domingo, 13 de agosto de 2017

LA ANCIANA Y SU GALLO

Gallo
Gao Jianfu
(chino, 1879-1951)

La anciana que vivía en una granja observó que su gallo cantaba siempre a la misma hora, minutos antes de comenzar el día; pensó entonces que era el canto de su gallo el que producía la salida del sol.

Los vecinos molestos por el canto, protestaron. La anciana decidió entonces irse a vivir a otro pueblo llevándose el gallo.

La primera madrugada en su nuevo hogar fue igual que siempre: el gallo cantó y el sol comenzó a elevarse sobre el horizonte. Poco a poco la claridad invadió el lugar.

La mujer pensó:

- "Lo lamento por la gente del otro pueblo a quienes dejé a oscuras para siempre".

Le extrañó que nunca la hubieran llamado para que regresara.


Nada es permanente

         El cuento está cargado de símbolos. Dos están resaltados por el título del cuento, pero en su interior hay muchos más, como son el amanecer, la granja, los vecinos, la luz y la oscuridad, el horizonte, la hora, el hogar, y otros que van surgiendo en lo que se relata y en su trasfondo. Esta es la riqueza de los relatos, de donde podemos sacar muchas enseñanzas y orientaciones.
Retrato de una anciana
Guido Reni
(italiano, 1575-1642)

         Conviene tener en cuenta que los símbolos tienen muchos significados y casi siempre ambiguos, pues aparecen sentidos positivos y negativos. Tomemos el caso del gallo. Para culturas muy antiguas, este animal representa las cinco virtudes principales: las virtudes civiles, por su cresta que indica autoridad y su urbanidad, como un orientador de la comunidad de pertenencia; representa a la vez las virtudes militares, puesto que porta espolones, un arma de guerra. El gallo es símbolo de la valentía, en tierras en donde se aprecian las riñas de esta clase; a la vez se lo reconoce como símbolo de la bondad, porque comparte su alimento con las gallinas; indica también la confianza, por la seguridad con la que anuncia el alba.

         Pero en otras culturas el gallo es un símbolo excepcionalmente nefasto: es un veneno, junto al puerco y a la serpiente. Es el deseo desbocado, el apego, la codicia y la sed de posesión. En Europa en ocasiones se lo toma como imagen de la cólera, la explosión desmesurada del deseo y la violencia.

         El cuento resalta un aspecto del gallo muy elogiado en todas las tradiciones: es el animal que anuncia el alba, por lo tanto un símbolo solar. En la tradición cristiana, es un emblema de Cristo, como lo son el cordero y el águila. Pero él pone de relieve el aspecto solar del Señor: luz y resurrección. Se lo coloca en la cima de los templos como una veleta, para evocar la supremacía de lo espiritual en la vida humana. Nos recuerda que nuestro camino es hacia el amanecer, y su canto nos dice que ya comienza la iluminación, que no es otra cosa que nuestra salvación disipando las últimas tinieblas de la noche en nuestras almas.
Presente antiguo
Linda Saccoccio
(norteamericana, contemporánea)

         Esta riqueza posee la anciana con su gallo. Por eso en su ingenuidad intuye que al irse de una vecindad la deja desprovista de amanecer. La mujer se extraña que no la llamen después, y esta es la enseñanza que tiene que asimilar. Viendo su nuevo entorno y recordando sus pasados vecinos aprenderá, si presta atención, que todo en la vida pasa, que vivir es cambiar. Ocupamos un lugar significativo en un grupo humano, pero eso se termina, y lo nuevo también pasará, nada es permanente.

         La anciana es invitada a observar en profundidad su presente, de la misma manera que vemos cómo en cada amanecer se ilumina nuestra vida. El presente de la mujer es nuestro presente más profundo, pues en él se va produciendo constantemente el aumento de la luz, de la misma manera que cada madrugada lentamente se alumbra nuestra existencia. El gallo es símbolo del tiempo, cantando cada salida del sol hasta que nuestra alma quede iluminada para siempre.     



