domingo, 21 de mayo de 2017

AMANECERES Y OCASOS

Autorretrato con pañuelo rojo
Louisa Matthiasdottir
(islandesa, 1917-2000)

 El sol se despedía del Imperio Tré. El vasallo caminaba junto a la anciana del molino amarillo. Iban conversando sobre la vida.

- “¿Qué es lo que más te gusta de la vida, anciana?”

La viejecilla del molino amarillo se entretenía en lanzar los ojos hacia el ocaso.

- “Los atardeceres”

El vasallo preguntó, confundido:

- “¿No te gustan más los amaneceres? Mira que no he visto cosa más hermosa que el nacimiento del sol allá, detrás de las verdes colinas de Tré”

Y, reafirmándose en lo dicho, agregó:

- “¿Sabes?... Yo prefiero los amaneceres.”

La anciana dejó sobre el piso la canastilla de espigas que sus arrugadas manos llevaban. Dirigiéndose hacia el vasallo, con tono de voz dulce y conciliador, dijo:

- “Los amaneceres son bellos, sí. Pero las puestas de sol me dicen más. Son momentos en los que me gusta reflexionar y pensar mucho. Son momentos que me dicen cosas de mí misma.”

- “¿Cosas? ¿De ti misma...?”, inquirió el vasallo. No sabía a qué se refería la viejecilla con aquella frase.

Antes de cerrar la puerta del molino amarillo, la anciana añadió:

- “Claro. La vida es como un amanecer para los jóvenes como tú. Para los ancianos, como yo, es un bello atardecer. Lo que al inicio es precioso, al final llega a ser plenamente hermoso. Por eso prefiero los atardeceres... ¡mira!”

La anciana apuntó con su mano hacia el horizonte. El sol se ocultó y un cálido color rosado se extendió por todo el cielo del Imperio Tré. El vasallo guardó silencio. Quedó absorto ante tanta belleza.


Mira hacia arriba

Impresión, sol naciente
Claude Monet
(francés, 1840-1926)
          El vasallo y la anciana del molino amarillo miraban hacia arriba. A los costados el Imperio estaba en pleno esplendor, nadie lo cuestiona ni lo disputa. Todo está en orden en el Imperio. Sin embargo, el vasallo conversa con la anciana sobre otro orden más profundo de la realidad, aquello que puede dar razón a los tiempos de la vida humana. Buscan en lo alto, porque hacia allí se aspira y de esa dimensión llega la luz.

         Estar vertical es tomar conciencia plena de la vida, y de esa manera caminaban los protagonistas del cuento. Se parecían a esos animales erguidos de algunas culturas. Muchas veces los leones rampantes se pusieron como signo de reinos poderosos, hasta tiránicos. Pero el felino sobre sus pies es el símbolo del hombre que busca en las alturas su plenitud. Lo mismo sucede con la serpiente emplumada erecta, la que une los opuestos: unión inesperada de la materia pesada que se adhiere al suelo con la materia alada, que se mueve en lo invisible. Estar erguido es la primera y más importante de todas las características comunes a todos los hombres y a sus antepasados.
 
Ellos
Francois Arnal
(francés, 1924-2012)
         Arriba está el sol, el astro de la vida, de la luz y que marca el camino. Para muchos es el símbolo más pleno de la divinidad, y dudamos a veces si no es en realidad la visita del Trascendente. En el cuento, se marcan dos de los momentos didácticos del astro. Uno es el amanecer, la fuerza reveladora, el calor que anima la savia, como símbolo del nacimiento y la juventud. Es la presencia activa de cada ser humano, capaz de proteger, de servir, de dar ánimo y entusiasmar a otros en los meandros vitales. Otro es el atardecer, el descanso luego de la tarea, momento de ingreso al silencio, a la suave quietud. Es descenso, pero algo mucho más grande y bienaventurado que el nacimiento.

