domingo, 27 de abril de 2014

LA VERDADERA FLOR

          
Salomón y la Reina de Saba
Konrad Witz
(alemán suizo, 1400-1446)


  Cuando la reina de Saba recibió la visita del gran Salomón, con quien rivalizaba en sabiduría, le propuso un enigma.  Lo llevó a una habitación de su palacio donde unos prodigiosos artesanos habían llenado el espacio de flores artificiales.  Parecía un milagroso prado, donde múltiples flores desprendían su aroma y se balanceaban suavemente bajo el efecto de una desconocida brisa.

-He aquí mi enigma –dijo la reina-. Una de estas flores, sólo una, es una flor de verdad.  ¿Puedes señalármela?

Salomón miró atentamente a su alrededor.  Recurrió a lo más delicado de su sensibilidad, de todas las fuerzas de su concentración.  No pudo señalar la flor de verdad.  Entonces, como estaba sudando, le dijo a la reina de Saba:

-Aquí hace un calor poco habitual.  ¿Puedes pedirle a uno de tus sirvientes que abra una ventana?

La reina ordenó que se abriese una ventana.

-He aquí la verdadera flor- dijo el rey un momento después.

No podía equivocarse.  Una abeja que había entrado por la ventana acababa de posarse en la única flor de verdad.

Si siempre es difícil ser Salomón, dicen los comentaristas de esta historia, todavía es más difícil ser abeja.  Pero lo más difícil, en todas las épocas, es ser la flor.


Las distintas dificultades

            Los protagonistas de este cuento están en los textos del Antiguo Testamento.  Salomón, nació en Jerusalén cerca del año 1000 a.C y vivió 70 años.  Era el segundo hijo del Rey David y de Betsabé.  Prevaleció sobre otros medio hermanos y obtuvo el reino de su padre, venciendo a varios enemigos.  Fue el último que gobernó los reinos de Israel y Judá unificados y lo hizo durante 40 años.
Boca de dragón rojas
Georgia O´Keeffe
(estadounidense,  1887-1986)

            Durante su reinado, el país experimentó un gran desarrollo económico y cultural.  A Salomón se lo consideró el sabio del Antiguo Testamento, y se le atribuyeron varios libros, aunque en realidad muchos fueron muy posteriores.  Los más importantes son El Cantar de los Cantares, el Eclesiastés, el Libro de la Sabiduría, y especialmente los Salmos.

Así se dice en la Biblia del hombre sabio: "Dichoso el hombre que ha encontrado la sabiduría y el hombre que alcanza la prudencia; más vale su ganancia que la ganancia de plata, su renta es mayor que la del oro. Más preciosa es que las perlas, nada de lo que amas se le iguala. Largos días a su derecha, y a su izquierda riqueza y gloria. Sus caminos son caminos de dulzura y todas sus sendas de bienestar. Es árbol de vida para los que a ella están asidos, felices son los que la abrazan." (Proverbios 3,13-18)

La fama de Salomón se extendió a Etiopía y Yemén, de donde se cuenta que vino la Reina de Saba para conocerlo.  Era negra y hermosa.  Llegó a quedarse seis meses con el rey, se convirtió al judaísmo, religión que luego trasladó a su propia tierra, lo que explica el judaísmo y luego el cristianismo etíope.  El cuento narra un viaje de Salomón a Saba, pero nada de esto está en la Biblia.

Ariel y la abeja
(ilustración de La Tempestad)
Edmund Dulac
(francés, 1882-1953)
            Salomón fue puesto como modelo del hombre sabio, como también la Reina de Saba. Como dice el final del cuento, es muy difícil llegar a imitar este camino. La Biblia enseña que esto se alcanza con mucha dedicación y concentración, como la tuvo el rey.  Pero sobre todo, con una gran vida interior, aceptando que solamente con la protección de la divinidad es posible alcanzar este logro. 

            Más difícil aún es ser como la abeja.  Ella cumple con su impulso, y no se confunde en el mar de hermosas flores artificiales.  Sabe elegir cuál es la verdadera flor, y se la señala al rey que, a pesar de su sabiduría, estaba anonadado. La labor más complicada es hacer aquello para lo que estamos destinados, el cumplir estrictamente lo que se nos ha señalado.  Muchos que viven así nos ayudan a salir de nuestra incertidumbre ante tanto artificio, para ver cuáles son las cosas verdaderas.

            Pero el máximo logro, según el maravilloso final, es el de la verdadera flor.  Es lo que es, ni más ni menos.  No hay nada artificial, ambicioso, engañoso en ella.  Los artesanos elaboraron muchas flores falsas, pero nunca llegaron a la verdadera, a la auténtica en esencia.

            Esto es lo más difícil para cada uno de nosotros, ser simplemente lo que somos, con nuestras virtudes, defectos, alegrías, tristezas, descubrimientos y frustraciones.  Una verdad que orientará a aquellos sumergidos en la vida cotidiana y que finalmente iluminará al sabio que duda.




Amaryllis
Piet Mondrian
(neerlandés, 1872-1944)