domingo, 18 de junio de 2017

BELLEZA DE LA NATURALEZA



Paisaje Ondulado
Vladimir Vašíček
(checo, 1919-2003)


Un sacerdote estaba a cargo del jardín dentro de un famoso templo zen. Se le había dado el trabajo porque amaba las flores, arbustos, y árboles. Junto al templo había otro templo más pequeño donde vivía un viejo maestro.

Un día, cuando el sacerdote esperaba a unos invitados importantes, tuvo especial cuidado en atender el jardín. Sacó las malezas, recortó los arbustos, rastrilló el musgo, y pasó un largo tiempo juntando meticulosamente y acomodando con cuidado todas las hojas secas. Mientras trabajaba, el viejo maestro lo miraba con interés desde el otro lado del muro que separaba los templos.

Cuando terminó, el sacerdote se alejó para admirar su trabajo.

- "¿No es hermoso?", le dijo al viejo maestro.

- "Sí..." replicó el anciano, "... pero le falta algo. Ayúdame a pasar sobre este muro y lo arreglaré por ti".

Luego de dudarlo, el sacerdote levantó al viejo y lo ayudó a bajar. Lentamente, el maestro caminó hacia el árbol cerca del centro del jardín, lo tomó por el tronco, y lo sacudió. Las hojas llovieron sobre todo el jardín.

- "Ahí está... ahora puedes llevarme de vuelta".


Perfección, armonía y claridad

         La palabra belleza fue tomada, en latín, de un término que significa bien pequeño. No se sabe si se refiere al volumen del bien o a su sutileza, porque la belleza es un complejo conjunto de experiencias de percepción que proporcionan placer y significado íntimo o social.
Cosmos
Kazimir Malevich
(ruso, 1879-1935)

         La complejidad de la belleza se manifiesta en los distintos aspectos que confluyen en su experiencia. Se inicia en los sentidos de la vista y el oído, por eso se la encuentra en obras humanas como son, por ejemplo, la pintura, la escultura, la escritura o en la música.  El ser humano es capaz de combinar estas manifestaciones sensibles en infinidad de formas, en pequeños tamaños hasta en inmensas construcciones. Pero nada puede igualar a la naturaleza en la manifestación de belleza. Tanto el microcosmos como el macrocosmos han llenado a la humanidad con torrentes de placer, brindando simultáneamente significado a toda vida sin excepción, la individual y la comunitaria.

         La belleza comienza en los sentidos, para convertirse en una experiencia de la mente, en la interpretación que hace cada persona que se abre a la percepción, decodificando los datos sensoriales y buscando las referencias íntimas y las exteriores. Por esta razón la belleza depende tanto del conocimiento como también del estado anímico, sin dejar de lado la identificación y el contexto. La identificación son todas aquellas cosas y personas que representan lo que soy, como cuando decimos cuál es nuestro color favorito o qué mascota nos gustaría tener. El contexto también es decisivo, por ejemplo, para ver las estrellas: no es lo mismo estar en una ciudad que estar en medio de campo.
 
Sin título
Mark Tobey
(estadounidense, 1890-1976)
         El monje del cuento, que estaba preparando todo para recibir visitas, tiene un concepto de hermosura cercano al de orden. Corta el pasto, arregla el jardín, junta las hojas sueltas y otras acciones que responden a una estructura determinada que el monje considera que debe ser el orden. Nada se escapa a su mirada y a su hacer, hay organización jerárquica que es mostrar lo más importante y quitar lo superfluo, y hay finalidad, que es reproducir lo que él considera armónico para sus visitantes.

         El otro monje, el anciano que mira la escena sobre el muro, le agrega el concepto de perfección al de belleza que tenía su vecino. Sacude el árbol, deja que caigan las hojas, y acerca todo el conjunto a la belleza de la naturaleza. La perfección significa madurez, es saber mirar el universo y descubrir que la hermosura está en todo lo que es tal como es. El viejo monje es un verdadero artista.


         A veces percibimos en nuestra vida la falta de paz, equivalente a la inseguridad en la convivencia humana. Quizás una respuesta a estas incertidumbres esté en la belleza, la que a manos llenas nos da el arte en todas sus formas, como en la hermosura del cosmos que nos rodea y nos habita. 


El pájaro de la felicidad
Alla Horska
(ucraniana, 1929-1970)

domingo, 4 de junio de 2017

LA VERDAD

La boca de la verdad
Lucas Cranach el Viejo
(alemán, 1472 - 1553)


Érase una vez un hombre que buscaba la verdad.