         La anciana tiene como apellido el molino amarillo, como una mujer casada que se nombra con el apelativo de su marido. Importante es la rueda de moler implicada por el molino, pues nos habla de la oración, que da vueltas y vueltas en torno al centro de meditación, de lo que resulta la trituración del trigo que se convierte en pan. La oración es alimento para la humanidad. Hacia ese lugar se dirigía la anciana, con su canasta de trigo maduro, amarillo, como las paredes de molino.
Atribuido a
Júlíana Sveinsdóttir
(islandesa, 1889–1966) 

         Entonces, al final, la mujer apuntó con su vieja mano hacia donde se dirigía su alma: al ocaso. El vasallo quedó absorto ante tanta belleza, dice el texto. El ocaso de la vida transitada con sabiduría se mostró en ese final: un deslumbrante derrame de luz tenue, cálida, rosada sobre el cielo, llenando las alturas de los que miran hacia arriba.

         Así como el sol se entrega en el atardecer, la vida tiene sentido cuando no se guarda en la superficialidad de los imperios, sino que se derrama sin recelos sobre quienes también el sol se extiende cada día, sin ninguna distinción.



El sol
Edvard Munch
(noruego, 1863-1944) 




domingo, 7 de mayo de 2017

LA NATURALEZA DE BUDA

La cara del Salvador: el rey distante – Buda II
Alekséi von Jawlensky
(ruso, 1864-1941) 


En la tradición zen, un monje le preguntó un día al maestro Joshu:

− ¿Quién es Buda?

− Es el que está en la entrada del monasterio –contestó el maestro.

− El que está en la entrada del monasterio –dijo el discípulo- no es más que una escultura, una figura de barro.

− Así es –dijo el maestro.

− Entonces, ¿quién es Buda?

− El que está en la entrada del monasterio –contestó el maestro.


Manifestación de lo inabarcable

         En los tiempos del maestro Joshu  (chino, 778-897), un relato de estas características alimentaba el sentido de lo sagrado que se vivía en lo cotidiano, similar a lo que sucedía en el mundo occidental para la misma época.  Hoy ya no es lo mismo.  Una diferencia importante es la consideración del símbolo, muy presente en las culturas antiguas.
Pared oriental
Hiroyuki Tajima
(japonés, 1911-1984)  

         Todo símbolo tiene tres aspectos que van unidos simultáneamente.  La primera característica es que el símbolo es algo sensible. Puede ser percibido por más de uno de los sentidos, pero por lo menos hace falta uno de ellos.  Puede ser una figura de barro, que se percibe por la vista y el tacto, como también un simple perfume que se nota por el olfato, o una melodía que se escucha en un lugar apacible.  Multitudes de símbolos pueblan nuestra vida cotidiana.

         El símbolo es además algo racional.  El sujeto que está percibiendo el símbolo tiene que tener autoconsciencia que conoce el símbolo.  Esto es otro aspecto del cuento que se ha presentado.  En el cuento el maestro dice dos veces “el que está en la entrada del monasterio”.  La primera vez es como si presentara la escultura a los sentidos del discípulo.  Éste reacciona con precisión, diciendo que es una figura de barro.  Con el sentido de la vista, y quizás el tacto, percibe el objeto y dice lo que ve.

         La segunda vez que pronuncia la misma frase le dice al discípulo que tome consciencia que el objeto que ve es un símbolo, y para hacerlo tiene que darse cuenta que eso es exactamente lo que está viendo en la entrada del monasterio.  La razón, que forma parte de nuestra naturaleza humana, es la que nos permite esa precisión con los objetos.  Por ejemplo, por medio de la razón podemos clasificar las plantas de un jardín, según el tipo de flores que producen, la forma de sus hojas y si crecen al sol o a la sombra.  Un jardín razonado puede ser un muy bello espacio.
Diáfano blanco
Leo Leuppi
(suizo, 1893-1972) 

         Finalmente, el símbolo es algo intelectual.  Y esto es lo más difícil de comprender.  No hay un símbolo sin un darse cuenta de que lo simbolizado ni es idéntico al símbolo ni se puede separar de él.  Volvamos al cuento.  Cuando el discípulo dice que el que está en la puerta del monasterio es una figura de barro, está diciendo que no es Buda.  El maestro le dice que así es. Entonces el discípulo vuelve a preguntar ¿quién es Buda?, y el maestro lo empuja a la intuición que el símbolo de la entrada es Buda.

