jueves, 31 de enero de 2013

EL AGUA DE LA VIDA

Un cuento panameño.

La República de Panamá alcanzó su independencia en 1903. Hasta ese entonces había estado anexada a Colombia, porque se había comprometido con el pacto bolivariano en 1821. Es muy famosa por el canal construído por el hombre, que une los Océanos Pacífico y Atlántico. Este país está en un itsmo, que surgió geológicamente hace tres millones de años, uniendo los continentes ya existentes conocidos después como América del Norte y América del Sur.
PendienteChiriquí, Panamá
(s. XI - XVI).

Es uno de los países étnicamente más diversos del mundo. Su población está compuesta por mestizos, mulatos, negros, blancos e indígenas de varios orígenes. Se encuentran en su territorio gente provenientes de muchas naciones: chinos, hindúes, españoles, judíos, italianos, colombianos, griegos, árabes, costarricenses. El 68% de los panameños son mestizos, el 15% blancos, el 10% negros, el 6% indígenas y el 1% asiáticos, estos últimos en su mayoría de ascendencia china.

El cuento que se presenta a continuación está arraigado en la tradición panameña, en una versión muy antigua y anterior a otras, como la del cuento homónimo de los Hermanos Grimm.


El agua de la vida.

Era una vez que una humilde anciana vivía con sus tres hijos. Eran muy felices, hasta cuando cayó enferma la señora, y ya se estaba muriendo, pues, todos los curanderos del pueblo habían venido a airarla, pero ninguno le quitó el mal.

Uno de los hijos hizo venir a una vieja curandera, casi olvidada por el pueblo. Esta, al llegar y ver a la señora, le dijo a sus hijos:
-Esta señora le queda muy pocos días de vida y con lo único que se puede curar es bebiendo el agua de la vida.
El mayor de los hijos de la señora, dijo:
-Yo seré el que iré a buscar ese remedio.
La vieja curandera le dijo que estaba bien, que ella le iba a decir dónde quedaba esa fuente del agua de la vida. Le dijo:
-Tienes que cruzar muchas montañas, derribar muchos dragones. También le aconsejó que si lo llamaran, que no volviera para atrás la mirada, y que si se encontrara con alguno, que no lo rechazara el hacer favores si se lo pidiese.

Así fue, y el día siguiente se fue el mayor que se llamaba Juan. Al llegar a una quebrada, una anciana estaba llorando y al ver a Juan, le dice:
Caras
Iglesia de S. Fco. de la Montaña
Veragua, Panamá (1630)
-Buen muchacho, ¿llevas prisa? Hazme el favor de cruzarme a la otra orilla.
Al verla Juan, le dijo:
-¿Qué crees, vieja, que estoy hecho para cargarte?
Y siguió su camino; la vieja, disgustada, lo maldijo.

Llegó la noche y Juan todavía seguía su camino. Ya había cruzado la montaña de oro y la de plata. A la mañana siguiente, llegando al monte del dragón, oyó que le llamaban. Este Juan, no queriendo obedecer los consejos de la vieja curandera, volvió a ver hacia atrás; en ese momento se convirtió en una piedra.

Pasaron dos días y no volvía Juan, y entonces Miguel dijo:
-Yo voy a buscar esa agua.
Y al día siguiente partía, pero le sucedió lo mismo que a Juan. Pasó otros dos días más y Pedro, viendo que no venía Miguel ni Juan, decidió irse. La vieja curandera le dio los mismos consejos.

Al día siguiente, muy temprano, partió Pedro. Al llegar a la quebrada, vio a la anciana llorando y le dijo:
-Buen muchacho, ¿llevas prisa? Hazme el favor de cruzarme a la otra orilla.
Al ver este pedido, Pedro le dijo:
-Llevo prisa, señora, pero le haré el favor de cruzarla al otro lado de la quebrada.
Así lo hizo.
Al llegar a la otra orilla, Pedro bajó a la señora y ésta le preguntó: -¿No te duele la espalda?
El muchacho le dijo:
-Sí, señora. Mire como está mi espalda toda cortada y derramando sangre. Fíjese como tengo la ropa. Pero no importa, ya le hice ese favor, que me gusta habérselo hecho.
La señora lo llamó y le dio una piedra para que ella le otorgara favores. Pedro agradeció a la señora y se fue. Cruzó el monte de oro y el de plata y llegando al del dragón, sintió que le llamaban y acordándose de los consejos de la vieja curandera, no volvió su vista atrás.