Un buen día llegó a un lugar en donde ardía una innumerable cantidad de velas de aceite.

Éstas se encontraban cuidadas por un anciano que, ante la curiosidad de este individuo, respondió que ese era el lugar de la verdad absoluta.

Aquél le preguntó qué significaban sus palabras, a lo cual respondió que cada vela reflejaba la vida de cada individuo sobre la tierra: a medida que se consume el aceite, menos tiempo de vida le queda.

El hombre le preguntó si le podía indicar cuál era la de él.

Al descubrir que la llama estaba flaqueando, a punto de extinguirse, aprovechó un instante de distracción del anciano y tomó la vela de al lado para verter un poco de aceite de ésta en la suya.

Cuando estuvo a punto de alzar la vela, su mano fue detenida por la del anciano diciendo:

- Creí que buscabas la verdad.


Confianza y fidelidad
La Verdad saliendo de su pozo
Para avergonzar a la humanidad
Jean-Léon Gérôme
(francés, 1824-1904)

         Sorprende en el cuento que la verdad no esté referida a alguna afirmación o conjunto de afirmaciones, como lo que se da en una doctrina. En el uso cotidiano se ha reducido la verdad a alguna expresión oral o escrita y con eso se pretende dejar definida la situación. Pero este relato nos muestra que la verdad está en la actitud que tengamos ante la vida y la muerte. Queda claro que cuando dejamos de buscar la verdad, la consecuencia la paga el más cercano. El buscador  no duda en robar el aceite de un vecino cualquiera con tal de prolongar su vida.

         En las herencias que recibimos de la conformación de nuestra civilización, la idea de verdad se expresa en formas más parecidas al relato citado que a las expresiones de intelectuales de nuestro tiempo. Entre las distintas herencias, rescatemos algunas muy significativas.

         La palabra verdad, que en nuestra lengua viene del latín, se refiere a la palabra griega aletheia, compuesta por la preposición a, que significa sin, y el verbo letheia, que quiere decir ocultar.  Entonces verdad en griego es lo que no está oculto, pero referido a una acción, des-ocultamiento. El verbo mencionado dio lugar a nuestra expresión latente, por lo cual podemos decir que la verdad es hacer patente lo latente, es correr el velo para que aparezca lo que está oculto. La verdad siempre está desnuda, desvestida.
Verdad rescatada Por Hora,
siendo testigo la Historia
Francisco de Goya
(español, 1746-1828)   

         Los griegos aplican la verdad a las cosas, en cambio los latinos la referían a las palabras y las personas. Se utilizaba el adjetivo verus, que se manifiesta en los términos aseverar, perseverar, severo en el sentido de riguroso. Cuando la palabra es firme y seria, entonces es verdadera. Los sabios de Roma distinguían al demagogo, que era un ser superficial y adulador, del hombre que era verus, constante, grave. La fuerza de la verdad se expresaba en esta frase: vera pro gratis, que significa las cosas verdaderas en lugar de las gratas.

         En el mundo bíblico encontramos otros matices de la verdad, distintos de lo encontrado en Grecia y Roma. En hebreo verdad se dice emet. No tiene el sentido de la cosa hecha, sino de una acción que se está por hacer, por lo que en esa lengua verdad es ante todo confianza. La raíz de la palabra es confirmar, apoyar, respaldar, dar nuestra confianza a algo que se hace. También ha dado origen a la palabra amén, de uso religioso, para reconocer las acciones salvíficas y liberadoras. En la Biblia, la paz verdadera es sólida, duradera; el camino verdadero es el que me lleva a la meta. La verdad aplicada a Dios o a los hombres indica fidelidad, pues solo en el fiel puedo confiarme.

         Cerca de esta mirada bíblica, está el verbo árabe sadaqa, que se traduce por ser sincero, verídico, decir la verdad.  Es la raíz que da origen a la palabra sadyq, que significa amigo. Es un profundo matiz afectivo, pues amigo es aquel a quien podemos decir la verdad y de quién podemos esperar la verdad, aquel en quien confiamos, a quien necesitamos para salir del error.

         La búsqueda de la verdad se hace en el corazón de los seres inteligentes, donde reside la fidelidad constante y la amistad, aceptando la vida tal como es.