         Sabemos, como el maestro Joshu, que el símbolo no es lo simbolizado, pero lo simbolizado no es separable del símbolo.  Una persona toca un Cristo crucificado, y tiene claro que no es Cristo, pero a la vez sabe que Cristo no es separable de ese símbolo.  Se puede decir que la apariencia de Cristo que tiene el objeto, no es un simple parecerse al simbolizado.  Es también “aparecer”, una manifestación misteriosa del Simbolizado.

         Mediante los símbolos experimentamos la sensación, al principio leve y casi irreconocible, de que hay un fondo en el mundo.  Transitamos las apariencias, y nos damos cuenta de que en esa capa superficial del mundo natural y cotidiano hay una verdad mucho más radical.  Así empieza lo extraordinario.


         La vida está plagada de símbolos.  Por eso, todas las personas, aún las más irreligiosas, insensibles, empíricas y materialistas, encuentran en su memoria momentos de duda, de perplejidad, momentos en los que lo único que cabe es callar, porque aunque no lo crea, ha sentido la presencia de lo extraordinario.


Titulo desconocido
Alvaro Lapa
(portugués, 1939-2006)  


domingo, 23 de abril de 2017

LAS PREGUNTAS DE PAFNUCIO

San Onofre
Estilo bizantino, sin fecha.

Un ermitaño cristiano, que se llamaba Pafnucio y vivía en el desierto, no lejos de Hierápolis, se mortificaba, se flagelaba y pasaba hambre desde hacía años.  Un buen día tuvo la idea de preguntarle a Dios a qué grado de perfección había llegado.

         Y Dios le dijo:

         -Estás al mismo nivel que el flautista del pueblo.

         Pafnucio, muy sorprendido, fue al pueblo e interrogó al flautista.  Se enteró que había sido bandido antes de convertirse en músico.  Sin embargo, en el transcurso de una de sus correrías, le salvó la vida y el honor a una joven virgen consagrada a Dios.

         Pafnucio regresó al desierto y reanudó sus mortificaciones, en compañía del músico-bandido, que se había convertido en su discípulo.  Pafnucio endurecía su vida. 

Tras largos años de sufrimientos, le hizo la misma pregunta a Dios:

         -¿A qué nivel he llegado ahora?

         Dios le contestó que se encontraba al mismo nivel que el alcalde del pueblo, hombre íntegro y benévolo, que no hacía daño a nadie.

         Una tercera prueba, años más tarde, llevó al ermitaño Pafnucio, cuyo cuerpo no era más que un maltrecho esqueleto, al mismo nivel que un rico negociante de Alejandría que, de vez en cuando, les regalaba a los solitarios algunas legumbres secas.

         Pafnucio pasó mucho tiempo meditando acerca de las tres respuestas divinas.  Nunca más volvió a hacer la pregunta.  Pero contaba su historia a todos aquellos que lo visitaban.


El mejor camino

         El protagonista del cuento busca el mejor camino para alcanzar la perfección.  El modo de vida que lleva, y la mención de la ciudad de Hierápolis, muestran que el relato se sitúa en tiempos muy antiguos.
La vida misma
Victor Brauner
(rumano, 1903-1966) 

Hubo muchos hombres que vivieron en el desierto entre los siglos II y V después de Cristo, y que se llamaron Pafnucio.  Algunos fueron miembros del clero, otros simples anacoretas.  Uno fue famoso por su dedicación a esa forma de vida y el amor a la soledad, por lo que se lo apodaba el búfalo.  El más reconocido fue San Pafnucio (ca.251-360),  eremita y luego obispo de Tebaida, Egipto.  Fue humilde, gentil y de un espíritu amplio.

