domingo, 23 de abril de 2017

LAS PREGUNTAS DE PAFNUCIO

San Onofre
Estilo bizantino, sin fecha.

Un ermitaño cristiano, que se llamaba Pafnucio y vivía en el desierto, no lejos de Hierápolis, se mortificaba, se flagelaba y pasaba hambre desde hacía años.  Un buen día tuvo la idea de preguntarle a Dios a qué grado de perfección había llegado.

         Y Dios le dijo:

         -Estás al mismo nivel que el flautista del pueblo.

         Pafnucio, muy sorprendido, fue al pueblo e interrogó al flautista.  Se enteró que había sido bandido antes de convertirse en músico.  Sin embargo, en el transcurso de una de sus correrías, le salvó la vida y el honor a una joven virgen consagrada a Dios.

         Pafnucio regresó al desierto y reanudó sus mortificaciones, en compañía del músico-bandido, que se había convertido en su discípulo.  Pafnucio endurecía su vida. 

Tras largos años de sufrimientos, le hizo la misma pregunta a Dios:

         -¿A qué nivel he llegado ahora?

         Dios le contestó que se encontraba al mismo nivel que el alcalde del pueblo, hombre íntegro y benévolo, que no hacía daño a nadie.

         Una tercera prueba, años más tarde, llevó al ermitaño Pafnucio, cuyo cuerpo no era más que un maltrecho esqueleto, al mismo nivel que un rico negociante de Alejandría que, de vez en cuando, les regalaba a los solitarios algunas legumbres secas.

         Pafnucio pasó mucho tiempo meditando acerca de las tres respuestas divinas.  Nunca más volvió a hacer la pregunta.  Pero contaba su historia a todos aquellos que lo visitaban.


El mejor camino

         El protagonista del cuento busca el mejor camino para alcanzar la perfección.  El modo de vida que lleva, y la mención de la ciudad de Hierápolis, muestran que el relato se sitúa en tiempos muy antiguos.
La vida misma
Victor Brauner
(rumano, 1903-1966) 

Hubo muchos hombres que vivieron en el desierto entre los siglos II y V después de Cristo, y que se llamaron Pafnucio.  Algunos fueron miembros del clero, otros simples anacoretas.  Uno fue famoso por su dedicación a esa forma de vida y el amor a la soledad, por lo que se lo apodaba el búfalo.  El más reconocido fue San Pafnucio (ca.251-360),  eremita y luego obispo de Tebaida, Egipto.  Fue humilde, gentil y de un espíritu amplio.

¿Qué es la perfección para estos hombres?  Es la activación de toda la potencia física y espiritual que llevan en el corazón.  En lo físico son como los modernos deportistas de alta competición, poniendo el cuerpo en una rigurosa disciplina física y alimentándose solamente de aquello que sea estrictamente necesario para alcanzar el fin que se proponen.  En lo espiritual, se acercan a aquellos sabios que escuchamos embelesados, por la sencillez, alegría y profundidad con que expresan los misterios de la vida.

La perfección tiene, a su vez, un final, que es la felicidad.  A esta plenitud, que apenas podemos vislumbrar en algunos instantes de la vida y que supera todo lo que podemos desear e imaginar, muchos la llamamos Dios.  Por eso Pafnucio le hace a la divinidad la pregunta sobre el grado de perfección alcanzado.

El cuento deja que el lector discierna el sentido de las tres respuestas.  A través de ellas nos damos cuenta que hay cuatro caminos de perfección.  Y se usa el número cuatro para indicar que estas son orientaciones generales que tratan de englobar todos los caminos posibles.
Meditación de luna
Richard Pousette-Dart
(norteamericano, 1916-1992)   

Uno es el del flautista, claramente representante del arte, y a la vez de todos aquellos que con sus manos fabrican, construyen, elaboran todo lo que hace a la vida humana y la relación con el cosmos.  Otro es el alcalde de pueblo, el hombre que se pone al servicio de la sociedad, con honestidad y benevolencia, lejos de la corrupción y de la arbitrariedad.  El tercero es un rico comerciante, una sorpresa para este tipo de consideraciones.  Representa a todos aquellos que no se quedan encerrados en su mundo sino que son capaces de ir mucho más allá de sus ocupaciones, atendiendo la nutrición y la curación, a través de legumbres secas, de los que en soledad son las columnas de vida humana.