Variación: Confianza
Alexei von Jawlensky
(ruso, 1864 - 1941)



domingo, 21 de mayo de 2017

AMANECERES Y OCASOS

Autorretrato con pañuelo rojo
Louisa Matthiasdottir
(islandesa, 1917-2000)

 El sol se despedía del Imperio Tré. El vasallo caminaba junto a la anciana del molino amarillo. Iban conversando sobre la vida.

- “¿Qué es lo que más te gusta de la vida, anciana?”

La viejecilla del molino amarillo se entretenía en lanzar los ojos hacia el ocaso.

- “Los atardeceres”

El vasallo preguntó, confundido:

- “¿No te gustan más los amaneceres? Mira que no he visto cosa más hermosa que el nacimiento del sol allá, detrás de las verdes colinas de Tré”

Y, reafirmándose en lo dicho, agregó:

- “¿Sabes?... Yo prefiero los amaneceres.”

La anciana dejó sobre el piso la canastilla de espigas que sus arrugadas manos llevaban. Dirigiéndose hacia el vasallo, con tono de voz dulce y conciliador, dijo:

- “Los amaneceres son bellos, sí. Pero las puestas de sol me dicen más. Son momentos en los que me gusta reflexionar y pensar mucho. Son momentos que me dicen cosas de mí misma.”

- “¿Cosas? ¿De ti misma...?”, inquirió el vasallo. No sabía a qué se refería la viejecilla con aquella frase.

Antes de cerrar la puerta del molino amarillo, la anciana añadió:

- “Claro. La vida es como un amanecer para los jóvenes como tú. Para los ancianos, como yo, es un bello atardecer. Lo que al inicio es precioso, al final llega a ser plenamente hermoso. Por eso prefiero los atardeceres... ¡mira!”

La anciana apuntó con su mano hacia el horizonte. El sol se ocultó y un cálido color rosado se extendió por todo el cielo del Imperio Tré. El vasallo guardó silencio. Quedó absorto ante tanta belleza.


Mira hacia arriba

Impresión, sol naciente
Claude Monet
(francés, 1840-1926)
          El vasallo y la anciana del molino amarillo miraban hacia arriba. A los costados el Imperio estaba en pleno esplendor, nadie lo cuestiona ni lo disputa. Todo está en orden en el Imperio. Sin embargo, el vasallo conversa con la anciana sobre otro orden más profundo de la realidad, aquello que puede dar razón a los tiempos de la vida humana. Buscan en lo alto, porque hacia allí se aspira y de esa dimensión llega la luz.

         Estar vertical es tomar conciencia plena de la vida, y de esa manera caminaban los protagonistas del cuento. Se parecían a esos animales erguidos de algunas culturas. Muchas veces los leones rampantes se pusieron como signo de reinos poderosos, hasta tiránicos. Pero el felino sobre sus pies es el símbolo del hombre que busca en las alturas su plenitud. Lo mismo sucede con la serpiente emplumada erecta, la que une los opuestos: unión inesperada de la materia pesada que se adhiere al suelo con la materia alada, que se mueve en lo invisible. Estar erguido es la primera y más importante de todas las características comunes a todos los hombres y a sus antepasados.
 
Ellos
Francois Arnal
(francés, 1924-2012)
         Arriba está el sol, el astro de la vida, de la luz y que marca el camino. Para muchos es el símbolo más pleno de la divinidad, y dudamos a veces si no es en realidad la visita del Trascendente. En el cuento, se marcan dos de los momentos didácticos del astro. Uno es el amanecer, la fuerza reveladora, el calor que anima la savia, como símbolo del nacimiento y la juventud. Es la presencia activa de cada ser humano, capaz de proteger, de servir, de dar ánimo y entusiasmar a otros en los meandros vitales. Otro es el atardecer, el descanso luego de la tarea, momento de ingreso al silencio, a la suave quietud. Es descenso, pero algo mucho más grande y bienaventurado que el nacimiento.

         La anciana tiene como apellido el molino amarillo, como una mujer casada que se nombra con el apelativo de su marido. Importante es la rueda de moler implicada por el molino, pues nos habla de la oración, que da vueltas y vueltas en torno al centro de meditación, de lo que resulta la trituración del trigo que se convierte en pan. La oración es alimento para la humanidad. Hacia ese lugar se dirigía la anciana, con su canasta de trigo maduro, amarillo, como las paredes de molino.
Atribuido a
Júlíana Sveinsdóttir
(islandesa, 1889–1966) 

         Entonces, al final, la mujer apuntó con su vieja mano hacia donde se dirigía su alma: al ocaso. El vasallo quedó absorto ante tanta belleza, dice el texto. El ocaso de la vida transitada con sabiduría se mostró en ese final: un deslumbrante derrame de luz tenue, cálida, rosada sobre el cielo, llenando las alturas de los que miran hacia arriba.