¿Qué es la perfección para estos hombres?  Es la activación de toda la potencia física y espiritual que llevan en el corazón.  En lo físico son como los modernos deportistas de alta competición, poniendo el cuerpo en una rigurosa disciplina física y alimentándose solamente de aquello que sea estrictamente necesario para alcanzar el fin que se proponen.  En lo espiritual, se acercan a aquellos sabios que escuchamos embelesados, por la sencillez, alegría y profundidad con que expresan los misterios de la vida.

La perfección tiene, a su vez, un final, que es la felicidad.  A esta plenitud, que apenas podemos vislumbrar en algunos instantes de la vida y que supera todo lo que podemos desear e imaginar, muchos la llamamos Dios.  Por eso Pafnucio le hace a la divinidad la pregunta sobre el grado de perfección alcanzado.

El cuento deja que el lector discierna el sentido de las tres respuestas.  A través de ellas nos damos cuenta que hay cuatro caminos de perfección.  Y se usa el número cuatro para indicar que estas son orientaciones generales que tratan de englobar todos los caminos posibles.
Meditación de luna
Richard Pousette-Dart
(norteamericano, 1916-1992)   

Uno es el del flautista, claramente representante del arte, y a la vez de todos aquellos que con sus manos fabrican, construyen, elaboran todo lo que hace a la vida humana y la relación con el cosmos.  Otro es el alcalde de pueblo, el hombre que se pone al servicio de la sociedad, con honestidad y benevolencia, lejos de la corrupción y de la arbitrariedad.  El tercero es un rico comerciante, una sorpresa para este tipo de consideraciones.  Representa a todos aquellos que no se quedan encerrados en su mundo sino que son capaces de ir mucho más allá de sus ocupaciones, atendiendo la nutrición y la curación, a través de legumbres secas, de los que en soledad son las columnas de vida humana.

El cuarto camino es el de Pafnucio, la disciplina llena de sabiduría, que está en los deportistas buenos como en tanta gente que vive con dedicación y entusiasmo sus tareas y elecciones.  Este está al mismo nivel de cualquier derrotero de perfección que se elija, todos acaban en la plenitud de la felicidad.  Y si la felicidad es plena, entonces no se termina jamás.


San Pafnucio no está en el calendario, pero se lo celebra el 11 de septiembre.  Es el patrono para hallar cosas perdidas.  Por otro lado, se lo invoca para que encuentre a los que siguen malos caminos.  También es el patrono del arrepentimiento.  Finalmente, por este relato, sabemos que es patrono del testimonio más sabio, que dice que son muchísimos los caminos los que llevan a la felicidad, todos al mismo nivel.


Sin título
Helmut Sturm
(alemán, 1931-2008)   



domingo, 2 de abril de 2017

CADA HOMBRE UNA DOCTRINA

Cabeza mística
Alekséi von Jawlensky
(ruso, 1864-1941)

Era un discípulo honesto y de buen corazón, pero todavía su mente era un juego de luces y sombras y no había recobrado la comprensión amplia y conciliadora de una mente sin trabas.

Como su motivación era sincera, estudiaba sin cesar y comparaba credos, filosofías y doctrinas. Realmente llegó a estar muy desconcertado al comprobar la proliferación de tantas enseñanzas y vías espirituales. Así, cuando tuvo ocasión de entrevistarse con su instructor espiritual, dijo:

-Estoy confundido. ¿Acaso no existen demasiadas religiones, demasiadas sendas místicas, demasiadas doctrinas si la verdad es una?

Y el maestro repuso con firmeza:

-¡Qué dices, insensato! Cada hombre es una enseñanza, una doctrina.


