domingo, 8 de octubre de 2017

LO QUE EL MIEDO PUEDE HACER

Ni esperanza ni miedo
Frederic Lord Leighton
(inglés, 1830 - 1896)

En una tierra en cruda guerra, había un Rey que causaba espanto.  Siempre que capturaba prisioneros, no los mataba. Los llevaba a una gran sala, oscura y de fuertes muros de piedra, en la que había un grupo de arqueros de su ejército.

Sobre uno de los lados, de esa terrorífica sala de la muerte, estaban reunidos los arqueros, y sobre la otra pared, había, cerrada con una tranca, una puerta de pesadas y atormentadoras hojas. Sobre la misma se veían figuras de calaveras cubiertas de sangre junto a otras aterradoras imágenes.

En esta sala, el Rey, les ordenaba a los prisioneros formar un círculo y dirigiéndoles la palabra les decía:
“Ustedes podrán elegir entre morir en forma rápida y segura, flechados por mis arqueros o pasar por aquella pesada puerta la que por mí mismo será trancada, una vez que hayan pasado.”

Todos escogían ser muertos en forma rápida, por los arqueros del Rey.

Al finalizar la guerra, un soldado que por mucho tiempo había servido al Rey, dirigiéndose a su soberano, le dijo:
“Señor, ¿le puedo hacer una pregunta?”
“Señor, ¿qué cosa hay detrás de tan asustadora y temida puerta?”

-“¡Vaya y vea por usted mismo!”,  le respondió el Rey.

El valiente soldado, entonces, abre temerosamente la puerta y a medida que lo hace, los rayos del sol van entrando y aclarando el ambiente. Finalmente descubre, absolutamente incrédulo y sorprendido que la terrorífica puerta se abría sobre un camino que conducía a la libertad.

El soldado, sin poder salir de su asombro, apenas puede escuchar la voz de su Rey que le dice:
-“Yo les daba a ellos la alternativa de elegir, que escogieran qué hacer con respecto a sus vidas. ¡Pero ellos preferían morir antes de arriesgarse a abrir esa pesada puerta!”


La vida es insegura
El jardín de la muerte
Hugo Simberg
(finlandés , 1873 - 1917)

         La palabra miedo tiene un origen oscuro, es exclusiva del castellano y del dominio portugués y gallego, en los que se dice medo. Las demás lenguas romances recurren a la voz latina pavor, de donde tenemos, por ejemplo, el italiano paura. En este caso, su origen es la raíz indoeuropea peu, que significa cortar, golpear, de donde viene también, curiosamente, la palabra pavimento, que tanto se usa en calles y caminos.

         Se considera al miedo como un  estado emocional que surge en respuesta a una señal de eventual peligro. Esta definición es muy piadosa, pues está claro el carácter peyorativo del término miedoso, sinónimo de cobarde que es el que, al igual que un lobo o un perro asustado, pone la cola entre las patas.

         La vida humana está atravesada de miedos, que provienen de nuestro interior. La palabra latina es medu, cuya primera sílaba me estaría refiriendo este estado emocional a una exagerada presencia del ego que nos lleva a distintas situaciones. El miedo se da desde la infancia, cuando tememos defraudar a nuestros padres, o cuando nos produce pánico la soledad y la oscuridad. Hay miedos de distinta intensidad que nos acompañan toda la vida: a la oscuridad, a enamorarse, a la muerte, a los cambios, a perder el trabajo, al rendimiento académico, a los políticos, a las autoridades, a equivocarse, y muchísimos más. En las religiones, tan potente como la dualidad amor-odio es la pareja fascinación-temor.
Puertas Norte
Bautisterio de Florencia
Lorenzo Ghiberti,
(italiano, 1378 - 1455)

         El miedo normalmente nace de una comparación con el pasado. Es fruto de recuerdos, cosas que ya pasaron y que ya no tienen peso en el presente. Es como las flechas de los arqueros del cuento, que una vez lanzadas producen la muerte segura. Esas cosas que ya pasaron pudieron ser magníficas en su momento, pero ahora no están e impiden la libertad.