         Así como el sol se entrega en el atardecer, la vida tiene sentido cuando no se guarda en la superficialidad de los imperios, sino que se derrama sin recelos sobre quienes también el sol se extiende cada día, sin ninguna distinción.



El sol
Edvard Munch
(noruego, 1863-1944) 




domingo, 7 de mayo de 2017

LA NATURALEZA DE BUDA

La cara del Salvador: el rey distante – Buda II
Alekséi von Jawlensky
(ruso, 1864-1941) 


En la tradición zen, un monje le preguntó un día al maestro Joshu:

− ¿Quién es Buda?

− Es el que está en la entrada del monasterio –contestó el maestro.

− El que está en la entrada del monasterio –dijo el discípulo- no es más que una escultura, una figura de barro.

− Así es –dijo el maestro.

− Entonces, ¿quién es Buda?

− El que está en la entrada del monasterio –contestó el maestro.


Manifestación de lo inabarcable

         En los tiempos del maestro Joshu  (chino, 778-897), un relato de estas características alimentaba el sentido de lo sagrado que se vivía en lo cotidiano, similar a lo que sucedía en el mundo occidental para la misma época.  Hoy ya no es lo mismo.  Una diferencia importante es la consideración del símbolo, muy presente en las culturas antiguas.
Pared oriental
Hiroyuki Tajima
(japonés, 1911-1984)  

         Todo símbolo tiene tres aspectos que van unidos simultáneamente.  La primera característica es que el símbolo es algo sensible. Puede ser percibido por más de uno de los sentidos, pero por lo menos hace falta uno de ellos.  Puede ser una figura de barro, que se percibe por la vista y el tacto, como también un simple perfume que se nota por el olfato, o una melodía que se escucha en un lugar apacible.  Multitudes de símbolos pueblan nuestra vida cotidiana.

         El símbolo es además algo racional.  El sujeto que está percibiendo el símbolo tiene que tener autoconsciencia que conoce el símbolo.  Esto es otro aspecto del cuento que se ha presentado.  En el cuento el maestro dice dos veces “el que está en la entrada del monasterio”.  La primera vez es como si presentara la escultura a los sentidos del discípulo.  Éste reacciona con precisión, diciendo que es una figura de barro.  Con el sentido de la vista, y quizás el tacto, percibe el objeto y dice lo que ve.

         La segunda vez que pronuncia la misma frase le dice al discípulo que tome consciencia que el objeto que ve es un símbolo, y para hacerlo tiene que darse cuenta que eso es exactamente lo que está viendo en la entrada del monasterio.  La razón, que forma parte de nuestra naturaleza humana, es la que nos permite esa precisión con los objetos.  Por ejemplo, por medio de la razón podemos clasificar las plantas de un jardín, según el tipo de flores que producen, la forma de sus hojas y si crecen al sol o a la sombra.  Un jardín razonado puede ser un muy bello espacio.
Diáfano blanco
Leo Leuppi
(suizo, 1893-1972) 

         Finalmente, el símbolo es algo intelectual.  Y esto es lo más difícil de comprender.  No hay un símbolo sin un darse cuenta de que lo simbolizado ni es idéntico al símbolo ni se puede separar de él.  Volvamos al cuento.  Cuando el discípulo dice que el que está en la puerta del monasterio es una figura de barro, está diciendo que no es Buda.  El maestro le dice que así es. Entonces el discípulo vuelve a preguntar ¿quién es Buda?, y el maestro lo empuja a la intuición que el símbolo de la entrada es Buda.

         Sabemos, como el maestro Joshu, que el símbolo no es lo simbolizado, pero lo simbolizado no es separable del símbolo.  Una persona toca un Cristo crucificado, y tiene claro que no es Cristo, pero a la vez sabe que Cristo no es separable de ese símbolo.  Se puede decir que la apariencia de Cristo que tiene el objeto, no es un simple parecerse al simbolizado.  Es también “aparecer”, una manifestación misteriosa del Simbolizado.

