero a la vez le abre una puerta más valiosa todavía. El vecino consuela al despojado con una enseñanza sumamente profunda al alcance de cualquier persona. Le dice que contemple el agujero, dándole a entender que en eso encontrará una riqueza más grande que en la contemplación del oro.
Escaramujo salvaje
Merab Abramishvili
(georgiano, 1957-2006)

En la tradición humana el agujero es el símbolo de la apertura a lo desconocido. Puede ser lo que desemboca en otro lado, más allá de lo concreto. O puede ser lo que desemboca en lo escondido, más allá de lo aparente. Cabe recordar que en la tradición griega, la Diosa de la inteligencia, Atenea, nace de un agujero producido por un hachazo en el cráneo de Zeus, el más importante de los dioses.

Los seres humanos sabemos que aún nos falta mucho para alcanzar la plenitud, aunque poseamos grandes bienes. Por eso, la privación de lo que nos distrae de la meta puede ser una ganancia inconmensurable. Para la vida espiritual, la carencia de objetos nos dispone para recibir y nos da una gran libertad para obrar. Para algunos maestros ésta es la perfección: tener el alma despojada, para recibir en nuestro corazón aquello que valga la pena.


Grupo III, nr 5
Hilma af Klint
(sueca, 1862-1944)




domingo, 10 de febrero de 2019

LA PERLA AZUL

La tristeza del rey
Henri Matisse 
(francés, 1869-1954)
 En una comarca lejana, el rey convocó al hombre más sabio del reino a fin de encomendarle una curiosa misión: “¡Oh, sabio! Te encomiendo a partir de este momento esta exótica perla azul. Quiero que recorras todos los rincones de mi reinado y cuando encuentres al tonto más tonto, tendrás que entregársela”.


Al sabio le causó un poco de asombro la tarea que le habían asignado, pero la tomó como una de las tantas excentricidades de su monarca. Por esa razón, comenzó a viajar por toda la región buscando al tonto más tonto, pero esta no era una tarea sencilla.

Después de dos años, decidió emprender el regreso al castillo del rey para informar al monarca de sus actividades. Pero cuando llegó, encontró a los cortesanos compungidos porque el anciano rey se había enfermado gravemente y estaba a las puertas de la muerte.

El sabio entró en la habitación y se encontró con el rey, que se lamentaba en su lecho de muerte: “¡No quiero morir! ¡He dedicado toda mi vida a acumular una gran fortuna y no tengo intenciones de dejarla! Dime, ¡oh, sabio! ¿cómo puedo llevar mis riquezas a la otra vida?”

Y el sabio respondió a su rey sin una palabra y en total silencio, le entregó la perla azul.
  
Renacimiento

Aries
del Libro de la Felicidad

Nakkas Osman
(otomano, 2da. mitad del s.XVII)
El rey miraba con sorpresa la perla azul que el sabio había depositado en la palma de su mano. Apenas tenía fuerza por lo que no podía jugar con ella, solamente le quedaba la posibilidad de mirarla y pensar. Observaba el raro azul que tenía, el más inmaterial de los colores porque está hecho de transparencia, es decir, de vacío acumulado: vacío del aire, vacío del agua, vacío del cristal o del diamante. Recién ahora se acordaba que el blanco y el azul representan el desapego frente a los valores de este mundo y el vuelo del alma hacia la Trascendencia.

¿Cómo había llegado a ser el más tonto del reino? Sonaba en su corazón una poesía del místico Mahmud Shabestari (1288–1340):

Mi corazón estaba velado por cien velos de mi conocimiento:
el orgullo, la vanidad, la suficiencia y la figuración.
Al alba entró por mi puerta esa luna
y me hizo reconocer el sueño de la negligencia.
Su rostro iluminó el retiro de mi alma
y descubrí aquello que realmente soy.
Cuando contemplé su bello rostro, salió un suspiro de dentro de mi alma.
Me dijo: “¡Hipócrita impostor!
Dedicaste tu vida a buscar fama y reconocimiento.
Mira esa ciencia, ese ascetismo, esa arrogancia y esa prepotencia,
de qué te han alejado, ¡oh, inmaduro!”.