La vida cambia, los logros son temporarios. Cada día entramos en la gigantesca sala de nuestro corazón, donde nos espera el temible rey con sus arqueros, que no solamente es el pasado sino también nuestras proyecciones del futuro. ¿Qué será de mí en unos años? ¿Quién cuidará a los que quiero? ¿Seré reconocido por mis aportes a la familia y a la sociedad? ¿No seré una molestia para los demás? Estas son unas pocas preguntas de la infinidad que nos hacemos los seres humanos sobre el porvenir. Amenazas que se pueden concretar, para las cuales la única respuesta es la libertad en el presente, y no el miedo permanente.


El camino humano es inseguro y no hay momento en la vida en el cual no tengamos que elegir entre la muerte segura y abrir las puertas, amenazantes y pesadas, de la libertad. El que abre la puerta en el cuento es un soldado valiente, que se atreve a interrogar al rey. Se dice que valiente es el que mantiene fuertemente su línea territorial, intelectual y religiosa. Esto es la libertad: ir a fondo con lo que somos, pensamos y creemos, en medio de la más profunda inseguridad.


La puerta rosa
Georges Valmier
(francés, 1885 - 1937)





domingo, 24 de septiembre de 2017

LA FÁBULA DE LOS GEMELOS

 
Gemelos
Marianne von Werefkin
(rusa,1860-1938)

Un hombre que tenía dos hijos de signo opuesto, uno muy optimista y el otro muy pesimista, siguió el consejo de un amigo de dar a cada uno, por su décimo octavo cumpleaños, un obsequio muy distinto: algo fabuloso para el pesimista y algo horrible para el optimista. Tal vez así se equilibrarían los estados de ánimo, opinaba el amigo.
Llegado el día, el padre hizo salir a los chicos a ver los dos regalos que estaban tapados en la calle por sendas sábanas.

El pesimista descubrió una potente moto japonesa y empezó a gritar y llorar a su padre: “¡Tú lo que quieres es que me mate!”

El optimista destapó un enorme excremento y empezó a bailar, loco de alegría.

- “¿Qué celebras, idiota?”, le preguntó su hermano.

A lo que el optimista contestó: “Si aquí hay este excremento es que enseguida viene mi caballo”.


El vaso a la mitad

         El padre del cuento no encuentra una solución para aplacar a sus hijos mellizos. Siempre que hay un vaso cuyo contenido está a la mitad, algunos dirán que está medio lleno, y otros exclamarán decepcionados que está medio vacío. Es difícil que el optimismo o el pesimismo sean unánimes.
Heráclito y Demócrito
Bramante
(italiano, c. 1443/1444-1514)

         Es lo mismo que sucede en nuestros propios corazones. Tenemos días en que todo va bien, y de las situaciones oscuras nos animamos a sacar beneficios. Pero también ocurre que caemos en negatividades tan grandes, que nos convertimos en modelo de pesimistas. Los más disciplinados logran matizar los extremos, pero nadie está permanentemente en una sola posición pues esta dualidad, como muchas otras, es típica de la naturaleza humana. La vida es fluctuación y este no permanecer en un estado forma parte de nuestra calidad, si sabemos ver.

         Desde la antigüedad griega se ha presentado al pesimismo y al optimismo a través de la oposición de Heráclito, el filósofo que llora, y Demócrito, el filósofo que ríe. Con estas características el tema se hizo famoso en la literatura y en el arte, desde el Renacimiento hasta entrado el siglo XX. Un ejemplo es el poeta peruano Clemente Althaus (1835-1881), que en un texto titulado con el nombre de los dos filósofos, y dedicado a una tal Amalia, dice:

Preguntarme te plugo, amiga mía,
cuál es el que mi verso más alaba:
Demócrito que todo lo reía,
o Heráclito que todo lo lloraba.

         Heráclito (efesio, 540 aC-470 a.C.) fue apodado el oscuro, porque su estilo era de carácter enigmático. Veía el universo formado por contrarios en perpetua oposición, de lo cual surge el constante cambio o devenir de los hombres y las cosas. Planteó un principio normativo, como una síntesis, que algunas interpretaciones lo identifican con el fuego, elemento cósmico primordial.
Áreas de altos espíritus
Paul Klee
(suizo, 1879-1940)


         Demócrito (griego, 460 aC-370 a.C.), fundó la teoría atomista. Concebía el universo hecho de innumerables corpúsculos o átomos sustancialmente idénticos, indivisibles, eternos e indestructibles, que se encuentran en movimiento en el vacío infinito, y se diferencian entre sí en cuanto a sus dimensiones, su forma y su posición.