         Mediante los símbolos experimentamos la sensación, al principio leve y casi irreconocible, de que hay un fondo en el mundo.  Transitamos las apariencias, y nos damos cuenta de que en esa capa superficial del mundo natural y cotidiano hay una verdad mucho más radical.  Así empieza lo extraordinario.


         La vida está plagada de símbolos.  Por eso, todas las personas, aún las más irreligiosas, insensibles, empíricas y materialistas, encuentran en su memoria momentos de duda, de perplejidad, momentos en los que lo único que cabe es callar, porque aunque no lo crea, ha sentido la presencia de lo extraordinario.


Titulo desconocido
Alvaro Lapa
(portugués, 1939-2006)  


domingo, 23 de abril de 2017

LAS PREGUNTAS DE PAFNUCIO

San Onofre
Estilo bizantino, sin fecha.

Un ermitaño cristiano, que se llamaba Pafnucio y vivía en el desierto, no lejos de Hierápolis, se mortificaba, se flagelaba y pasaba hambre desde hacía años.  Un buen día tuvo la idea de preguntarle a Dios a qué grado de perfección había llegado.

         Y Dios le dijo:

         -Estás al mismo nivel que el flautista del pueblo.

         Pafnucio, muy sorprendido, fue al pueblo e interrogó al flautista.  Se enteró que había sido bandido antes de convertirse en músico.  Sin embargo, en el transcurso de una de sus correrías, le salvó la vida y el honor a una joven virgen consagrada a Dios.

         Pafnucio regresó al desierto y reanudó sus mortificaciones, en compañía del músico-bandido, que se había convertido en su discípulo.  Pafnucio endurecía su vida. 

Tras largos años de sufrimientos, le hizo la misma pregunta a Dios:

         -¿A qué nivel he llegado ahora?

         Dios le contestó que se encontraba al mismo nivel que el alcalde del pueblo, hombre íntegro y benévolo, que no hacía daño a nadie.

         Una tercera prueba, años más tarde, llevó al ermitaño Pafnucio, cuyo cuerpo no era más que un maltrecho esqueleto, al mismo nivel que un rico negociante de Alejandría que, de vez en cuando, les regalaba a los solitarios algunas legumbres secas.

         Pafnucio pasó mucho tiempo meditando acerca de las tres respuestas divinas.  Nunca más volvió a hacer la pregunta.  Pero contaba su historia a todos aquellos que lo visitaban.


El mejor camino

         El protagonista del cuento busca el mejor camino para alcanzar la perfección.  El modo de vida que lleva, y la mención de la ciudad de Hierápolis, muestran que el relato se sitúa en tiempos muy antiguos.
La vida misma
Victor Brauner
(rumano, 1903-1966) 

Hubo muchos hombres que vivieron en el desierto entre los siglos II y V después de Cristo, y que se llamaron Pafnucio.  Algunos fueron miembros del clero, otros simples anacoretas.  Uno fue famoso por su dedicación a esa forma de vida y el amor a la soledad, por lo que se lo apodaba el búfalo.  El más reconocido fue San Pafnucio (ca.251-360),  eremita y luego obispo de Tebaida, Egipto.  Fue humilde, gentil y de un espíritu amplio.

¿Qué es la perfección para estos hombres?  Es la activación de toda la potencia física y espiritual que llevan en el corazón.  En lo físico son como los modernos deportistas de alta competición, poniendo el cuerpo en una rigurosa disciplina física y alimentándose solamente de aquello que sea estrictamente necesario para alcanzar el fin que se proponen.  En lo espiritual, se acercan a aquellos sabios que escuchamos embelesados, por la sencillez, alegría y profundidad con que expresan los misterios de la vida.

La perfección tiene, a su vez, un final, que es la felicidad.  A esta plenitud, que apenas podemos vislumbrar en algunos instantes de la vida y que supera todo lo que podemos desear e imaginar, muchos la llamamos Dios.  Por eso Pafnucio le hace a la divinidad la pregunta sobre el grado de perfección alcanzado.

El cuento deja que el lector discierna el sentido de las tres respuestas.  A través de ellas nos damos cuenta que hay cuatro caminos de perfección.  Y se usa el número cuatro para indicar que estas son orientaciones generales que tratan de englobar todos los caminos posibles.
Meditación de luna
Richard Pousette-Dart
(norteamericano, 1916-1992)   

Uno es el del flautista, claramente representante del arte, y a la vez de todos aquellos que con sus manos fabrican, construyen, elaboran todo lo que hace a la vida humana y la relación con el cosmos.  Otro es el alcalde de pueblo, el hombre que se pone al servicio de la sociedad, con honestidad y benevolencia, lejos de la corrupción y de la arbitrariedad.  El tercero es un rico comerciante, una sorpresa para este tipo de consideraciones.  Representa a todos aquellos que no se quedan encerrados en su mundo sino que son capaces de ir mucho más allá de sus ocupaciones, atendiendo la nutrición y la curación, a través de legumbres secas, de los que en soledad son las columnas de vida humana.