El cuarto camino es el de Pafnucio, la disciplina llena de sabiduría, que está en los deportistas buenos como en tanta gente que vive con dedicación y entusiasmo sus tareas y elecciones.  Este está al mismo nivel de cualquier derrotero de perfección que se elija, todos acaban en la plenitud de la felicidad.  Y si la felicidad es plena, entonces no se termina jamás.


San Pafnucio no está en el calendario, pero se lo celebra el 11 de septiembre.  Es el patrono para hallar cosas perdidas.  Por otro lado, se lo invoca para que encuentre a los que siguen malos caminos.  También es el patrono del arrepentimiento.  Finalmente, por este relato, sabemos que es patrono del testimonio más sabio, que dice que son muchísimos los caminos los que llevan a la felicidad, todos al mismo nivel.


Sin título
Helmut Sturm
(alemán, 1931-2008)   



domingo, 2 de abril de 2017

CADA HOMBRE UNA DOCTRINA

Cabeza mística
Alekséi von Jawlensky
(ruso, 1864-1941)

Era un discípulo honesto y de buen corazón, pero todavía su mente era un juego de luces y sombras y no había recobrado la comprensión amplia y conciliadora de una mente sin trabas.

Como su motivación era sincera, estudiaba sin cesar y comparaba credos, filosofías y doctrinas. Realmente llegó a estar muy desconcertado al comprobar la proliferación de tantas enseñanzas y vías espirituales. Así, cuando tuvo ocasión de entrevistarse con su instructor espiritual, dijo:

-Estoy confundido. ¿Acaso no existen demasiadas religiones, demasiadas sendas místicas, demasiadas doctrinas si la verdad es una?

Y el maestro repuso con firmeza:

-¡Qué dices, insensato! Cada hombre es una enseñanza, una doctrina.


Cosas  misteriosas

         Cuando nos enfrentamos a algo desconocido, si intuimos la posibilidad de conocimiento, lo llamamos problema. Pero si escapa a nuestra capacidad de conocer, entonces lo llamamos misterio. Ese misterio puede ser lejano o estar bien cerca.
         Un misterio es la mente.  Por lo general entendemos que la mente es el conjunto de las capacidades intelectuales de la persona.  Algunas de estas aptitudes son: el pensamiento, la inteligencia, la intuición, la voluntad, la conciencia, la memoria. 

Margen de silencio
Kay Sage
(norteamericana, 1898-1963)  
Hay muchos aspectos de la mente que nos son desconocidos.  Antiguamente se la llamaba alma o espíritu, pero como estas palabras tienen una connotación religiosa, no se las usa mucho en Occidente.  En el mundo oriental, de donde viene el cuento presentado, están más acostumbrados al uso de la palabra mente, sea en el ámbito de lo religioso como para otras cuestiones de la vida humana, pues allí no hay demasiada diferencia entre una esfera y la otra.

Se dice en el cuento que el discípulo tenía buen corazón, expresando de esta manera su mundo de sentimientos abiertos a otras personas y al mundo en el cual vivía.  Pero su mente estaba cerrada todavía, a pesar de tanto estudio y dedicación.  Su mente era como una garra que intentaba apresar las cosas a través del pensamiento y la voluntad, para tener todo clasificado y ordenado.

Visión
Esteban Vicente
(español, 1903-2001)
La mente cerrada trae confusión.  La realidad es como una sinfonía, que con muchos instrumentos produce una conmoción de armonía y belleza en el alma. Una buena música puede mostrar lo sublime o lo horroroso, llenarnos de beatitud o de espanto, pero siempre desde una armonía que nos desborda, y con una coherencia que nos seduce por completo. Pero una mente ocluida en su ambición de dominar, sometiendo la variedad a las propias conclusiones, se niega al misterio. Es como si pretendiera desarmar toda la orquesta para que los instrumentos suenen solos, en sonidos aislados.

El maestro del cuento es vehemente en la respuesta.  Es claro que desea que el discípulo salga de su encierro para encontrarse con la sinfonía maravillosa que brota de la orquesta humana. La sinfonía sonará si cada hombre con su instrumento, cada ser con su enseñanza y dedicación, tal como lo hace cada músico en una orquesta sinfónica, cumple al mismo tiempo y en el mismo espacio con su destino.

Así como la mente es un misterio, también lo son la verdad y la realidad.  No las podemos abarcar, pero si somos abiertos de espíritu podemos escuchar las sinfonías que nos ofrecen.