Cosas  misteriosas

         Cuando nos enfrentamos a algo desconocido, si intuimos la posibilidad de conocimiento, lo llamamos problema. Pero si escapa a nuestra capacidad de conocer, entonces lo llamamos misterio. Ese misterio puede ser lejano o estar bien cerca.
         Un misterio es la mente.  Por lo general entendemos que la mente es el conjunto de las capacidades intelectuales de la persona.  Algunas de estas aptitudes son: el pensamiento, la inteligencia, la intuición, la voluntad, la conciencia, la memoria. 

Margen de silencio
Kay Sage
(norteamericana, 1898-1963)  
Hay muchos aspectos de la mente que nos son desconocidos.  Antiguamente se la llamaba alma o espíritu, pero como estas palabras tienen una connotación religiosa, no se las usa mucho en Occidente.  En el mundo oriental, de donde viene el cuento presentado, están más acostumbrados al uso de la palabra mente, sea en el ámbito de lo religioso como para otras cuestiones de la vida humana, pues allí no hay demasiada diferencia entre una esfera y la otra.

Se dice en el cuento que el discípulo tenía buen corazón, expresando de esta manera su mundo de sentimientos abiertos a otras personas y al mundo en el cual vivía.  Pero su mente estaba cerrada todavía, a pesar de tanto estudio y dedicación.  Su mente era como una garra que intentaba apresar las cosas a través del pensamiento y la voluntad, para tener todo clasificado y ordenado.

Visión
Esteban Vicente
(español, 1903-2001)
La mente cerrada trae confusión.  La realidad es como una sinfonía, que con muchos instrumentos produce una conmoción de armonía y belleza en el alma. Una buena música puede mostrar lo sublime o lo horroroso, llenarnos de beatitud o de espanto, pero siempre desde una armonía que nos desborda, y con una coherencia que nos seduce por completo. Pero una mente ocluida en su ambición de dominar, sometiendo la variedad a las propias conclusiones, se niega al misterio. Es como si pretendiera desarmar toda la orquesta para que los instrumentos suenen solos, en sonidos aislados.

El maestro del cuento es vehemente en la respuesta.  Es claro que desea que el discípulo salga de su encierro para encontrarse con la sinfonía maravillosa que brota de la orquesta humana. La sinfonía sonará si cada hombre con su instrumento, cada ser con su enseñanza y dedicación, tal como lo hace cada músico en una orquesta sinfónica, cumple al mismo tiempo y en el mismo espacio con su destino.

Así como la mente es un misterio, también lo son la verdad y la realidad.  No las podemos abarcar, pero si somos abiertos de espíritu podemos escuchar las sinfonías que nos ofrecen.


Anábasis
Bernard Schultze
(polaco, 1915-2005) 



domingo, 19 de marzo de 2017

EL PEQUEÑO PEZ

 
Sin nombre
Waka Yoshida
(japonesa, n. en 1983)


—Usted perdone —le dijo un pez a otro—. Usted es más viejo y tiene más experiencia que yo, y probablemente pueda ayudarme. Dígame, ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He buscado por todas partes y no lo puedo encontrar.

—El Océano —respondió el viejo pez— es donde estás ahora mismo.

—¿Esto? Pero si esto no es más que agua... Lo que yo busco es el Océano —contestó el joven pez. Y se marchó decepcionado a buscar en otra parte.


En donde estamos

Océano
Mosaico greco romano
(Antioquía, s. II d.C.)
         Para los antiguos griegos, Océano era un anchuroso río anular que rodeaba todas las tierras.  Un poeta antiguo lo llama “el gran río sin fin”, refiriéndose a su forma de anillo.  Asociaron esa fuerza natural a un ser sobrenatural, como acostumbraban esas civilizaciones fundantes de nuestra cultura.  Así Océano era un titán, hijo de Urano y de Gea.  El titán tenía esposa, llamada Tetis, de cuya unión nacieron tres mil oceánides, o ninfas del mar, y todos los oceánidas, que son los ríos del mundo, las fuentes y los lagos.

         Cuando la divinidad es heredada por los romanos, le agregan largos cabellos y barbas, como la forma de representar el agua.  También le agregan cuernitos en la frente, o a veces pinzas de cangrejo, en ambos casos símbolos de fertilidad.