          Aunque se los presente antagónicos, estos filósofos no tenían posturas tan opuestas. Cuando hablan de la ética, Heráclito invitaba a la sabiduría que consiste en entender cómo se conduce el mundo, y ese entendimiento sería la base de la moderación y el autoconocimiento.  Demócrito decía que la aspiración natural de todo individuo es a la tranquilidad de espíritu. Es un equilibrio interno que se consigue mediante el control de las pasiones por el saber y la prudencia.

         El poeta Clemente Althaus termina la poesía mencionada, con estos versos:

Y solo aprobará mi poesía
al que, siempre guardando el justo modo,
algunas veces llore y otras ría,
que hay lugar en la vida para todo.
Ni toda es farsa que a reír convida
nuestra vida, ni lúgubre tragedia;
si damos a la risa media viva,
damos también al llanto la otra media.


         Frente a la recomendación de cultivar el pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad que algunos postulan, es mejor tener la experiencia de la libertad, en el sentido de aceptar que sólo vivimos cuando arriesgamos siempre de nuevo esta vida y dejamos que la vida viva.

Pesimismo y Optimismo
Giacomo Balla
(italiano, 1871 - 1958)


domingo, 10 de septiembre de 2017

LA FALACIA DE LA COMPARACIÓN

Señales cósmicas
Alan Davie
(escocés, 1920-2014)
El mulá Nasrudín iba vestido con una túnica harapienta y sucia. El gobernante lo increpó:

- "¿Cómo te atreves a presentarte ante mí en ese estado de suciedad? ¿Es que no te da vergüenza?"

- "Siempre estoy relativamente limpio", contestó Nasrudín. "En mi alforja guardo otra túnica y me la pondré cuando la que visto ahora esté más sucia que ésta."

- "Pero ¿cuándo las lavas?"

- "Nunca. Cada vez que la túnica que estoy usando está más sucia que la que llevo en mi alforja, me la cambio. ¡Siempre estoy relativamente limpio!"


El sentido de limpiar

         Nasrudín es un personaje mítico de la tradición popular sufí, una especie de antihéroe, cuyas historias sirven para ilustrar enseñanzas y hacer reflexionar a quien las lee u oye. Representa distintos papeles: agricultor, padre, juez, comerciante, sabio o tonto. Se lo reconoce siempre como mulá, que es un término de Medio Oriente para maestro.
Queja ante el sultán
Sultan Muhammad
(turco, 1475-1550)

         En este cuento, Nasrudín nos pone ante una comparación entre dos túnicas, una que tiene en uso y otra guardada en su alforja. Tanto en la acción como en los elementos mencionados, nos encontramos ante distintos significados del relato.

         La comparación entre las túnicas es la acción relevante de la historia. Constantemente las personas nos pasamos comparando opciones entre dos o más elementos, cuestiones y seres de todo tipo. Cuando estamos frente a un objeto desconocido es inevitable que tendamos a relacionarlo con otro, ya conocido por nosotros, haciendo un ejercicio comparativo en el que el intelecto desarrolla una gran actividad. La educación usa de la comparación y la analogía para llevar a los educandos a la comprensión y el conocimiento de la realidad, porque son las formas básicas de la humanidad para relacionarse con la existencia.

         En la literatura, a esta figura también se la llama símil, que es establecer una comparación entre cosas determinadas, para trasladar las características simbólicas o físicas de una a otra. La frase: sus ojos como dos esmeraldas brillaban en la noche, es un símil que traza un paralelo entre los ojos de color verde y las piedras preciosas. También se usa mucho en la vida cotidiana, como en los siguientes ejemplos:
Ten cuidado si sales de noche que la calle está oscura como boca de lobo.
Fabio está alto y flaco como un poste de luz.

Contraste de formas
Fernand Léger
(francés, 1881 - 1955)
         El cuento nos recuerda que las comparaciones pueden ser falaces, cuando empleamos argumentos con el fin de engañar, distraer o descalificar al interlocutor. Ocurre también cuando hay una mala construcción de la comparación. Hay tantas falacias que cualquier intento de clasificación resulta inútil. Desde que Aristóteles (griego, 384-322 a.C.) redactara sus “Refutaciones sofísticas”, no hay dos planteos que tengan el mismo ordenamiento.

