domingo, 10 de marzo de 2019

EL CHINO Y EL ARROZ


 
Una ofrenda a Flora
Juan van der Hamen
(español, 1596-1631)
Un hombre estaba poniendo flores en la tumba de su esposa, cuando vio a un chino poniendo un plato de arroz en la tumba vecina.

El hombre se dirigió al chino y le preguntó, levemente burlón:

- "Disculpe señor... ¿de verdad cree usted que el difunto vendrá a comer el arroz?"

- "Sí", respondió el chino, "cuando el suyo venga a oler sus flores..."


Ritos de pasaje
Ofrenda
Tumba de la XVIII Dinastía
(Tebas, Egipto, s. XV a.C.)

Millones de flores y toneladas de arroz han sido ofrecidas en las tumbas de los difuntos a lo largo de la historia de la humanidad. Alcanza con acercarse a algún cementerio en días feriados o fines de semana para comprobar con qué constancia y prolijidad la humanidad sostiene el ritual de homenaje a los difuntos. Estas acciones dan consuelo a los hombres.

La muerte supone algo que se inicia, por lo que no es una estación terminal, una aniquilación. Hay concepciones muy contrapuestas sobre el más allá pero en ningún caso se estancan en la muerte, pues todas consideran que allí nadie permanece.

Es evidente que las flores y los alimentos son ofrendas muy comunes en todas partes del mundo. La comida nos recuerda que los difuntos realizan un viaje desconocido y que necesitan ser acompañados para alcanzar su meta. Con sus dones de alimentos en las tumbas los oferentes afirman su convicción de que la muerte no es un punto final para ellos y que conservan la esperanza de que otra vida sigue a la presente.

En los ritos funerarios, las flores simbolizan la condición efímera de la actual vida. Lo más pasajero de las plantas son sus flores. Éstas son una manifestación de colores, y muchas veces de aroma, para culminar en semillas para una nueva planta de la especie. Para las flores entonces, el final es transformarse. Su deslumbrante belleza oculta a veces su más hermosa virtud: se muestran en sus formas con generosidad, sin pedir nada a cambio, pero el punto culminante de su entrega generosa es ser el inicio de una nueva existencia en lo oculto de la semilla.
Campos de arroz en Indochina
Alexander Yakolev
(ruso, 1887-1938)

La vida cotidiana del ser humano está marcada por innumerables ciclos de muerte y resurrección, que se suceden unos a otros a veces vertiginosamente. El ejemplo más evidente es dormir. Somos poseídos por el sueño más allá de la voluntad que pongamos en permanecer despiertos. Las tradiciones espirituales no dudan en vincular dormir con morir y despertar con resucitar. Otro ciclo de muerte y resurrección se percibe en la respiración esa constante repetición de inspirar y expirar más allá de nuestra voluntad.

Los ciclos vitales asociados a morir y resucitar producen cambios en todas las personas. Estás modificaciones tomadas particularmente son casi imperceptibles pero cuando observamos su desarrollo en largos períodos, los cambios que producen son notables y sorprendentes.

Hacer ofrenda a los difuntos puede encerrar algo de melancolía, algo de absurdo. Pero también, como sucede en muchas tradiciones, honrar a los muertos es la celebración de algo grandioso: lo que pensamos que podemos llegar a ser aunque sea imposible conocerlo aún.

 
Colgante de flores
Joaquín Sorolla
(español, 1863-1923)