         Se han conservado de la antigüedad unos textos llamados Himnos Órficos, originados en una corriente religiosa de Grecia, relacionada con Orfeo, maestro de los encantamientos.  Estos cantos nos permiten conocer con más claridad los atributos de los dioses de aquellos tiempos.  Escritos en el siglo II d.C., su fuente oral se remonta al siglo VI a.C.  El himno a Océano dice así:

Invoco a Océano, padre incorruptible y eterno, origen de los dioses inmortales y de los mortales humanos, que con sus olas circunda el contorno de la tierra. De él derivan todos los ríos y todo el mar, y las puras y corrientes aguas que manan de la tierra. Escúchame, bienaventurado y muy dichoso, grandísima esencia purificadora de los dioses, fin natural de la tierra, principio del firmamento, que te mueves a través de las aguas. Ven, por favor, benévolo y contento para con tus iniciados.

Expresión del universo del color naranja
Yves Klein
(francés, 1928-1962)
         Esto es lo que no entiende el joven pez. Le sucede lo que decía un conocido trovador: para los que miran sin ver, la tierra es tierra nomás.  Está sumergido en el océano y es invitado a encontrar las auténticas claves de lo que está buscando en el decir de los poetas, o seguir buscando en la inmensidad inabarcable.

         Llevemos el cuento a nuestro interior.  Cuando nos preguntamos en dónde estamos, a veces la respuesta son señales inmediatas, una ciudad, una vivienda, un ámbito educativo o laboral.  A veces percibimos estas referencias como demasiado pequeñas, y ansiamos más.

         Entonces descubrimos que estamos en un planeta, que nosotros llamamos tierra.  Nos inquieta un poco esta nueva referencia, pues nos resulta difícil de abarcar con nuestro conocimiento y experiencia.  Sin embargo, a pesar de su inmensidad, todavía no llegamos a saciar nuestra curiosidad.  Buscamos esa unidad en la que todo esté contenido, la unidad que lo abarca todo.  Se llama universo.

         Aprovechemos el cuento y reemplacemos el término océano por universo.  Ahora es un hombre el que le pregunta a uno más viejo: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman universo?  La respuesta será la misma del pez anciano: es dónde estás ahora mismo.

Entre dos mares
Chicote CFC
(español, n. en 1963)



domingo, 5 de marzo de 2017

¡PIEDAD PARA LA BELLEZA!

Sin título
Robert Peluce 
(norteamericano,1937 – 2004)

En el siglo IV a.C., una de las hetairas o cortesanas más famosas de la Grecia clásica llamada Mnesarete, más conocida como Friné (literalmente sapo, al parecer por el color de su piel), fue considerada como una de las más hermosas mujeres de toda Grecia. Su esbelto cuerpo sirvió como modelo a Praxíteles, uno de sus muchos amantes, para realizar la estatua de la diosa Afrodita conocida como Venus de Cnido y, durante una fiesta, se soltó los cabellos, se desnudó y se sumergió en el mar, inspirando al pintor Apeles para pintar su famosa Afrodita Anadiomene (Venus saliendo del mar) con los brazos alzados y las manos recogiendo desde ambos lados la cabellera suelta. Pues bien, en cierta ocasión, tras rechazar repetidamente los requiebros y las solicitudes de un tal Eutías, éste la denunció, acusándola de impiedad al profanar los misterios eleusinos -ritos de iniciación anuales  al culto a las diosas agrícolas Deméter y Perséfone que se celebraban en Eleusis, cerca de Atenas.

Mnesarete compareció ante el tribunal de los heliastas -antiguos magistrados de Atenas- y, cuando estaba a punto de ser condenada a muerte, tomó la palabra en su defensa un famoso orador llamado Hipérides. Su bello y encendido alegato a favor de la acusada no conmovió sin embargo a los miembros del jurado. En un último y desesperado intento, Hipérides despojó a la acusada del peplo y la mostró desnuda ante el tribunal, al tiempo que exclamaba:

-Olviden, si les parece, todos mis argumentos anteriores. Pero, ¿no lamentarán condenar a muerte a la propia diosa Afrodita? ¡Piedad para la belleza!