         Para evitar los engaños en las comparaciones, tan necesarias por otro lado para la existencia y el aprendizaje, es bueno vivir con atención el presente, evitando compararlo con un pasado que ya no está, o con un futuro que todavía no ha llegado. La túnica que Nasrudín tiene en la alforja es del pasado, está sucia. Y si en el futuro se la pone, seguirá sucia, aunque parezca más limpia que la que tiene en el presente, lo cual es muy relativo. Mejor, que resuelva el presente.

         Hay otros aspectos de la vida en los cuales conviene no comparar. Por ejemplo, en la relación con otros, como cuando cotejamos nuestra dicha o la tristeza con las del vecino. En estas situaciones conviene entender que todo cambia, que la existencia es un constante devenir, y lo valioso es sumergirse en el presente propio, contemplando aunque sea sin comprender, donde la comparación será una insignificante falacia.


Ventanas sobre la ciudad
Robert Delaunay
(francés, 1885 - 1941)


domingo, 27 de agosto de 2017

EL DORMILÓN DE KOPPUR

Dormido
Viktor Popkov
(ruso, 1932 - 1974)

 En un pueblo de la India llamado Koppur, vivía un enigmático hombre que -según contaban los veteranos- llevaba dormido más de 30 años y que por las noches se paseaba sonámbulo. Los vecinos ya se habían acostumbrado a esta rareza, pero el dormilón siempre era tema de conversación, pues nadie sabía a ciencia cierta la razón de su somnolencia.

Los visitantes que pasaban por el pueblo se divertían contemplándolo y no fueron pocos los turistas extranjeros que llegaron a la localidad para sacarse una foto con aquel hombre.

A lo largo de los años, médicos y curanderos analizaron al durmiente sin poder encontrar una razón lógica de su afección.

Pero un buen día llegó al pueblo un reconocido Maestro espiritual y el alcalde de Koppur le pidió que fuera a la casa del dormilón para tratar de determinar las causas del largo sueño y si había posibilidades de curarlo.

El Maestro accedió a la petición y visitó el dormitorio del hombre dormido, acompañado por un enorme grupo de curiosos. Se sentó junto a su cama, lo miró con atención, cerró sus ojos y colocó su mano sobre su cabeza, tratando de concentrarse y abstrayéndose del bullicio ocasionado por los vecinos.

Finalmente el hombre sabio abrió sus ojos, miró al alcalde y sonriendo a la multitud, dijo:
-Queridos amigos, he podido comunicarme de una forma especial con esta persona que duerme ininterrumpidamente desde hace más de 30 años, y finalmente he encontrado la causa de su extraño comportamiento. Este buen hombre está soñando que está despierto y, entonces, no tiene ninguna intención de despertarse.


Para despertar, es necesario aceptar que estamos dormidos

         El sueño es un elemento necesario de la vida humana, pero también misterioso. Ofrece un aspecto doble. Por un lado es reposo que regenera al hombre, y por otro lado puede indicar que el hombre está sumergido en la noche tenebrosa. El sueño es fuente de vida y figura de la muerte, y por esta razón ofrece diferentes significaciones según las culturas.
El sueño atormentado de Cristo
 recuperó el Paraíso
William Blake
(británico, 1757-1827)

         Estas vertientes simbólicas del sueño se encuentran a lo largo de toda la Biblia. El aspecto benéfico ya está presente en el origen, cuando Adán, el primer hombre, le pone nombre a cada ser viviente, a todos los animales del campo y a cada pájaro del cielo. En este inmenso panorama, Adán no encuentra la ayuda adecuada. Entonces Dios hace caer un profundo sueño sobre él, y cuando este se durmió, tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío. Luego, con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al varón. El hombre exclamó:
“¡Esta sí que es hueso de mis huesos
y carne de mi carne!
Se llamará Mujer,
porque ha sido sacada del varón”.(Libro del Génesis)

         En otros casos el dormir indica la confianza y el abandono, como cuando Jesús atravesaba junto a sus discípulos el Mar de Galilea y se desató una tremenda tormenta que desesperó a los tripulantes de la barca, a excepción de Jesús que reposaba tranquilamente en la popa, durmiendo sobre el cabezal. La misma confianza que se nos invita a tener en la Carta a los Efesios, en el capítulo cinco: porque todo lo que se pone de manifiesto es luz. Por eso se dice: 
Despiértate, tú que duermes,
levántate de entre los muertos,
y Cristo te iluminará. 


