martes, 21 de enero de 2020

EL CAMINO DE DIÓGENES

Diógenes
Jaxques des Rousseaux
(francés, 1600-1638)



Un día, estaba Diógenes comiendo un plato de lentejas sentado en el umbral de una casa cualquiera.

No había ninguna comida en toda Atenas más barata que el guiso de lentejas.

Dicho de otra manera, comer guiso de lentejas era definirse en el estado de mayor precariedad.

Pasó un ministro del emperador y le dijo:

- "¡Ay, Diógenes, si aprendieras a ser más sumiso y a adular un poco al emperador, no tendrías que comer tantas lentejas!"

Diógenes dejó de comer, levantó la vista y mirando al acaudalado interlocutor profundamente, le dijo:

- “¡Ay de ti, hermano. Si aprendieras a comer un poco de lentejas, no tendrías que ser sumiso y adular tanto al emperador!”


La sabiduría de la austeridad
 
El perro
Francisco de Goya
(español, 1746-1828)
En el cuento las lentejas parecen poco importantes, pero durante milenios el uso de las legumbres, en sus múltiples formas, ha sido compañero inseparable de la evolución del hombre. Las lentejas, junto con otras leguminosas, son la principal fuente de proteína vegetal para el hombre. En el cuento son el signo de autonomía del filósofo.

Diógenes nació en el 412 antes de Cristo en una colonia griega fundada por un compañero de Hércules, en la zona de la actual Turquía. Junto con su padre fueron exiliados de su ciudad para recaer en Atenas. Allí conoció al fundador de la escuela cínica, y a ella se consagró enteramente por el resto de su vida. El cinismo es una de las manifestaciones más radicales de la filosofía y también de las más incomprendidas. Los cínicos consideran que la forma de vivir es parte fundamental de la filosofía e inseparable de su manera de pensar.

Para los cínicos la libertad y la felicidad suprema del hombre consisten en su independencia de todas las cosas por medio de la vida virtuosa, y dicen que prueba de ello es que si Dios es perfectamente bueno y perfectamente feliz es en razón de su absoluta independencia de todas las cosas.

Muchas anécdotas conservadas muestran la profundidad del compromiso de Diógenes con su pensamiento. Se decía que el filósofo iba por la calle en pleno día, con la lámpara encendida, diciendo: Busco un hombre. Y así se refería a que en realidad ninguno nos comportamos enteramente como seres humanos. En otra ocasión le preguntaron por qué la gente daba limosna a los pobres y no a los filósofos, a lo que respondió: porque piensan que pueden llegar a ser pobres, pero nunca a ser filósofos.

La más famosa anécdota es con Alejandro Magno, de la cual damos una de sus versiones.
 
Diógenes y Alejandro
Johann Heinrich Tischbein
(alemán, 1722-1789)
Diógenes, el filósofo griego se encontró con Alejandro Magno cuando este se dirigía a la India. Era una mañana de invierno, soplaba el viento y Diógenes descansaba a la orilla del río, sobre la arena, tomando el sol desnudo... Era un hombre hermoso. Alejandro no podía creer la belleza y gracia del hombre que veía. Estaba maravillado y dijo:

“Señor...” - jamás había llamado “señor” a nadie en su vida- “...señor, me ha impresionado inmensamente. Me gustaría hacer algo por usted. ¿Hay algo que pueda hacer?”

Diógenes dijo: “Muévete un poco hacia un lado porque me estás tapando el sol, esto es todo. No necesito nada más.”

Alejandro contestó: “Si tengo una nueva oportunidad de regresar a la tierra, le pediré a Dios que no me convierta en Alejandro de nuevo, sino que me convierta en Diógenes”.

Diógenes rió y dijo: “¿Quién te impide serlo ahora? ¿Adónde vas? Durante meses he visto pasar ejércitos ¿Adónde van, para qué?”.

Dijo Alejandro: “Voy a la India a conquistar el mundo entero”.

“¿Y después qué vas a hacer?”, preguntó Diógenes.

Alejandro dijo: “Después voy a descansar”.

Diógenes se rió de nuevo y dijo: “Estás loco. Yo estoy descansando ahora. No he conquistado el mundo y no veo qué necesidad hay de hacerlo. Si al final quieres descansar y relajarte ¿Por qué no lo haces ahora? Y te digo: Si no descansas ahora, nunca lo harás. Morirás. Todo el mundo se muere en medio del camino, en medio del viaje”.

Alejandro se lo agradeció y le dijo que lo recordaría, pero que ahora no podía detenerse. Alejandro cumplió su destino de conquistador, pero no le dio tiempo a descansar antes de morir.

Diógenes murió en el 323 a.C. en la ciudad de Corinto. Había sido comprado como esclavo, pero su dueño lo liberó inmediatamente para que se dedicara a la educación de sus tres hijos, lo cual hizo el filósofo de manera brillante.  Y los jóvenes, pese a la rigidez de su maestro, no solo no renegaron de él, sino que le tuvieron gran cariño. 


Diógenes buscando un hombre honesto
Jacob Jordaens
(holandés, 1593-1678)