Anábasis
Bernard Schultze
(polaco, 1915-2005) 



domingo, 19 de marzo de 2017

EL PEQUEÑO PEZ

 
Sin nombre
Waka Yoshida
(japonesa, n. en 1983)


—Usted perdone —le dijo un pez a otro—. Usted es más viejo y tiene más experiencia que yo, y probablemente pueda ayudarme. Dígame, ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He buscado por todas partes y no lo puedo encontrar.

—El Océano —respondió el viejo pez— es donde estás ahora mismo.

—¿Esto? Pero si esto no es más que agua... Lo que yo busco es el Océano —contestó el joven pez. Y se marchó decepcionado a buscar en otra parte.


En donde estamos

Océano
Mosaico greco romano
(Antioquía, s. II d.C.)
         Para los antiguos griegos, Océano era un anchuroso río anular que rodeaba todas las tierras.  Un poeta antiguo lo llama “el gran río sin fin”, refiriéndose a su forma de anillo.  Asociaron esa fuerza natural a un ser sobrenatural, como acostumbraban esas civilizaciones fundantes de nuestra cultura.  Así Océano era un titán, hijo de Urano y de Gea.  El titán tenía esposa, llamada Tetis, de cuya unión nacieron tres mil oceánides, o ninfas del mar, y todos los oceánidas, que son los ríos del mundo, las fuentes y los lagos.

         Cuando la divinidad es heredada por los romanos, le agregan largos cabellos y barbas, como la forma de representar el agua.  También le agregan cuernitos en la frente, o a veces pinzas de cangrejo, en ambos casos símbolos de fertilidad.

         Se han conservado de la antigüedad unos textos llamados Himnos Órficos, originados en una corriente religiosa de Grecia, relacionada con Orfeo, maestro de los encantamientos.  Estos cantos nos permiten conocer con más claridad los atributos de los dioses de aquellos tiempos.  Escritos en el siglo II d.C., su fuente oral se remonta al siglo VI a.C.  El himno a Océano dice así:

Invoco a Océano, padre incorruptible y eterno, origen de los dioses inmortales y de los mortales humanos, que con sus olas circunda el contorno de la tierra. De él derivan todos los ríos y todo el mar, y las puras y corrientes aguas que manan de la tierra. Escúchame, bienaventurado y muy dichoso, grandísima esencia purificadora de los dioses, fin natural de la tierra, principio del firmamento, que te mueves a través de las aguas. Ven, por favor, benévolo y contento para con tus iniciados.

Expresión del universo del color naranja
Yves Klein
(francés, 1928-1962)
         Esto es lo que no entiende el joven pez. Le sucede lo que decía un conocido trovador: para los que miran sin ver, la tierra es tierra nomás.  Está sumergido en el océano y es invitado a encontrar las auténticas claves de lo que está buscando en el decir de los poetas, o seguir buscando en la inmensidad inabarcable.

         Llevemos el cuento a nuestro interior.  Cuando nos preguntamos en dónde estamos, a veces la respuesta son señales inmediatas, una ciudad, una vivienda, un ámbito educativo o laboral.  A veces percibimos estas referencias como demasiado pequeñas, y ansiamos más.

         Entonces descubrimos que estamos en un planeta, que nosotros llamamos tierra.  Nos inquieta un poco esta nueva referencia, pues nos resulta difícil de abarcar con nuestro conocimiento y experiencia.  Sin embargo, a pesar de su inmensidad, todavía no llegamos a saciar nuestra curiosidad.  Buscamos esa unidad en la que todo esté contenido, la unidad que lo abarca todo.  Se llama universo.

         Aprovechemos el cuento y reemplacemos el término océano por universo.  Ahora es un hombre el que le pregunta a uno más viejo: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman universo?  La respuesta será la misma del pez anciano: es dónde estás ahora mismo.

Entre dos mares
Chicote CFC
(español, n. en 1963)



domingo, 5 de marzo de 2017

¡PIEDAD PARA LA BELLEZA!