El Sueño y los Perdidos y Encontrados
Cecily Brown
 (británica, n. en 1969)

         Pero el dormir puede significar que han caído las tinieblas sobre el hombre. En el Libro de los Provebios, en el capítulo seis, se dice: ¿Hasta cuándo estarás recostado, perezoso, cuándo te levantarás de tu sueño? “Dormir un poco, dormitar otro poco, descansar otro poco de brazos cruzados”: así te llegará la pobreza como un salteador y la miseria como un hombre armado. Peor todavía es lo que sucede a Sansón cuando se duerme en el regazo de Dalila y ésta le hace cortar el cabello; luego sobrevendrá el desastre y la muerte de Sansón.

         Según Job, acostarse a dormir es para siempre, es muerte en el sentido más profundo: no existir. En su desesperación pide que Dios lo perdone, que no se fije en sus culpas. Dice: ¿Por qué no perdonas mis ofensas y pasas por alto mis culpas?
¡Mira que muy pronto me acostaré en el polvo, me buscarás, y ya no existiré!  A medida que crece su drama, Job irá expresando con más claridad el sentido de sus angustias: Pero el hombre, cuando muere, queda inerte; el mortal que expira, ¿dónde está? El agua del mar se evapora, un río se agota y se seca: así el hombre se acuesta y no se levanta; desaparecerán los cielos, antes que él se despierte, antes que se alce de su sueño. Finalmente logra formular la pregunta fundamental: Un hombre, una vez muerto, ¿podrá revivir?


          El cuento nos acerca a estas dimensiones del dormir, pero sin angustia ni dudas. Hay una sonrisa en el hombre espiritual cuando da su diagnóstico sobre el dormilón. Nos recuerda que hay un despertar final, una plenitud que dará sentido a todo lo vivido. Para la Biblia, esa vigilia definitiva tiene como fuente una relación de amor, no es una situación solitaria como el durmiente, sino de encuentro y de intercambio. El texto sagrado usa el símbolo de la Amada, a quien el Amado le hizo abrir los ojos: 

“Te desperté debajo del manzano,
allí donde tu madre te dio a luz,
donde te dio a luz la que te engendró.” 
(Cantar de los Cantares, cap. 8).

Despertará
Paul Klee
(suizo, 1879 - 1940)  



domingo, 13 de agosto de 2017

LA ANCIANA Y SU GALLO

Gallo
Gao Jianfu
(chino, 1879-1951)

La anciana que vivía en una granja observó que su gallo cantaba siempre a la misma hora, minutos antes de comenzar el día; pensó entonces que era el canto de su gallo el que producía la salida del sol.

Los vecinos molestos por el canto, protestaron. La anciana decidió entonces irse a vivir a otro pueblo llevándose el gallo.

La primera madrugada en su nuevo hogar fue igual que siempre: el gallo cantó y el sol comenzó a elevarse sobre el horizonte. Poco a poco la claridad invadió el lugar.

La mujer pensó:

- "Lo lamento por la gente del otro pueblo a quienes dejé a oscuras para siempre".

Le extrañó que nunca la hubieran llamado para que regresara.


Nada es permanente

         El cuento está cargado de símbolos. Dos están resaltados por el título del cuento, pero en su interior hay muchos más, como son el amanecer, la granja, los vecinos, la luz y la oscuridad, el horizonte, la hora, el hogar, y otros que van surgiendo en lo que se relata y en su trasfondo. Esta es la riqueza de los relatos, de donde podemos sacar muchas enseñanzas y orientaciones.
Retrato de una anciana
Guido Reni
(italiano, 1575-1642)

         Conviene tener en cuenta que los símbolos tienen muchos significados y casi siempre ambiguos, pues aparecen sentidos positivos y negativos. Tomemos el caso del gallo. Para culturas muy antiguas, este animal representa las cinco virtudes principales: las virtudes civiles, por su cresta que indica autoridad y su urbanidad, como un orientador de la comunidad de pertenencia; representa a la vez las virtudes militares, puesto que porta espolones, un arma de guerra. El gallo es símbolo de la valentía, en tierras en donde se aprecian las riñas de esta clase; a la vez se lo reconoce como símbolo de la bondad, porque comparte su alimento con las gallinas; indica también la confianza, por la seguridad con la que anuncia el alba.