El cuarto camino es el de Pafnucio, la disciplina llena de sabiduría, que está en los deportistas buenos como en tanta gente que vive con dedicación y entusiasmo sus tareas y elecciones.  Este está al mismo nivel de cualquier derrotero de perfección que se elija, todos acaban en la plenitud de la felicidad.  Y si la felicidad es plena, entonces no se termina jamás.


San Pafnucio no está en el calendario, pero se lo celebra el 11 de septiembre.  Es el patrono para hallar cosas perdidas.  Por otro lado, se lo invoca para que encuentre a los que siguen malos caminos.  También es el patrono del arrepentimiento.  Finalmente, por este relato, sabemos que es patrono del testimonio más sabio, que dice que son muchísimos los caminos los que llevan a la felicidad, todos al mismo nivel.


Sin título
Helmut Sturm
(alemán, 1931-2008)   



domingo, 2 de abril de 2017

CADA HOMBRE UNA DOCTRINA

Cabeza mística
Alekséi von Jawlensky
(ruso, 1864-1941)

Era un discípulo honesto y de buen corazón, pero todavía su mente era un juego de luces y sombras y no había recobrado la comprensión amplia y conciliadora de una mente sin trabas.

Como su motivación era sincera, estudiaba sin cesar y comparaba credos, filosofías y doctrinas. Realmente llegó a estar muy desconcertado al comprobar la proliferación de tantas enseñanzas y vías espirituales. Así, cuando tuvo ocasión de entrevistarse con su instructor espiritual, dijo:

-Estoy confundido. ¿Acaso no existen demasiadas religiones, demasiadas sendas místicas, demasiadas doctrinas si la verdad es una?

Y el maestro repuso con firmeza:

-¡Qué dices, insensato! Cada hombre es una enseñanza, una doctrina.


Cosas  misteriosas

         Cuando nos enfrentamos a algo desconocido, si intuimos la posibilidad de conocimiento, lo llamamos problema. Pero si escapa a nuestra capacidad de conocer, entonces lo llamamos misterio. Ese misterio puede ser lejano o estar bien cerca.
         Un misterio es la mente.  Por lo general entendemos que la mente es el conjunto de las capacidades intelectuales de la persona.  Algunas de estas aptitudes son: el pensamiento, la inteligencia, la intuición, la voluntad, la conciencia, la memoria. 

Margen de silencio
Kay Sage
(norteamericana, 1898-1963)  
Hay muchos aspectos de la mente que nos son desconocidos.  Antiguamente se la llamaba alma o espíritu, pero como estas palabras tienen una connotación religiosa, no se las usa mucho en Occidente.  En el mundo oriental, de donde viene el cuento presentado, están más acostumbrados al uso de la palabra mente, sea en el ámbito de lo religioso como para otras cuestiones de la vida humana, pues allí no hay demasiada diferencia entre una esfera y la otra.

Se dice en el cuento que el discípulo tenía buen corazón, expresando de esta manera su mundo de sentimientos abiertos a otras personas y al mundo en el cual vivía.  Pero su mente estaba cerrada todavía, a pesar de tanto estudio y dedicación.  Su mente era como una garra que intentaba apresar las cosas a través del pensamiento y la voluntad, para tener todo clasificado y ordenado.

Visión
Esteban Vicente
(español, 1903-2001)
La mente cerrada trae confusión.  La realidad es como una sinfonía, que con muchos instrumentos produce una conmoción de armonía y belleza en el alma. Una buena música puede mostrar lo sublime o lo horroroso, llenarnos de beatitud o de espanto, pero siempre desde una armonía que nos desborda, y con una coherencia que nos seduce por completo. Pero una mente ocluida en su ambición de dominar, sometiendo la variedad a las propias conclusiones, se niega al misterio. Es como si pretendiera desarmar toda la orquesta para que los instrumentos suenen solos, en sonidos aislados.