Sin título
Robert Peluce 
(norteamericano,1937 – 2004)

En el siglo IV a.C., una de las hetairas o cortesanas más famosas de la Grecia clásica llamada Mnesarete, más conocida como Friné (literalmente sapo, al parecer por el color de su piel), fue considerada como una de las más hermosas mujeres de toda Grecia. Su esbelto cuerpo sirvió como modelo a Praxíteles, uno de sus muchos amantes, para realizar la estatua de la diosa Afrodita conocida como Venus de Cnido y, durante una fiesta, se soltó los cabellos, se desnudó y se sumergió en el mar, inspirando al pintor Apeles para pintar su famosa Afrodita Anadiomene (Venus saliendo del mar) con los brazos alzados y las manos recogiendo desde ambos lados la cabellera suelta. Pues bien, en cierta ocasión, tras rechazar repetidamente los requiebros y las solicitudes de un tal Eutías, éste la denunció, acusándola de impiedad al profanar los misterios eleusinos -ritos de iniciación anuales  al culto a las diosas agrícolas Deméter y Perséfone que se celebraban en Eleusis, cerca de Atenas.

Mnesarete compareció ante el tribunal de los heliastas -antiguos magistrados de Atenas- y, cuando estaba a punto de ser condenada a muerte, tomó la palabra en su defensa un famoso orador llamado Hipérides. Su bello y encendido alegato a favor de la acusada no conmovió sin embargo a los miembros del jurado. En un último y desesperado intento, Hipérides despojó a la acusada del peplo y la mostró desnuda ante el tribunal, al tiempo que exclamaba:

-Olviden, si les parece, todos mis argumentos anteriores. Pero, ¿no lamentarán condenar a muerte a la propia diosa Afrodita? ¡Piedad para la belleza!

Tan convincente e inapelable resultó el argumento que Friné, absuelta de todos los cargos por el tribunal, fue puesta inmediatamente en libertad.


El argumento divino

         Se duda sobre la historicidad de este relato.  Definirla sería superficial, ante la profundidad de lo que se cuenta.  Lo importante está en el contexto de civilización y en el argumento que define el juicio, por el que se absuelve finalmente a Friné.
Friné delante del Areópago
Jean-Léon Gérôme (francés, 1824–1904)

         El tribunal de los heliastas fue una de las instituciones poderosas de la ciudad de Atenas. Su nombre derivaba de sol en griego, dado que estos jueces obraban al rayo del sol en una plaza, pues no tenían edificio atribuido.  En su momento de plenitud estuvo conformada por más de seis mil magistrados, de los cuales cinco mil formaban tribunales de quinientos miembros  y quedaban en reserva los restantes.  Para casos menores el tribunal se componía de tan solo doscientos elegidos.
Afrodita de Cnido 
(Copiada de Praxísteles)
Restaurada por Ippolito Buzzi
 (italiano, 1562–1634)


Atendían diariamente, con un sistema muy organizado de sorteo de tribunales y luego de presentación de causas. La Heliea, así se llamaba, funcionaba como un tribunal competente en litigios de leyes públicas, privadas, penales y leyes privadas internacionales.  En aquellos tiempos no había códigos de procedimientos ni leyes escritos, lo cual exigía una seria organización y mucha preparación en cada uno de los participantes.  Los ciudadanos particulares tenían la posibilidad de presentar sus demandas y defenderlas ante el tribunal, tal como le ocurre en el cuento a la hetaira.  Y los demandados también se defendían a sí mismos o por otros.  Lo decisivo estaba en la capacidad de convencer a tan amplio jurado, que decidía por votación secreta y luego aplicaba las penas que, en casos graves, llegaban al exilio o a la muerte física.

En el caso que estamos viendo, la acusación era grave. Nos recuerda el proceso de Sócrates que fue condenado a muerte por una inculpación parecida a la de Friné, quien se salvó por el argumento de Hipérides.  Éste la muestra desnuda ante el tribunal,  pero la fuerza de su razonamiento no está en la sensualidad de la hetaira, sino en que en realidad Friné es Afrodita en plenitud.  La belleza para la cual el orador pide piedad es divina.

Fresco de la Casa de Venus
(Pompeya, siglo I d.C.)
Afrodita es, en la mitología griega, la diosa de la belleza, el amor, el deseo, el sexo y la reproducción. Su equivalente romano es Venus.  Aunque hoy en día se la llama la diosa del amor, antiguamente no se refería al amor romántico.  Para esto estaban Eros y Psique.

La diosa recibió distintos nombres.  Su nombre original significa nacida de la espuma. Estaba también la Afrodita Pandemos, que significa de todo el pueblo, más relacionada con el amor físico.  Entre los platónicos, y luego entre los cristianos, estaba la Afrodita Urania o Celestial, representando la unión del cuerpo y el alma.