         Pero en otras culturas el gallo es un símbolo excepcionalmente nefasto: es un veneno, junto al puerco y a la serpiente. Es el deseo desbocado, el apego, la codicia y la sed de posesión. En Europa en ocasiones se lo toma como imagen de la cólera, la explosión desmesurada del deseo y la violencia.

         El cuento resalta un aspecto del gallo muy elogiado en todas las tradiciones: es el animal que anuncia el alba, por lo tanto un símbolo solar. En la tradición cristiana, es un emblema de Cristo, como lo son el cordero y el águila. Pero él pone de relieve el aspecto solar del Señor: luz y resurrección. Se lo coloca en la cima de los templos como una veleta, para evocar la supremacía de lo espiritual en la vida humana. Nos recuerda que nuestro camino es hacia el amanecer, y su canto nos dice que ya comienza la iluminación, que no es otra cosa que nuestra salvación disipando las últimas tinieblas de la noche en nuestras almas.
Presente antiguo
Linda Saccoccio
(norteamericana, contemporánea)

         Esta riqueza posee la anciana con su gallo. Por eso en su ingenuidad intuye que al irse de una vecindad la deja desprovista de amanecer. La mujer se extraña que no la llamen después, y esta es la enseñanza que tiene que asimilar. Viendo su nuevo entorno y recordando sus pasados vecinos aprenderá, si presta atención, que todo en la vida pasa, que vivir es cambiar. Ocupamos un lugar significativo en un grupo humano, pero eso se termina, y lo nuevo también pasará, nada es permanente.

         La anciana es invitada a observar en profundidad su presente, de la misma manera que vemos cómo en cada amanecer se ilumina nuestra vida. El presente de la mujer es nuestro presente más profundo, pues en él se va produciendo constantemente el aumento de la luz, de la misma manera que cada madrugada lentamente se alumbra nuestra existencia. El gallo es símbolo del tiempo, cantando cada salida del sol hasta que nuestra alma quede iluminada para siempre.     



Iluminación
René Magritte
(belga, 1898-1967)
                                    

domingo, 30 de julio de 2017

EL EQUILIBRISTA

Caminadora de la cuerda floja
Maria Uhden
(alemana, 1892 - 1918)


Un padre de familia fue acusado de robo y el rey, siguiendo una vieja tradición del reino, citó al hombre y le dijo: “Has sido acusado pero las pruebas no han sido concluyentes. Para determinar tu culpabilidad o inocencia recurriremos a la prueba del alambre. Tensaremos un alambre entre las dos torres del castillo y tú deberás caminar por él. Si lo logras, habrás demostrado tu inocencia. Si caes, serás culpable  y morirás en el acto”.

Tres días más tarde, el acusado fue llevado a la torre desde donde se había tendido el alambre, sabiendo que casi todos los que intentaban pasar la prueba del alambre terminaban cayendo al vacío.

Pasito a pasito y con gran pericia, el hombre fue caminando por el alambre hasta que finalmente llegó hasta la otra torre.

El rey, sorprendido, hizo llamar al padre de familia y le dijo: “Te felicito, has demostrado tu inocencia. Pero, sin embargo, hay algo que realmente me intriga. ¿Cómo has podido pasar la difícil prueba del alambre?”.

Y el hombre respondió: “¡Oh, señor! En verdad, al pasar el alambre tan sólo he intentado aplicar lo que he aprendido en la escuela de la vida: evitar los extremos. He mantenido mi mente y mi cuerpo en perfecto equilibrio y repitiéndome a mí mismo: “Nada en exceso”. Es decir, cuando me inclinaba mucho hacia la derecha, corregía y cuando me iba hacia la izquierda, corregía. Y así, corrigiendo y corrigiendo, encontré en el alambre la vía del medio. Caminé por ella, sin demasiado esfuerzo, y llegué a mi destino”.