El rey tenía razón, porque la perla simboliza a la luna, al igual que a las aguas y a la mujer. Es una significación constante y universal. En estos instantes finales de su vida descubría lo que había perdido, y se avergonzaba de la burla que él mismo había intentado provocar con la misión del sabio.
Mujer con una perla
Jean Baptiste Corot
(francés, 1796-1875)

Los poderosos se pierden muchas cosas en su inmadurez. La más mínima experiencia de dominio adormece al hombre y hace que se vuelva un hipócrita. Es como cuenta el Himno del alma, en el que un niño, imagen de todo hombre, es enviado a un país lejano para rescatar una perla que se encuentra en el fondo de un pozo vigilado por un dragón, pero se entretiene comiendo los frutos de la tierra y se olvida de su cometido. Así nos pasa con el poder, nos lleva a la desmemoria de nuestra misión. Luego de mucho tiempo, gracias a una carta, un texto de redención, que lleva un águila, el niño recuerda su misión y la cumple. Esa carta es conocimiento de salvación, indica cómo somos rescatados de la vanidad y la suficiencia, es otro de los significados de la perla.

La tradición cristiana nos cuenta que existe una concha en el mar llamada concha purpúrea, que asciende desde las profundidades, abre la boca y bebe el rocío del cielo y los rayos del sol, de la luna y de las estrellas, y forma así su perla por obra y gracia de las luces superiores. Las dos valvas de la concha equivalen al Antiguo y Nuevo Testamento y la perla misma es Jesucristo.

El rey miraba la perla azul. Antes de su fin se dio cuenta que su estúpida burla se había convertido en un gesto de misericordia del Todopoderoso que no abandona ni siquiera a los más tontos. La perla significa la vida regenerada de aquel que ha muerto antes de morir; mediante esta muerte se renace como perla.

La Trinidad
Visión del libro Scivias II,2

Santa Hildegarda de Bingen O.S.B.
(alemana, 1098-1179)


domingo, 27 de enero de 2019

LA BUENA PLEGARIA


 
Hombre de fe
Georg Baselitz
(alemán, n. en 1938)
Un pobre hombre entró en una mezquita, se unió a la plegaria común, a la cual añadió una plegaria particular, personal, llamada dua. Le pedía a Dios alimentos, que hubiera en su desolada casa frutas, carne, legumbres, sémola y, sobre todo, que no olvidase concederle una botella de raki, licor que le gustaba mucho.

Un hombre que estaba delante de él oyó la plegaria, se volvió y le dijo:

- En lugar de pedirle raki a Dios, ¿no sería mejor que le pidieses que fortalezca tu fe para que te puedas salvar el día del juicio final?

- Pues no –contestó el pobre hombre-. Le he pedido a Dios lo que me falta en la vida. Y lo que me falta no es fe sino raki.


Pedir lo necesario
Árabes en oración
Charles Bargue
(francés, 1825-1883)

La plegaria es una de las formas que puede tomar la oración. Surge de la fe, que es constitutiva del hombre. En el centro de cada ser humano hay una apertura existencial a la trascendencia, es decir, una relación con lo absoluto qué va más allá de la conciencia. Todos tenemos fe por el hecho de ser humanos, creer no pertenece a ningún grupo de privilegiados ni  es un lujo, sino una dimensión del hombre.

La oración es algo recibido en toda vida humana, una capacidad que viene del lado más profundo y misterioso de la existencia. Una de sus expresiones, la plegaria, tiene que ver con lo precario, pobre, provisional, mostrando así un aspecto esencial de la vida terrenal. Solamente con la fuerza que viene de lo Absoluto somos capaces de reconocer nuestra verdadera situación, y de esta forma poder pedir lo que necesitamos realmente. La respuesta del rogante en el cuento es profunda y graciosa a la vez: fe siempre tenemos porque nos es dada con generosidad. Nos hacen falta otras cosas y entre ellas el raki.

El raki es una bebida espirituosa, muy famosa en Turquía, similar a lo que conocemos como licor de anís. Tiene una alta graduación alcohólica, lo que parece dar razón al reproche que el devoto del cuento le hace al peticionante. Esto refleja también los prejuicios sociales que hay contra los que toman bebidas alcohólicas. Sin embargo, en todas las tradiciones se valoran las virtudes que producen en el ser humano la ingesta de embriagantes, aun conociendo sus lados oscuros.
Naturaleza muerta con licor
Pablo Picasso
(español, 1881-1973)

El alcohol realiza la síntesis del agua y el fuego. Por un lado se enciende, se transforma en llama, es un agua que quema la lengua y que se inflama con la menor chispa. Por otro lado, sumerge en sí al bebedor y de esta forma da el olvido y la muerte. Es el símbolo de la energía vital, qué procede de la unión de los dos elementos de signo contrario, el agua y el fuego. También simboliza la inspiración creadora, pues excita las posibilidades espirituales y las crea verdaderamente. Ayuda a la expresión, a decir cosas muy guardadas en nuestro interior, en este sentido es considerado un factor del lenguaje. En la tradición islámica, de dónde proviene el cuento presentado, algunos dicen: Únicamente puede ser llamado hombre quien conoce el vino, tomando en cuenta que esta bebida alude a los efectos turbadores que tiene la experiencia de la divinidad, que por lo general nos conmueve y sacude el alma.