Iluminación
René Magritte
(belga, 1898-1967)
                                    

domingo, 30 de julio de 2017

EL EQUILIBRISTA

Caminadora de la cuerda floja
Maria Uhden
(alemana, 1892 - 1918)


Un padre de familia fue acusado de robo y el rey, siguiendo una vieja tradición del reino, citó al hombre y le dijo: “Has sido acusado pero las pruebas no han sido concluyentes. Para determinar tu culpabilidad o inocencia recurriremos a la prueba del alambre. Tensaremos un alambre entre las dos torres del castillo y tú deberás caminar por él. Si lo logras, habrás demostrado tu inocencia. Si caes, serás culpable  y morirás en el acto”.

Tres días más tarde, el acusado fue llevado a la torre desde donde se había tendido el alambre, sabiendo que casi todos los que intentaban pasar la prueba del alambre terminaban cayendo al vacío.

Pasito a pasito y con gran pericia, el hombre fue caminando por el alambre hasta que finalmente llegó hasta la otra torre.

El rey, sorprendido, hizo llamar al padre de familia y le dijo: “Te felicito, has demostrado tu inocencia. Pero, sin embargo, hay algo que realmente me intriga. ¿Cómo has podido pasar la difícil prueba del alambre?”.

Y el hombre respondió: “¡Oh, señor! En verdad, al pasar el alambre tan sólo he intentado aplicar lo que he aprendido en la escuela de la vida: evitar los extremos. He mantenido mi mente y mi cuerpo en perfecto equilibrio y repitiéndome a mí mismo: “Nada en exceso”. Es decir, cuando me inclinaba mucho hacia la derecha, corregía y cuando me iba hacia la izquierda, corregía. Y así, corrigiendo y corrigiendo, encontré en el alambre la vía del medio. Caminé por ella, sin demasiado esfuerzo, y llegué a mi destino”.


Vía del medio
Equilibrium
Jean Hélion
(francés, 1904-1987) 

         El relato se basa en una enseñanza budista que se denomina el camino del medio. Sabemos que no hay una tradición universal que se aplique de la misma manera en un lugar u otro del mundo.  Para aprender de otras culturas hace falta entender que debemos encontrar equivalentes en nuestra propia tradición, de tal manera que tengamos una comprensión adecuada. Los cuentos tienen la virtud de mostrar con facilidad esas equivalencias, que están arraigadas en el alma humana.

         En cierta ocasión, un hombre le estaba enseñando a tocar el laúd a su hijo. Y le decía que las cuerdas no tenían que estar demasiado tirantes, porque se romperían, ni demasiado flojas porque no se podría sacar ningún sonido de ellas. La tensión justa que hace posible ejecutar música en ese instrumento es la imagen adecuada para el camino del medio. Y lo que se quiere decir para la vida humana es que más allá de las opiniones extremas, lejos de los excesos y de las privaciones, existe una vía intermedia que podemos transitar sin sufrir los altibajos que provocan las pasiones.

         Es posible pensar que esto se aplica solamente a los placeres sensoriales, como la comida o la bebida, pero también apunta a otros excesos que tienen que ver con el alma humana. Un ejemplo muy vigente es la adicción a la felicidad y el terror al sufrimiento. Hay un parecer que supone que debemos estar felices permanentemente, lo que nos crea angustia y nos lleva a caer en la depresión o el pesimismo. Por otro lado, el miedo a sufrir nos hace incapaces de disfrutar los momentos de felicidad que nos provocan los placeres sencillos.

Danza en la cuerda floja
Kees van Dongen
(holandés, 1877-1968)
         Otro ejemplo muy común es el anhelo de riqueza más allá de nuestras necesidades. Entonces se produce la crisis producto de la obsesión por acumular el máximo de ganancias con el mínimo esfuerzo. Y de aquí saltamos a otro extremo: un temor generalizado que paraliza inversiones y proyectos.

