sábado, 15 de septiembre de 2018

BELLEZA PARA VIVIR

El mendicante de Livorno
Amedeo Modigliani
(italiano, 1884-1920)


Una mañana llegó a las puertas de la ciudad un mercader árabe y allí se encontró con un pordiosero medio muerto de hambre. Sintió pena por él y le socorrió dándole dos monedas de cobre.

Horas más tarde, los dos hombres volvieron a coincidir cerca del mercado:

- “¿Qué has hecho con las monedas que te he dado?”, preguntó el mercader.

- “Con una de ellas me he comprado pan, para tener de qué vivir; con la otra me he comprado una rosa, para tener por qué vivir…”

Ponerse los pantalones

La palabra pordiosero se forma con la expresión que usan los que piden ayuda: “¡por Dios! ¡por Dios!”. Desde este término se nos abre un amplio mundo de sentidos en el cuento que se presenta en esta ocasión. Los protagonistas, el mendigo y el mercader sensible, nos invitan a mirar más allá en el gesto de compartir dos monedas, para ingresar en el universo del espíritu.
Caridad
           Andrea di Nicoló di Giacomo
           (italiano, 1440-1514)



El mercader da una limosna, palabra que deriva de un término griego eleemosyne que significa piedad, compasión. El verbo en griego correspondiente: compadecerse, tener piedad de alguien, está presente en una palabra griega panteleemon, que significa el que se compadece de todos. De aquí nace la palabra pantalón. ¿Cómo llegó aplicarse la compasión a una prenda de vestir? Fue gracias a los habitantes de Venecia que tenían una gran devoción por san Pantaleón. Este santo, de origen turco, fue un médico martirizado en el año 305 después de Cristo. San Pantaleón, venerado en todo el mundo por su gran misericordia, especialmente con los enfermos, era representado con la vestimenta típica que incluía un calzón largo. Esta prenda era característica también de los venecianos y se la llamó pantalón, derivada del nombre del santo. Recién después de la Revolución Francesa, cuando se empezó a usar el calzón largo, se universalizo el nombre de pantalón en otras lenguas, como el francés y el español.

Ahora podemos decir que el mercader árabe del cuento se ha puesto los pantalones, se compadece de todos. En su gesto muestra la profundidad qué debe tener la auténtica compasión. Le entrega al pordiosero dos monedas, un número qué indica nuestra situación en la vida, marcada por una constante dualidad. Junto a este símbolo, manifiesta su respeto al mendigo al preguntarle por el uso que le había dado a las monedas.
Pordiosero
Ilya Glazunov
(ruso, 1930-2017)

Según el pordiosero, la vida tiene dos necesidades: sostenimiento y sentido. El pan es el símbolo del alimento esencial. Según las culturas, varían los cereales con los que se lo fabrica, pero siempre conserva su sentido de representar a toda comida. Que haya pan en todas las mesas expresa el deseo de que a nadie le falte el sustento. En la oración de muchos labios a cada instante se repite este pedido: Danos hoy nuestro pan de cada día.

En el cuento se dice que la rosa es para tener por qué vivir. Esta flor sirve de referencia a la belleza de toda la realidad. Es una perfección, una realización sin falta. Simboliza la copa de la vida, el alma, el corazón y el amor. En la tradición cristiana es la copa que recibe la sangre redentora de Cristo, conocida en el medioevo como el santo Grial. En la literatura la rosa es ofrecida por la mujer celestial a su devoto amante, mostrando lo sublime del amor.

En esta narración un activo mercader y un necesitado extremo nos indican que todo hombre es capaz de sabiduría, que no depende de dónde sea cada uno o cuál sea su condición humana. El cuento parece ser un bello comentario a aquella respuesta que dio Jesús al Tentador que pretendía milagros sin reconocer la belleza de cada ser humano: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. El amor al prójimo es compartir bienes y sabiduría.


Experimentando con la sabiduría
Samuel Bak
(polaco, n. en 1933)