Del Clásico Napakanti
Guillermo Trujillo
(panameño, n. en 1927)
Siguió su camino; al llegar al monte del dragón, se le apareció uno y vio que se le venía encima. Se acordó Pedro de la piedra y le pidió que cortara las siete cabezas del dragón y así sucedió. Pedro cruzó el monte y al llegar al otro lado oía una bulla inmensa: era el agua de la vida, y le pidió a la piedra que le concediera el deseo de poder llegar hasta donde se encontraba el agua, y así fue. Al llegar al arroyo, se encontró con un águila, que le dijo:
-Pedro, agarra esta jarra que está en el rincón, toma de esa agua y bebe. Llévate si quieres, y al ir en tu camino riega gotas de agua por donde pases, y no vuelvas a mirar atrás hasta que hayas llegado a tu casa.
Y así lo hizo Pedro, y por su camino regaba las gotas de agua.

Faltaba una hora para que la mamá de Pedro muriera si no bebía del agua esa, y cuando llegaba Pedro le faltaba medio minuto. Al entrar en la casa, dice la vieja curandera:
-Ya era tiempo, muchacho, le falta muy poco tiempo de vida a tu madre; busca un vaso y sal de aquí.
Pedro fue en busca del vaso y se lo dio a la vieja curandera.
Esta le dio el agua, pronunciando unas palabras raras y la anciana recuperó vida; estaba como nueva.

Luego le dice la vieja curandera a Pedro:
- Dios te compensará, dándote bienes y fortuna. Asómate a la puerta y ya verás algo. Al mirar Pedro, vio una multitud de gente, y entre ellos, Juan y Miguel, porque él les había dado vida, regando gotas del agua de la vida.

Después de un tiempo, Pedro se casó, siendo muy feliz, cumpliéndose las palabras de la vieja curandera.


Andando con el héroe.

Muchos cuentos de la humanidad se refieren a pequeños o grandes héroes que, ante situaciones graves, tienen que emprender un viaje para encontrar algo que sea la salvación. El camino que siguen siempre tiene obstáculos que ponen a prueba a los que se atreven a transitarlo. Algunos sucumben, como los hermanos de Pedro, hasta que finalmente el héroe logra el cometido.
Meditación
Alfredo Sinclair
(panameño, nac. en  1915)

En el cuento panameño el punto de partida es la enfermedad de la humilde anciana. La vejez es símbolo de lo sagrado, pues la persona en esta etapa de la vida muestra una conexión con las fuerzas que están más allá del tiempo. Que un ser haya resistido al desgaste del tiempo se siente como una prueba de solidez, de verdad. El anciano sugiere la fuente del río de la vida, y es por eso que muchas veces se lo asimila con los niños.

En la historia que estamos viendo, la enfermedad pone en peligro la fuente de la vida, lo más sagrado del héroe. Ante el fracaso de los hermanos, el menor, Pedro, tiene que iniciar la marcha. Por ser el más chico es el más débil físicamente, aunque va a demostrar que aún lo más pequeño es capaz de grandezas inauditas.

En el viaje está acompañado por los consejos sabios de la curandera, la que conoce el remedio para la enfermedad de la anciana madre, y también sabe dar las señales necesarias para vencer todos los obstáculos. Dos son las recomendaciones. La primera se refiere al ejercicio de la generosidad con el que encuentre en el camino, y la segunda es la concentración en la tarea, no mirar atrás ante cualquiera que quiera distraerlo de su camino.

El agua de la vida, que es la salvación para su madre, está más allá de las montañas de oro y de plata, pasando por lejos todos los bienes materiales. También hay que vencer los miedos, para lo cual nuestro héroe cuenta con la piedra que le ha sido dada en recompensa por su generosidad.

El objetivo es el agua, que en la tradición tiene tres significados principales. Es un elemento que da vida, es un medio para limpiarse o purificarse, y finalmente es un centro de regeneración, pues la gestación humana se hace en un medio acuoso en el vientre de la madre. Como dice un poema del antiguo oriente:

Vosotras, las Aguas, que reconfortan,
¡tráigannos la fuerza,
la grandeza, la alegría, la visión!

Soberanas de las maravillas,
regentes de los pueblos, ¡las Aguas!
yo les pido remedio.

Ustedes las aguas, llévense esto,
ese pecado cualquiera que sea, por mí cometido,
ese entuerto que perpetré contra quien fuere,
ese juramento falaz por mí prestado.

El cuento presentado reconoce en Pedro a todo ser humano. Pues nadie está libre de hacer, alguna vez en la vida, un camino semejante para encontrar paz, reconciliación y nueva vida. Todos somos héroes de nuestro destino, en un largo camino para el cual no hay excusas de pequeñez, de anonimato. El relato nos alienta a seguir adelante con la vida, teniendo en cuenta los dos consejos de la sabia curandera: ser generosos con quienes nos necesitan y no mirar atrás a las culpas que nos estancan, pues el agua de la vida nos purifica y nos hace nacer de nuevo.

Larga espera
Olga Sánchez Borbón
(panameña, nac. en 1921)