         La cultura de los extremos también está presente en nuestra propia imagen: la necesidad de alabanzas y el horror ante las críticas. Así nos encontramos con personas con baja autoestima que se desprecian, como con los narcisistas que necesitan ser admirados y ensalzados constantemente y que reciben cualquier comentario como un ataque.

         En la tradición occidental también se aplica la vía del medio. Desde antiguo hay una corriente llamada hedonismo, que busca los placeres y el lado soleado de la vida, que dice: Primero mis dientes, luego mis parientes.  Aún ellos sostenían que todos los extremos son inconvenientes, el exceso de placer se convierte en vicio.

         Entre los antiguos griegos, Aristóteles hablaba del medio dorado, y llegó a afirmar que toda virtud es un punto medio entre dos extremos, cada uno de los cuales es un vicio. En Ética a Nicómaco, Libro Segundo, Capítulo VI, dice:

Hablo aquí de la virtud moral; porque ella es la que concierne a las pasiones y a los actos del hombre, y en nuestros actos y en nuestras pasiones es donde se dan, ya el exceso, ya el defecto, ya el justo medio. Así, por ejemplo, en los sentimientos de miedo y de audacia, de deseo y de aversión, de cólera y de compasión, en una palabra, en los sentimientos de placer y dolor se dan el más y el menos; y ninguno de estos sentimientos opuestos son buenos. Pero saber ponerlos a prueba como conviene, según las circunstancias, según las cosas, según las personas, según la causa, y saber conservar en ellas la verdadera medida, este es el medio, esta es la perfección que sólo se encuentra en la virtud.


         Esto se aplica a la vida moral, pero encierra indicaciones para todas las dimensiones del ser humano, especialmente para su vida interior, para su alma. El camino del medio es una enseñanza tan liberadora que nos hará apreciar la profundidad del cuento.

Composición abstracta
René Pontocarrero
 (Cuba, 1912 - 1985)

sábado, 15 de julio de 2017

BUSCANDO LA PAZ

El pintor en su estudio
Rembrandt
(holandés, 1606-1669)  

Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron. El rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que ésta reflejaba la paz perfecta.

La segunda pintura también tenía montañas. Pero éstas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico.

Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, el vio tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en el medio de su nido...

El Rey escogió la segunda.


La paz se construye
Rey Edgar, el Pacífico
Manuscrito iluminado.
(Winchester, 966)

         San Agustín decía: “¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé.” Lo mismo se puede decir de la paz, es inexplicable. Por eso el Rey, que representa nuestra búsqueda de sentido partiendo de la dignidad y nobleza interior, se dirige al arte para encontrar una imagen que nos oriente en el sentido auténtico de la paz.

         La primera forma de paz que encontramos es, como en el primer cuadro, un reflejo perfecto de las montañas apacibles y del cielo armónico. Esto es lo que primero pensamos cuando buscamos la paz: un orden en donde la naturaleza muestre su calma y grandeza en las montañas inmutables. De la misma manera consideramos el orden de las ideas y el espacio divino: el cielo azul inmenso y sin cambios, con algunas nubes de adorno estáticas. Para esta forma de ver la paz, el entorno está quieto pero nuestra condición es cambiante. La tranquilidad exterior esconde una inquietud interna, que puede transformarse en angustia en cualquier momento.

         El segundo pintor parece abarcar mucho más que el primero. Asume la tormenta en el cielo, signo de que nuestros pensamientos son convulsionados y de que el encuentro con el Ser divino está lleno de sensaciones de abismos, que tanto nos pueden atraer como causar espanto. La misma naturaleza no es para nada complaciente. Las montañas desnudan sus amenazantes rocas, y la intrincada superficie de los macizos son señales de los peligros que constantemente acechan nuestra vida. El contraste está con el pajarito quieto que, sin sentimientos ni pensamientos, está simplemente entregado a su nido contemplando todo lo que pasa a su alrededor.
Corriente
Kenzo Okada
(japonés, 1902-1982)  

         En una versión de este cuento, se le agrega la explicación que da el rey a su elección: “paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que, a pesar de estar en medio de todas estas cosas, permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz.”