Tan convincente e inapelable resultó el argumento que Friné, absuelta de todos los cargos por el tribunal, fue puesta inmediatamente en libertad.


El argumento divino

         Se duda sobre la historicidad de este relato.  Definirla sería superficial, ante la profundidad de lo que se cuenta.  Lo importante está en el contexto de civilización y en el argumento que define el juicio, por el que se absuelve finalmente a Friné.
Friné delante del Areópago
Jean-Léon Gérôme (francés, 1824–1904)

         El tribunal de los heliastas fue una de las instituciones poderosas de la ciudad de Atenas. Su nombre derivaba de sol en griego, dado que estos jueces obraban al rayo del sol en una plaza, pues no tenían edificio atribuido.  En su momento de plenitud estuvo conformada por más de seis mil magistrados, de los cuales cinco mil formaban tribunales de quinientos miembros  y quedaban en reserva los restantes.  Para casos menores el tribunal se componía de tan solo doscientos elegidos.
Afrodita de Cnido 
(Copiada de Praxísteles)
Restaurada por Ippolito Buzzi
 (italiano, 1562–1634)


Atendían diariamente, con un sistema muy organizado de sorteo de tribunales y luego de presentación de causas. La Heliea, así se llamaba, funcionaba como un tribunal competente en litigios de leyes públicas, privadas, penales y leyes privadas internacionales.  En aquellos tiempos no había códigos de procedimientos ni leyes escritos, lo cual exigía una seria organización y mucha preparación en cada uno de los participantes.  Los ciudadanos particulares tenían la posibilidad de presentar sus demandas y defenderlas ante el tribunal, tal como le ocurre en el cuento a la hetaira.  Y los demandados también se defendían a sí mismos o por otros.  Lo decisivo estaba en la capacidad de convencer a tan amplio jurado, que decidía por votación secreta y luego aplicaba las penas que, en casos graves, llegaban al exilio o a la muerte física.

En el caso que estamos viendo, la acusación era grave. Nos recuerda el proceso de Sócrates que fue condenado a muerte por una inculpación parecida a la de Friné, quien se salvó por el argumento de Hipérides.  Éste la muestra desnuda ante el tribunal,  pero la fuerza de su razonamiento no está en la sensualidad de la hetaira, sino en que en realidad Friné es Afrodita en plenitud.  La belleza para la cual el orador pide piedad es divina.

Fresco de la Casa de Venus
(Pompeya, siglo I d.C.)
Afrodita es, en la mitología griega, la diosa de la belleza, el amor, el deseo, el sexo y la reproducción. Su equivalente romano es Venus.  Aunque hoy en día se la llama la diosa del amor, antiguamente no se refería al amor romántico.  Para esto estaban Eros y Psique.

La diosa recibió distintos nombres.  Su nombre original significa nacida de la espuma. Estaba también la Afrodita Pandemos, que significa de todo el pueblo, más relacionada con el amor físico.  Entre los platónicos, y luego entre los cristianos, estaba la Afrodita Urania o Celestial, representando la unión del cuerpo y el alma.

El argumento de Hipérides es que el cuerpo de la hetaira es el cuerpo de la diosa, y eso es la belleza.  Nada se puede separar de la divinidad, el mundo de los hombres va siempre imbricado en el mundo de los dioses.  Esta es la hermosa herencia de la antigüedad griega para Occidente y la humanidad toda.
 
Polisemia
Chicote CFC
(español, n. en 1963)





domingo, 19 de febrero de 2017

LA OBRA MAESTRA

 
Dos monos en la jungla
Henri Rousseau
(francés, 1844-1910)
El mono tomó un tronco de árbol, lo subió hasta el más alto pico de una sierra, lo dejó allí, y, cuando bajó al llano, explicó a los demás animales:

-¿Ven aquello que está allá? ¡Es una estatua, una obra maestra! La hice yo.