La plenitud del creyente, todo ser humano, no es nada más que vivir, lo cual no es poco. Vivir como sólo merece la pena hacerlo: despierto, alerta, de forma espontánea, aquí y ahora. Vivir desde la admiración y el amor por todo cuanto es. En el camino espiritual todo es deslumbramiento. Vivir libre y plenamente, sin ataduras, más allá de todo condicionamiento, la gran dimensión de la existencia humana. Por el hecho de existir tenemos fe, elevemos nuestras plegarias por lo que realmente necesitamos.

Naranja y amarillo
Mark Rothko
(Bielorruso, 1903-1970)




domingo, 13 de enero de 2019

LA BUENA OPERACIÓN

Locura lunar
Alice Pike Barney
(norteamericana, 1857-1931)



Esta historia iraní tiene lugar en un centro psiquiátrico. Tras tomarse la decisión de dar el alta a algunos lunáticos del manicomio, el director les hace pasar una prueba muy sencilla. Los lunáticos son tres.

El director le pregunta al primero:

- ¿Cuánto son dos por dos?

- Setenta y cuatro –contesta el hombre.

El director, desolado, decide que ese paciente todavía no está cuerdo. Imposible darle el alta. Le pregunta al segundo:

- ¿Cuánto son dos por dos?

- Martes –contesta el hombre.

Ante tal respuesta, el director toma la decisión que le parece obvia: tratar a ese enfermo más tiempo.

Entonces le pregunta al tercero:

- ¿Cuánto son dos por dos?

- Cuatro.

El director está encantado. Ordena que se dé el alta a ese hombre cuya mente se ha curado. Sin embargo, antes de que cruce la puerta del manicomio, le pregunta:

- ¿Cómo has sabido la respuesta correcta?

- Muy sencillo. Restando martes a setenta y cuatro.


Calcular la salud mental

Paracelso (1493- 1541) fue un médico suizo que encarnó una nueva corriente en la época renacentista. También fue alquimista y astrólogo, por lo que sus aportes siempre estuvieron entre lo natural y lo mágico o sobrenatural. Sus ideas se movieron entre la experiencia, la especulación y las creencias en una época en la que la ciencia se mezclaba con la espiritualidad y la religión.
Espacio
Iran Darroudi
(iraní, n. en 1936)

Fue precisamente Paracelso quien clasificó a los enfermos mentales. Una categoría, la de los lunáticos, denomina a aquellos cuya enfermedad tiene su origen en la luna, relacionada con sus fases. Desde la antigüedad, las fases de la luna se habían asociado a las mareas y a la menstruación de las mujeres. Pero a partir del siglo XVI la luna también sirvió para explicar cambios de humor y de ánimo así como ciertas formas de locura que se presentaban a intervalos conectadas a las fases del astro. Por ejemplo, la luna llena se relacionaba con el aumento de la criminalidad, los ataques epilépticos y las transformaciones de los hombres-lobo.

La palabra manía, que forma parte de la palabra manicomio,  procede del término griego que indica furia, rabia, excitación, locura. Desde el punto de vista psiquiátrico, una manía se define como un desorden mental violento, caracterizado generalmente por una excitabilidad anormal, actividad psicomotora incrementada, hablar rápido, ideas abundantes y a menudo absurdas y contradictorias, dificultad para dormir o insomnio, confusión y muy escasa capacidad de juicio, pudiendo conducir a situaciones peligrosas de violencia.

Somos locos
Georges Rouault
(francés, 1871-1958)
El director del manicomio del cuento, representa, en forma simplificada, investigaciones contemporáneas muy avanzadas. Se están desarrollando modelos matemáticos y computacionales que ayuden a simular el comportamiento de determinadas zonas de nuestro cerebro. Con estos modelos se podría entonces lograr un conocimiento más profundo sobre la propia fisiología y patología de nuestro órgano más importante.