         La palabra paz parece estar ligada más a una acción que a una realidad estática. Su raíz etimológica tiene que ver con pak-, que significa trabar, fijar, ensamblar. La palabra se refiere a una situación trabada y asegurada que nace de un acuerdo. Por eso se dice que la paz entre los hombres viene del diálogo y de la consideración mutua, dos actitudes que son valiosas en la medida que se ejercen cada día, sin interrupciones. La paz es una acción constructiva permanente.

En tiempos más cercanos se quiso relacionar la palabra paz con pago, es decir, una especie de tributo que le daría la parte vencida al vencedor, condición necesaria para que el acuerdo tuviese vigencia. Pero esto fue una interpretación caprichosa y lejos de la verdad de su origen.

Durante la peregrinación que es la vida humana, estamos sometidos alternativamente a la noche y al día, a los días felices, llenos de paz, que alternan con los días amargos en los que el diálogo y el respeto brillan por su ausencia. El conocimiento humano es todavía tan limitado que las ventanas que abrimos en nuestra vida son a la vez nuestras rejas. Y nuestras alas, que nos podrían llevar a la plenitud, se convierten en cadenas por la tosquedad de mirada que tenemos sobre las cosas.
La musa del pintor
Henri Martin
(francés, 1860-1943)

Un texto religioso muy antiguo nos invita a contemplar la paz de la siguiente manera:

“¡Que los cielos estén en paz, que la Tierra esté en paz,
Reine la paz en el amplio espacio entre ambos.
Que sean pacíficas las aguas que corren,
las plantas y los árboles!

Que a través de esta Diosa suprema, la Palabra,
inspirada por Dios, por la cual es creado todo lo que
inspira temor, nos sea concedida la Paz.

Que mediante esta invocación a la paz se difunda la paz.
Que mediante esta invocación a la paz, descienda a nosotros la paz.

Con esta paz apaciguo ahora al temible,
Con esta paz apaciguo ahora al cruel,
Con esta paz apaciguo todo mal,
Para que la paz prevalezca, para que reine la felicidad
Que todo nos sea apacible.”


Pájaro del Espíritu
Morris Graves
(norteamericano, 1910-2001) 




domingo, 2 de julio de 2017

LA CELDA


La celda dorada
Odilon Redon
(francés, 1840-1916)


El discípulo quería un sabio consejo.

- "Ve, siéntate en tu celda, y tu celda te enseñará la sabiduría", le dijo el Maestro.

- "Pero si yo no tengo ninguna celda... si yo no soy monje."

- "Naturalmente que tienes una celda. Mira dentro de tí."


El valor de la contemplación
Ermitaños y monjas
Mikhail Vasilevich Nesterov
(ruso, 1862 - 1942)

         La propuesta del Maestro desafía profundamente a la modernidad. Es una invitación a la contemplación, abierta a todas las personas sin ninguna distinción. La interioridad es propia de todo ser humano, y mirar dentro de tí, el único consejo de este brevísimo cuento nos abre la puerta de una aventura sorprendente.

         ¿De qué sirve la mirada en la interioridad?, se pregunta el hombre contemporáneo, ¿tiene algún sentido en nuestro tiempo? Es tan inmensa la contemplación que desde muy antiguo se suman las respuestas a estos interrogantes y no se alcanza su fondo. Veamos algunas consideraciones, pero antes es importante insistir en que la interioridad es propia de todo ser humano, sea que esté en alguna religión o haya prescindido de todas ellas. Tanto el religioso como el hombre secular tienen la misma posibilidad en la contemplación.