El maestro del cuento es vehemente en la respuesta.  Es claro que desea que el discípulo salga de su encierro para encontrarse con la sinfonía maravillosa que brota de la orquesta humana. La sinfonía sonará si cada hombre con su instrumento, cada ser con su enseñanza y dedicación, tal como lo hace cada músico en una orquesta sinfónica, cumple al mismo tiempo y en el mismo espacio con su destino.

Así como la mente es un misterio, también lo son la verdad y la realidad.  No las podemos abarcar, pero si somos abiertos de espíritu podemos escuchar las sinfonías que nos ofrecen.


Anábasis
Bernard Schultze
(polaco, 1915-2005) 



domingo, 19 de marzo de 2017

EL PEQUEÑO PEZ

 
Sin nombre
Waka Yoshida
(japonesa, n. en 1983)


—Usted perdone —le dijo un pez a otro—. Usted es más viejo y tiene más experiencia que yo, y probablemente pueda ayudarme. Dígame, ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He buscado por todas partes y no lo puedo encontrar.

—El Océano —respondió el viejo pez— es donde estás ahora mismo.

—¿Esto? Pero si esto no es más que agua... Lo que yo busco es el Océano —contestó el joven pez. Y se marchó decepcionado a buscar en otra parte.


En donde estamos

Océano
Mosaico greco romano
(Antioquía, s. II d.C.)
         Para los antiguos griegos, Océano era un anchuroso río anular que rodeaba todas las tierras.  Un poeta antiguo lo llama “el gran río sin fin”, refiriéndose a su forma de anillo.  Asociaron esa fuerza natural a un ser sobrenatural, como acostumbraban esas civilizaciones fundantes de nuestra cultura.  Así Océano era un titán, hijo de Urano y de Gea.  El titán tenía esposa, llamada Tetis, de cuya unión nacieron tres mil oceánides, o ninfas del mar, y todos los oceánidas, que son los ríos del mundo, las fuentes y los lagos.

         Cuando la divinidad es heredada por los romanos, le agregan largos cabellos y barbas, como la forma de representar el agua.  También le agregan cuernitos en la frente, o a veces pinzas de cangrejo, en ambos casos símbolos de fertilidad.

         Se han conservado de la antigüedad unos textos llamados Himnos Órficos, originados en una corriente religiosa de Grecia, relacionada con Orfeo, maestro de los encantamientos.  Estos cantos nos permiten conocer con más claridad los atributos de los dioses de aquellos tiempos.  Escritos en el siglo II d.C., su fuente oral se remonta al siglo VI a.C.  El himno a Océano dice así:

Invoco a Océano, padre incorruptible y eterno, origen de los dioses inmortales y de los mortales humanos, que con sus olas circunda el contorno de la tierra. De él derivan todos los ríos y todo el mar, y las puras y corrientes aguas que manan de la tierra. Escúchame, bienaventurado y muy dichoso, grandísima esencia purificadora de los dioses, fin natural de la tierra, principio del firmamento, que te mueves a través de las aguas. Ven, por favor, benévolo y contento para con tus iniciados.

Expresión del universo del color naranja
Yves Klein
(francés, 1928-1962)
         Esto es lo que no entiende el joven pez. Le sucede lo que decía un conocido trovador: para los que miran sin ver, la tierra es tierra nomás.  Está sumergido en el océano y es invitado a encontrar las auténticas claves de lo que está buscando en el decir de los poetas, o seguir buscando en la inmensidad inabarcable.

         Llevemos el cuento a nuestro interior.  Cuando nos preguntamos en dónde estamos, a veces la respuesta son señales inmediatas, una ciudad, una vivienda, un ámbito educativo o laboral.  A veces percibimos estas referencias como demasiado pequeñas, y ansiamos más.

         Entonces descubrimos que estamos en un planeta, que nosotros llamamos tierra.  Nos inquieta un poco esta nueva referencia, pues nos resulta difícil de abarcar con nuestro conocimiento y experiencia.  Sin embargo, a pesar de su inmensidad, todavía no llegamos a saciar nuestra curiosidad.  Buscamos esa unidad en la que todo esté contenido, la unidad que lo abarca todo.  Se llama universo.

         Aprovechemos el cuento y reemplacemos el término océano por universo.  Ahora es un hombre el que le pregunta a uno más viejo: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman universo?  La respuesta será la misma del pez anciano: es dónde estás ahora mismo.

Entre dos mares
Chicote CFC
(español, n. en 1963)