domingo, 13 de septiembre de 2015

LAS ADVERTENCIAS



Los autovidentes (hombre y muerte)
Egon Schiele
(austríaco, 1890-1918)

 
Un día, un joven se arrodilló a orillas de un río. Metió los brazos en el agua para refrescarse el rostro y allí, en el agua, vio de repente la imagen de la muerte. Se levantó muy asustado y preguntó:

-Pero... ¿qué quieres? ¡Soy joven! ¿Por qué vienes a buscarme sin previo aviso?

-No vengo a buscarte -contestó la voz de la muerte-. Tranquilízate y vuelve a tu hogar, porque estoy esperando a otra persona. No vendré a buscarte sin prevenirte, te lo prometo.

El joven entró en su casa muy contento. Se hizo hombre, se casó, tuvo hijos, siguió el curso de su tranquila vida. Un día de verano, encontrándose junto al mismo río, volvió a detenerse para refrescarse. Y volvió a ver el rostro de la muerte. La saludó y quiso levantarse. Pero una fuerza lo mantuvo arrodillado junto al agua. Se asustó y preguntó:

-Pero ¿qué quieres?
Muerte y vida
Gustav Klimt
(austríaco, 1862-1918)

-Es a ti a quien quiero -contestó la voz de la muerte-. Hoy he venido a buscarte.

-¡Me habías prometido que no vendrías a buscarme sin prevenirme antes! ¡No has mantenido tu promesa!

-¡Te he prevenido!

-¿Me has prevenido?

-De mil maneras. Cada vez que te mirabas a un espejo, veías aparecer tus arrugas, tu pelo se volvía blanco. Sentías que te faltaba el aliento y que tus articulaciones se endurecían. ¿Cómo puedes decir que no te he prevenido?

Y se lo llevó hasta el fondo del agua.


Pasaje a la profundidad

         El relato presenta a la muerte como un símbolo.  Designa el fin de algo positivo y vivo.  Puede referirse a un ser humano, y también a otros seres o realidades, como un animal, una planta, una amistad, una alianza, la paz o una época.  

Iniciación en la libertad
Victor Brauner
(rumano, 1903-1966)
         En relación al ser humano, si bien representa su aspecto perecedero, a la vez es una revelación, que en el cuento se conciben como advertencias y finalmente, cuando el protagonista es llevado al fondo del agua.  El hombre ha expresado este símbolo en muchos rituales, algunos religiosos y otros no.  

         Los ritos de iniciación refieren a cambios en las etapas de una vida, como también el ingreso definitivo a la comunidad de una fe determinada.  Por ejemplo, no hace demasiado tiempo, en la cultura occidental, el paso de la niñez a la juventud, en los varones, se marcaba mediante el cambio del largo de los pantalones; pantalones “cortos” para los niños y pantalones “largos” para los jóvenes.  Este rito implicaba una muerte a una forma de estar al mundo, a la cual nunca se vuelve, para entrar en otra etapa, dinámica y también perecedera.

         En el mundo religioso, podemos tomar el ejemplo del bautismo, practicado por varias tradiciones.  El ritual, siempre incruento, implica que un ser humano ingresa en el mundo de la Divinidad, muriendo al ámbito del mal de dónde el individuo es extirpado.  Y ya en el nuevo mundo, se le manifiesta algo inimaginado, auténticas revelaciones.

La alegría de vivir
Robert Delaunay
(francés, 1885-1941)
         A pesar de estos aspectos luminosos del símbolo, la muerte da miedo.  Esto le sucede al protagonista del cuento y a todo ser humano.  Es la resistencia al cambio y a entrar a una forma de existencia desconocida más que el temor de quedar reabsorbido en la nada.

         Una antigua sentencia latina dice: “mors janua vitae”, que quiere decir “la muerte es la puerta de la vida”.  En este sentido es liberadora y abre el acceso al reino del espíritu.  Por eso, es considerada una divinidad con nombre propio.  En la mitología griega, la muerte no violenta es representada por “Tánatos”.  En la mitología romana, el dios de la muerte es el Dispater.  Entre las culturas de América, podemos hablar del dios maya Yum Kímil, también conocido como Ah Puch.

         Este símbolo nos recuerda que tenemos que ir aún más lejos, que todavía estamos incompletos, que todavía hay revelaciones totalmente desconocidas.  Y también nos dice que la muerte es la condición misma del progreso en el camino de la vida.  Aceptar el cambio, atravesar los portales de las edades de vida, abrirse a lo que es desconocido y todavía se está por revelar, es la condición fundamental del ser humano.


Descubrimiento del tiempo
George Stefanescu-Ramnic
(rumano, 1914-2007)