         Todos los hombres buscamos una plenitud. En el mundo religioso, especialmente en Occidente, se ha planteado una postergación de esta meta para un cielo como lugar lejano. La contemplación nos muestra que esa búsqueda tiene ya su respuesta: es aquí. Los contemplativos tratan todas las cosas como sagradas, cada una les muestra una profundidad inesperada. Por ejemplo, los biólogos son capaces de ver beneficios para muchos en organismos formados por unas pocas células, si tienen la paciencia de buscar en el propio interior. Un científico que no mira dentro, no encuentra nada afuera, pero cuando se sumerge en su aquí, entonces aparece la plenitud.
Monjes en bodega de vinos
Vincent Stoltenberg Lerche
(noruego, 1837-1892)  

         Muchas veces nos prometen cosas para el futuro: si te sacrificas ahora, después verás los beneficios. Esto se aplica en varios órdenes de la vida humana: personal, social o político. Es como si nos dijeran pague ahora y goce después. Para el contemplativo esta pauta no es válida. Cada momento es pleno en sí mismo y como máximo engendra el siguiente: caminante no hay camino, se hace camino al andar, canta Antonio Machado.  Cada momento es un regalo único y completo en sí mismo, y no hay sensación de frustración si no se ha acumulado mérito, poder, conocimiento o dinero. La contemplación nos abre al ahora, que es concentración del pasado y una semilla potente de esperanza para el futuro. 

        Aquí y ahora han formado parte del mensaje de los grandes Maestros de la humanidad, en los distintos contextos religiosos y culturales que ha atravesado la humanidad. Y es fácil darnos cuenta que este aquí y ahora es esencial en la dignidad humana. Si le digo a alguien que tiene que ir a un lugar distinto de donde está para alcanzar sabiduría, lo estoy exiliando de la posibilidad de su plenitud. Y si le digo que tiene que esperar un futuro que se está haciendo, entonces lo estoy privando de su libertad.

         El consejo del Maestro del cuento es muy valioso para alcanzar la sabiduría que buscamos. En nuestra celda hay muchas más virtudes que, a poco que las pensemos, nos llevarán a desear ardientemente sentarnos en ella.


Felicidad
Emily Carr
(canadiense, 1871 - 1945)



domingo, 18 de junio de 2017

BELLEZA DE LA NATURALEZA



Paisaje Ondulado
Vladimir Vašíček
(checo, 1919-2003)


Un sacerdote estaba a cargo del jardín dentro de un famoso templo zen. Se le había dado el trabajo porque amaba las flores, arbustos, y árboles. Junto al templo había otro templo más pequeño donde vivía un viejo maestro.

Un día, cuando el sacerdote esperaba a unos invitados importantes, tuvo especial cuidado en atender el jardín. Sacó las malezas, recortó los arbustos, rastrilló el musgo, y pasó un largo tiempo juntando meticulosamente y acomodando con cuidado todas las hojas secas. Mientras trabajaba, el viejo maestro lo miraba con interés desde el otro lado del muro que separaba los templos.

Cuando terminó, el sacerdote se alejó para admirar su trabajo.

- "¿No es hermoso?", le dijo al viejo maestro.

- "Sí..." replicó el anciano, "... pero le falta algo. Ayúdame a pasar sobre este muro y lo arreglaré por ti".

Luego de dudarlo, el sacerdote levantó al viejo y lo ayudó a bajar. Lentamente, el maestro caminó hacia el árbol cerca del centro del jardín, lo tomó por el tronco, y lo sacudió. Las hojas llovieron sobre todo el jardín.

- "Ahí está... ahora puedes llevarme de vuelta".


Perfección, armonía y claridad

         La palabra belleza fue tomada, en latín, de un término que significa bien pequeño. No se sabe si se refiere al volumen del bien o a su sutileza, porque la belleza es un complejo conjunto de experiencias de percepción que proporcionan placer y significado íntimo o social.
Cosmos
Kazimir Malevich
(ruso, 1879-1935)

         La complejidad de la belleza se manifiesta en los distintos aspectos que confluyen en su experiencia. Se inicia en los sentidos de la vista y el oído, por eso se la encuentra en obras humanas como son, por ejemplo, la pintura, la escultura, la escritura o en la música.  El ser humano es capaz de combinar estas manifestaciones sensibles en infinidad de formas, en pequeños tamaños hasta en inmensas construcciones. Pero nada puede igualar a la naturaleza en la manifestación de belleza. Tanto el microcosmos como el macrocosmos han llenado a la humanidad con torrentes de placer, brindando simultáneamente significado a toda vida sin excepción, la individual y la comunitaria.