Vía del medio
Equilibrium
Jean Hélion
(francés, 1904-1987) 

         El relato se basa en una enseñanza budista que se denomina el camino del medio. Sabemos que no hay una tradición universal que se aplique de la misma manera en un lugar u otro del mundo.  Para aprender de otras culturas hace falta entender que debemos encontrar equivalentes en nuestra propia tradición, de tal manera que tengamos una comprensión adecuada. Los cuentos tienen la virtud de mostrar con facilidad esas equivalencias, que están arraigadas en el alma humana.

         En cierta ocasión, un hombre le estaba enseñando a tocar el laúd a su hijo. Y le decía que las cuerdas no tenían que estar demasiado tirantes, porque se romperían, ni demasiado flojas porque no se podría sacar ningún sonido de ellas. La tensión justa que hace posible ejecutar música en ese instrumento es la imagen adecuada para el camino del medio. Y lo que se quiere decir para la vida humana es que más allá de las opiniones extremas, lejos de los excesos y de las privaciones, existe una vía intermedia que podemos transitar sin sufrir los altibajos que provocan las pasiones.

         Es posible pensar que esto se aplica solamente a los placeres sensoriales, como la comida o la bebida, pero también apunta a otros excesos que tienen que ver con el alma humana. Un ejemplo muy vigente es la adicción a la felicidad y el terror al sufrimiento. Hay un parecer que supone que debemos estar felices permanentemente, lo que nos crea angustia y nos lleva a caer en la depresión o el pesimismo. Por otro lado, el miedo a sufrir nos hace incapaces de disfrutar los momentos de felicidad que nos provocan los placeres sencillos.

Danza en la cuerda floja
Kees van Dongen
(holandés, 1877-1968)
         Otro ejemplo muy común es el anhelo de riqueza más allá de nuestras necesidades. Entonces se produce la crisis producto de la obsesión por acumular el máximo de ganancias con el mínimo esfuerzo. Y de aquí saltamos a otro extremo: un temor generalizado que paraliza inversiones y proyectos.

         La cultura de los extremos también está presente en nuestra propia imagen: la necesidad de alabanzas y el horror ante las críticas. Así nos encontramos con personas con baja autoestima que se desprecian, como con los narcisistas que necesitan ser admirados y ensalzados constantemente y que reciben cualquier comentario como un ataque.

         En la tradición occidental también se aplica la vía del medio. Desde antiguo hay una corriente llamada hedonismo, que busca los placeres y el lado soleado de la vida, que dice: Primero mis dientes, luego mis parientes.  Aún ellos sostenían que todos los extremos son inconvenientes, el exceso de placer se convierte en vicio.

         Entre los antiguos griegos, Aristóteles hablaba del medio dorado, y llegó a afirmar que toda virtud es un punto medio entre dos extremos, cada uno de los cuales es un vicio. En Ética a Nicómaco, Libro Segundo, Capítulo VI, dice:

Hablo aquí de la virtud moral; porque ella es la que concierne a las pasiones y a los actos del hombre, y en nuestros actos y en nuestras pasiones es donde se dan, ya el exceso, ya el defecto, ya el justo medio. Así, por ejemplo, en los sentimientos de miedo y de audacia, de deseo y de aversión, de cólera y de compasión, en una palabra, en los sentimientos de placer y dolor se dan el más y el menos; y ninguno de estos sentimientos opuestos son buenos. Pero saber ponerlos a prueba como conviene, según las circunstancias, según las cosas, según las personas, según la causa, y saber conservar en ellas la verdadera medida, este es el medio, esta es la perfección que sólo se encuentra en la virtud.


         Esto se aplica a la vida moral, pero encierra indicaciones para todas las dimensiones del ser humano, especialmente para su vida interior, para su alma. El camino del medio es una enseñanza tan liberadora que nos hará apreciar la profundidad del cuento.

Composición abstracta
René Pontocarrero
 (Cuba, 1912 - 1985)

sábado, 15 de julio de 2017

BUSCANDO LA PAZ

El pintor en su estudio
Rembrandt
(holandés, 1606-1669)  

Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron. El rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que ésta reflejaba la paz perfecta.