En nuestro tiempo, hay una intensa búsqueda de espiritualidad. Algunas ramas o corrientes ponen mucho interés en la ciencia y en las cosas que la ciencia nos dice del mundo. Este aspecto es interesante porque aporta a esta búsqueda un elemento de objetividad, que nos obliga a salir de nosotros mismos y a no convertir esta espiritualidad en una autoayuda superficial o banal. El alma humana y sus relaciones con lo visible y lo invisible son de una riqueza insondable y necesita de todas las herramientas posibles para acercarse a esta inmensa luz que nos alumbra, nuestro propio corazón.


(Sin título)
Sohrab Sepehri
(iraní, 1928-1980)


domingo, 9 de diciembre de 2018

LA BALSA


 
El barquero
Ogata Korin
(japonés, 1657-1716)

Cuenta la historia que un viajero llegó a la orilla de un río muy grande. En el lado donde estaba la orilla era peligrosa, aterradora y estaba habitada por bestias salvajes. Al otro lado la orilla parecía segura y sin peligros. Pero no lograba ver ningún puente para cruzar el río, ninguna barca. Entonces decidió construir una balsa con ramas de árbol, hierbas y hojas. Y sirviéndose de las manos y los pies cruzó el río con la balsa. Llegó a la seguridad de la otra orilla que era tranquila y apacible.

Entonces se dijo “esta balsa me ha servido de gran ayuda. Me ha permitido pasar de una orilla a la otra. Estaría bien que la llevara conmigo a todas partes.” Y se alejó, con la balsa a cuestas.


Llegando a casa
Paisaje con balsas
Hans Feddersen
(danés, 1848-1941)

Cuando el viajero llegó a la orilla del gran río se sentó a pensar qué hacía. En su meditación se dio cuenta que si se dejaba arrastrar por la corriente llegaría al océano, a esa inmensidad, al abismo, para perderse. Luego se dio cuenta que si remontaba la corriente, llegaría al manantial, al principio de todas las cosas, a un misterio tan abrumador como el del océano.

Nuestro protagonista recordó que la vida es un río. El agua humedece el alma y le da un cuerpo, tal como pensaban los antiguos. El curso de agua puede representar toda la vida o alguna de sus etapas. La infancia es un tiempo de aguas rápidas burbujeantes, casi siempre alegre, que va saltando de piedra en piedra llevando la frescura a las orillas. La juventud ya es otro tipo de río, distinto del anterior y con características que no se repetirán ni en el río de la madurez ni en el de la ancianidad.

Meditando en la orilla, el viajero consideró que si él fuera chino necesitaría una pareja al lado. Porque en esa cultura de Oriente atravesar el río es una importante ceremonia de fecundidad que realizan las parejas jóvenes en el equinoccio de primavera, el cruce de las estaciones, considerado el comienzo del año. Con ese rito se equilibran las energías, se sumergen en la fecundidad e invocan la lluvia para que haga lo mismo con los campos.
Sobre el lago
Ian Fairweather
(escocés, 1891-1974)

En cambio si el peregrino en meditación fuera griego, lo primero que tendría que hacer es ofrecer sacrificios de animales, porque para esa cultura los cursos de agua están divinizados, como hijos de Océano y padre de las Ninfas. Es lo que enseñaba Hesíodo: No atraviesen nunca las aguas de los ríos de curso eterno, antes de haber pronunciado una oración, con los ojos fijos sobre sus magníficas corrientes, antes de haber mojado sus manos en la onda agradable y limpia.

Hechas todas las consideraciones posibles, el viajante construye una balsa. Es un trabajo arduo porque está todavía en una orilla muy peligrosa, dice el cuento. Lo que construye simboliza el seno materno, que nos hace atravesar las primeras aguas. También puede simbolizar el ataúd, a través del cual vamos a un nuevo nacimiento. Pero si se trata de atravesar las etapas de la vida, la balsa entonces significa aquellas acciones que nos permiten sortear los desafíos propios de cada época.

Llegar a la otra orilla significa alcanzar una mayor plenitud. Y allí el viajero se equivoca al cargar con una balsa que tendría que haber dejado. No solamente hay que meditar antes de cruzar, sino también después, como sucede en todos los ritos sagrados que comienzan con una invocación a la divinidad y culminan con un profundo agradecimiento a la compañía providencial que permitió el cruce.

Al arribar a la otra orilla después de atravesar cualquier río, el barquero que nos acompaña en la vida nos advierte antes de seguir que dejemos lo que hayamos utilizado para superar la etapa, aún las cosas buenas que nos hicieron flotar sobre las aguas pasadas. Ya todos los sueños y los deseos de la orilla anterior han desaparecido, has llegado a casa.

Cruce
Luis Cruz Azaceta
(cubano, n. en 1942)