Y los animales, mirando aquello que veían allá en lo alto, sin distinguir bien qué fuere, comenzaron a repetir que aquello era una obra maestra. Y todos admiraron al mono como a un gran artista. Todos menos el cóndor, porque él era el único que podía volar hasta el pico de la sierra y ver que aquello solo era un viejo tronco de árbol. Dijo a muchos animales lo que había visto, pero ninguno creyó al cóndor, porque es natural en el ser que camina no creer al que vuela.


El sentido de hablar

         El verbo hablar tiene como raíz latina la palabra fabula.  En la lengua madre, significa decir, contar fábulas, conversar.  Si vamos al diccionario, veremos que el verbo en cuestión tiene significados llamativos. 
Monos.
Mural en la tumba del Faraón Tutankamon.
(Tebas, Egipto, 1346-1337 a.C.)

         El primer sentido es articular, proferir palabras para comunicarse.  También se refiere a sostener una conversación con una o varias personas con respecto a un tema o asunto determinado.  Otra aplicación es cuando alguien da un discurso, por ejemplo: la directora habló. También hablar puede referirse a decir la verdad, como en la siguiente noticia: finalmente el prisionero habló.  Se puede aplicar cuando dos o más personas manifiestan opiniones o juicios con respecto a alguien o algo: hoy hablamos de fútbol.

         El cuento considerado esta vez  es del género literario denominado fábula, una pequeña historia en donde los personajes generalmente son personificaciones, es decir, animales, plantas u objetos que actúan como si fueran humanos.  Estos cuentos presentan una enseñanza o moraleja, que se explica al final de los mismos.  El rasgo humano que se usa para la mayoría de las personificaciones es el habla.

         El autor de la fábula presentada es Álvaro Yunque, seudónimo de un escritor argentino de larga trayectoria y amplia popularidad, aunque muchas veces fue perseguido por sus ideas hasta el final de su vida. Su nombre fue Arístides Gandolfi Herrero (20 de junio de 1889 - 8 de enero de 1982).  Su actitud se refleja muy bien en el epitafio que imaginó para su tumba:

Amén… Aquí se olviden las
quemadas cenizas de un hombre
que amó al HOMBRE, y nunca odió
a los hombres, aunque parezcan
puños sus palabras escritas.

         La fábula, que puede ser considerada en el conjunto de los relatos tradicionales de la humanidad, presenta varias formas de hablar de los animales, que reflejan distintas actitudes humanas.  Al mismo tiempo, podemos aplicar esas mismas actitudes a nuestra propia persona, pues está en nuestra naturaleza variar de sentido en las cosas que hacemos.
Condor
Alejandro Obregón
(colombiano, 1920-1992)

         El mono es el aspecto impositivo del hablar, que siembra la duda en el oyente hasta convencerlo de una mirada parcial de la realidad en provecho propio.  El animal pone un objeto a tal distancia que es muy difícil discernir si es una obra maestra o no. El mono triunfa sobre todos aquellos que tienen que caminar en este mundo, sea paso a paso o arrastrándose.  Se parece a una propaganda engañosa.

         Otra forma de hablar es la del cóndor, que tiene otra perspectiva de la tierra, gracias a su capacidad de volar.  Como símbolo expresa nuestras capacidades de imaginación y de conocimiento, que nos hacen tener una mirada amplia de la realidad.
         Entre las enseñanzas de la fábula está el hecho de conversar con sentido, pues hay entre nosotros algunos que vuelan y otros que caminan naturalmente.  Y otra conclusión que podemos considerar es la necesidad de armonizar en nuestro propio interior las miradas que hacemos desde las alturas con las percepciones de la realidad que tenemos en el caminar  cotidiano.


Dos
Xul Solar
(argentino, 1887-1963)