El argumento de Hipérides es que el cuerpo de la hetaira es el cuerpo de la diosa, y eso es la belleza.  Nada se puede separar de la divinidad, el mundo de los hombres va siempre imbricado en el mundo de los dioses.  Esta es la hermosa herencia de la antigüedad griega para Occidente y la humanidad toda.
 
Polisemia
Chicote CFC
(español, n. en 1963)





domingo, 19 de febrero de 2017

LA OBRA MAESTRA

 
Dos monos en la jungla
Henri Rousseau
(francés, 1844-1910)
El mono tomó un tronco de árbol, lo subió hasta el más alto pico de una sierra, lo dejó allí, y, cuando bajó al llano, explicó a los demás animales:

-¿Ven aquello que está allá? ¡Es una estatua, una obra maestra! La hice yo.

Y los animales, mirando aquello que veían allá en lo alto, sin distinguir bien qué fuere, comenzaron a repetir que aquello era una obra maestra. Y todos admiraron al mono como a un gran artista. Todos menos el cóndor, porque él era el único que podía volar hasta el pico de la sierra y ver que aquello solo era un viejo tronco de árbol. Dijo a muchos animales lo que había visto, pero ninguno creyó al cóndor, porque es natural en el ser que camina no creer al que vuela.


El sentido de hablar

         El verbo hablar tiene como raíz latina la palabra fabula.  En la lengua madre, significa decir, contar fábulas, conversar.  Si vamos al diccionario, veremos que el verbo en cuestión tiene significados llamativos. 
Monos.
Mural en la tumba del Faraón Tutankamon.
(Tebas, Egipto, 1346-1337 a.C.)

         El primer sentido es articular, proferir palabras para comunicarse.  También se refiere a sostener una conversación con una o varias personas con respecto a un tema o asunto determinado.  Otra aplicación es cuando alguien da un discurso, por ejemplo: la directora habló. También hablar puede referirse a decir la verdad, como en la siguiente noticia: finalmente el prisionero habló.  Se puede aplicar cuando dos o más personas manifiestan opiniones o juicios con respecto a alguien o algo: hoy hablamos de fútbol.

         El cuento considerado esta vez  es del género literario denominado fábula, una pequeña historia en donde los personajes generalmente son personificaciones, es decir, animales, plantas u objetos que actúan como si fueran humanos.  Estos cuentos presentan una enseñanza o moraleja, que se explica al final de los mismos.  El rasgo humano que se usa para la mayoría de las personificaciones es el habla.

         El autor de la fábula presentada es Álvaro Yunque, seudónimo de un escritor argentino de larga trayectoria y amplia popularidad, aunque muchas veces fue perseguido por sus ideas hasta el final de su vida. Su nombre fue Arístides Gandolfi Herrero (20 de junio de 1889 - 8 de enero de 1982).  Su actitud se refleja muy bien en el epitafio que imaginó para su tumba:

Amén… Aquí se olviden las
quemadas cenizas de un hombre
que amó al HOMBRE, y nunca odió
a los hombres, aunque parezcan
puños sus palabras escritas.

         La fábula, que puede ser considerada en el conjunto de los relatos tradicionales de la humanidad, presenta varias formas de hablar de los animales, que reflejan distintas actitudes humanas.  Al mismo tiempo, podemos aplicar esas mismas actitudes a nuestra propia persona, pues está en nuestra naturaleza variar de sentido en las cosas que hacemos.
Condor
Alejandro Obregón
(colombiano, 1920-1992)

         El mono es el aspecto impositivo del hablar, que siembra la duda en el oyente hasta convencerlo de una mirada parcial de la realidad en provecho propio.  El animal pone un objeto a tal distancia que es muy difícil discernir si es una obra maestra o no. El mono triunfa sobre todos aquellos que tienen que caminar en este mundo, sea paso a paso o arrastrándose.  Se parece a una propaganda engañosa.

         Otra forma de hablar es la del cóndor, que tiene otra perspectiva de la tierra, gracias a su capacidad de volar.  Como símbolo expresa nuestras capacidades de imaginación y de conocimiento, que nos hacen tener una mirada amplia de la realidad.
         Entre las enseñanzas de la fábula está el hecho de conversar con sentido, pues hay entre nosotros algunos que vuelan y otros que caminan naturalmente.  Y otra conclusión que podemos considerar es la necesidad de armonizar en nuestro propio interior las miradas que hacemos desde las alturas con las percepciones de la realidad que tenemos en el caminar  cotidiano.