         La belleza comienza en los sentidos, para convertirse en una experiencia de la mente, en la interpretación que hace cada persona que se abre a la percepción, decodificando los datos sensoriales y buscando las referencias íntimas y las exteriores. Por esta razón la belleza depende tanto del conocimiento como también del estado anímico, sin dejar de lado la identificación y el contexto. La identificación son todas aquellas cosas y personas que representan lo que soy, como cuando decimos cuál es nuestro color favorito o qué mascota nos gustaría tener. El contexto también es decisivo, por ejemplo, para ver las estrellas: no es lo mismo estar en una ciudad que estar en medio de campo.
 
Sin título
Mark Tobey
(estadounidense, 1890-1976)
         El monje del cuento, que estaba preparando todo para recibir visitas, tiene un concepto de hermosura cercano al de orden. Corta el pasto, arregla el jardín, junta las hojas sueltas y otras acciones que responden a una estructura determinada que el monje considera que debe ser el orden. Nada se escapa a su mirada y a su hacer, hay organización jerárquica que es mostrar lo más importante y quitar lo superfluo, y hay finalidad, que es reproducir lo que él considera armónico para sus visitantes.

         El otro monje, el anciano que mira la escena sobre el muro, le agrega el concepto de perfección al de belleza que tenía su vecino. Sacude el árbol, deja que caigan las hojas, y acerca todo el conjunto a la belleza de la naturaleza. La perfección significa madurez, es saber mirar el universo y descubrir que la hermosura está en todo lo que es tal como es. El viejo monje es un verdadero artista.


         A veces percibimos en nuestra vida la falta de paz, equivalente a la inseguridad en la convivencia humana. Quizás una respuesta a estas incertidumbres esté en la belleza, la que a manos llenas nos da el arte en todas sus formas, como en la hermosura del cosmos que nos rodea y nos habita. 


El pájaro de la felicidad
Alla Horska
(ucraniana, 1929-1970)

domingo, 4 de junio de 2017

LA VERDAD

La boca de la verdad
Lucas Cranach el Viejo
(alemán, 1472 - 1553)


Érase una vez un hombre que buscaba la verdad.

Un buen día llegó a un lugar en donde ardía una innumerable cantidad de velas de aceite.

Éstas se encontraban cuidadas por un anciano que, ante la curiosidad de este individuo, respondió que ese era el lugar de la verdad absoluta.

Aquél le preguntó qué significaban sus palabras, a lo cual respondió que cada vela reflejaba la vida de cada individuo sobre la tierra: a medida que se consume el aceite, menos tiempo de vida le queda.

El hombre le preguntó si le podía indicar cuál era la de él.

Al descubrir que la llama estaba flaqueando, a punto de extinguirse, aprovechó un instante de distracción del anciano y tomó la vela de al lado para verter un poco de aceite de ésta en la suya.

Cuando estuvo a punto de alzar la vela, su mano fue detenida por la del anciano diciendo:

- Creí que buscabas la verdad.


Confianza y fidelidad
La Verdad saliendo de su pozo
Para avergonzar a la humanidad
Jean-Léon Gérôme
(francés, 1824-1904)

         Sorprende en el cuento que la verdad no esté referida a alguna afirmación o conjunto de afirmaciones, como lo que se da en una doctrina. En el uso cotidiano se ha reducido la verdad a alguna expresión oral o escrita y con eso se pretende dejar definida la situación. Pero este relato nos muestra que la verdad está en la actitud que tengamos ante la vida y la muerte. Queda claro que cuando dejamos de buscar la verdad, la consecuencia la paga el más cercano. El buscador  no duda en robar el aceite de un vecino cualquiera con tal de prolongar su vida.