La segunda pintura también tenía montañas. Pero éstas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico.

Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, el vio tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en el medio de su nido...

El Rey escogió la segunda.


La paz se construye
Rey Edgar, el Pacífico
Manuscrito iluminado.
(Winchester, 966)

         San Agustín decía: “¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé.” Lo mismo se puede decir de la paz, es inexplicable. Por eso el Rey, que representa nuestra búsqueda de sentido partiendo de la dignidad y nobleza interior, se dirige al arte para encontrar una imagen que nos oriente en el sentido auténtico de la paz.

         La primera forma de paz que encontramos es, como en el primer cuadro, un reflejo perfecto de las montañas apacibles y del cielo armónico. Esto es lo que primero pensamos cuando buscamos la paz: un orden en donde la naturaleza muestre su calma y grandeza en las montañas inmutables. De la misma manera consideramos el orden de las ideas y el espacio divino: el cielo azul inmenso y sin cambios, con algunas nubes de adorno estáticas. Para esta forma de ver la paz, el entorno está quieto pero nuestra condición es cambiante. La tranquilidad exterior esconde una inquietud interna, que puede transformarse en angustia en cualquier momento.

         El segundo pintor parece abarcar mucho más que el primero. Asume la tormenta en el cielo, signo de que nuestros pensamientos son convulsionados y de que el encuentro con el Ser divino está lleno de sensaciones de abismos, que tanto nos pueden atraer como causar espanto. La misma naturaleza no es para nada complaciente. Las montañas desnudan sus amenazantes rocas, y la intrincada superficie de los macizos son señales de los peligros que constantemente acechan nuestra vida. El contraste está con el pajarito quieto que, sin sentimientos ni pensamientos, está simplemente entregado a su nido contemplando todo lo que pasa a su alrededor.
Corriente
Kenzo Okada
(japonés, 1902-1982)  

         En una versión de este cuento, se le agrega la explicación que da el rey a su elección: “paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que, a pesar de estar en medio de todas estas cosas, permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz.”

         La palabra paz parece estar ligada más a una acción que a una realidad estática. Su raíz etimológica tiene que ver con pak-, que significa trabar, fijar, ensamblar. La palabra se refiere a una situación trabada y asegurada que nace de un acuerdo. Por eso se dice que la paz entre los hombres viene del diálogo y de la consideración mutua, dos actitudes que son valiosas en la medida que se ejercen cada día, sin interrupciones. La paz es una acción constructiva permanente.

En tiempos más cercanos se quiso relacionar la palabra paz con pago, es decir, una especie de tributo que le daría la parte vencida al vencedor, condición necesaria para que el acuerdo tuviese vigencia. Pero esto fue una interpretación caprichosa y lejos de la verdad de su origen.

Durante la peregrinación que es la vida humana, estamos sometidos alternativamente a la noche y al día, a los días felices, llenos de paz, que alternan con los días amargos en los que el diálogo y el respeto brillan por su ausencia. El conocimiento humano es todavía tan limitado que las ventanas que abrimos en nuestra vida son a la vez nuestras rejas. Y nuestras alas, que nos podrían llevar a la plenitud, se convierten en cadenas por la tosquedad de mirada que tenemos sobre las cosas.
La musa del pintor
Henri Martin
(francés, 1860-1943)

Un texto religioso muy antiguo nos invita a contemplar la paz de la siguiente manera:

“¡Que los cielos estén en paz, que la Tierra esté en paz,
Reine la paz en el amplio espacio entre ambos.
Que sean pacíficas las aguas que corren,
las plantas y los árboles!

Que a través de esta Diosa suprema, la Palabra,
inspirada por Dios, por la cual es creado todo lo que
inspira temor, nos sea concedida la Paz.

Que mediante esta invocación a la paz se difunda la paz.
Que mediante esta invocación a la paz, descienda a nosotros la paz.

Con esta paz apaciguo ahora al temible,
Con esta paz apaciguo ahora al cruel,
Con esta paz apaciguo todo mal,
Para que la paz prevalezca, para que reine la felicidad
Que todo nos sea apacible.”


Pájaro del Espíritu
Morris Graves
(norteamericano, 1910-2001)