Dos
Xul Solar
(argentino, 1887-1963)

domingo, 5 de febrero de 2017

AMIGOS

 
Amigas
Gerard Sokoto
(sudafricano, 1913-1993)

                                                                           
Dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron.

El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:

“Hoy mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro”.

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:

“Hoy mi mejor amigo me salvó la vida”.

Intrigado, el amigo preguntó:

-¿Por qué, después de que te lastimé, escribiste en la arena, y ahora escribes en una piedra?

Sonriendo, el otro amigo respondió:

-Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado, cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo.


No es para siempre

         Las tradiciones han valorado la amistad como una de las pocas cosas que nos llevan a la plenitud de la vida.  La palabra amistad, desde su origen, está emparentada con el verbo amar, cuyo sentido se descubre en esta hermosa realidad humana.
Reunión de amigos
Los amigos se convierten en flores
Max Ernst (alemán, 1891-1976)  

         El romano Marco Tulio Cicerón (106 a. C.- 43 a. C.), fue uno de los máximos defensores del sistema republicano tradicional.  Uno de sus escritos, Sobre la amistad, es el tratado más importante de este tema.  En esa ocasión, habla de la amistad como el fundamento de la vida pública plena y de la política, en función de la conquista y sostenimiento del bien común. 

         Es oportuno leer un párrafo de este abogado y eximio orador de la antigüedad romana:
La amistad contiene muy grandes cosas; a donde  quiera  que  te  vuelvas,  está al alcance  de  la mano,   de   ningún   lugar   se   excluye,   nunca   es intempestiva, nunca  molesta (…). Y no  hablo ahora de la vulgar o de  la  mediocre,  que,  sin  embargo,  por  sí  misma deleita y aprovecha, sino de la verdadera y perfecta, cual fue la de aquellos pocos que se nombran. Pues la  amistad  hace  no  sólo  más  espléndidas  las  cosas favorables,  sino  también  más  ligeras  las adversas, compartiéndolas y poniéndolas en común.

         Con el mismo fervor podemos encontrar elogios a la amistad en todo tiempo.  Inspirados por ideales religiosos o por búsquedas mundanas, los hombres han hecho de ella una virtud insuperable.  El cuento citado tiene la intención de grabar en la piedra del corazón su mayor elogio.

         Pero la historia deja otra señal que no debemos soslayar, como una sombra de lo que se afirma.  Y este signo se refiere al cambio de la actitud del amigo, que hace que proyectemos la mutación al principio de la impermanencia.  Toda virtud está sujeta a cambio, y ni la piedra más dura le dará estabilidad y mucho menos eternidad.
 
Figuras
Dinastía Han (25-220 d.C)
China.
          Estamos rodeados de ciclos como la noche y el día, ciclos económicos, las estaciones del año, las fases lunares, los ciclos del agua.  Como seres dinámicos siempre estamos en movimiento.  Nuestros pensamientos, estados de ánimo, células, nacen y mueren en un instante para dejar paso a renacimientos.  Todo se modifica, todo está en marcha, desde lo más pequeño hasta el universo entero.

         El cuento presentado es la celebración del momento, tanto del oscuro como del brillante.  Es una invitación a verse libre del sufrimiento que puede generar  que algo cambie.  El protagonista reconoce que la amistad puede cambiar, y para una situación escribe en la arena, y acepta con confianza que su compañero de camino pueda cambiar.  Está dispuesto a reconocer el cambio del amigo, y lo escribe en piedra.

         Observamos en el que fue ofendido y luego salvado su capacidad de aceptar el cambio, sin ansiedad y sin miedo.  Quizás haya sabido que todo iba a ser como debía ser, que hay un plan inabarcable e incognoscible, el cual se vislumbra cuando se acepta que todo está cambiando.  En su corazón ha prevalecido el amor grande y entregado, lo que da cabida a la paz interior.


Evolución
Piet Mondrian
(holandés, 1872-1944)



domingo, 22 de enero de 2017

APRENDER A CALLARSE

El gran silencio
Jacques Hérold
(rumano, 1910-1987)   


Los estudiantes de la escuela Tendai solían practicar la meditación mucho antes de que el Zen llegase al Japón. Cuatro de estos estudiantes, amigos íntimos, se prometieron el uno al otro en cierta ocasión observar siete días de absoluto silencio.