         En las herencias que recibimos de la conformación de nuestra civilización, la idea de verdad se expresa en formas más parecidas al relato citado que a las expresiones de intelectuales de nuestro tiempo. Entre las distintas herencias, rescatemos algunas muy significativas.

         La palabra verdad, que en nuestra lengua viene del latín, se refiere a la palabra griega aletheia, compuesta por la preposición a, que significa sin, y el verbo letheia, que quiere decir ocultar.  Entonces verdad en griego es lo que no está oculto, pero referido a una acción, des-ocultamiento. El verbo mencionado dio lugar a nuestra expresión latente, por lo cual podemos decir que la verdad es hacer patente lo latente, es correr el velo para que aparezca lo que está oculto. La verdad siempre está desnuda, desvestida.
Verdad rescatada Por Hora,
siendo testigo la Historia
Francisco de Goya
(español, 1746-1828)   

         Los griegos aplican la verdad a las cosas, en cambio los latinos la referían a las palabras y las personas. Se utilizaba el adjetivo verus, que se manifiesta en los términos aseverar, perseverar, severo en el sentido de riguroso. Cuando la palabra es firme y seria, entonces es verdadera. Los sabios de Roma distinguían al demagogo, que era un ser superficial y adulador, del hombre que era verus, constante, grave. La fuerza de la verdad se expresaba en esta frase: vera pro gratis, que significa las cosas verdaderas en lugar de las gratas.

         En el mundo bíblico encontramos otros matices de la verdad, distintos de lo encontrado en Grecia y Roma. En hebreo verdad se dice emet. No tiene el sentido de la cosa hecha, sino de una acción que se está por hacer, por lo que en esa lengua verdad es ante todo confianza. La raíz de la palabra es confirmar, apoyar, respaldar, dar nuestra confianza a algo que se hace. También ha dado origen a la palabra amén, de uso religioso, para reconocer las acciones salvíficas y liberadoras. En la Biblia, la paz verdadera es sólida, duradera; el camino verdadero es el que me lleva a la meta. La verdad aplicada a Dios o a los hombres indica fidelidad, pues solo en el fiel puedo confiarme.

         Cerca de esta mirada bíblica, está el verbo árabe sadaqa, que se traduce por ser sincero, verídico, decir la verdad.  Es la raíz que da origen a la palabra sadyq, que significa amigo. Es un profundo matiz afectivo, pues amigo es aquel a quien podemos decir la verdad y de quién podemos esperar la verdad, aquel en quien confiamos, a quien necesitamos para salir del error.

         La búsqueda de la verdad se hace en el corazón de los seres inteligentes, donde reside la fidelidad constante y la amistad, aceptando la vida tal como es.

Variación: Confianza
Alexei von Jawlensky
(ruso, 1864 - 1941)



domingo, 21 de mayo de 2017

AMANECERES Y OCASOS

Autorretrato con pañuelo rojo
Louisa Matthiasdottir
(islandesa, 1917-2000)

 El sol se despedía del Imperio Tré. El vasallo caminaba junto a la anciana del molino amarillo. Iban conversando sobre la vida.

- “¿Qué es lo que más te gusta de la vida, anciana?”

La viejecilla del molino amarillo se entretenía en lanzar los ojos hacia el ocaso.

- “Los atardeceres”

El vasallo preguntó, confundido:

- “¿No te gustan más los amaneceres? Mira que no he visto cosa más hermosa que el nacimiento del sol allá, detrás de las verdes colinas de Tré”

Y, reafirmándose en lo dicho, agregó:

- “¿Sabes?... Yo prefiero los amaneceres.”

La anciana dejó sobre el piso la canastilla de espigas que sus arrugadas manos llevaban. Dirigiéndose hacia el vasallo, con tono de voz dulce y conciliador, dijo:

- “Los amaneceres son bellos, sí. Pero las puestas de sol me dicen más. Son momentos en los que me gusta reflexionar y pensar mucho. Son momentos que me dicen cosas de mí misma.”