Durante el primer día, todos permanecieron callados. Su meditación había empezado con buen pie. Pero al caer la noche, como fuera que la luz de las lámparas de aceite había empezado a palidecer, uno de los estudiantes no pudo evitar decir a un sirviente:
– Recarga esas lámparas.

Un segundo estudiante se quedó estupefacto al oír hablar al primero.
– Se suponía que no íbamos a decir una palabra – observó.

Entonces, el tercero dijo:
– Son los dos unos estúpidos. ¿Por qué han hablado?

Y el cuarto estudiante concluyó:
– Yo soy el único que no digo nada.


Callarse es bueno para muchos

         En varias tradiciones ven meritorio el callarse.  Ellas reconocen el valor de la expresión oral, que la humanidad ha logrado mediante un esfuerzo gigantesco.  Sería un desacierto no tener en cuenta esta maravilla que es el habla, la infinita riqueza de los idiomas con que los seres humanos practican la relación mutua y el pensamiento.


         Los cuatro discípulos se proponen una semana de silencio absoluto.  Pero parece que no es solamente un cerrar la boca.  El cuento menciona a una escuela religiosa japonesa, el budismo Tendai, que llegó a ese país en el siglo VIII d.C. y que hasta nuestros días es una fuente de espiritualidad y vida sagrada para una parte de la humanidad.  Semejante comunidad mística está lejos de la superficialidad en la mirada sobre la humanidad, y propone que lleguemos hondo en nuestro interior.
Meditación
René Magritte
(belga, 1898-1967)  

         El ejemplo de Friedrich Nietzsche (alemán, 1844-1900) un filósofo famoso, nos ayuda a vislumbrar el valor de callarse.  Para él salir a caminar a solas, en silencio y por tiempo indefinido no era una mera distracción de las intensas horas de escritura, sino el momento en que la escritura misma nacía.

         Cada uno de los estudiantes del cuento nos proporciona un peligro que acecha a la sabiduría de la vida del espíritu. El primero nos habla del problema de tener sirvientes, de tener poder sobre otros, de que un ser humano responda a una orden de hacer algo que el que ordena podría hacer fácilmente por sí mismo.  Llenar una lámpara de aceite no es ninguna complejidad, ni lleva demasiado tiempo.  El poder nos distrae de la experiencia de la acción. "Sé lento con la lengua y rápido con el ojo", dice Miguel de Cervantes (español, 1547-1616).
    
         El reproche del segundo discípulo es la falta de compasión.  Tiene razón en lo que dice, y su sentido del deber le impide la misericordia.  Cuando nuestro pensamiento se ciñe a las normas estrictamente, cuando nuestra relación con otro pasa lejos de la cordialidad y de la comprensión, entonces nos desbocamos. "La primera virtud es la de frenar la lengua, y es casi un dios quien teniendo razón sabe callarse" (Catón, romano 234-149 a.C).

Meditación en una hoja de roble
André Masson
(francés, 1896-1987)   
         Los dos primeros discípulos han caído, han quedado golpeados por su incapacidad de callarse.  El tercero entonces aprovecha la oportunidad para insultarlos, y en eso se convierte en un necio. Se ha olvidado de la enseñanza de Buda, que dice: “Para quien no se aferra, no hay acumulación./ Absteniéndose, en calma, en todas partes verá seguridad./ El sabio no habla de sí mismo como si estuviera entre superiores, entre iguales o entre inferiores”.

         Cierra la serie de discípulos el que menos necesidad tenía de hablar, el más superficial de todos.  Es un vanidoso, es la ausencia de toda lucidez, el más inoportuno.  Se aplica en él  lo que vivimos a veces en nuestras experiencias: "Es una enorme desgracia no tener talento para hablar bien, ni la sabiduría necesaria para cerrar la boca." (Jean de la Bruyère, 1645- 1696).

         Es bueno hablar, pero también hay que aprender a callar.  Un conjunto de música popular, no hace mucho tiempo cantaba la siguiente letra simple y sabia:
  
 "Érase una cotorra que decía
    un millón de palabras cada día.
    Y con grandilocuencia
    desgranaba mil floridas sentencias
    sin saber que al final de la jornada
    no había conseguido decir nada.
    Pájara majadera e insensata,
    cierra ya el pico y no nos des la lata.
    Cotorras hay con sombrero y corbata
    que cuando abren el pico meten la pata."


Tres destinos
Remedios Varo
(española, 1908-1963)