- “¿Cosas? ¿De ti misma...?”, inquirió el vasallo. No sabía a qué se refería la viejecilla con aquella frase.

Antes de cerrar la puerta del molino amarillo, la anciana añadió:

- “Claro. La vida es como un amanecer para los jóvenes como tú. Para los ancianos, como yo, es un bello atardecer. Lo que al inicio es precioso, al final llega a ser plenamente hermoso. Por eso prefiero los atardeceres... ¡mira!”

La anciana apuntó con su mano hacia el horizonte. El sol se ocultó y un cálido color rosado se extendió por todo el cielo del Imperio Tré. El vasallo guardó silencio. Quedó absorto ante tanta belleza.


Mira hacia arriba

Impresión, sol naciente
Claude Monet
(francés, 1840-1926)
          El vasallo y la anciana del molino amarillo miraban hacia arriba. A los costados el Imperio estaba en pleno esplendor, nadie lo cuestiona ni lo disputa. Todo está en orden en el Imperio. Sin embargo, el vasallo conversa con la anciana sobre otro orden más profundo de la realidad, aquello que puede dar razón a los tiempos de la vida humana. Buscan en lo alto, porque hacia allí se aspira y de esa dimensión llega la luz.

         Estar vertical es tomar conciencia plena de la vida, y de esa manera caminaban los protagonistas del cuento. Se parecían a esos animales erguidos de algunas culturas. Muchas veces los leones rampantes se pusieron como signo de reinos poderosos, hasta tiránicos. Pero el felino sobre sus pies es el símbolo del hombre que busca en las alturas su plenitud. Lo mismo sucede con la serpiente emplumada erecta, la que une los opuestos: unión inesperada de la materia pesada que se adhiere al suelo con la materia alada, que se mueve en lo invisible. Estar erguido es la primera y más importante de todas las características comunes a todos los hombres y a sus antepasados.
 
Ellos
Francois Arnal
(francés, 1924-2012)
         Arriba está el sol, el astro de la vida, de la luz y que marca el camino. Para muchos es el símbolo más pleno de la divinidad, y dudamos a veces si no es en realidad la visita del Trascendente. En el cuento, se marcan dos de los momentos didácticos del astro. Uno es el amanecer, la fuerza reveladora, el calor que anima la savia, como símbolo del nacimiento y la juventud. Es la presencia activa de cada ser humano, capaz de proteger, de servir, de dar ánimo y entusiasmar a otros en los meandros vitales. Otro es el atardecer, el descanso luego de la tarea, momento de ingreso al silencio, a la suave quietud. Es descenso, pero algo mucho más grande y bienaventurado que el nacimiento.

         La anciana tiene como apellido el molino amarillo, como una mujer casada que se nombra con el apelativo de su marido. Importante es la rueda de moler implicada por el molino, pues nos habla de la oración, que da vueltas y vueltas en torno al centro de meditación, de lo que resulta la trituración del trigo que se convierte en pan. La oración es alimento para la humanidad. Hacia ese lugar se dirigía la anciana, con su canasta de trigo maduro, amarillo, como las paredes de molino.
Atribuido a
Júlíana Sveinsdóttir
(islandesa, 1889–1966) 

         Entonces, al final, la mujer apuntó con su vieja mano hacia donde se dirigía su alma: al ocaso. El vasallo quedó absorto ante tanta belleza, dice el texto. El ocaso de la vida transitada con sabiduría se mostró en ese final: un deslumbrante derrame de luz tenue, cálida, rosada sobre el cielo, llenando las alturas de los que miran hacia arriba.

         Así como el sol se entrega en el atardecer, la vida tiene sentido cuando no se guarda en la superficialidad de los imperios, sino que se derrama sin recelos sobre quienes también el sol se extiende cada día, sin ninguna distinción.



El sol
Edvard Munch
(noruego, 1863-1944)